<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1688-423X</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Archivos de Medicina Interna]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Arch Med Int]]></abbrev-journal-title>
<issn>1688-423X</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Sociedad de Medicina Interna del Uruguay]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1688-423X2012000300006</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La Medicina del Novecientos: Poder y Saber]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Medicine in the 1900&rsquo;s: Power and Knowledge]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Díaz Berenguer]]></surname>
<given-names><![CDATA[Álvaro]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2012</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2012</year>
</pub-date>
<volume>34</volume>
<numero>3</numero>
<fpage>95</fpage>
<lpage>101</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.edu.uy/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1688-423X2012000300006&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.edu.uy/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1688-423X2012000300006&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.edu.uy/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1688-423X2012000300006&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p style="margin-bottom: 0cm;" lang="es-ES"> <font face="Verdana" size="2">Medicina y sociedad </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm;" lang="es-ES"> <font face="Verdana" size="2">    <br>  </font>  </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"><span style="font-weight: bold;"> <font size="2">Jos&eacute; Pedro Barr&aacute;n</font></span><font size="2"> naci&oacute; en Fray Bentos el 26 de febrero de 1934 y muri&oacute; en Montevideo el 11 de setiembre de 2009. Es una de las figuras m&aacute;s destacadas de la intelectualidad del Uruguay por su trayectoria como docente, como escritor y fundamentalmente como historiador. Uno de los aspectos m&aacute;s destacados de su trabajo es la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica en torno al 900 uruguayo, desde la segunda mitad del siglo XIX hasta el comienzo del siglo XX. Enfoca fundamentalmente el nacimiento del Uruguay moderno, el tr&aacute;nsito de una cultura b&aacute;rbara a una cultura disciplinada, el surgimiento del Batllismo y las relaciones con el imperio brit&aacute;nico, el cambio de &ldquo;sensibilidad&rdquo;, las revoluciones y las crisis pol&iacute;ticas, las clases sociales, la Iglesia; nada escapa a su agudo ojo de investigador. Desnuda la realidad uruguaya en un momento clave para entender el Uruguay de hoy con los ojo de hoy.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Entre 1992 y 1995 public&oacute; la serie Medicina y Sociedad en el Uruguay del Novecientos, que es una secuencia de tres tomos que comienzan con El poder de curar (T1), donde Jos&eacute; Pedro Barr&aacute;n expone los hechos y una hip&oacute;tesis sobre el &ldquo;cambio de sensibilidad&rdquo; as&iacute; como la caracterizaci&oacute;n del poder m&eacute;dico. En el tomo siguiente, la Ortopedia de los pobres (T2), analiza este poder en relaci&oacute;n a los &ldquo;sectores dominados de la sociedad: las clases populares, la mujer, los adolescentes, los homosexuales.&rdquo;, y en el &uacute;ltimo tomo, La invenci&oacute;n del cuerpo (T3), se muestra al saber laico como constructor o coedificador de los &ldquo;conceptos dominantes de la sociedad&rdquo;. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">En julio-agosto de 2009, un mes y medio antes de su muerte, con las dificultades impuestas por su enfermedad, pero con la claridad mental que siempre lo caracteriz&oacute;, Jos&eacute; Pedro Barr&aacute;n escribi&oacute; el texto in&eacute;dito que ahora presentamos en Archivos de Medicina Interna. Probablemente &eacute;ste pueda ser el &uacute;ltimo texto que escribiera este gran historiador. Valgan estas palabras como reconocimiento p&oacute;stumo a una personalidad ejemplar y, por sobre todas las cosas, a un amigo entra&ntilde;able. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">    <br>  </font>  </p>      <div style="text-align: right; font-family: Arial; font-weight: bold;">   <font face="Verdana" size="2">&Aacute;lvaro D&iacute;az Berenguer</font></div>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Arial;" lang="es-ES"></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">    <br>  </font>  </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">    <br>  </font><font size="4">  <span style="font-weight: bold;">La Medicina del Novecientos: Poder y Saber</span></font><font size="2">(<a name="1-"></a><a href="#1">1</a>)</font></p>      <p style="margin-bottom: 0.0001pt; font-family: Verdana; font-weight: bold"> Medicine in the 1900&rsquo;s: Power and Knowledge</p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">    <br>  </font>  </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-weight: bold; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">    <br>  <span style="font-weight: 400">La medicina y la trama del orden mental