1. Introducción
El reconocimiento de que la interacción comunicativa es la matriz del lenguaje humano, fuente de su replicación histórica, nicho e insumo del desarrollo del lenguaje en el niño, y escenario de su actualización encrónica, ha derivado en una creciente atención translingüística y transdisciplinaria a la interlocución cara a cara (Bavelas, 2022; Dingemanse et al., 2023; Enfield, 2022; Hamilton y Holler, 2023; Levinson, 2017; Schegloff, 2006).
Desde la mirada de la adquisición se ha destacado que la interlocución abre una ventana a la estructura de las lenguas. En el curso de su desenvolvimiento se ofrecen evidencias múltiples de las propiedades de las lenguas; se exhiben vínculos referenciales ostensivos, situados y desplazados; se despliegan repeticiones, reformulaciones, reiterados marcos de construcción, conjuntos de variación (variation sets) y colocaciones léxico-semánticas. Todo ello configura un escenario favorable a la detección de patrones y al desentrañamiento de relaciones de significación (Abney et al., 2014; Alam et al., 2022; Chouinard y Clark, 2003; Küntay y Slobin, 2002; Lester et al., 2022; Moran et al., 2018; Pickering y Garrod, 2004; Pickering y Garrod, 2021; You et al., 2021).
Junto con las propiedades de la interlocución que favorecen la detección de la estructura de las lenguas, la interlocución presenta problemas y apela a convenciones que el niño debe identificar, resolver y ejecutar (Sidnell, 2015; Veneziano, 1998 y 2018). Los participantes en la interacción deben intervenir de acuerdo con las prácticas comunitarias y la situación interlocutiva, realizar un amplio género de operaciones y actividades interlocutivas y seleccionar recursos adaptados al interlocutor y a las actividades en curso (Brown y Gaskins, 2014; Clark, 2015; Enfield, 2022; Goodwin, 1981; Rubio-Fernández, 2025). Todo ello ocurre en el veloz curso de la encronía del habla (Clark, 2018; Enfield, 2022; Matthews et al., 2018; Sidnell, 2015; Stephens y Matthews, 2014).
Las lenguas disponen de variados recursos para la coordinación y desarrollo de la interacción, entre ellos los apéndices interlocutivos que aquí se atienden. Se trata de elementos categorialmente disímbolos que se anclan en la periferia derecha de los enunciados y operan por lo común como herramientas de coordinación dialógica intersubjetiva (Beeching y Detges, 2014; Enfield et al., 2012; Heine, 2023; Mithun, 2012). Se trata de recursos categorialmente disímbolos: interjecciones, ítems léxicos, partículas funcionales, marcas morfológicas, construcciones oracionales, frases lexicalizadas y expresiones rituales, o expresiones gestuales (Bavelas et al., 1992; Dingemanse, 2023; Evans et al., 2018; Escobar L.-Dellamary, 2023; Spijker y Oomen, 2023). Son prosódicamente independientes, exhiben un contorno entonativo autónomo -típicamente interrogativo- y suelen ser inmunes a las propiedades sintácticas de los enunciados-ancla.
Dichos enunciados exhiben una variada configuración (como escuetos ítems léxicos, frases, fragmentos de oraciones, oraciones plenas) y realizan un amplio rango de actos de habla (Enfield et al., 2012). La independencia configuracional entre enunciados-ancla y apéndices es patente en alemán, ainu, holandés, japonés, lao, mahawk, mandarín, tzeltal o español (Asano, 2008; Clausen y Scheffler, 2022; Enfield et al., 2012; Evans et al., 2018; Mithun, 2012; Yeh y Huang, 2016). En otras lenguas, en cambio, los recursos interlocutivos correspondientes son sensibles a algunas propiedades del enunciado-ancla, por ejemplo su polaridad, como ocurre en inglés con las llamadas tag questions.
En general se reconoce que los apéndices interlocutivos realizan una función bidireccional. Por un lado, exhiben una “huella de la actitud” o posición epistémica del hablante respecto al enunciado-ancla (Enfield et al., 2012) y modulan su función comunicativa (Krifka, 2015); por otro lado, al ubicarse en el margen derecho del enunciado-ancla indexan el punto de transición del turno y desde allí proyectan la expectativa de un tipo de respuesta (Enfield et al., 2012; Heritage, 2012; Kimps, 2018; Krifka, 2015; Mithun, 2012; Miyagawa, 2022).
Los estudios en español suelen incluir los apéndices interlocutivos en el diversificado conjunto de marcadores discursivos (Briz et al., 2008; Martín Zorraquino y Portolés, 1999). Objeto de atención particular del grupo Va.Les.Co. y de investigadores afiliados y afines a sus planteamientos, reciben designaciones que enfatizan alguna de sus propiedades formales o funcionales, como operadores, apéndices o marcadores, de control, contacto o comprobativos, o simplemente interrogativos, entre otras designaciones más (Briz, 1998; Fuentes Rodríguez et al., 2019; García Vizcaíno, 2005; Guillén, 2023; Montañez Mesas, 2007; Orozco, 2014). Otro aspecto que ha interesado es registrar su inventario y frecuencia de uso a traves de la amplia geografía del español (Valencia y Vigueras, 2015). Así se reporta la prominencia de ¿eh?, ¿no?, ¿sabes?, ¿vale? en el español peninsular (Briz, 1998; Montañez Mesas, 2007); el uso general de ¿eh? en Latinoamérica (Valencia y Vigueras, 2015); el predominio de ¿eh?, seguido de ¿sí?, ¿no?, ¿verdad?, menos frecuentes, entre otros apéndices más, en el español urbano medio del altiplano mexicano (Guillén, 2023; Orozco, 2014). Además de su inventario, distribución regional, detalles de su prosodia y posición secuencial, y atisbos de su función, sabemos poco de su sintaxis y de sus efectos semánticos o pragmáticos en la interlocución.
