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Revista Médica del Uruguay

versión impresa ISSN 0303-3295versión On-line ISSN 1688-0390

Rev. Méd. Urug. vol.32 no.2 Montevideo jun. 2016

 

Enfermedades y muerte de Charles Darwin

Dr. Milton Rizzi*

Resumen

Charles Darwin nació en Shrewsbury, Inglaterra, el 12 de febrero de 1809. Tuvo excelente salud, hasta su regreso, en 1836, del viaje alrededor del mundo con el Beagle. A partir de ese momento comenzó a manifestar cefaleas, palpitaciones, temblores, caries y paradentosis, catarros respiratorios, artritis, forúnculos, puntos negros en la visión, mareos, dolores abdominales, náuseas, vómitos, flatulencias, insomnio, accesos de furia, depresión y períodos de extremo agotamiento. Más allá de mejorías temporarias, estos síntomas se manifestaron durante los últimos 45 años de su vida, a pesar de lo cual pudo encontrar la entereza suficiente como para publicar 14 libros, entre ellos el genial El origen de las especies. Los diagnósticos más probables puestos a consideración por los distintos investigadores fueron un trastorno bipolar asociado a una herencia psicopatológica y la enfermedad de Chagas, que este ilustre personaje pudo haber contraído en Sudamérica. Finalmente, el 19 de abril de 1882, Darwin falleció muy probablemente a consecuencia de una patología vascular coronaria y cerebral. Sus restos se encuentran en la abadía de Westminster, junto a los de Isaac Newton.

Palabras clave: CHARLES DARWIN ENFERMEDADES MUERTE

Key words: CHARLES DARWIN ILLNESSES DEATH

*Ex Presidente de las Sociedades de Otorrinolaringología del Uruguay, Uruguaya de Historia de la Medicina y Rioplatense de Otorrinolaringología.Miembro vitalicio de la Royal Society of Medicine.Miembro Académico de la Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial. Correspondencia: San Nicolás 1331, Montevideo, Uruguay.

Correo electrónico: miltonrizzic@hotmail.com

Recibido: 18/3/16 Aceptado: 27/4/16

a) Introducción

En febrero de 2016 se cumplieron 207 años del nacimiento de Charles Darwin y más de 150 de la publicación de El origen de las especies. Este trabajo quiere expresar el homenaje del autor a la trayectoria de este hombre que a pesar de estar casi continuamente enfermo durante los últimos 45 años de su vida, prosiguió creando, al punto tal de cambiar con su obra toda la historia de la biología.

La presente comunicación mencionará solo brevemente los aspectos biográficos e insistirá en las patologías, tratamientos e interpretaciones diagnósticas acerca de las enfermedades que padeció el genial escritor y en la relación de estas con su obra.

b) Antecedentes familiares. Infancia. Adolescencia

Charles Robert Darwin(1,2) nació el 12 de febrero de 1809 en Shrewsbury, antiguo asentamiento galés(3), situado en Inglaterra a unos 200 kilómetros al norte y al oeste de Londres, sobre el río Severn, y a poco más de 16 horas de recorrido en coche de caballos.

Su padre(1,2), Robert Waring Darwin, era un gigante de 150 kilos, médico prestigioso y con una gran clientela en su área de residencia.

Era una familia de médicos. Erasmus Darwin (1731-1802), abuelo de Charles, además de médico era poeta, filósofo e inventor, y asimismo Charles, su tío, era también médico(3,4).

Su madre(1-4) se llamaba Sussanah Wedgwood y era hija del famoso Josiah Wedgwood, fabricante de las apreciadas porcelanas inglesas de colores azul y blanco. Sussanah era menuda, de salud delicada, y falleció a los 52 años, cuando Charles tenía solo 8. Este quedó entonces bajo el cuidado de su hermana Caroline, de 13 años, que pasó a administrar la casa. Otro hermano de Charles, Erasmus, era cinco años mayor y fue quien lo acompañaría años después a estudiar medicina en Edimburgo. Dos de sus otras hermanas se casaron con médicos.

Josiah Wedgwood, su tío materno, fue, más allá de los ya nombrados, el familiar más importante en la vida de Charles. Fue él su compañero en los viajes a Escocia, Irlanda, París y Ginebra(5) en sus únicas salidas fuera de Inglaterra antes de la vuelta al mundo.