establecido</span></font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">La infiltraci&oacute;n del orden establecido en la verdad cient&iacute;fica (<a href="#figura_1">figura 1</a>)</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"><a name="figura_1"> <font size="2"></font></a><font size="2"><img style="width: 508px; height: 337px;" alt="" src="/img/revistas/ami/v34n3/3a06f1.jpg">    <br>  </font>  </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El saber siempre se ve tentado por el poder y m&aacute;xime cuando el saber es prestigioso en la sociedad que lo cultiva. Y el saber m&eacute;dico del Novecientos es doblemente prestigioso, por ser cient&iacute;fico pertenece a la categor&iacute;a de conocimientos irrefutables en el imaginario colectivo, y por tener consecuencias y depender de la conducta de los hombres, convoca al ejercicio abierto y desembozado &ndash;iba a escribir desenfadado&ndash; del consejo moral, de la propaganda de normas de vidas adecuadas al culto de la salud, el nuevo Dios del hombre secularizado contempor&aacute;neo.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Estas afirmaciones parten de dos supuestos que la ciencia en estado puro &ndash;&iquest;existe?&ndash; no admit&iacute;a: que los hallazgos del saber cient&iacute;ficos son inalterables por completo y siempre verdaderos, y que son terminantes y precisos, que eluden la zona de los grises y las dudas pues su rutundidad y claridad son absolutas. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Pero el saber m&eacute;dico ejercido por sus oficiantes y requerido, adem&aacute;s por la sociedad, que demanda certezas y no sutilezas, eludi&oacute; por lo general las salvedades que preceden y ejerci&oacute; el poder en t&eacute;rminos m&aacute;s absolutos de los que el mero conocimiento cient&iacute;fico legitimar&iacute;a. Los sue&ntilde;os de la ciencia pueden ser ingenuos y monstruosos.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Desde la segunda mitad del siglo XIX la medicina quiso ser un saber solo de hechos, emp&iacute;rico, formado en la observaci&oacute;n y experimentaci&oacute;n, dependiente de la cl&iacute;nica, donde ense&ntilde;aba la mirada sobre el enfermo, y el laboratorio, donde instru&iacute;an las operaciones cuidadosamente analizadas.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">No deb&iacute;a sobrevivir ninguna de las viejas teor&iacute;as con que antes se abordaban los hechos y que s&oacute;lo serv&iacute;an para su interpretaci&oacute;n caprichosa y prejuiciosa. Y si no hab&iacute;a teor&iacute;a no importaba, la empiria m&aacute;s absoluta deb&iacute;a presidir la b&uacute;squeda de la cura del cuerpo. Saber por qu&eacute; sucedian las cosas era &uacute;til, pero a los efectos del sanar interesaba el efecto de una terapia y no sus razones. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Al hecho era posible observarlo en estado puro porque exist&iacute;a fuera del observador y &eacute;ste estaba capacitado por su raz&oacute;n para describirlo tal cual en realidad era.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Este optimismo epistemol&oacute;gico fue expresado con orgullo por el m&eacute;dico Francisco Soca cuando inaugur&oacute; en 1889, en la Facultad de Medicina, su c&aacute;tedra de Patolog&iacute;a Interna: &ldquo;En medicina, al menos, soy un positivista resuelto y extremado. No tengo doctrinas, abordo los hechos brutal y sinceramente, los miro de frente, los estudio, los peso, los mido, sin prejuicios de ning&uacute;n g&eacute;nero con una entera independencia, con una libertad de esp&iacute;ritu que habr&aacute; igual, pero que no la hay mayor, (&hellip;), todo para los hechos, nada o casi nada para las teor&iacute;as&rdquo;(<a name="2-"></a><a href="#2">2</a>).</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Hab&iacute;a que evitar la penetraci&oacute;n del prejuicio en la ciencia; s&oacute;lo la observaci&oacute;n pura conduc&iacute;a a la contemplaci&oacute;n del hecho puro.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">    <br>  </font>  </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">***</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">    <br>  </font>  </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Pero el saber m&eacute;dico forma parte de la cultura y no es inmune a sus influencias.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">De la cultura en que naci&oacute; en el siglo XIX y el Novecientos provino el af&aacute;n de poder apresar el &ldquo;hecho&rdquo; en toda su &ldquo;brutalidad&rdquo; y la creencia de que ello era posible y f&aacute;cil. M&aacute;s la &eacute;poca hist&oacute;rica que lo hizo aparecer, tambi&eacute;n lo infiltr&oacute; con sus estructuras sociales, econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas y culturales.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Este saber se nutri&oacute; fundamentalmente del orden mental establecido, de los valores, las convenciones, los lugares comunes, los temores y las ansiedades de aquella sociedad.