1.1. Apéndices interlocutivos periféricos en el habla infantil
Hasta donde he podido indagar, los apéndices interlocutivos han recibido escasa atención en los estudios del desarrollo del lenguaje y poco se dice sobre su curso de adquisición. Su independencia prosódica y posición marginal son rasgos favorables para su identificación, segmentación y consecuente incorporación en el habla infantil (Slobin, 1985); en cambio las funciones interactivas que realizan –epistémicas y de control– podrían constituir una dificultad para su adquisición temprana (Furman y Özyürek, 2007; Kyratzis y Ervin-Trip, 1999).
Con todo, sabemos que en diversas lenguas (alemán, japonés, mandarían, noruego, sueco, turco, español), entre los dos y los tres años, los niños despliegan recursos interlocutivos con variadas funciones: marcan atención responsiva, indican reconocimiento y acuerdo, presentan reparaciones y retrasos dubitativos y más (Allwood y Ahlsen, 1999; Clancy, 1987; Clancy et al., 1996; Furman y Özyürek, 2007; Meng y Schrabback, 1999; Meng y Strömqvist, 1999; Miyagawa, 2022; Tatsumi y Sala, 2022; Yeh y Huang, 2016). En un estudio de caso sobre su adquisición en español, Montes (1999) los considera interjecciones deícticas (siguiendo a Wilkins, 1992); registra su uso alrededor de los dos años con la función general de “marcar el manejo de información” (Montes, 1999: 1292) y algunas de sus funciones individuales: indicar recepción o reconocimiento (ah), acuerdo (aja, mjm), reparación (¿mh?, ¿eh?), hesitación o titubeo (mmm, eee). Para Montes, la partícula ¿eh?, como apéndice de un enunciado, “parece tener el significado de ‘¿oyes?, ¿escuchas?’ (‘do you hear me?’), sirve para “intensificar” el enunciado al que acompaña, con la expectativa de involcurar al interlocutor y obtener un acuerdo con lo dicho o realizado (Montes, 1999: 1313)1.
1.2. Criterios de inclusión y exclusión
Sin excluir la reconocida afinidad entre los recursos que ocupan la periferia derecha de los enunciados (Traugott, 2016), solo consideraré aquí los apéndices interlocutivos que modulan los enunciados ancla sin añadir un significado conceptual y proyectan a la par cierto tipo de expectativas del emisor respecto a la recepción-respuesta del destinatario, independientemente de la categoría de sus exponentes: ya se trate de apéndices expuestos por interjecciones (Dingemanse, 2023; Mithun, 2012) ¿eh?, ¿mh?, o de ítems léxicos y expresiones en funciones de apéndice: ¿sí? ¿no?, ¿verdad?, ¿sale?, ¿okey? En cambio, dejaré de lado las expresiones interrogativas con verbos de percepción en segunda persona (¿viste?, ¿ves? oíste?), y las expresiones declarativas con verbos de pensamiento en primera persona (creo, pienso), que suelen ocupar también la periferia derecha de los enunciados y proyectan, éstas sí, un significado conceptual definido, tendencialmente modal: epistémico, deóntico o evidencial (Diessel, 2004).
1.3. Objetivos
Como respuesta a los escasos estudios sobre apéndices interlocutivos en el habla infantil, este trabajo tiene como objetivo caracterizar la incorporación y el manejo de este tipo de recursos, como una ventana al desarrollo de habilidades pragmático-interlocutivas en niños que adquieren el español. Para ello adoptamos las siguientes preguntas de investigación.
P1. ¿Qué apéndices interlocutivos adquieren los niños entre los dos y los tres años y con qué frecuencia los usan?
P2. ¿Qué características de los enunciados que los alojan (enunciados-ancla) inciden en su reclutamiento y selección?
P3. ¿Qué expectativas de respuesta proyectan con su uso?
El trabajo se organiza de la siguiente manera. En la sección 2 se presenta la metodología. La sección 3 incluye i) el análisis del inventario, emergencia y frecuencia de los apéndices documentados; ii) su distribución en el periodo analizado; iii) su combinatoria con diversos enunciados-ancla y la respuesta que perfilan. En la sección 4 se resumen los hallazgos, se discute la función de los apéndices y se pondera la evidencia que aportan sobre el desarrollo interaccional infantil.
2. Método
La fuente de documentación de este estudio es un corpus de videograbaciones de habla infantil recogidas en la Base de datos ETAL: Etapas Tempranas de la Adquisición del Lenguaje, del Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM (Rojas-Nieto, 2007). ETAL registra la interacción cotidiana de niños prescolares con miembros de su familia y personas cercanas (madre, padre, abuelos, tíos, primos, empleadas domésticas). Las familias de los niños forman parte de la clase media urbana de México. Los padres, hablantes nativos de español, tienen estudios universitarios y son los cuidadores primarios de los niños. Los participantes tuvieron conocimiento de los objetivos de los registros (relacionados con el desarrollo del lenguaje de los niños) y se les garantizó la confidencialidad, salvaguarda de su identidad y dedicación exclusiva de los materiales recolectados para fines de investigación.
Los datos que se analizan enfocan las secuencias conversacionales en que los niños insertan un apéndice interlocutivo en la periferia derecha de un enunciado. Para documentar estas secuencias se analizaron cinco corpus longitudinales (de tres niñas (=f) y dos niños (=m)), entre los 23 y los 36 meses de edad (Cuadro 1), y diez corpus transversales (de cuatro niñas y seis niños) en un rango de edad aproximadamente equivalente (25 a 39 meses) (Cuadro 2). En la conformación del corpus longitudinal el registro de edad inferior para cada niño corresponde a la primera toma en que el niño expone algún apéndice en la periferia derecha de un enunciado. Aunque el corpus transversal el corpus abarca un periodo de edad equivalente, una niña (Gis*) en el rango de edad establecido no colaboró con la producción de apéndice alguno.