Después de retornar con el Beagle, Charles Darwin no salió nunca más de Inglaterra, muy probablemente debido a sus enfermedades.

Una investigación(3) acerca de la familia Darwin arroja resultados sugestivos: el abuelo Erasmus y el tío Charles eran tartamudos, al igual que su abuelo materno y su querido tío, ambos llamados Josiah. Asimismo, los Wedgwood tenían cargados antecedentes de depresiones neuróticas y suicidio.

Robert Darwin, el padre, era una figura imponente: “El hombre más grande que jamás haya visto”, escribió Charles(1). Era paternal, autoritario y cariñoso, y aparentemente no permitió que se procesase adecuadamente el duelo por la muerte de su esposa. “Es un ángel que se ha ido al cielo, estará siempre con nosotros y no se hable más de ella” (3). Sussanah, su madre, y el hermano Erasmus tenían una salud delicada. La primera había quedado prácticamente inválida después de los sucesivos partos y su hermano mayor vivió muchísimos años permanentemente enfermo.

Las interpretaciones médicas de estos hechos(6,7) nos indican una probable herencia psicopatológica así como la presencia de un cuadro bipolar, originado en fenómenos de agresión y resentimiento hacia un padre a la vez autoritario y benevolente, un hombre al que reverenciaba, pero hacia el cual sentía una animadversión inconsciente.

A los 9 años de edad, Charles fue enviado a estudiar a la Escuela Secundaria del doctor Butler, situada a unos 2 kilómetros de su casa. Fue en esa oportunidad que padeció una escarlatina sin mayores consecuencias. Un año después y como evidencia de su buen estado de salud, corría de la escuela a su casa en menos de 10 minutos. Fue en Butler’s, donde desarrollando unos experimentos de química(4) , ocasionó una explosión. A partir de ese hecho, amigos y familiares comenzaron a apodarlo “Gas”. También entre estos últimos fue conocido con el sobrenombre de “Tácito”. Fitzroy en el Beagle lo llamaba “Philos”.

Charles decía pequeñas mentiras, coleccionaba sellos y piedras y gustaba de la caza con perros. “Cuando salí de la escuela, no era ni muy brillante ni más torpe para mi edad que un muchacho normal” (1-4).

Referente a enfermedades, comenzaron a aparecerle lesiones de eccema seco en manos y alrededor de los labios(1-4). Un médico lo trató con arsénico, con la disconformidad de su padre, y aunque no hay evidencia que lo haya seguido tomando más allá de la adolescencia, algunos mencionan una intoxicación crónica arsenical a la larga lista de diagnósticos posibles referentes a las enfermedades que aquejaron al genio.

Al término de su etapa de educación secundaria como un estudiante mediocre, su padre lo encaró y agresivamente le dijo: “Si continúas así serás una desgracia para ti y para tu familia”(1-5). Entonces, lo envió a estudiar medicina a Edimburgo. Cincuenta años después Charles Darwin aún recordaba aquella sentencia paterna, palabra por palabra.

En Edimburgo compartió estudio y vivienda con su hermano Erasmus, conocido con el apodo de “Ras”. Su actuación fue pobre, la cirugía y la anatomía humana lo aburrían o le daban náuseas. Se interesó en la disección de animales, y se comenta que un ayudante negro del Departamento, llamado Jameson, lo inició en ese difícil arte(3).

Visto el fracaso de ese período educativo, Robert Darwin, en ardua decisión, optó por enviarlo a estudiar a la muy prestigiosa institución Christ’s College de Cambridge, entidad que aún existe y puede ser admirada observando sus jardines y las imponentes piedras que ornan sus edificios.

Charles estudió allí teología (iglesia de Inglaterra), matemáticas y materias clásicas y alcanzó una licenciatura en todas ellas(1-4). El tiempo transcurrido en Christ’s fue el más importante en su aprendizaje académico. Conoció allí a Stevens Henslow y a Adam Sedgwick, los hombres más importantes de su vida fuera de su familia. Asistió también allí a la explosión de su adolescencia(1). Tuvo entonces amigos, diversiones, bailes, juego de naipes, comidas (fue miembro del Club de los Glotones) y excursiones de caza. También coleccionaba escarabajos y se aficionó a la música y a la pintura. Fue un niño grande aplicado a los estudios y disfrutó la vida con excelente salud(5).