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">A veces la demostraci&oacute;n es casi innecesaria. Parece obvio el v&iacute;nculo entre la concepci&oacute;n biol&oacute;gica de la mujer imperante en el Novecientos, un aparato reproductor, y la sociedad patriarcal en crisis por la revuelta femenina que ya negaba aquel &uacute;nico destino. Sin dudas el saber m&eacute;dico expres&oacute; as&iacute; los miedos del g&eacute;nero dominante.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">En otras ocasiones parece d&iacute;ficil desentra&ntilde;ar el supuesto cultural de &eacute;poca en las observaciones m&eacute;dicas, pero una lectura atenta puede revelar reveses de la trama.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Parafraseando a Michel Foucault &ndash;y a todos los historiadores de las mentalidades&ndash; se puede afirmar que siempre se especula dentro de un pensamiento &ldquo;an&oacute;nimo y constrictor&rdquo; que es el de una &eacute;poca y un lenguaje, que las palabras, las categor&iacute;as y las im&aacute;genes que utilizamos para definir lo observado est&aacute;n cargadas de significados previos, y a veces hasta de ideolog&iacute;a. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">La imagen del cuerpo como una fortaleza asediada por el afuera, el mundo de los microbios, que es la que domina en la medicina del Novecientos, recuerda otras similares omnipresentes en aquella cultura: la de la sociedad burguesa amenazada por los agitadores sociales y las ideolog&iacute;as disolventes; la de la vida atacada por su contraria la muerte. Aquel orden mental no pod&iacute;a concebir que la sociedad establecida hubiera generado a su enemigo dentro de si misma, que la vida contuviera a la muerte, o que la enfermedad naciera en el cuerpo y del cuerpo sano.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Algunos m&eacute;dicos fueron conscientes de los riesgos que corr&iacute;a la &ldquo;cientificidad&rdquo; de su discurso. En 1915, Juan Pou Orfila alert&oacute; a sus colegas: &ldquo;Es muy com&uacute;n dar el nombre de observaci&oacute;n a lo que en realidad es un conjunto complejo, en el cual la observaci&oacute;n objetiva (&hellip;) puede no entrar sino por un d&eacute;cimo, estando los otros nueve d&eacute;cimos constitu&iacute;dos por inferencias subjetivas&rdquo;. Y para que no nos queden dudas sobre su pensamiento aclar&oacute;: &ldquo;No debemos olvidar que el lenguaje, la terminolog&iacute;a con la que se describen las observaciones, puede tener influencia sobre la exactitud de la observaci&oacute;n misma&rdquo;. Lo que pasaba era que &ldquo;nuestras opiniones influyen sobre nuestros sentidos m&aacute;s de lo que se piensa&rdquo;(<a name="3-"></a><a href="#3">3</a>). Esas opiniones que influ&iacute;an sobre los sentidos es lo que procuramos develar.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">En varias oportunidades el orden mental establecido del observador penetr&oacute; encubiertamente en la observaci&oacute;n que se deseaba s&oacute;lo biol&oacute;gica pero que se transformaba, entonces, en la confirmaci&oacute;n de las certezas morales del cient&iacute;fico. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Fue en las esferas de la sexualidad y la salud mental en que mejor se advierte esta penetraci&oacute;n de los valores establecidos en el saber m&eacute;dico. Sexualidad y concepto de normalidad psicol&oacute;gica eran (&iquest;son?) elementos demasiados importantes por sus implicaciones sociales como para que la cultura dominante los abandonara (&iquest;abandone?) a los especialistas sin vigilar a sus construcciones.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">La descripci&oacute;n del semen masculino como la riqueza que no se deb&iacute;a desperdiciar pues era la esencia de la vida, se acompasaba demasiado bien con la condena a la masturbaci&oacute;n masculina y el temor del hombre al deseo femenino sin l&iacute;mites.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">La doble moral (una para el hombre, otra para la mujer) recibi&oacute; apoyos de la medicina del Novecientos con su insistencia en que la menstruaci&oacute;n &ldquo;descargaba&rdquo; una vez al mes el deseo sexual de la mujer y nada parecido acontec&iacute;a en el comportamiento biol&oacute;gico del hombre, un ser invadido siempre por el deseo.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El discurso m&eacute;dico tambi&eacute;n alent&oacute; con sus argumentos el miedo masculino a los insaciables deseos femeninos que, por otro lado, tranquilizadoramente negaba. El deseo masculino, tambi&eacute;n insaciable, ten&iacute;a sin embargo, un quantum preciso de realizaci&oacute;n porque la producci&oacute;n de semen era finita.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Una teor&iacute;a biol&oacute;gica aceptada por los higienistas del Novecientos sosten&iacute;a que la cantidad de energ&iacute;a existente en el cuerpo humano era limitada y deb&iacute;a cubrir desde la actividad f&iacute;sica a la psiquica e intelectual, debiendo sumarse a ellas y s&oacute;lo en el hombre, la sexual.