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Revista Uruguaya de Antropología y Etnografía

versão impressa ISSN 2393-7068versão On-line ISSN 2393-6886

Rev. urug. Antropología y Etnografía vol.5 no.2 Montevideo  2020  Epub 01-Dez-2020

http://dx.doi.org/10.29112/ruae.v5.n2.6 

Dossier

Reseña Detrás de la línea de la pobreza. La vida en los barrios populares de Montevideo de Verónica Filardo y Denis Merklen1

1 Programa Antropología y Salud, FHCE, Montevideo. http://www.antropologiaysalud-uy

Antes de ingresar al comentario del texto en cuestión, voy a tomarme la libertad de pasar por las bases de mi escuela, que de forma tan elocuente expresa Marc Augé en su obra, por demás reconocida. Tuve ocasión de acompañarlo y presentarlo, cuando estuvo en Montevideo en 2017, experiencia académica que recogimos en la RUAE (2017, Noticia sobre M. Augé, 121-130) y de la que extraigo ahora algunos pasajes para crear(me) una entrada al texto de Filardo y Merklen, (2019).

En sus conferencias en Montevideo M. Augé siguió fiel a su línea de renovación de la Antropología, “trayéndola hacia lo cotidiano, lo contemporáneo, los mundos urbanos, los espacios, la movilidad, la mundialización, la globalización, los mercados, en un despliegue de interrogación científica sobre lo particular más cercano y lo global más lejano”.

Llevó “la reflexión por muchos lugares, y no-lugares, volviendo a la centralidad antropológica de una revolución contemporánea: la urbanización del mundo (que aborda bajo influencia de estudios del demógrafo Hervé Le Bras)”.

“… sostiene que el método etnológico no tiene como objetivo final al individuo (como para la psicología), ni la colectividad (como para la sociología) sino la relación que permite pasar del uno al otro.”

Finalmente, aunque no es menor como aporte al mundo de las ideas, a las humanidades, Marc Augé se preocupaba “por el trabajo sobre la Escritura, cómo relacionarse desde las investigaciones de campo, con la comunicación, con los textos, incluso con la literatura.” (Romero, S. In. RUAE, 2017: 121)

Con este bagaje de conocimientos incorporados, de axiomas sobre dónde pararse para investigar, cómo dar cuenta de los hallazgos, espero transmitir lo más destacado de las lecturas que hice del libro, y de la investigación, que emprendieron V. Filardo, D. Merklen y colaboradores, en un borde muy problemático de la ciudad de Montevideo.

Detrás de la línea de la pobreza

La vida en los barrios populares de Montevideo

Los autores comienzan por sopesar las palabras, planteando de entrada interrogantes pertinentes, también “impertinentes”, en el sentido que descolocan la comodidad de lectores, tal vez instalados en escritorios. “¿Qué significa la pobreza? ¿Significa lo mismo para quien la observa sin sufrirla y para quien la vive más del que la observa?” primera arremetida de cuestiones que ubican de inmediato la dificultad de la empresa de acercamiento real entre población objetivo y grupo de investigadores que van al terreno (“a campo”), pero viven en otros lugares de la ciudad, pertenecen a otros mundos urbanos, sociales, frecuentan otros imaginarios.

La dificultad continúa al tener que dilucidar diferencias relativas, que aparecen según el angular que se elija: sectores pobres, sectores carenciados, sectores de bajos ingresos, indigentes, entre otros. Aunque hay formas de señalar umbrales, líneas o más bien índices que separan grados de pobreza; se puede estar por debajo o por encima de la línea, o hacer equilibrios, literalmente, sobre la línea que separa un arriba de un abajo. La complejidad aumenta sobre todo cuando se incluye en la observación a la voluntad del Estado organizada en Institución, como en este caso el MIDES, con presupuesto y con agentes enviados para intervenir, diríamos, cuerpo a cuerpo en los procesos y con las personas afectadas por condiciones materiales desfavorables.