Finalmente y cuando estaba aparentemente decidido a cursar el Doctorado de Teología, surgió el conocido ofrecimiento del capitán Robert Fitzroy para que lo acompañara como naturalista en el viaje del Beagle(1-3).

Stevens Henslow, el profesor de botánica y maestro riguroso, que lo había entrenado en la difícil ciencia de la investigación, y Josiah Wedgwood, el tío complaciente, fueron los padrinos de esta aventura y el padre, inicialmente reticente, finalmente accedió.

Charles, que ya estaba en condiciones de acceder a un trabajo rentado, le pidió a su padre 30 libras esterlinas oro anuales durante todo el tiempo que durase el viaje, requisito indispensable para realizarlo.

El padre finalmente aceptó, pero Charles gastó ya 200 libras durante el primer año y aún más en los sucesivos. Serían estos los primeros de los muchos años en que el padre autoritario y benevolente financiara las actividades académicas del hijo.

Ante la demora de la partida del Beagle surgieron los primeros síntomas preocupantes de Charles, a la sazón de 22 años. Estos fueron: eccemas de manos y en el contorno de los labios, desazón, angustias y palpitaciones(1,2,6,7). “Llegué a convencerme que era un enfermo del corazón”, escribió años después.

c) El viaje alrededor del mundo

Finalmente, el 27 de diciembre de 1831 zarpó el Beagle. Aconsejado por su padre, Charles llevó como único fármaco trementina(4), medicación que podía ser utilizada tanto en caso de indigestión, como estado bilioso, dolor de cabeza, estreñimiento o nerviosidad.

La vida en el Beagle estaba regida por el capitán Robert Fitzroy. Este, que era descendiente ilegítimo del rey Carlos II y sobrino del duque de Grafton, se comportaba como un aristócrata, autoritario y dogmático. Era, asimismo, un excelente marino. Los inefables psicoanalistas sugieren un amor homosexual frustrado entre Darwin y el apuesto capitán(2). A Charles se le permitió solo una maleta mediana como equipaje y le fue adjudicada una hamaca en el camarote de popa, a medio metro del techo y otro medio metro de la mesa de mapas. Fue acompañado en el viaje por el oficial médico Robert Mac Cormick y su ayudante, el joven Benjamín Bynoe, un graduado reciente. Charles leía, coleccionaba especímenes y con los miembros de la oficialidad jugaba a las cartas (era un mal bromista con los perdedores), ajedrez y backgammon.

¿Cómo era físicamente?(1-4). Alto, de 1,80 aproximadamente, de pelo castaño, con calvicie a partir de los 30, barba (que comenzó a dejarse cuando llegaron a la Patagonia) algo rojiza, ojos castaños con pequeños puntos violáceos y excelente visión hasta que llegó la presbicia, labios sonrosados, algo finos, cabeza grande, redondeada, nariz larga y recta, tórax normal y piernas largas. Delgado a comienzo del viaje, engordó a final del mismo. Fumaba, en general cigarrillos, después de su viaje a las Pampas. Gustaba de pescar y cazar. Adoraba a los perros y a los caballos, y en 1872 llegó a ser juez consultante en un show de gatos(3). Era friolento: “Tolero más el calor que el frío”(8). Leía novelas, “aunque a menudo sean una pérdida de tiempo” (9).

El viaje en el Beagle lo transformó de incierto alumno a investigador certero y testarudo(1), utilizando el método de la hipótesis deductiva. Escribió acerca de esto: “Mi mente es una máquina de recolectar hechos, con los cuales después elaboro leyes”. Durante todo el viaje, Darwin sufrió de fuertes mareos que no cedieron al pasar los días, semanas y meses. “Me siento destrozado por los vómitos”(8). Se trató de cinetosis. La etiopatogenia puede corresponder a una hipertonía del aparato vestibular, o, lo más probable, a una falta de adecuada respuesta inhibitoria cerebral. Recordemos al efecto, que el almirante Nelson se mareó durante toda su vida en el mar.

El tratamiento instituido para aliviarlo fue un preparado “marino” de tapioca, vino y especias.

A lo largo de los cuatro años de viaje por mar, y durante las prolongadas excursiones por tierra, se sucedieron diversos cuadros patológicos, que mencionaremos, aunque estos no tienen aparente relación con la severa y limitante enfermedad que afectó a Darwin en los últimos 45 años de su vida.