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Era el hombre quien gastaba su semen, &ldquo;vida misma bajo forma l&iacute;quida&rdquo;. La mujer, en comparaci&oacute;n, gastaba poco o nada. Lo dijo en t&eacute;rminos precisos el m&eacute;dico frances J. Hericourt en 1907: &ldquo;No hay comparaci&oacute;n entre el hombre y la mujer, en los riesgos y en el juego del amor como se practica en la actualidad; el gasto de la mujer puede considerarse nulo. En la mujer el acto gen&eacute;sico no est&aacute; acompa&ntilde;ado de ninguna p&eacute;rdida de energ&iacute;a y de materias preciosas comparable a las que se producen en el hombre. La mujer sea cual sea su actividad sexual, s&oacute;lo aporta un gl&oacute;bulo por mes. Y ello implica un gasto de energ&iacute;a s&oacute;lo si hay fecundaci&oacute;n. Pero es muy desproporcionada la frecuencia del acto genital con la fecundaci&oacute;n&rdquo;.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Es que, por &ldquo;cada orgasmo sexual el hombre pierde parte de su fuerza y si no muere como le ocurre a ciertos machos de determinadas especies, es empero cierto que sacrifica en el altar del placer, parte de su vida&rdquo; . La comparaci&oacute;n entre la mujer esposa y la ara&ntilde;a devoradora del macho culmin&oacute; con esta imagen m&eacute;dica(<a name="4-"></a><a href="#4">4</a>).</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El consejo final del saber higienista era limitar el coito y poner a raya los deseos, sobre todo femeninos. Seguir, por ejemplo, los consejos de la civilizaci&oacute;n hind&uacute;, patriarcal si las hab&iacute;a, acoplamientos en tiempos normales, de 3 a 4 veces por mes y reducirlos en tiempos c&aacute;lidos; y en los hombres de m&aacute;s de 50 a&ntilde;os, uno por mes y aun suprimirlos m&aacute;s all&aacute; de los 60.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">La posici&oacute;n de Hericourt en lo sustancial fue compartida por los m&eacute;dicos uruguayos. Mateo Legnani, en su &ldquo;Catecismo de higiene&rdquo; de 1917 para uso popular, aconsej&oacute; a la esposa por ejemplo, no ofrecerse al esposo &ldquo;cuando lo nota cansado&rdquo; (<a name="5-"></a><a href="#5">5</a>).</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">La cuota de ilusi&oacute;n era menor en otros planos del saber m&eacute;dico. Las descripciones anat&oacute;micas y fisiol&oacute;gicas de los aparatos circulatorio y digestivo, por ejemplo, aludian mucho m&aacute;s claramente a la realidad objetiva por lo que tal vez recogieran con intensidad menor el sistema de valores existentes. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">    <br>  </font>  </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-weight: bold; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Contaminaci&oacute;n del contexto cultural por el saber m&eacute;dico</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El Novecientos al dejar penetrar el orden mental y moral establecido en el saber m&eacute;dico continu&oacute; la tradici&oacute;n, pero al dejar infiltrar en ese orden al saber m&eacute;dico, innov&oacute;. Fue en el Noveciento que comez&oacute; a percibirse una tendencia que hoy, creemos, reina soberana, la que identifica a la moral con las reglas de la medicina preventiva, la que hace de la higiene y la preservaci&oacute;n de la salud la casi &uacute;nica fuente de una nueva &eacute;tica que en 1919 el psiqu&iacute;atra uruguayo Sant&iacute;n Carlos Rossi comenz&oacute; a llamar &ldquo;moral fisiol&oacute;gica&rdquo;.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">A la moralizaci&oacute;n de la medicina se sum&oacute; la medicalizaci&oacute;n de la moral. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Ejemplifiquemos los dos procesos.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">La medicina del siglo XIX y el Novecientos transform&oacute; al pecado cat&oacute;lico de la masturbaci&oacute;n en horrible atentado contra la salud. De esta manera, el poder de culpabilizar al adolescente pas&oacute; del sacerdote al m&eacute;dico pero la nueva falta contra la salud no puede ocultarnos su origen: la moral cat&oacute;lica.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Observemos la contracara. El hombre medicalizado del Novecientos consider&oacute; una virtud la escucha apasionada de los menores rumores y alteraciones de su cuerpo pues su primer deber era conservar su salud, garant&iacute;a, incluso de la ajena. Hab&iacute;a que observarse, sospechar del menor bulto en el seno y la m&iacute;nima hemorrag&iacute;a fuera de los menstruos, de los lunares que crec&iacute;an bruscamente, de las toses y dolores de espalda que se prolongaban, de las heridas en el pene que por su peque&ntilde;ez y no ser dolorosas, se tend&iacute;a a menospreciar. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">En el Novecientos estos procesos, en parte opuestos, coincidieron. Pero el nuevo era la medicalizaci&oacute;n de la moral, y anunciaba el porvenir. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">La religi&oacute;n cat&oacute;lica, en el imaginario positivista de la &eacute;poca la ant&iacute;tesis perfecta de la ciencia, tambi&eacute;n se dej&oacute; influ&iacute;r por los argumentos del saber m&eacute;dico y lo llam&oacute; en su apoyo, formando as&iacute; con &eacute;ste una combinaci&oacute;n de poderes dificilmente rebatible por el fiel.