Leer y comentar esta aproximación intensiva a barrios montevideanos donde -a pesar de múltiples intervenciones del Estado - se crece y se vive en la pobreza, me trajo a la memoria lo que decía uno de los personajes de G. García Márquez sobre el paso del tiempo, que es como si diera vueltas en redondo, todo se va y vuelve siempre igual o casi. La evocación se disparó sin querer al constatar que una vez más vamos a hablar de pobreza. En el país llevamos décadas hablando de este mal social, observando, midiendo, describiendo, recomendando atajos de salida…sin visualizar una solución acorde a expectativas de lograr mejoras acumuladas, mejores hábitos que puedan ser transmitidos de una generación a otra transformando condiciones de vida para la sociedad en su conjunto.

En otras palabras, hubiéramos querido que esta investigación registrara mejoras en la relación que va de la vida individual a la comunidad, que se confirmaran procesos de feedback entre contextos materiales rehabilitados y habitantes capaces de captar y devolver estímulos transformadores. Creo interpretar que esa fue la intención de los autores al hacer un minucioso seguimiento de intervenciones del Estado: captar indicios de mejoras duraderas para las personas, más allá de mejoría de ingresos o ayudas.

Lo cierto es que el fenómeno de la pobreza en un sentido muy estructural resiste en varios entornos y con diferentes expresiones. Entre los años 1980 y avanzados los años 2000 se produjeron innumerables estudios, en diferentes países, destacándose la constatación del avance de la pobreza urbana, es decir en las grandes ciudades. Acá surgen interrogantes, posibles en variados contextos: ¿acaso las zonas/barrios más periféricos están “adentro de las ciudades”?, ya sea en Johannesburgo, en Nueva York, en San Pablo o en Montevideo también cabe preguntarse si todos los habitantes realizan recorridos similares, por calles que comparten condiciones materiales y sociales. A pesar de tener ingresos desiguales ¿podríamos decir que en las ciudades tenemos similares experiencias urbanas? O ¿podemos decir que vivimos (juntos) en la misma ciudad? Es un debate, que pondremos en perspectiva a través del estudio de V. Filardo, D. Merklen y equipo.

Antes de llegar a debate alguno, respetemos la estrategia de los autores quienes comenzaron la investigación con una meta sencilla y ambiciosa a la vez: “Vamos a ver la vida en los barrios populares, detrás de la pobreza”, (p. 15) Trataré de transmitir la complejidad captada, datos, testimonios y emociones que imagino difícilmente procesados para convertirlos en texto, ordenándolos en capítulos, aliviados con subtítulos.

La obra se compone con el producto de observación sistemática, de conversaciones, consulta de documentación, presencia real en las zonas/barrios, en los hogares, en instituciones locales.

Las palabras y sentires de las personas fueron registrados, gracias a entrevistas en profundidad, precisión que siempre da el tono de un abordaje cualitativo (aunque sea difícil establecer la medida de esa profundidad); cincuenta entrevistas y cuatro diarios de campo que permanecen en archivos, en transcripciones, como amplio Fondo documental de la investigación, testimonian de un trabajo importante, respetable.

Numerosas personas abordadas, comprometidas con la investigación, varios informantes “clave”, profesionales, agentes, personajes, dirigentes, religiosos, militantes, que participan en el mundo que los investigadores intentaron describir y de alguna manera, entender. Es decir que se hizo el esfuerzo de acercarse lo más posible a “lo real”, a la peripecia cotidiana de las personas y de los/as responsables de llevar las Políticas Sociales a un estado de evidencia, objetivándolas en intervenciones que tienen nombre, presupuesto y duración.

Un punto de partida ineludible es la referencia a la creación del Ministerio de Desarrollo Social, MIDES, en el primer gobierno del FA (2005), hecho que desencadena “la presencia reforzada y capilar del Estado social entre las familias de más difícil situación, constituye una de las marcas de entrada del Uruguay en el siglo XXI”, (p. 21). Se enumeran Planes y Programas, levantados para atender la precariedad, para “acercarse” a los más pobres. Hay riesgos varios expresados en estadísticas del momento, el INE estimaba en 7,9% las personas y 5,2% los hogares por debajo de la línea de pobreza. De cada 1000 niños menores de 6 años 174 eran pobres, mientras que (solo) lo eran 13 de cada 1000 mayores de 65 años. En Montevideo la proporción era mayor, 11.1% del total bajo la línea de pobreza.