Cuadro 1 Base de datos longitudinal
| Niños | Periodo (meses) | ΣRegistros | ΣHoras | ΣTurnos | Apéndices Tipos – Casos |
|---|---|---|---|---|---|
| Julio (m) | 25-36 m. | 12 | 24h | 8400 | 6 – 49 |
| Luis (m) | 27-32 m. | 8 | 16h | 4067 | 4 – 38 |
| Elia (f) | 24-36 m. | 11 | 22h | 5252 | 3 – 71 |
| Tita (f) | 24-32 m. | 11 | 22h | 6203 | 6 – 93 |
| Flor (f) | 23-36 m. | 11 | 22h | 9777 | 6 – 144 |
| GRUPO | 23-36m | 53 | 106h | 35140 | 7 – 395 |
Cuadro 2 Base de datos transversal
| Niños | Edad | ΣHoras | ΣTurnos | Apéndices Tipos – Casos |
|---|---|---|---|---|
| Ovi (m) | 23m | 1h | 590 | 1 -1 |
| Gis* (f) | 26 m | 1h | 318 | 0- 0 |
| Pep (m) | 26 m | 1h | 306 | 1 - 1 |
| Die (m) | 30 m | 1h | 273 | 1 - 3 |
| Mil (m) | 31 m | 1h | 757 | 2 - 3 |
| Adr (m) | 33 m | 1h | 464 | 2-3 |
| Lis (f) | 34 m | 1h | 305 | 2 - 6 |
| Maj (f) | 34 m | 1h | 592 | 4 - 15 |
| Pau (f) | 35 m | 2h | 525 | 5 - 38 |
| Uri (m) | 39 m | 2h | 460 | 4 - 12 |
| GRUPO | 25-39 | 12h | 4590 | 7-82 |
Al reportar los datos, la edad de producción se identifica en meses (m). En algunos cuadros y gráficos los datos se agruparon en tres cortes de edad, cercanos a los 4 meses cada uno. En los episodios reportados la transcripción procuró mantener la forma fonológica de las emisiones infantiles y las expresiones poco comprensibles se acompañan de su versión normalizada entre ángulos (< … >). Los interlocutores de los niños se identifican por su rol o parentesco: padres (PAP/ MAM), abuelos (ABO-ABA), tíos, (TÍO/A), amigos (AMI), primos (PMA/O) y, en su caso, la nana (NAN). Los nombres propios corresponden a pseudónimos.
2.1. Procedimiento y aspectos considerados en el análisis
A partir de una cuidadosa exploración manual se reunió el inventario de apéndices interlocutivos que insertan los niños en la periferia derecha de sus enunciados. El registro más temprano de cada apéndice se adoptó como dato de su emergencia y se cuantificó su frecuencia de uso en la muestra total de cada niño. En los enunciados-ancla se caracterizó el acto comunicativo que realizan, la modulación semántico-pragmática que imprimen los apéndices en ellos y se perfilaron las expectativas que proyectan los niños en torno a la respuesta del interlocutor.
3. Resultados del análisis
3.1. Inventario y frecuencia
Entre los 23 y 36 meses, los niños desarrollan las habilidades pragmáticas que conducen al uso de apéndices interlocutivos en la periferia derecha de sus enunciados (en lo sucesivo apéndices para abreviar). El inventario de apéndices reunido en ambos corpus (longitudinal y transversal) incluye siete tipos, entre interjecciones e ítems léxicos. Por su ocurrencia y distribución ¿eh? es el más frecuente y lo usa la mayoría de los niños, seguido por ¿verdad? y ¿sí? Los apéndices ¿no? y ¿sale? tienen una frecuencia más reducida; ¿mh? y ¿okey? exponen un uso mínimo y prácticamente individual.
Los datos de frecuencia total se ofrecen en el Gráfico 1, y la frecuencia de uso individual en el Cuadro 3.
Cuadro 3 Uso infantil individual de apéndices interlocutivos
| LONGITUDINAL | eh/eh? | ¿verdad? | ¿sí? | ¿no? | sale? | ¿mh? | okey? | Tipos | Casos |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Julio | 27 | 2 | 17 | 1 | 1 | 1 | - | 6 | 49 |
| Luis | 10 | 26 | 1 | 1 | - | - | - | 4 | 38 |
| Elia | 50 | 15 | 6 | - | - | - | - | 3 | 71 |
| Tita | 38 | 27 | 21 | 2 | 4 | - | 1 | 6 | 93 |
| Flor | 99 | 13 | 20 | 10 | - | 2 | - | 6 | 144 |
| SUBTOTAL | 224 | 83 | 65 | 14 | 5 | 3 | 1 | 7 | 395 |
| TRANSVERSAL | eh/eh? | ¿verdad? | ¿sí? | ¿no? | sale? | ¿mh? | ¿okey? | Tipos | Casos |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Ovi | 1 | - | - | - | - | - | - | 1 | 1 |
| Gis | - | - | - | - | - | - | - | - | - |
| Pep | - | 1 | - | - | - | - | - | 1 | 1 |
| Die | 3 | - | - | - | - | - | - | 1 | 3 |
| Mil | 1 | - | 2 | - | - | - | - | 2 | 3 |
| Adr | 3 | - | - | - | - | - | - | 2 | 3 |
| Lis | 4 | 3 | - | - | - | - | - | 2 | 7 |
| Maj | 7 | 4 | 3 | 1 | - | - | - | 4 | 15 |
| Pau | 7 | 5 | 18 | - | 6 | 2 | - | 5 | 38 |
| Uri | 2 | 7 | 2 | 1 | - | - | - | 4 | 12 |
| SUBTOTAL | 28 | 20 | 25 | 2 | 6 | 2 | - | 6 | 83 |
| TOTALES | 252 | 103 | 90 | 16 | 11 | 5 | 1 | 7 | 478 |
La frecuencia y la distribución de los apéndices entre los niños apuntan en conjunto a la relevancia de su uso, con diferencias que apuntan al posible efecto de factores que no se analizan ahora; por ejemplo, su recurrencia en el habla parental, o la frecuencia de las situaciones que promuevan su uso.
3.2. Emergencia y distribución
En lo que toca a la primera documentación de estos apéndices en el habla infantil, es de observar que hemos registrado usos absolutos tempranos de ¿eh y ¿sí?, como exponentes de un turno conversacional, posible antecedente de su uso periférico (Traugott, 2016).
Sin descartar esta posibilidad, es patente que un mismo apéndice no tiene la misma función en su uso absoluto o como apéndice periférico de un enunciado y que diversos apéndices tienen funciones afines en su uso periférico. Por ello aquí solo analizo los apéndices anclados en los márgenes de un enunciado y reservo su uso absoluto para un estudio aparte; al considerar la emergencia de un apéndice, solo se toma en cuenta su uso en la periferia.