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES">  <font size="2">La Iglesia Cat&oacute;lica, para modernizarse y sobrevivir, debi&oacute; adoptar como una de sus recomendaciones, desde fines del siglo XIX, el culto a la salud del cuerpo y la &ldquo;vida larga&rdquo;, uno de los valores de la nueva moral cient&iacute;fica. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">A comienzos del Novecientos, en 1902 y 1909, por ejemplo, dos sacerdotes fundaron sus comentarios a la prohibici&oacute;n &ldquo;No fornicar&rdquo; del sexto mandamiento en las &ldquo;opiniones de la ciencia m&eacute;dica. Los pecados contra &eacute;ste mandamiento y la asistencia a los bailes, llevan al sepulcro a much&iacute;simas personas (pues) este vicio de la impureza causa a veces varias y admirables enfermedades, resultado en parte de un funesto contagio, y en parte de la intemperancia misma&rdquo;&nbsp;(<a name="6-"></a><a href="#6">6</a>). </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">    <br>  </font>  </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-weight: bold; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Las tentaciones del poder en nombre de la ciencia</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">La sociedad del Novecientos admiti&oacute; y aun m&aacute;s, prohij&oacute;, el uso de la violencia, la imposici&oacute;n, y la violaci&oacute;n de los derechos individuales en pro de la salud p&uacute;blica, como aconsejaba el saber m&eacute;dico. En varios campos y especialmente en varias enfermedades muy temidas en la &eacute;poca, s&iacute;filis y tuberculosis, el saber m&eacute;dico se vali&oacute; de la fuerza para lograr sus objetivos. </font> </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Fue por ello que un liberal a ultranza, Luis C. Caviglia, en sus &ldquo;Estudios sobre la realidad nacional&rdquo; de 1926 escribi&oacute; acerca de la conducta de los m&eacute;dicos en el Instituto Profil&aacute;ctico de la S&iacute;filis: &ldquo;el problema de la lucha contra la s&iacute;filis envuelve, como todos los humanos, una cuesti&oacute;n de derecho. Ahora bien: no hay por criterio profesional, personas m&aacute;s re&ntilde;idas con esos principios que los m&eacute;dicos. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Ellos resuelven todas las cuestiones higi&eacute;nicas de una manera radical, por medio de la imposici&oacute;n y la violencia ejercida en nombre de la salud p&uacute;blica.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">La lucha contra la s&iacute;filis se presta a muchas lesiones del derecho, por ejemplo, cuando se obliga a inspecciones vejatorias, que muchos tratadistas aplauden. Y el aplauso llega hasta el punto de encontrar admirable que la sanidad militar alemana y austr&iacute;aca, durante la guerra, ordenara se presentaran a la inspecci&oacute;n m&eacute;dica todas las mujeres habitantes de las ciudades ocupadas, sin distinci&oacute;n de clase y edad, pues hasta las ni&ntilde;as eran sometidas a las reacciones investigatorias.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Aqu&iacute; hemos tenido casos sobre todo en campa&ntilde;a, de inspecciones que constituyen un verdadero ultraje&rdquo;(<a name="7-"></a><a href="#7">7</a>).</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">En 1905, el Consejo Nacional de Higiene reglament&oacute; la Inspecci&oacute;n Sanitaria de la prostituci&oacute;n. Toda mujer mayor de 18 a&ntilde;os que se entregara a la prostituci&oacute;n deb&iacute;a inscribirse en dos registros que llevarian &ldquo;las autoridades sanitarias y policial&rdquo;.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Toda inscripta se &ldquo;someter&iacute;a&rdquo; dos veces por semana a la inspecci&oacute;n m&eacute;dica en su domicilio, en d&iacute;as y horas que fijar&iacute;a la autoridad sanitaria. Si no lo hac&iacute;a, incurrir&iacute;a en multa de un peso y si no concurriese al d&iacute;a siguiente la multa ser&iacute;a de cuatro pesos &ldquo;o prisi&oacute;n equivalente&rdquo;. Las prostitutas tendr&iacute;an una libreta con su fotograf&iacute;a donde se har&iacute;a constar su estado de salud despu&eacute;s de cada reconocimiento, con el fin de que el cliente lo comprobara.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El art&iacute;culo 13 estipulaba que &ldquo;toda prostituta que padezca de una enfermedad ven&eacute;rea o sifilitica deber&aacute; ser hospitalizada&rdquo; para lo cual se instalar&iacute;a un &ldquo;sifilicomio&rdquo;. Para que no surgieran dudas sobre el sentido del &ldquo;deber&aacute;&rdquo; , se impon&iacute;a a &ldquo;la autoridad sanitaria dar aviso escrito en el d&iacute;a a la Policia, de las inscriptas que por su estado deb&iacute;an ser hospitalizadas&rdquo; . Mientras no se estableciera el Sifilicomio se dispon&iacute;a que las prostitutas enfermas &ldquo;que no posean los medios adecuados para el tratamiento&rdquo; fueran al Hospital de Caridad. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">En 1905, el Consejo Nacional de Higiene reglament&oacute; el servicio m&eacute;dico de la prostituci&oacute;n, disponiendo que los facultativos serian acompa&ntilde;ados en las visitas por un agente de polic&iacute;a.