Se destaca que la CEPAL, en datos del 2018, sostenía que en América Latina 30.7% son pobres, con 10.2% de indigentes (no llegan al ingreso mínimo definido para la categoría anterior), datos que sirven para reflejar, de alguna manera, la tristemente relativa mejor situación de Uruguay.

Aunque abandonaremos esa conformidad, al conocer detalles del sufrimiento social captado en la presente investigación, en secuencias de abordaje cualitativo.

Los autores dejan claro que la línea de pobreza no es un trazado simple, se compone de pobreza propiamente dicha, de indigencia, desempleo, trabajo en negro o ilegal, todas situaciones alejadas de un bienestar básico. El sentimiento social expresa que “los pobres son muchos más que lo que dicen las estadísticas oficiales”, es decir que “lo que se percibe como pobre es más amplio que lo que determina esa línea” (p. 25).

Se dice que el MIDES se ocuparía de los afectados de “exclusión social”, categoría que no puedo dejar de señalar como problemática a la luz de planteos de Serge Paugam (conferencias en Montevideo 2008, 2017, sostuvo que “los pobres tienen un estatuto social, hay instituciones, fondos, que los tienen en cuenta, o sea están dentro de la sociedad”) y de nuestras propias experiencias de investigaciones en Montevideo. Entre 2005 y 2009 realizamos sistemáticos abordajes etnográficos sobre jóvenes viviendo en la calle, entre Ciudad Vieja, Centro y Parque Rodo. Estos “jóvenes sin techo” reiteradamente se mostraban sorprendidos que se les planteara esa pregunta, negando siempre sentirse ‘excluidos’, dando razones de lo que consideraban el buen trato que recibían de parte de “los vecinos” y en varias ocasiones dieron a entender que preferían vivir así antes que en barrios de origen, que alguno definió con disgusto como lugares “llenos de barro”, (Programa de Antropología y Salud (2006); Rial, V., Rodriguez, E., Vomero, F. (2011).

Volviendo al texto, avanzamos en el conocimiento de la existencia de una profusión de programas con prácticas de intervención, con directivas de “ir a buscar” a la población objetivo, trabajar en territorio con ella (¿por qué no en el territorio?)

Se entiende que son Programas intensivos en recursos humanos, trabajo “con pobres socialmente aislados”, (según R. Katzman, citado en el texto) como pobres cada vez más distantes de las instituciones. Entre 2009-2014 se produce el auge de una categoría estadística que delimitó el “sujeto a intervenir”, los Ni Ni (ni estudian, ni trabajan), categoría que justifica el Programa Jóvenes en Red.

El MIDES como un actor de la cuestión social se convirtió en foco de atención académica, justificando que se investigue sobre impacto de las políticas que lleva adelante. La investigación intentó identificar transformaciones sociales necesarias, pasando antes por la descripción, tratando de entender, “poner en contacto con lo que la sociología, la historia y la antropología nos han enseñado cuando a su turno observaron la vida de las clases populares en otros momentos y en otros lugares”. (p.14)

Plan de Equidad- Programas de Proximidad- Sistema Nacional de Cuidados (se inició en 2015), Red de Asistencia a la Integración Social (RAIS). Foco Promoción a Inclusión Social: todos ellos suponen prácticas de intervención, el captar a los destinatarios de cada intervención.

El MIDES también ordena transferencias monetarias, para necesidades básicas; transferencias monetarias para otras necesidades como transporte, higiene, vestido, otros.

Se percibe la dificultad de los autores para traducir fielmente ese complejo andamiaje (que apenas evocamos), detrás del que se encuentran muchísimos responsables, agentes, funcionarios y miles de personas necesitadas de diferentes tipos de ayuda. Anotan acertadamente que las acciones no pueden ser puntuales y desaparecer, sino mantener una duración sistemática, lo que requiere gran esfuerzo de organización, determinación para asegurar la permanencia.