Las afecciones citadas fueron:

  • En Brasil, herida de rodilla con absceso palpitante, tratado por el Dr. Bynoe.
  • También en Brasil, cuadro febril: “Escalofrío y pesadillas, comí algo que me intoxicó”(8).
  • En Santa Fe: cuadro febril indeterminado.
  • En Valparaíso, más allá de una intoxicación con vino verde(1), proceso febril con síntomas digestivos inciertos, de siete semanas de duración, y que fue tratado con calomel. Algunos investigadores aventuran la tesis de que se trató de una fiebre tifoidea; otros, de tifus exantemático(6,7). En cuanto a la sintomatología que podría tener relación con su enfermedad crónica, destacamos:
  • Náuseas exageradas mientras desollaba un ejemplar, cazado por él, y cuya piel fue enviada a Londres. Más tarde dejó de cazar por este y otros episodios.
  • Cefaleas, a veces pulsátiles en estado de tensión.
  • Palpitaciones.
  • Estado de gran fatiga, agotamiento y postración en la Patagonia.
  • Presión sobre la cabeza y pecho en Chile.
  • Picadura de vinchuca.
  • Recordemos que Darwin tuvo una extraordinaria aptitud física en este viaje efectuando largas caminatas, ascendiendo montañas, recolectando material, que luego debía ayudar a transportar, cabalgando cientos de kilómetros.

    En su diario(8) de la expedición hecha por el Beagle, Charles nos relata que estando en Luján de Cuyo, tuvo escalofríos y malestares dos semanas después de ser picado por una vinchuca(1-4). Parasitólogos como Saul Adler(10) afirman que pudo tratarse de una primoinfección de la enfermedad de Chagas.

    d) El regreso. La enfermedad que no da tregua. El casamiento

    El 2 de octubre de 1836, Darwin retornó a Inglaterra en el Beagle. Más allá de cierto cansancio, su salud parecía espléndida, hasta que poco tiempo después comenzó a manifestar cefaleas, caries y paradentosis, catarros respiratorios, forúnculos, palpitaciones, temblor, puntos negros en la visión, mareos, artritis, dolores abdominales, náuseas, vómitos, flatulencia, algún ocasional acceso de furia, otras veces estados depresivos, insomnio y agotamiento en un grado tal que lo condujeron a un estado de semiinvalidez(3).

    Estos síntomas lo llevaron a viajar a su casa natal, The Mount, a descansar y para ser asistido por su padre. Este diagnosticó trabajo excesivo por los rigores del viaje y pocas probabilidades de curación(4-7). Algunos investigadores que insisten en los aspectos psicológicos, destacan que fue recién, cuando Charles fue atendido por su padre, que ambos desarrollaron una relación normal(6). Otros insisten en que el odio subconsciente que el hijo sentía hacia su progenitor por la pérdida de su madre, no sufrió modificaciones por esta nueva situación(2).

    De todas maneras, Robert Darwin continuó apoyando económicamente a su hijo y haciéndose cargo de todos sus gastos.

    Un acontecimiento familiar, “el día más importante de mi vida”, surgió a fines de 1838, cuando Charles pidió la mano de su prima hermana Emma Wedgwood.

    Pocos días antes de la boda, el novio sufrió una cefalea(1) atroz, que le duró más de 48 horas, y que se alivió tomando un tren “sin destino”. No sería esta la primera ocasión en la cual utilizó tratamientos bizarros. En otras cefaleas, buscaba alivio leyendo cuentos de Dickens.

    El casamiento se celebró a fines de enero de 1839 en medio de una secuencia de casi infinitas palpitaciones. Los cónyuges se trasladaron a Londres, donde Charles siguió con sus investigaciones, siempre apoyado por su padre, que le concedió 400 libras por año. El matrimonio también contaba ahora con la dote de la novia, 5.000 libras y una renta anual de 200 libras.

    Emma, “la mujer más importante de mi vida”, era bonita, más bien pequeña, muy religiosa, de hombros redondeados, con busto lleno, caderas finas, piernas delgadas, cuidadosa en su arreglo personal y descuidada con su ropa, que arrojaba en cualquier lugar sin acomodarla, hecho por el cual era conocida en su casa familiar como “señorita desordenada” (3,4).