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">En julio de 1906, fue inaugurado el &ldquo;Sifilicomio Doctor Germ&aacute;n Segura&rdquo;. En junio de 1908 se defini&oacute; como ir&iacute;a la prostituta al Sifilicomio ya que, una vez comprobada su enfermedad en per&iacute;odo de contagio, el m&eacute;dico extender&iacute;a su pase &ldquo;para el Sifilicomio, haciendola conducir por la Policia&rdquo;.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El r&eacute;gimen de 1905 hab&iacute;a sido pensado para Montevideo, pero entre 1908 y 1910 comenz&oacute; a aplicarse tambi&eacute;n en el interior.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">En 1916 el Director del Sifilicomio, Juan Antonio Rodr&iacute;guez, y las Hermanas de Caridad de San Vicente de Paul., administradoras internas del nosocomio-prisi&oacute;n, hab&iacute;an hecho de la &ldquo;redenci&oacute;n&rdquo; del alma de las prostitutas un culto tan importante como el que conduc&iacute;a a la salud de su cuerpo. Se las ocupaba &ldquo;en peque&ntilde;os servicios dom&eacute;sticos, l&iacute;geros trabajos compensados con una variada serie de diversiones l&iacute;citas&rdquo;, las distracciones debian moralizar y por ello hab&iacute;a &ldquo;una biblioteca repleta de obras morales, novelas (morales), una pianola, un cinemat&oacute;grafo y sala de conversaci&oacute;n, en la que, bajo la fiscalizaci&oacute;n de las Hermanas de Caridad, pasan la noche en sociedad&rdquo;. Es que, &ldquo;bajo la protecci&oacute;n de la ciencia y de la religi&oacute;n (las prostitutas parec&iacute;an salir) por un instante, de la marisma del vicio donde transcurre su desastrosa vida&rdquo; (<a name="8-"></a><a href="#8">8</a>).</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Un a&ntilde;o antes, en 1915, el Director del Sifilicomio coment&oacute; el lugar preciso que ten&iacute;a el trabajo en la instituci&oacute;n y los por qu&eacute;. En primer lugar, el trabajo manten&iacute;a el &ldquo;orden&rdquo; proporcionaba &ldquo;ocupaciones necesarias para distraerlas en sus ocios&rdquo;; en segundo lugar, &ldquo;el trabajo pod&iacute;a despertar en algunas de ellas h&aacute;bitos de laboriosidad (y as&iacute; se) regenerar&iacute;an&rdquo;. No indic&oacute; una tercera raz&oacute;n, pero es f&aacute;cil hallarla al enterarse de lo que hac&iacute;an las prostitutas: su labor era &uacute;til para el mantenimiento del Sifilicomio y todo el sistema hospitalario montevideano pues, a) confeccionaban sus trescientos uniformes, b) &ldquo;no teniendo personal de sirvientas&rdquo;, hac&iacute;an de tales limpiando todo el Sifilicomio, c) dos d&iacute;as a la semana planchaban la ropa del Sifilicomio y del Hospital Maciel. Los trabajos eran &ldquo;voluntarios&rdquo; y pagados con treinta pesos mensuales para todas. Si estimamos una media de cincuenta internadas esa cifra se reduc&iacute;a a 60 cent&eacute;simos mensuales para cada una, ingreso treinta veces inferior al de las costureras y planchadoras en la &eacute;poca&nbsp;(<a name="9-"></a><a href="#9">9</a>).</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El personal era &ldquo;educado en el sentido de emplear la mayor dulzura, a&uacute;n para las enfermas irrespetuosas&rdquo; pero si una enferma comet&iacute;a una falta que alterara el orden o re&ntilde;ia con otra, &ldquo;la Hermana estaba facultada para enviarla como detenida a la Comisar&iacute;a hasta el d&iacute;a siguiente&rdquo;. Si la falta se calificaba de &ldquo;leve&rdquo; la prostituta enferma era &ldquo;amonestada&rdquo; , si reincid&iacute;a, &ldquo;era dejada en la cama por unos d&iacute;as&rdquo; y si la falta era grave se pon&iacute;a a disposici&oacute;n del Juez de Instrucci&oacute;n. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">A este tipo de tratamiento lo calific&oacute; en 1921 la m&eacute;dica socialista Paulina Luisi: &ldquo;La deshonesta comandita de la medicina y la polic&iacute;a&rdquo;. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">    <br>  </font>  </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">***</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">    <br>  </font>  </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El hospital de tuberculosos exig&iacute;a, como lo declaraba el Director del &ldquo;Ferm&iacute;n Ferreira&rdquo;, m&eacute;dico Alberto Brignole, en 1918: &ldquo;someterse desde el principio de la enfermedad al tratamiento m&eacute;dico (&hellip;) someterse absolutamente a las prescripciones m&eacute;dicas (&hellip;) someterse a la cura todo el tiempo necesario&rdquo;(<a name="10-"></a><a href="#10">10</a>).</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El enfermo, hab&iacute;a ya subrayado en 1908 el m&eacute;dico Roberto Berro, estaba all&iacute;, &ldquo;sometido a la vigilancia constante del m&eacute;dico (que impedir&iacute;a sus otrora) quehaceres tal vez penosos (pero tambi&eacute;n) sus vicios y toda clase de abusos, tanto o m&aacute;s cuanto esos quehaceres, esos abusos y esos vicios son los que han abonado el terreno&rdquo; a la enfermedad(<a name="11-"></a><a href="#11">11</a>).</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El lector experiente tal vez encuentre en estos &ldquo;consejos&rdquo; ciertas similitudes con los actuales tratamientos oncol&oacute;gicos.