En el corpus longitudinal la emergencia se data dependiendo de la primera documentación de cada apéndice en cada niño; en el corpus transversal la emergencia refiere la edad del niño más pequeño que lo produce. Los datos de incorporación así obtenidos se presentan en el Cuadro 4.
Cuadro 4 Registro inicial de apéndices interlocutivos
| LONGITUDINAL EMERGENCIA |
¿eh?/eh 23~27m |
¿sí? 24~29m |
¿verdad? 25~29m |
¿no? 24-34m |
¿sale? 26-28m |
|---|---|---|---|---|---|
| Flor | 23m | 24m | 27m | 26m | |
| Tita | 24m | 24m | 25m | 24m | 26m |
| Elia | 24m | 28m | 29m | ||
| Luis | 27m | 29m | 29m | 31m | |
| Julio | 25m | 27m | 28m | 34m | 28m |
| TRANSVERSAL EMERGENCIA |
¿eh?/eh ~ 23m... |
¿sí? ~ 31m |
¿verdad? ~ 34m |
¿no? ~ 34m |
¿sale? ~ 35m |
|---|---|---|---|---|---|
| Ovi | 23m | ||||
| Pep | 25m | ||||
| Die | 30m | ||||
| Adr | 33m | ||||
| Mil | 31m | 31m | |||
| Lis | 34m | 34m | |||
| Pau | 35m | 35m | 35m | 35m | |
| Maj | 34m | 34m | 34m | 34m | |
| Uri | 39m | 39m | 39m | 39m |
Encontramos así que ¿eh? es el apéndice más temprano en ambos corpus. En el corpus longitudinal ¿eh? aparece entre los 23 y 27 meses; en el corpus transversal su primera documentación se registra a los 23 meses. ¿Sí?, ¿verdad? y ¿no?, ocurren entre los 24, 25 y 29 meses en el corpus longitudinal; en el transversal entre los 31 y 34 meses2. Las escasas ocurrencias del apéndice ¿sale?, más tadías, se datan entre los 26 y los 34 meses. Además de ser ¿eh? el más temprano (23m) también es el de uso más distribuido entre los niños; solo está ausente en el habla de un niño. Tienen un uso más restringido ¿sí? y ¿verdad? presentes en todos los niños del longitudinal y en solo cinco de los diez niños del transversal. La distribución del apéndice ¿no? es aun menor, pues solo lo usan seis niños en total. Finalmente, ¿sale? solo forma parte del inventario de tres niños.
En suma, el curso de desarrollo de apéndices, en términos de su emergencia, frecuencia y distribución, dibuja una ruta común en ambos corpus (ver en (A) esta información): ¿eh? ocupa la primera posición en todos los aspectos, seguido por ¿verdad? y ¿sí? en un segundo plano; ¿no? y ¿sale? son de uso posterior, con una frecuencia y distribución reducidas; otros apéndices como ¿okey?, o ¿mh? -posible variante segmental de ¿eh?- tienen un uso marginal, aun individual.
Junto con la gradual adopción de apéndices ocurre el incremento de su uso. Primero solo se presentan una o dos ocurrencias por registro en cada niño; posteriormente llegan a ocurrir hasta 19 apéndices en una hora (Cuadro 5).
Cuadro 5 Incremento de uso: Apéndices por hora
| Σ Casos/horas | #Apéndices por hora | |
|---|---|---|
| LONGITUDINAL | ||
| Julio (m) | 49 / 24 | 2 ~ 6 |
| Luis (m) | 38/8 | 1 ~ 7 |
| Elia (f) | 71 / 22 | 1 ~ 10.5 |
| Tita (f) | 91/22 | 1 ~ 9.5 |
| Flor (f) | 144 / 22 | 1 ~ 8 |
| TRANSVERSAL | ||
| Ovi | 1/ 1 | 1 |
| Pep | 1/1 | 1 |
| Die | 3/ 1 | 3 |
| Adr | 3/ 1 | 3 |
| Mil | 4/ 1 | 4 |
| Liis | 5/ 1 | 5 |
| Maj | 15/2 | 8 |
| Pau | 39/2 | 19 |
| Uri | 12/ 1 | 12 |
El uso creciente de apéndices muestra la relevancia que llega a tener para los niños añadir a sus enunciados estos sutiles operadores interlocutivos. Este incremento en el periodo analizado es visible en el Gráfico 2, con la representación de cortes temporales de cuatro meses.
En síntesis, a lo largo del tercer año, los niños incorporan en forma gradual diversos apéndices, con una frecuencia de uso creciente favorable a ¿eh?, ¿sí? y ¿verdad? Destaca entre todos ¿eh? como el apéndice primario, más frecuente y distribuido.
3.3. Funciones atribuidas a los apéndices interlocutivos
La pregunta sobre qué motiva a los niños a añadir un apéndice en la periferia derecha de sus enunciados conduce a considerar las funciones esperables para estos apéndices.
Sirven de guía para este análisis estudios antecedentes del habla adulta e infantil (Enfield et al., 2012; Heritage, 2012; Krifka, 2015; Mithun, 2012; Montes, 1999, entre otros), que les atribuyen las siguientes funciones (B).
3.3.1. Disponibilidad al cambio de turno
Los apéndices que ocupan la periferia derecha del enunciado-ancla, con típica entonación interrogativa, suelen coincidir con el límite de un turno conversacional, por lo cual se supone que indican la disponibilidad al cambio de turno. Con todo, marcar el cambio de turno no parece ser su función primaria.
Sucede que en el rango de edad estudiado los turnos de los niños solo incluyen un enunciado (1a-b) y, por default, los apéndices anexos a su periferia derecha ocupan el punto de transición.
Esta confluencia se reduce a medida que los niños integran varios enunciados en un turno o cuando, después de un apéndice, alojan otros elementos en la periferia derecha de sus enunciados: prominentemente un vocativo.
Entonces el apéndice ocurre anclado a un enunciado intermedio (2a-b), o en una posición prefinal, con el vocativo posterior cerrando el turno (3a-d).