    Emma fue una esposa ejemplar, tuvo diez partos, siete de sus hijos llegaron a la adolescencia y tres fueron nombrados sir. Regía la casa con absoluta perfección y Charles fue totalmente dependiente de ella. Algunos autores mencionan que como marido, Darwin ejerció una autoridad tiránica sobre su mujer, utilizando sus indisposiciones para esclavizarla(7). Sin embargo, Emma y sus hijos creían en la autenticidad de los síntomas de Charles y rechazaban la acusación de hipocondría que frecuentemente se le hacía(2).

    La vida en Londres desde 1839 a 1842 fue difícil para los Darwin, más allá del nacimiento de su primer hijo, un varón de ojos azules. “Mejorará con la edad, como el buen vino”, dijo el abuelo Robert.

    Las permanentes molestias le impedían a Charles trabajar como quería y la actividad social lo alteraba sobremanera. No podía ir a visitar a sus amigos, que “dicen que soy hipocondríaco”, por sus trastornos digestivos, pero a pesar de todo esto publicó en este período, en 1839, el Diario del Beagle, en 1842 su libro sobre los Arrecifes de coral y también escribió un primer borrador acerca de Mi teoría de las especies(1-4).

    Al fin del verano de 1842, se decidió y solicitó a su padre que le comprase una casa en el campo, no lejos de Londres, donde pudiese vivir en un estado de semirreclusión, sin deberes sociales y sin dar conferencias. “La enfermedad me salvó de la distracción y del goce de la sociedad” (2).

    La elección fue Down House, una propiedad que existe hoy día y que puede ser visitada como museo. Está ubicada a unos 30 kilómetros al sur de Londres, en el hermoso condado de Kent. La casa de dos plantas no contaba con agua corriente ni con baño(1-4), fue su hogar y su “hospital”. Allí recibía a huéspedes que eran viejos amigos y conocidos, y asimismo algunos nuevos. Había un piano y muchos libros(1).

    Un camino entre los arbustos era utilizado por Charles, de sombrero y bastón, para caminar unos tres kilómetros diarios, actividad a la que rara vez renunciaba. “Hacer ejercicio a veces me mejora”(6).

    Su rutina diaria comenzaba escribiendo a las 7 de la mañana, desayuno a las 10, luego sentarse a meditar en la reposera hasta las 11:30, de allí al estudio hasta las 2 de la tarde, pausa para almorzar, fumar dos o tres cigarrillos, luego pasear por el sendero que hemos descrito o a veces salir de compras. Después leer, escribir y contestar correspondencia. Cena liviana a las 6 de la tarde, con los dulces prohibidos por sus médicos. Té a las 19:30, estudiar, a veces alemán, y escuchar música. A dormir a las 9 de la noche. Escribía en las dos carillas del papel y a menudo anotaba frases cortas que luego “pegaba” en sus manuscritos(3).

    ¿Por qué demoró tanto en editar El origen?

    Chancellor(2) y Kohn Lorenz(7) insisten en las explicaciones psicoanalíticas y la relación amor-odio-destrucción que tenía con su padre. Otros, como Brent(1), recuerdan aquella carta que Darwin le había enviado a Hooker: “Publicarlo es como confesar un crimen”.

    En 1845, escribió: “Mi pobre sistema digestivo se ocupa de controlarme, no paso veinte minutos sin tener algún síntoma, voy por la senda de los mortales”. También: “Me olvido de mí mismo solo cuando estoy trabajando: ya he muerto a medias y me moriría del todo si no tuviera nada que hacer”(1-4).

    “En la noche la acidez, las regurgitaciones y las flatulencias me obligan a sentarme y entonces así tengo algo de alivio”(7).

    Con estos síntomas es posible considerar la existencia de una hernia diafragmática.

    e) Médicos y tratamientos

    Se conocen varios de los profesionales que atendieron a Charles Darwin a lo largo de su extensa saga de patologías.

    a) Robert Darwin(1-4), el imponente padre, fue su consultor médico más valorado. Ya hemos referido como pensaba que su hijo padecía una enfermedad incurable. En cuanto a los tratamientos, el gigantón Darwin era cauto en la indicación de purgantes y sangrías, y recurría solo en ocasiones al calomel. En su actividad profesional se destacaba, sobre todo, porque oía a sus pacientes una y otra vez con asombrosa paciencia.