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">La vida del bacilar en aquellos espacios de confinamiento estaba estrictamente sujeta a la observancia del reposo en medio del aire fresco y del sol &ndash;de ah&iacute; los pabellones y las reposeras&ndash;, la sobre alimentaci&oacute;n, y ciertas reglas higi&eacute;nicas, tal el uso de salivaderas personales para los esputos. El reposo implicaba al comienzo cama permanente; en Francia algunos estudiantes de medicina enfermos se ataban a ellas para obligarse a repetarlo. M&aacute;s avanzado el tratamiento, el reposo se impon&iacute;a luego del desayuno por dos horas, hasta el almuerzo, y despu&eacute;s de &eacute;ste a menudo hasta la cena. En algunos sanatorios populares franceses &ndash; que nosotros imit&aacute;bamos &ndash; el reposo inclu&iacute;a luego del desayuno &ldquo;la cura de silencio&rdquo;, pues tambi&eacute;n se prohib&iacute;a leer o escuchar radio(<a name="12-"></a><a href="#12">12</a>).</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El control de la tos era posible, seg&uacute;n dec&iacute;a el m&eacute;dico, &ldquo;era necesario que los enfermos (aprendieran) a resistir la necesidad de toser y s&oacute;lo toser cuando sientan que el esputo est&aacute; blando y se desprender&aacute; facilmente&rdquo;. Eso era la tos &ldquo;&uacute;til&rdquo;, la tos &ldquo;in&uacute;til&rdquo; era la seca; deb&iacute;a concluirse con &ldquo;la mala costumbre de toser a la menor picadura o molestia que sienten en la garganta&rdquo; (<a name="13-"></a><a href="#13">13</a>). </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El control de la garganta y sus sensaciones se acompa&ntilde;ar&iacute;a del autocontrol de la pasi&oacute;n, cuya eclosi&oacute;n de seguro hab&iacute;a jugado un importante papel en el &ldquo;terreno&rdquo; propicio al bacilo de Koch. &iquest;Acaso no eran la adolescencia y la juventud, edades de la pasi&oacute;n, el pasto de la tuberculosis?</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El aislamiento entre los sexos debia ser estricto, por lo que el sanatorio popular ideal imaginado en 1911 por el m&eacute;dico Joaqu&iacute;n Canabal ten&iacute;a dos entradas, una para cada sexo(<a name="14-"></a><a href="#14">14</a>). La trasnochada masculina, en la &ldquo;taberna&rdquo; o el prost&iacute;bulo, era el enemigo declarado. En sus comienzos el preventorio de la Liga Uruguaya contra la Tuberculosis, fundado en 1911, asilaba a los &ldquo;d&eacute;biles y predispuestos&rdquo; s&oacute;lo de d&iacute;a, pero se comprob&oacute; que los efectos eran m&aacute;s beneficiosos &ldquo;si no gozaban de la libertad durante la noche, (pues) muchos de los enfermos compromet&iacute;an imprudentemente su salud (&hellip;) porque se entregaban a h&aacute;bitos en abierta oposici&oacute;n con la asistencia que requerian para fortalecer sus organismos. Los hombres eran los que mayormente abusaban de esa libertad nocturna&rdquo;. Por eso se resolvi&oacute; admitir &ldquo;a los d&eacute;biles y predispuestos (&hellip;) a condici&oacute;n de permanecer en el establecimiento un t&eacute;rmino fijo, ininterrumpido, que se fij&oacute; en tres meses(<a name="15-"></a><a href="#15">15</a>). El esp&iacute;ritu sedicioso propio del tuberculoso confinado deb&iacute;a ser abatido. Estos enfermos, adem&aacute;s, eran pobres. Doble motivo para imponerles una disciplina de hierro, la que, por otras y parecidas razones las clases dominantes tambi&eacute;n les exig&iacute;an.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Conocemos s&oacute;lo una disposici&oacute;n de los reglamentos que reg&iacute;an en el Hospital Ferm&iacute;n Ferreira de Montevideo, y ella es suficientemente ilustrativa de las limitaciones que el m&eacute;dico disciplinador impuso a los tuberculosos pobres: los asilados, cada tres meses de reclusi&oacute;n, tendr&iacute;an derecho a 8 horas de &ldquo;licencia&rdquo; y salir del Hospital.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Las formas de terapias aplicadas en el hospital de tuberculosos hac&iacute;an correr un riesgo a la sociedad burguesa. El poder m&eacute;dico lo advirti&oacute; y trato de subsanarlo. La sobre alimentaci&oacute;n pod&iacute;a convertir a este hospital de pobres &ldquo;en una escuela de holgazaner&iacute;a&rdquo; al decir del m&eacute;dico Jos&eacute; Scoseria en 1916. Es que &ldquo;el enfermo aprende a vivir c&oacute;modamente, pierde sus h&aacute;bitos de trabajo, el amor a la familia y se convierte, en definitiva, en una carga para la sociedad o en un par&aacute;sito&rdquo;. Los tuberculosos pobres llegaban a creer que s&oacute;lo iban al hospital &ldquo;a descansar y comer bien y abundantemente&rdquo; (<a name="16-"></a><a href="#16">16</a>).</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Ante ello, Jos&eacute; Scoseria en 1916 opin&oacute; que el hospital de tuberculosos deb&iacute;a ser sustitu&iacute;do &ldquo;por la aldea antibacilar&rdquo; donde los enfermos encontrar&iacute;an &ldquo;una habitaci&oacute;n sencilla, modesta, hasta pobre, pero higi&eacute;nica y siguiendo el tratamiento (&hellip;) a juicio del m&eacute;dico empezar&iacute;an a dedicarse bajo su direcci&oacute;n y la vigilancia de sus auxiliares, al trabajo u ocupaci&oacute;n de su preferencia, compartible con su estado&rdquo;(<a name="17-"></a><a href="#17">17</a>).