Ciertamente, en el periodo estudiado domina la confluencia entre apéndice y punto de transición de turno; rara vez se adhieren los apéndices a un enunciado interno y la inserción de vocativos en la periferia derecha es reducida (Gráfico 3).
Sin embargo, y pese a la amplia confluencia entre apéndice–transición de turno, no se puede considerar que la función primaria de los apéndices sea marcar la disponibilidad al cambio de turno. Esta posición resulta de la posición del enunciado-ancla. Cuando los niños integran ya varios enunciados en un mismo turno, los apéndices se anexan a enunciados internos en una proporción que varía de niño a niño y de un registro a otro. En el caso extremo, Pau, con elaborados turnos de habla, anexa casi la mitad de los apéndices a un enunciado interno. Al parecer, el meollo funcional de los apéndices en el habla infantil es, o llega a ser, atraer la atención sobre el enunciado-ancla, más que marcar el término de un turno de habla. Esta confluencia es un efecto emergente de la posición secuencial del enunciado-ancla y la posición extrema derecha del apéndice. Adviértase, además, que los elementos que desplazan a los apéndices del punto de transición de turno son elementos vocativos, cuya función primaria es atraer la atención del interlocutor designado y que los enunciados-ancla ubicados al interior del turno infantil frecuentemente se ven seguidos por su propia reiteración (como en 7a). Esto ratifica la importancia atribuida al enunciado-ancla del apéndice. La coocurrencia entre apéndices y vocativos y la reiteración de los enunciados-ancla –con o sin un apéndice en la emisión ulterior– son datos clave para ratificar la suposición de que los apéndices operan como atractores de atención. En conjunto, estas claves confluyen en indicar la importancia que el niño atribuye al mensaje del enunciado-ancla, y sugieren que la periferia derecha de los enunciados aloja ítems con una carga funcional interlocutiva, indicada frecuentemente por la inserción de un apéndice en su periferia y confirmada por un llamado directo al destinatario.
3.3.2. Función comunicativa de los enunciados-ancla y expectativa de respuesta
Como efecto propio de una marcación (Enfield, 2007), la anexión de un apéndice a un enunciado genera el efecto primario de atraer la atención sobre éste e invitar al interlocutor a generar una “interpretación enriquecida”.
By producing an ‘unusual’ formulation, a speaker displays some special effort, implying their having selected just that formulation for a reason, thereby inviting the listener to wonder why, and eliciting an enriched interpretation (Enfield, 2007: 97).
De acuerdo con estas prevenciones, suponemos que además de atraer la atención del interlocutor sobre un enunciado, con el apéndice se invita a dar una interpretación enriquecida a la intención comunicativa del enunciado-ancla, lo cual se abre a diferentes posibilidades, en función del apéndice y del acto comunicativo del enunciado.
Identificar el acto comunicativo de un enunciado es un asunto complejo. En general, no suele haber recursos que lo codifiquen en forma unívoca y los enunciados suelen ser ambiguos y/o plurifuncionales a este respecto (Levinson, 2017). El asunto se agrava cuando las emisiones son formalmente declarativas (Krifka, 2024) pues además de referir eventos constatados o verificables, se reportan creencias, con sentidos modales y epistémicos muy variados y se pueden realizar indirectamente actos comunicativos muy diversos: direcciones, preguntas, ofrecimientos, proyectos, evaluaciones, deseos (Heritage, 2012; Krifka, 2024; Levinson, 2017; Rakoczy y Tomasello, 2009).
Pese a esta dificultad descriptiva, se requiere atender este asunto ya que entre acto comunicativo y apéndice se establece una sinergia con efectos interlocutivos. Buscaré eludir operacionalmente esta dificultad para dar cuenta de la combinatoria enunciado-ancla/apéndice, apelando a los macro-actos de habla habituales: directivos, interrogativos y declarativos, y distinguiendo, además, entre usos genuinos-directos y usos indirectos sin una especificación menuda, salvo por algunas características de los enunciados que podrían incidir en la elección de determinados apéndices. De esta manera, los actos comunicativos de los enunciados-ancla que tomo en cuenta para probar su combinatoria con determinados apéndices se reducen a los más frecuentes y reconocidos, expuestos en (8)3.
-
C. Actos comunicativos básicos de los enunciados-ancla
- Declarativos genuinos (aserciones verificables): Le hacen cosquillas, ¿eh? – No tiene chile, ¿verdad?
- Declarativos modalizados no verificables (proyectos, opiniones, evaluaciones): Olita veo ¿eh? – Te voy a hacer un pastel, ¿eh? – Pa(r)ece que se va a dejal cael, ¿veldad? - Sí le queda, ¿vedá?
- Declarativos directivos: Luego te acuestas aquí, ¿sí? – Quiero que prendas eso, ¿sí?
- Directivos genuinos: Cárgame, ¿sí? - Epédate, ¿eh?
- Prohibitivos: No te quites la chamarra, ¿eh?
- Interrrogativos genuinos (totales y parciales): ¿Qué es?, ¿eh? – ¿Aquí me caigo?, ¿sí? – ¿Te gusta Pec? ¿no?
- Interrogativos directivos: ¿Me la pestas?, ¿sí? - ¿Me lo abes?, ¿sí?
3.3.2.1. Anexión de ¿eh? y expectativa de respuesta
Los niños anexan amplia y libremente ¿eh? a enunciados que realizan direcciones genuinas e indirectas, prohibiciones (4a-b), preguntas genuinas (5a-b) o con funciones de ofrecimiento, declaraciones genuinas y modalizadas (6a-b). En línea con la función primaria de los apéndices interlocutivos, ¿eh? llama la atención sobre el enunciado-ancla e incita a darle una respuesta contingente. Su libre anexión a mensajes con variadas intenciones comunicativas lo perfila como un atractor de atención genérico que no caracteriza la respuesta esperable; solo promueve una respuesta adaptada a la función comunicativa del enunciado que marca.