Esfuerzos para entender complejidad social e institucional

La investigación se centró en los tres programas “de proximidad”: Uruguay crece contigo, UCC; Jóvenes en Red, JER; Programa Cercanías, creados en el 2012 y que atienden a más de 10.000 familias entre los más carenciados.

Como metodología de acción social, la “proximidad” implica instalar dispositivos de intervención, operados por 580 agentes del MIDES cada día; el programa Cercanías ya ha atendido 27.533 personas, solo en el 2018 atendió 6.684 personas, 1209 familias (en p. 33).

Se conocen diferentes motivos de intervención o ayuda, (p. 35), ayuda que no siempre llega sintonizada con la visión y compromisos previos de los destinatarios, tal como queda ilustrado con el caso de “desactivación de poder local por intervención del Estado” cuando a una familia le proponen (como parte de un plan formal) una moto para sustituir a la yegua que usaban para recorridos de recolección.

Como expresa el titular de la decisión, es complicado aceptar la propuesta porque la yegua se la dio un vecino en un trámite de intercambios, de esos que sellan una relación de ‘buenos vecinos’. Aceptar deshacerse del animal para usar una moto sería como darle la espalda a esa relación, (p.75).

Situaciones como la referida ponen en evidencia el valor de una aproximación cualitativa, por lo pronto válida en este ejercicio de comprensión descriptiva, si bien entendemos difícil de procesar en la cantidad, en el número de beneficiarios de programas.

En la descripción leemos al pasar que muchos de “los recicladores no saben leer ni escribir”, pero la IM les propone un salario de 37.000$ y una moto para que siga siendo recolector, ya no hurgador. Son varios los cambios, no solo un juego de palabras, aunque no alcancemos a ver cómo se resuelven incongruencias peligrosas: ¿cómo se capacitan para conducir una moto por la ciudad, si prácticamente no están en condiciones de decodificar carteles, avisos de la vía pública?

Es decir que leyendo entre líneas podemos compartir interrogantes que los propios investigadores se deben de haber planteado.

Desde afuera, solo con la lectura, interpreto que (en esos casos) un cambio de fondo en la relación del individuo a la sociedad hubiera sido proponerles una instancia de alfabetización, una adquisición duradera de una herramienta para mejorar la integración laboral, social, familiar. También percibo que los Programas vienen con su lógica, no siempre articulada con otras aproximaciones, ni con margen de flexibilidad necesario una vez que se enfrentan a personas reales y circunstancias particulares.

Más del Estado en el barrio

Un aspecto detectado en el proceso de elaboración de un índice de carencias críticas ICC, fue la recomendación explícita de evitar que los destinatarios de prestaciones queden presos del clientelismo o el afecto - en los programas los señalan como riesgos de las políticas sociales de proximidad. Es decir que los agentes operando en el terreno deben tratan a la vez de construir aproximación y distanciamiento profesional.

Se entiende que este difícil equilibrio también tuvo que ser elaborado por responsables y colaboradores de la investigación, construyendo relaciones para “ver cómo viven”, evitando acercamientos desde lo afectivo. Esta tensión aparece en notas extraídas de los cuadernos de campo.

En mi experiencia al hacer etnografía en edificios ocupados por intrusos en la Ciudad Vieja, barrio histórico de Montevideo (años 1990), experimentamos de manera recurrente la ambivalencia de deseos de acercamiento en contactos reiterados y la auto vigilancia para no generar dependencia, expectativas que no podríamos colmar, entre otras tensiones. (Romero, Sonnia, (2003).