    b) James Manby Gully(1-7) (figura 1), famoso hidroterapeuta, acusado de matar al esposo de su amante y graduado en Edimburgo, trabajaba en varios spa en la zona de Malvern, en el mar del Norte. Médico muy exitoso, Charles Dickens y Florence Nightingale fueron pacientes suyos. En hidroterapia había varias terapéuticas, algunas con agua caliente, pero las más utilizadas eran con agua fría. En esquema, se comenzaba con paños y esponjas, luego baños fríos de duración variable y por fin “la ducha” con agua helada, que caía desde 4 metros de altura por escasos segundos sobre el cuerpo desnudo del paciente. “Hasta los hipocondríacos mejoran”, sentenciaba Gully. Darwin efectuó por lo menos seis tratamientos de este tipo entre 1850 y 1864, con resultados pobres a mediano plazo. En Montevideo, la hidroterapia tuvo también su tiempo glorioso, tal como nos refiere la publicación de Washington Buño(11).

    Otros médicos hidroterapéuticos fueron:

    c) Edmund Smith(1), que atendió a Darwin en Hilkley House en los años 1856 y 1859, cuando este padeció intensa flebitis y linfangitis de miembro inferior a consecuencia de un traumatismo de tobillo. En los 13 meses que siguieron a esa internación y en medio de una febril actividad, Darwin completó El origen de las especies.

    d) Ayrehurst(1), asistió a Charles en su clínica de Malvern.

    e) Lane, en su complejo hidroterápico de Sudbroke Park, en Richmond, al sur de Londres.

    Médicos clínicos:

    f) William Brinton. Fue el mejor gastroenterólogo de Inglaterra en su época y sentenció: “Ni el corazón ni el cerebro están afectados”(6).

    g) Henry Bence Jones (1813-1873)(6). Aristócrata con estudios en Cambridge, trabajó en el hospital Saint George y describió en 1848 la proteína que lleva su nombre, en un caso de mieloma. Fue un gran químico, patólogo y un excelente clínico. Atendió a Darwin durante muchos años y le indicó variadas dietas, caminatas y equitación, actividades que lo mejoraron.

    h) Sir Andrew Clark(1,6,7), otro gran clínico, el mejor de su tiempo. Lo asistió hasta su muerte, manteniendo siempre rigurosidad en los tratamientos dietéticos, “que mejoran aun a los escépticos”. Un día, Clark atendió “demasiado rápidamente” a Darwin (que debía viajar 30 kilómetros hasta su consultorio) porque estaba apurado y entonces no le cobró la consulta(1). Desconfiado, el autor de El origen de las especies comenzó a asistirse alternativamente con un médico “menor”, el Dr. Norman Moore.

    Un odontólogo, ignoramos su nombre, le extrajo piezas dentarias bajo el efecto del cloroformo en 1853. El propio Darwin le administró cloroformo a Emma en ocasión del parto de su hijo Leonard(3).

    f) El final

    Charles Darwin tuvo su primer ataque cardíaco en 1873, poco después de ser publicada la sexta edición de El origen de las especies.

    Se caracterizó por un cuadro agudo, rápido, y alarmante de disnea, con opresión precordial, sudoración, palpitaciones y lipotimia(1,4,6-7). En la ocasión fue asistido por el Dr. Clark, al igual que en un episodio similar, aunque más grave, acontecido ocho años después, en 1881. Este último comenzó con palpitaciones, dolor torácico importante y pérdida de conocimiento. Fue tratado con nitrito de amilo(1).

    Los autores concuerdan(1,2,6,7) en que este cuadro puede haber sido un infarto de miocardio. Ante el pesimismo de Clark respecto al pronóstico, el paciente fue trasladado a Londres para una mejor atención. Mejoró, pero pocos meses después sufrió angor pectoris, donde cada esfuerzo era seguido de dolor torácico. “Se acerca el final de mi camino”, le expresó a un amigo(3). Aun en esa condición tuvo fuerzas para publicar su libro sobre las lombrices y el manto vegetal en octubre de 1881. En ese período fue atendido por el Dr. Allfrie, un cirujano consultante, y por el Dr. Moxon, del Guy’s Hospital, los mismos médicos que lo asistieron en su lecho de muerte(1).