Dentro de esta combinatoria amplia, ¿eh? (~¡eh!) no añade expectativas para la intervención sucesiva. En sinergia con la función comunicativa del enunciado-ancla, ¿eh? (~¡eh!) imprime relevancia al mensaje que éste vehicula e incita la continuación proyectada del intercambio comunicativo (Krifka, 2015). Como apéndice de un directivo o un prohibitivo, o de una declaración o pregunta que operen como directivos, ¿eh? (~¡eh!) incita a atender y cumplir la demanda que realiza el enunciado, con una manifestación de aceptación o cumplimiento no necesariamente verbal. Como apéndice de una pregunta genuina, ¿eh? incita a atenderla y, esta vez, a dar una respuesta informativa, esperablemente verbal. Con una emisión declarativa, informativa o modalizada, ¡eh! incita a atender la declaración antecedente y se espera una manifestación de reconocimiento o una intervención contingente que lo implique. ¿Eh? constituye ab initio un operador interlocutivo neutro con el cual los niños llaman la atención sobre el enunciado-ancla e incitan una respuesta conveniente, sin añadir expectativas a la respuesta esperable en la secuencia. Esta generalidad operativa de ¿eh? podría explicar su emergencia temprana y su amplia frecuencia de uso4.
3.3.2.2. Anexión de ¿sí?/¿no? y expectativa de respuesta
Aunque con una frecuencia dispar (¿sí? = 90, ¿no? = 16), este apéndice se anexa preferentemente a enunciados que pueden recibir como respuesta un ítem polar, como acuerdo–aceptación si es la respuesta es positiva, de desacuerdo–rechazo, si es negativa, y se afecta sutilmente el mensaje que vehicula el enunciado ancla. La preferencia por el apendice positivo, ¿sí? no depende de la forma ni de la polaridad del enunciado ancla, pero podría indicar un sesgo hacia la expectativa de una respuesta positiva (Bolden et al., 2023).
¿Sí? lo anexan lo niños a directivas genuinas o indirectas (7a-c), a preguntas que son ofrecimientos (7d) y preguntas informativas totales (7e) (no parciales).
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7. ¿Sí? como apéndice de peticiones y preguntas, en espera de una respuesta de acuerdo-aceptación o desacuerdo-rechazo
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a) Flor (2;03) peticion directa que espera y suscita aceptacion de cumplimiento.
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b) Tita (2;0,19) petición indirecta que suscita cumplimiento.
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c) Jul (2;8) petición indirecta que suscita aceptación.
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d) ELIA (3;00) con una bolsa donde hay libros. Ofrecimiento que espera aceptación.
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e) Luis (2;5) toma un baño en una bañera de plástico donde introduce varios juguetes y se pregunta si caben: Pregunta en espera de acuerdo.
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Es de advertir que ¿sí? se anexa también a enunciados declarativos, sobre todo a declarativos modalizados –casi la mitad de los usos de ¿sí? acompaña a estos enunciados– y rara vez ocurre con declaraciones informativas genuinas.
Al flanquear un declarativo, ¿sí? expone la expectativa de una confirmación, pero hace igualmente posible un desacuerdo y, con ello, proyectan una incertidumbre en la declaración (8a-b).
En todo caso, con el apéndice ¿sí?, los enunciados-ancla se ponen a consideración del interlocutor en espera probable de una respuesta positiva o de acuerdo, sin descartar una respuesta negativa, como se comenta abiertamente en (9).
Por cuanto toca al apéndice ¿no?, sus escasas ocurrencias (n = 16 en total) las produce fundamentalmente Flor (10 casos de ¿no? son suyos) y solo lo usan en una ocasión -a lo sumo en dos- unos cuantos niños más. ¿No?, como ¿sí?, se anexa a preguntas totales genuinas (10a), a declarativas que operan como propuestas (10b) o peticiones encubiertas (10c), a declarativas genuinas que refieren eventos pasados que pudo compartir el interlocutor (10d); todos estos enunciados posibilitan una respuesta de acuerdo o desacuerdo, que el apéndice podría inducir como posibilidad. En (10d), a la declaración genuina de una experiencia compartida se podría haber anexado el apéndice ¿verdad?
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10. Anexión del apéndice ¿no? a diverso tipo de enunciados
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a) Tita (2;00) dirige una pregunta genuina al papá, después de ver la película de Shrek.
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b) Flor (2;08) expone una propuesta en forma declarativa
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c) Flor (2;08) realiza una petición implícita en forma declarativa
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d) Flor (2;11) anexión de ¿no? al relatar a la abuela sus vacaciones compartidas con la madre.
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Las ocurrencias de ¿no?, aun escasas, no permiten inferir si la elección infantil de este apéndice ocurre con enunciados, o en condiciones o expectativas de respuesta específicos. Hasta donde he podido ver, su elección no depende de la polaridad del enunciado ancla ni de la expectativa de una respuesta polar contrapuesta o concordante con el apéndice. ¿No? espera como ¿sí? la aceptación de lo propuesto, la convalidación de lo dicho. De acuerdo con la tendencia general en la interlocución, la respuesta esperada se sesga hacia la positividad (Bolden et al., 2023). Quizá Flor, de manera muy preliminar, tome en cuenta la posibilidad de recibir una respuesta restrictiva (10b), o negativa (10c) y seleccione en tales casos ¿no?, en vez del más usual ¿sí?
3.3.2.3. Anexión de ¿verdad? y expectativa de respuesta
El apéndice ¿verdad? se ancla exclusivamente a enunciados declarativos que vehiculan aserciones genuinas verificables, o modalizadas, con diversas posibilidades de interpretación (Krifka, 2024).
Los enunciados que reciben este apéndice pueden referir a situaciones previas o actuales, constatadas y aun compartidas con el interlocutor (11a-b), que en todo caso se ponen a consideración de éste para su eventual verificación o ratificación.
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11. ¿Verdad? como apéndice de enunciados verificables
Cuando el apéndice ¿verdad? se anexa a declaraciones modalizadas que no posibilitan una verificación, se hace referencia a proyectos, se despliegan opiniones o evaluaciones. Los niños exponen en forma declarativa situaciones previsibles (12a), suposiciones (12b), evaluaciones (12c) y ponen a consideración del interlocutor aserciones negativas (12e-f).