Las lecciones de P. Bourdieu sobre reflexividad, vigilancia epistemológica, han sido tomadas en cuenta en el curso de la investigación, pero si pasamos al desempeño de los operadores de los programas del MIDES tendríamos que preguntarnos qué estrategias desplegaron, incluso ¿cómo procesaron el “cierre” de intervenciones o el fin de un programa, el alejamiento del campo, cortando relaciones establecidas?, (p. 105)

¿Cómo actúa la política social sobre la densidad social intervenida? En el texto se plantea una categoría novedosa, la inscripción territorial que sería funcional en las clases populares, compuesta de tres dimensiones, lazos de solidaridad locales (familia y vecinazgo) formas de organización colectivas (junta vecinal, templos, capillas, partidos, clubes, otros) y presencia/ausencia institucional (escuela, centro de salud, biblioteca, centros sociales, policlínicas). En otras palabras, distintas formas que tiene el Estado para representarse. La inscripción territorial apunta a lo institucional relacional, sin referirse a la pertenencia o no dentro del conjunto urbano.

La presencia efectiva del MIDES quedó confirmada al comprobar que todos los convocados (en la investigación) estaban “intervenidos” por al menos uno de los programas. Asistencia a través de lazos no siempre fáciles de resolver.

Desde lo que se pudo recoger a partir de la gente, se entiende que no todas las agencias del Estado son visualizadas como tales; en este caso se le pone al MIDES el rostro y nombre de los operadores que vienen regularmente. Resultado obvio de un acercamiento “personalizado” de los programas, los agentes terminan prestando formalidad a las acciones, las relaciones, los trámites, “Robert me anotó” (no saben a qué institución pertenece Robert).

Mientras la institución que está detrás de todo (el MIDES) se relaciona de forma anómica, sin identificaciones claras frente y con la población, los técnicos/as de los programas sí conforman una red entre ellos, con sentido profesional. Los autores sostienen que los técnicos componen un capital social que hacen funcionar para atender a las familias con las que tienen que trabajar. Se sobreentiende que el procedimiento termina por cumplir su cometido impulsado por estrategias de los propios técnicos/as, no necesariamente por directivas de programas.

Clasificaciones espontáneas

Jóvenes en Red “en sí es para niños que andan en la calle”, deja al descubierto que verse beneficiario de un Plan puede tener efectos de descalificación social, “manda a sus hijos a Jóvenes en Red”, es como aceptar que el hijo o hija tiene problemas. Los programas generan una especie de “etiquetamiento” a los jóvenes (“los de la calle”, “los Ni Ni”…). Es un hallazgo de la investigación tomar nota de este tipo de clasificaciones que se disparan entre los sectores atendidos y fuera de lo previsto en la letra de las políticas sociales.

Según datos de la ONG Techo (citada), existe en Uruguay 656 asentamientos con 60.191 viviendas. 61% de los asentamientos están en Montevideo; no tienen acceso regular al saneamiento, 33% carece de agua potable. En 2011 se contaron 165.271 personas viviendo en asentamientos irregulares. En la investigación (entre 2018/19) no se registraron acciones para solucionar la problemática, se dice que el Estado no ha desarrollado proyecto ni alternativa de acceso masivo a la vivienda para el conjunto de estas familias bajo forma de un derecho garantizado por instituciones, pese a la existencia de dispositivos como el Plan Juntos, que efectivamente mejora las condiciones habitacionales de algunas cuantas familias, principalmente las más frágiles” (p.48) como viviendas en áreas inundables o lugares donde pasan cables de alta tensión.

De la enorme cantidad de datos y casos expuestos, me detengo en el de Mónica como paradigma de situación crítica, diría de sufrimiento personal, familiar, que comparte con casos similares, que no es posible detallar aquí.

Las mujeres, madres, tienen 26 años como edad promedio. Mónica tiene 24 años y cuatro hijos, el mayor con 8 años (8, 7, 4, 2 años).

El dato ya nos informa de una realidad recurrente, que aparece en todas las estadísticas, en zonas de concentración de pobreza: maternidades muy tempranas, nacimientos casi sin intervalos (medida mínima para proteger la salud de la madre y de los hijos) separaciones de pareja, experiencias carcelarias, hijos con discapacidades, violencia doméstica, celos, (p. 50, 51).