    Finalmente, el 15 de abril de 1882 comenzó con una arritmia severa, mareos y pérdida de conocimiento. Fue tratado con opio y tres cucharaditas de whisky. La muerte se produjo serenamente a las tres y media de la tarde del 19 de abril de 1882. “No temo morir” fueron sus últimas palabras. Sir Arthur Keith, curador de Down House, expresó que en su opinión se trató de una trombosis coronaria(3).

    El cuerpo fue transportado desde su residencia hasta la abadía de Westminster en un carro fúnebre tirado por cuatro caballos. En un ataúd hecho de roble sin pulir fue enterrado el 26 de abril a las 11 de la mañana, rodeado de sus familiares y amigos íntimos, en una solemne ceremonia a la cual asistieron el speaker del Parlamento, el alcalde de Londres, el canciller de la Universidad de Oxford, los presidentes de la Royal Society, la Geographical Society, la Geological Society y el College of Surgeons, el decano de Christ’s Church, el director del Colegio Shrewsbury y representantes diplomáticos de Francia, España, Italia y Estados Unidos.

    A su expreso pedido, en su tumba, ubicada frente a la de Isaac Newton, no hubo inscripción alguna, más allá de las fechas de nacimiento y muerte.

    g) Consideraciones diagnósticas

    Como ya hemos expresado, numerosos autores se han ocupado de la enfermedad crónica que afectó a Charles Darwin a lo largo de 45 años, desde poco después del retorno del Beagle en 1836 y hasta su fallecimiento en 1882.

    En opinión del autor, son relevantes los factores psicológicos que ya han sido mencionados: padre tiránico y benevolente, falta de procesamiento del duelo materno, ambiente opresivo en la casa familiar, inseguridad patológica frente a las firmes convicciones religiosas tanto de la figura paterna como de su esposa y asimismo el convencimiento personal de que padecía una predisposición hereditaria a enfermarse.

    Todos estos elementos provocaron en Darwin recurrentes cuadros de ansiedad patológica; como ejemplo, el eccema y las palpitaciones antes de la salida del Beagle o el complejo cuadro sintomático que manifestó al retornar y encontrarse en la disyuntiva de clasificar los especímenes y escribir un libro o dirigir su vida hacia otros horizontes académicos y laborales.

    El temor al fracaso(6,7) después de sus errores de interpretación respecto a los glaciares de Glenroy y la poco explicable demora en la publicación del El origen de las especies han sido repetidamente mencionados como ejemplo de inseguridad patológica, y en opinión del autor estos hechos deben ser considerados relevantes.

    Este cúmulo de circunstancias autoriza a emitir la hipótesis de que Darwin sufrió(6,7) una neurosis maníaco-obsesivo-depresiva, hoy llamada trastorno bipolar, que encontró su expresión sintomática en las múltiples manifestaciones digestivas con la probable presencia de una hernia diafragmática como elemento somatizador.

    El Chagas(7,10) ha sido repetidamente considerado como etiológicamente posible en la enfermedad crónica de Darwin. Como ya hemos expresado, en Luján de Cuyo, Charles fue picado por una vinchuca y dado que, a menudo, la fase aguda de esta enfermedad pasa desapercibida o no se presenta, debemos considerar solamente el período crónico como responsable de sus síntomas. Allí encontrarían explicación sus náuseas, vómitos, malestar epigástrico, alivio al permanecer sentado después de comer, etcétera (por un megaesófago) y sus palpitaciones, mareos, lipotimia, e insuficiencia cardíaca por los trastornos de conducción de la miocardiopatía chagásica(7,12). De todas formas, el megaesófago es raro sin afectación concomitante del intestino grueso y los síntomas referentes a un megacolon (tumor palpable, estreñimiento pertinaz y fecalomas) nunca fueron descritos por Darwin en sus Diarios médicos ni en su correspondencia.

    En opinión del autor, la progresión sintomática de los padecimientos cardíacos del genial escritor se explica más fácilmente por las consecuencias de una patología vascular, probablemente arteroesclerótica y es así que las palpitaciones fueron la expresión clínica de extrasístoles, quizá causadas por algún trastorno de conducción y acentuadas por los factores psicológicos.

    A continuación surgieron alteraciones del flujo vascular al corazón, insuficiencia coronaria, que se manifestó por dolores precordiales al esfuerzo, y angustia, entidad llamada angor pectoris. Este cuadro por sí solo y acompañado por una enfermedad arteroesclerótica: de las arterias cerebrales explica las fugaces lipotimias (pérdidas de conocimiento) y los bloqueos circunstanciales de memoria.