Independientemente de su diversidad, al recibir el apéndice ¿verdad?, estas declaraciones se ofrecen a la convalidación del interlocutor, que puede o no compartir la creencia o el proyecto manifestado, y aceptar, ratificar, o disentir –como en 12c– de lo dicho en forma abierta (12a-d), o continuar la interlocución en forma lateral o contingente (12e y 12f).
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12. Aserción de proyectos, creencias o evaluaciones como enunciado-ancla de ¿verdad? con respuestas de confirmación o desafiliación
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a) Flor (29m): referencia a eventos futuras, que recibe una confirmación.
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b) Flor (32m) expone una suposición que recibe una confirmación.
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c) Luis (31m) descripción de objeto que recibe como respuesta una ratificación.
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d) Majo (33m) expone la descripción de objeto que recibe como respuesta una ratificación.
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e) Tita (29m) expresa una evaluación que recibe una respuesta lateral.
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f) Les (34m) expresa una evaluación que recibe una respuesta lateral
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Independientemente de los matices modales de las declaraciones a que se adhiere ¿verdad?, que eliminan una posible verificación, el nicho habitual de este apéndice es una aserción, ya sea cierta o incierta. De aquí que ¿verdad? no se ancle a directivos ni a interrogativos, pues no realizan una aserción. Si bien no es viable suponer que los niños de tres años consideren los enunciados-ancla en términos de su verdad o falsedad, con ambos apéndices se afecta sutilmente el mensaje que vehicula el enunciado ancla, haciendo patente la seguridad del niño en la aserción que declara y propone para ser compartida y convalidada por su interlocutor.
Al anexar el apéndice ¿verdad? a sus enunciados invitan a sus interlocutores a alinearse, confirmar y fincar estas aserciones como parte de la base común (Clark, 2015; Clark, H., 1996).
3.4. Sesgos electivos en la anexión de apéndices
A través del uso de los apéndices interlocutivos y su combinación sesgada con enunciados que despliegan intenciones comunicativas particulares queda de manifiesto la sensibilidad infantil a la función comunicativa de sus enunciados, así como su capacidad proyectiva para invitar al interlocutor a continuar la interacción en una dirección específica.
Observemos pues la distribución de cada apéndice con diversos enunciados (Cuadro 6).
Cuadro 6 Anexión de apéndices a enunciado-ancla con funciones comunicativas diversas
| Apéndice | Tipo de acto comunicativo | %/ n |
|---|---|---|
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¿eh? n252 |
Declaración informativa | .317 (80) |
| Pregunta informativa | .230 (58) | |
| Declaración modalizada | 175 (44) | |
| Directivo | .151 (38) | |
| Prohibitivo | .064 (16) | |
| Declaracion directiva | .064 (16) | |
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¿sí? n90 |
Declaración modalizada | .433 (39) |
| Directivo | .166 (15) | |
| Declaración directiva | .100 (9) | |
| Declaración informativa | .122 (11) | |
| Pregunta total informativa | .100 (9) | |
| Pregunta directiva | .078 (7) | |
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¿verdad? n103 |
Declaración informativa | .680 (70) |
| Declaración modalizada | .320 (33) | |
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¿no? n16 |
Declaración informativa | .375 (6) |
| Pregunta informativa | .188 (3) | |
| Declaración modalizada | .188 (3) | |
| Directivo | .125 (2) | |
| Declaración directiva | .125 (2) | |
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¿sale? n11 |
Declaración modalizada | .818 (9) |
| Declaración directiva | .202 (2) |
Podemos observar, así, que el sentido genérico de ¿eh?, como atractor de atención sobre su ancla y promotor de una respuesta sin indicar propiedades específicas para ésta, se refleja en su anexión a todo tipo de enunciados, declarativos, directivos, interrogativos –parciales y totales–, con funciones directas o indirectas varias. Como atractor de atención indica al interlocutor que el enunciado que lo aloja es particularmente relevante. Por su carácter genérico solo imprime en la respuesta la expectativa que su continuidad congruente con la función comunicativa del enunciado ancla: cumplir, o indicar que se acepta cumplir un directivo; dar respuesta a una pregunta informativa; reconocer y/o continuar en forma contingente una declaración; poner atención y cumplir una prohibición.
¿Eh? promueve la escucha responsiva, atenta y adaptada a la intención del enunciado-ancla. Su presencia más abundante con ciertos enunciados deriva en parte de la frecuencia con que los niños realizan ciertos actos comunicativos, pero a la vez ofrece indicios de que atraer la atención sobre estos es una prioridad para los niños sin que cuiden en este caso de imprimir expectativas particulares sobre el tipo de respuesta, que solo derivan de los compromisos responsivos que genera el propio enunciado (Heritage, 2012; Rakoczy y Tomasello, 2009).
¿Verdad?, en contrapunto con ¿eh?, hace patente su vinculación exclusiva a enunciados declarativos, y su ausencia como apéndice de preguntas y direcciones, genuinas o indirectas, emisiones con las que parece ser incompatible. Las declaraciones a las que se ancla ¿verdad? tienden a referir a situaciones verificables (.680) y aun a experiencias compartidas con el interlocutor. Pero ¿verdad? también se anexa a la declaración de proyectos, creencias o evaluaciones (.320) que no pueden ser verificadas.
Podemos inferir de ello que al insertar este apéndice los niños incitan a su interlocutor a alinearse con la aserción que declaran: confirmar la aserción expuesta, asumir la creencia declarada, ratificar la viabilidad del proyecto anticipado y ciertamente, confirmar la veracidad de una experiencia previa y aun compartida. ¿Verdad? funciona, así, como un atractor de atención en busca de una respuesta de alineamiento confirmatorio.
Por lo que toca al apéndice ¿sí?, es notoria y característica su anexión a intervenciones que esperan o posibilitan una respuesta polar, esperablemente positiva. De allí su ausencia como apéndice de enunciados que excluyen este tipo de respuesta (como las interrogativas parciales, que requieren una respuesta informativa). En efecto, casi la mitad (.444) de las ocurrencias de ¿sí? acompaña enunciados directivos (genuinos, o indirecto) y a preguntas totales, que justo esperan una respuesta polar. Con todo, llama la atención que ¿sí? se anexe a enunciados declarativos que despliegan creencias, evaluaciones en una proporción equivalente al total de enunciados directivos (433), y que su uso sea relativamente infrecuente (.122) con enunciados ancla que exponen una declaración informativa verificable. En efecto, los niños anexan preferentemente el genérico ¿eh? o el confirmatorio ¿verdad? a los enunciados declarativos verificables. La colocación de ¿sí? con declaraciones no verificables abre una ventana a la que considero su efecto general en el enunciado ancla: presentar al interlocutor una declaración teñida de incertidumbre, que busca una confirmación sin excluir una eventual desconfirmación.