El cuadro se completa con testimonio desolador, “estaba embarazada (4 hijo) con bajo peso y no teníamos ni siquiera para alimentarnos”, ahí se puso en contacto con Uruguay Crece Contigo (p.59) y de alguna manera el Estado le proporcionó ayuda, (no soluciones estructurales).

Como reflexión, a partir del material denso de la investigación, resulta por demás preocupante que las ayudas, los planes, los técnicos, no parecen proceder a conformar una totalidad (una visión integrada) con las partes que cada uno trata; es decir que es posible que estas mujeres jóvenes sigan extenuándose con una descendencia numerosa sin que intervengan en su ayuda consejos adaptados, médicos u otros, acciones que les permitan valorar la fragilidad y calidad de su propia vida. Es diferente lo que sucede en otros sectores sociales donde las mujeres, aún cuando no cuenten con gran disponibilidad económica, pero teniendo herramientas básicas, como educación, pueden buscar otros recursos, simbólicos y materiales, fuera de un ciclo de sucesivas maternidades.

En pasajes breves los autores dan cuenta de lo inquietante que les resulta la cantidad de casos de niños con diferentes tipos de discapacidades mentales a ser atendidas (por especialistas que no están en el terreno). “llama la atención el lugar de la enfermedad mental y de la discapacidad intelectual en el caso de numerosas familias”, (p. 234) Desde mis conocimientos e investigaciones que han vinculado aspectos de salud y condiciones de vida, puedo arriesgar la evidencia de factores de riesgo pasados de una generación a otra, como madres multíparas, alcoholismo, críticas condiciones de vida, niños en lugares precarios con pocos estímulos tempranos…y hasta maltratos que dejan secuelas. Un conjunto de evidencias que reclaman abordajes integrales, verdaderamente bio-psico-sociales, para tratar las causas de esos trastornos clasificados sin más como “salud mental”, posiblemente medicados cuando llegan a la edad escolar,

Para componer la batería de políticas sociales se creó el Índice de Carencias Críticas, aplicación que se tomó por aplicación de cuestionarios, que no dejan de impactar, de producir efectos que muy agudamente toman en cuenta los autores, “Los vecinos de un barrio no entienden por qué una recibe lo que la otra no”, (p. 60). Los rumores se despliegan pese a los esfuerzos del Estado para que todo sea transparente; como sabemos los cuestionarios están pensados por técnicos o funcionarios que no alcanzan a contemplar todas las variantes existentes en el terreno, entonces al aplicarlos parece que es la institución como tal la que distribuye ayudas injustamente, con un fin o maldad imaginaria.

Entre tantas dificultades detectadas es acertado que se señale la seguridad de una casa propia como el camino para mejorar condiciones de vida, pero es asimismo acertada la anotación sobre la dificultad de inserción en un lugar nuevo, sin conocer a nadie cuando se necesita una ayuda o solidaridad vecinal (p.62). Este aspecto considerado normal para barrios populares, no necesariamente está presente en otros lugares de la ciudad, donde es posible vivir sin nunca reclamar o recurrir a ese tipo de relacionamiento. En este punto aparece la mención a elementos que hubieran completado la comprensión de las diferencias que marcan a los lugares, a las personas, es decir una discusión sobre el barrio como construcción histórica y relacional, según ciertas pautas de vida urbana, incluyendo apego identitario. Quizás no todos los sitios donde se radicó esta investigación entrarían dentro de la categoría de lo barrial, (Gravano, 2005); podrían percibirse mejor dentro de otras categorías como “asentamientos humanos” con construcciones de emergencia, sin planificación, sin expresión de mejoras por autoconstrucción. - (En algunos momentos usé zona/barrio como recurso para advertir la dificultad en admitir que se hable sin discusión de “barrios” populares como si se tratara en todos los casos de unidades urbanas con ciertas condiciones de ordenamiento-)

Estudios urbanos han mostrado cómo en ciudades de A. Latina y otras latitudes, los habitantes manejan técnicas culturalmente transmitidas para auto construir casas habitables, estéticamente agradables, en sitios básicamente limpios (J. Di Paula, 2019, Fraternidad para construir). Esta referencia a lo estético, a la limpieza, no es superficial, sino que remite a profundas relaciones - (que deberían ser tenidas en cuenta) - entre el entorno y los comportamientos. Lo mental, lo material, lo social, entretejidos en imaginarios individuales y colectivos como factores que “construyen” el self (producto que Gaston Bachelard llamó “la imaginación material” de las personas). (Bachelard, G. 1971 [1942])

En Detrás de la línea de la pobreza, surgen evidencias irrefutables de esa complejidad antropológica (no suficientemente valorada) y que podemos abordar a través de trabajos como éste, de ejemplar intensidad documentada.