    Una insuficiencia a nivel de las arterias coronarias estuvo casi seguramente involucrada en los episodios de infarto de miocardio de 1873, 1881 y en el último de 1882, donde en ese instante fue acompañado muy probablemente por trastornos del flujo vascular cerebral que le ocasionaron ya sea trombosis o hemorragias encefálicas y la muerte.

    Es esta una muy bien conocida secuencia patológica en medicina humana, sin necesidad de involucrar a la enfermedad de Chagas.

    Los otros diagnósticos sugeridos, tales como intoxicación crónica arsenical, narcolepsia, hiperinsulinismo diabetogénico y encefalopatía miálgica no explican la totalidad de síntomas y pueden ser descartados(6).

    h) Epílogo

    Darwin revolucionó la ciencia y a pesar de ilustres antecedentes como los de Lamarck(13) o de contemporáneos como Wallace(1-4), su labor debe ser evaluada como un antes y un después en la historia de la biología.

    El “hombre más peligroso de Inglaterra”, como fue llamado, puede ser también considerado como el Santo Patrón de la Etología(14), y asimismo debe destacarse cómo su teoría evolutiva ha permitido la creación de una nueva y apasionante especialidad, la medicina darwiniana(15).

    Una encuesta realizada entre universidades del Reino Unido en el año 2000, con motivo de la celebración del milenio, determinó que los tres ingleses más importantes en la historia de la cultura de ese país fueron William Shakespeare, Isaac Newton y Charles Darwin.

    Cuarenta y cinco años de enfermedad y catorce libros, algunos de ellos de lo más importante que se haya publicado en el siglo XIX, escritos en medio de cefaleas, insomnio, dolor, náuseas, vómitos, mareos, temblor, palpitaciones y angustia, hacen decir a sir Julian Huxley, que “al igual que con Robert Louis Stevenson y Sigmund Freud, la enfermedad lo hizo infeliz y asimismo ocasionó sufrimientos a sus familiares y amigos, pero considerando su contribución a la ciencia... ¿qué más pudo haber hecho?”.

    Abstract

    Charles Darwin was born on February 12th in Shrewsbury in the English Midlands. He was in excellent and healthy condition until his return to England on the HMS Beagle in 1836. A few months later he started with headaches, palpitations, trembling, caries and pyorrhea, respiratory catarrhs, arthritis, boils, dark spots on his vision, abdominal pains, nauseounsness, vomiting, flatulence, sleeplessness, rage fits, depressive conditions and long periods of exhaustion.

    In spite of all this background of suffering, Darwin managed to publish fourteen books in fortyfive years , among these the first edition of “On the Origin of Species” on November 1859.

    Poor nervous heredity, a bipolar neurosis (formerly depressive obsessional anxiety), and Chagas Disease are the most probable causes of these extended and continued sicknesses.

    Arteriosclerotic pathology of coronary and brain arteries were most certainly the cause of his death, happened on April 19th, 1882.

    He now rests in Westminster Abbey next to Isaac Newton.

    Resumo

    Charles Darwin nasceu em Shrewsbury, Inglaterra, no dia 12 de fevereiro de 1809. Tinha uma saúde excelente, até 1836 quando regressou de sua viagem ao redor do mundo no Beagle. A partir desse momento começou a apresentar cefaleias, palpitações, tremores, caries e periodontite, catarros respiratórios, artrite, furúnculos, pontos negros na visão, vertigens, dores abdominais, náuseas, vómitos, flatulência, insônia, acesos de fúria, depressão e períodos de esgotamento extremo.

    Embora tivesse períodos de melhoria, esses sintomas se manifestaram durante os últimos 45 anos de sua vida; apesar disso teve forças suficientes para publicar 14 livros, entre eles o genial "Origem das espécies"…

    Os diagnósticos mais prováveis considerados por diferentes pesquisadores foram um transtorno bipolar associado a uma herança psicopatológica e doença de Chagas, que este ilustre personagem pode ter contraído na América do Sul.

    Finalmente, no dia 19 de abril de 1882, Darwin faleceu provavelmente como consequência de uma patologia vascular coronária e cerebral.

    Sus restos descansam na Abadia de Westminster junto aos de Isaac Newton.

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