Finalmente, los datos escuetos de uso de los apéndices ¿no? (n16), ¿sale? (n11), ¿mh? (n5) y ¿okey? (1) no permiten una generalización, aunque advierte la disparidad de situaciones comunicativas donde arranca la inserción, aun incierta, del apéndice ¿no? y se esboza una tendencia a colocar ¿sale? como apéndice de propuestas y direcciones.
Así podemos probar que, si bien la frecuencia de los diversos apéndices depende en parte de sus propiedades interlocutivas, la colocaicón de los apéndices se asocia a la función comunicativa del enunciado ancla, y a la expectativa de inducir cierta respuesta del interlocutor.
Aquí resulta patente, de nuevo, el predominio y aun la exclusividad de ¿eh? con todo tipo de enunciados, congruente con su función como atractor de atención genérico sobre el enunciado anlca, y con la ausencia de expectativas para su respuesta. Destaca paralelemente que los enunciados directivos (genuinos e indirectos) se decanten por ¿sí? y que los enuciados declarativos -verificabes o inciertos- sean el ancla preferida para la insercion del apéndice ¿verdad?
¿Sí? anticipa o prepara una respuesta de acuerdo o aceptación de lo dicho o requerido. ¿Verdad?, anticipa o procura un alineamiento con la declaración expuesta, que resulta en una verificación si la declaracion es verificable y una convalidación si es una declaración modalizada o incierta; incitando en todos los casos, a manifestar que lo que se declara puede incorporarse en el conocimiento compartido.
Los sesgos electivos de apéndices interlocutivos revelan la capacidad infantil de calibrar sus intenciones comunicativas y de adherir a sus enunciados los operadores interlocutivos convenientes para obtener los resultados interaccionales que procuran: atención responsiva en todos los casos, una respuesta adaptada al enunciado en el caso de ¿eh?, más un sesgo responsivo cuando se trata de los apéndices ¿sí? y ¿verdad?
4. Consideraciones generales en torno al uso de apéndices interlocutivos perifericos
El uso infantil de apéndices interlocutivos atestigua el desarrollo temprano de sutiles habilidades pragmático-interlocutivas. Estos apéndices, emergen a edad temprana, presentan un inventario y frecuencia de uso crecientes y se anexan en la periferia derecha de enunciados-ancla. Desde esa posición operan como engranes interlocutivos bidireccionales: modulan el enunciado al que se anexan y anticipan y promueven un tipo de recepción/respuesta del interactor. Entre los apéndices documentados, ¿eh? ¿sí? y ¿verdad? tienen un papel protagónico: en conjunto cumplen funciones interaccionales afines como atractores de atención sobre el enunciado-ancla y en lo particular tienen funciones específicas. Los niños usan estos apéndices de manera agentiva: los anexan con notables sesgos combinatorios a enunciados que realizan actos comunicativos particulares a los que imprimen sutiles matices de significado, y promueven una continuidad interlocutiva con la expectativa de obtener respuestas específicas.
Aunque por su posición marginal derecha estos apéndices coinciden ampliamente con el cambio de turno, cuando los niños también llegan a encadenar varios enunciados en un mismo turno, los apéndices pueden ocurrir en enunciados intermedios, sin dar ya margen a una respuesta. De aquí derivamos la propuesta de que más que marcar la disponibilidad a un cambio de turno, el meollo funcional de los apéndices en el habla infantil es atraer la atención sobre el enunciado-ancla, añadir matices al enunciado al que se anclan, y perfilar un género de expectativa en torno a la respuesta/recepción que anticipan y promueven.
Es patente y sorpresivo constatar que al insertar estos apéndices los niños toman en consideración el tipo de acto comunicativo que realiza el enunciado-ancla. Si bien la anexión de ¿eh? ocurre con todo tipo de enunciados, la inserción de ¿sí? y ¿verdad? se sesga hacia enunciados con una función comunicativa definida. Las emisiones que en conjunto reciben al apéndice ¿sí? -direcciones, preguntas, declaraciones- comparten la posibilidad de recibir una respuesta polar, esperablemente afirmativa. El conjunto de emisiones que adopta un apéndice ¿verdad? se caracteriza por su índole declarativa, verificable o incierta. Con este apéndice, los niños ofrecen la declaración como materia de convalidación, más que de verificación. La reportada calibración del acto comunicativo que realizan los enunciados de sus interlocutores (Rakoczy y Tomasello, 2009), se ratifica en la elección combinatoria de apéndices y enunciados por el tipo de acto comunicativo que éstos vehiculan.
Notable como es la calibración infantil de intenciones comunicativas y la combinación selectiva de apéndices y enunciados, también son notables los efectos bidireccionales que el uso de apéndice imprime en la interacción.
Los niños operan retrospectivamente con los apéndices interlocutivos al modular el enunciado ancla que los precede, y prospectivamente como promotores de la respuesta que anticipan de sus interlocutores (Drake et al., 2021).
Al término de estas consideraciones, hemos ratificado la suposición de que los apéndices operan como atractores de atención. La periferia derecha de los enunciados aloja ítems con una carga funcional interlocutiva, indicada frecuentemente por la inserción de un apéndice en su periferia y confirmada por un llamado directo al destinatario. Cabe añadir que el uso de estas herramientas interlocutivas proporciona evidencias de las habilidades pragmáticas tempranas en el segmento de edad analizado y abre la posibilidad de contrastar el desarrollo típico de estos apéndices con el desarrollo correspondiente en niños con habilidades de interacción comprometidas (Abbot-Smith et al., 2023; Perkins, 2010; Miyagawa, 2022).

