Se entiende la dificultad de poner el foco en cada uno y todos los temas que fueron surgiendo, por lo que los autores tuvieron que establecer un orden, una guía de prioridades. Entre los recorridos y los hallazgos lograron el espacio para comprender una de las claves básicas en la creación de vínculos de los grupos humanos, trabajado en grados de complejidad según los actores y las situaciones, según categorías de M. Mauss, el principio de reciprocidad “gana quien más da, en el que dar constituye un principio de gobierno de las relaciones sociales”. Los autores aciertan en discutir la percepción de que las clases populares reciben ayuda sin dar nada a cambio ya que, más allá del esfuerzo mismo que tienen que proveer las personas en lo cotidiano para cumplir con requisitos de tramitación y admisión en los programas, a largo plazo las políticas sociales se convierten naturalmente en lazos de fidelización, sin necesidad de una exigencia de contrapartida.

Todo compone un universo abrumador que pesa en cada página. Hacia el final se expresa una verdadera y difícil síntesis “todo eso es imprescindible la escuela, los centros, etc3; absolutamente importante, sin duda, pero insuficiente si no se entiende la fragilidad en la que viven estas familias y la trayectoria educativa de un niño en estos barrios está mediada por infinidad de contingencias…” (p. 301).

Podría seguir agregando comentarios, acotaciones, citas, pero no llegaría a dar cuenta de lo penosa que es la vida detrás de la línea de pobreza, esforzadamente observada, escrita, en el libro de V. Filardo y D. Merklen. Un testimonio que es necesario conocer, mirando directamente a través de los ojos de los investigadores, que estuvieron en el terreno. Detrás de las estadísticas, se desenvuelven las vidas de pobres urbanos, en los bordes de la ciudad. Los autores lograron su cometido al presentarlas en su libro, valioso estudio sociológico, etnográfico, que merece ser conocido: aunque nos cause desazón emocional nos hace ver a las personas detrás de los porcentajes, los índices.

Referencias

Augé, M., Conferencia en Montevideo, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, (2017), 125-130. Revista Uruguaya de Antropología y Etnografía. Recuperado de: www.scielo.edu.uywww.ddooss.org/articulos/textos/Marc_Auge.htmLinks ]

Bachelard, G. (1971)(1942). L’eau et les rêves. Essai sur l’imagination de la matiere. Paris: Librairie Jose Corti. [ Links ]

Di Paula, J. (2019). Fraternidad para construir. Montevideo: Edición independiente. [ Links ]

Gravano, A. (2005). El barrio en la teoría social. Buenos Aires: Espacio Editorial. [ Links ]

Paugam, S. Conferencias en Montevideo, 2008, 2017. Universidad de la República. [ Links ]

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Rial, V. Rodriguez, E. Vomero, F. (2011). Procesos de selección social y vulnerabilidad. Varones jóvenes viviendo en la calle. CSIC-UdelaR [ Links ]

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Romero Gorski, S. (2003). Madres e hijos en la Ciudad Vieja. Apuntes etnográficos sobre asistencia materno-infantil. CSIC-UdelaR [ Links ]

1www.ddooss.org/articulos/textos/Marc_Auge.htm

1. Colección ETNOGRAFÍA DE LOS SECTORES POPULARES, Dirección de Pablo Seman, Editorial Gorla, Buenos Aires, 2019.

Nota: El texto corresponde 100% a Sonnia Romero Gorski

Nota: La editora Sonnia Romero Gorski aprobó éste artículo

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