</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">De este modo el hospital de tuberculosos, &ldquo;escuela de profilaxia&rdquo; que instru&iacute;a al enfermo y a su trav&eacute;s a sus familiares y las clases populares, se trasformar&iacute;a tambi&eacute;n en escuela de conductas acordes con el orden establecido. Al decir del m&eacute;dico C&eacute;sar A. D&iacute;az en 1908, todas estas normas higi&eacute;nicas y morales terminar&iacute;an modificando la &ldquo;subconciencia&rdquo; del pueblo para hacerlo actuar &ldquo;de una manera infalible y perfecta&rdquo; , sin necesidad de tener que recurrir a la coacci&oacute;n<a name="18-"></a><a href="#18">18</a>.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">As&iacute; crear&iacute;a el hospital una segunda naturaleza en los pobres, hecha de obediencias y respetos. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">    <br>  </font>  </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">***</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">    <br>  </font>  </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El elemento popular urbano y sobre todo rural, sucio, maloliente, atrevido y &ldquo;an&aacute;rquico&rdquo;, recibi&oacute; a menudo en los hospitales su primer ba&ntilde;o y su primera lecci&oacute;n sobre las virtudes y recompensas de la obediencia, lo que le hizo v&iacute;ncular Higiene con Autoridad social, nexo que para nosotros es tan d&iacute;ficil de percibir.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">La curaci&oacute;n se entend&iacute;a dentro del disciplinamiento estricto. El enfermo era un ser con los derechos recortados y un formidable cap&iacute;tulo de deberes que buscaba saliera del nosocomio no solo un hombre sano sino enteramente otro hombre desde el punto de vista moral, mejor dotado para el autocontrol de sus pulsiones y rebeld&iacute;as. Lo sostuvo el m&eacute;dico Roberto Berro en 1908: &ldquo;uno de los problemas m&aacute;s d&iacute;f&iacute;ciles de la higiene moderna es la inculcaci&oacute;n de ideas de profilaxia a las masas ineducadas; estas miran con desde&ntilde;oso escepticismo cuando no con franca repugnancia, todas las medidas tendientes a salvaguardar los intereses sociales puestos en peligro por el elemento individual&rdquo; (<a name="19-"></a><a href="#19">19</a>).</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Para imponerse, el Poder deb&iacute;a calzar coturnos y evitar peligrosas familiaridades. Por eso en 1901 la autoridad hospitalaria advirti&oacute; a &ldquo;los enfermeros y enfermeras: Procurad no jugar ni dar confianza a los enfermos&rdquo;. Los m&eacute;dicos no necesitaban ser advertidos, ya actuaban preservando las distancias(<a name="20-"></a><a href="#20">20</a>).</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El Reglamento del Hospital de Mercedes aprobado por el Gobierno en 1899, es ilustrativo de la diversidad de acatamientos buscados y de la profundidad de la reforma higi&eacute;nico-moral emprendida en las &ldquo;masas ineducadas&rdquo;.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Se comenzaba por normas de urbanidad te&ntilde;idas de respetuosa deferencia al dolor ajeno y a la autoridad hospitalaria: a los enfermos &ldquo;les es expresamente prohibido: tomar mate, fumar, jugar o hablar en voz alta en los dormitorios-salas (&hellip;)tampoco nadie entrar&aacute; con sombrero puesto&rdquo;; luego se aseguraban los mandatos de la higiene prohibi&eacute;ndose &ldquo;ensuciar las letrinas o mingitorios (&hellip;) las paredes, el piso, las camas y escupir fuera de las salivaderas&rdquo;. La moral ten&iacute;a su lugar preciso pues estaba prohibido &ldquo;andar vestido en el establecimiento de una manera impropia o indecente (y hab&iacute;a que) conservarse decorosamente en las camas&rdquo; .</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El hospital predicar&iacute;a el trabajo y satanizar&iacute;a el juego y el ocio. Deb&iacute;a evitarse que la internaci&oacute;n contribuyera a incrementar la tendencia criolla a la &ldquo;haraganer&iacute;a&rdquo;, la internaci&oacute;n no deb&iacute;a ser sin&oacute;nimo de vida ociosa. Por eso el art&iacute;culo 92 dec&iacute;a: &ldquo;los enfermos indigentes cuyo estado de salud (&hellip;) les permita ayudar en el servicio del hospital no podr&aacute; rehusarse a hacerlo bajo pena de exclusi&oacute;n&rdquo;.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El juego y la sociabilidad popular fueron prohibidos. Los empleados no podr&iacute;an &ldquo;jugar entre s&iacute; o con los enfermos&rdquo;, los enfermos no deb&iacute;an gritar, ni disputar, &ldquo;ni jugar&rdquo;. La constumbre familiar y vecinal de obsequiar al enfermo con bebidas o alimentos &ldquo;estaba absolutamente proh&iacute;bida&rdquo;, el h&aacute;bito de los enfermos de levantarse de noche y deambular visit&aacute;ndose entre s&iacute; fue tambi&eacute;n condenado. La visita, esa perturbaci&oacute;n anarquizadora del orden hospitalario se reglament&oacute; con severidad, se permit&iacute;a s&oacute;lo bisemanalmente, los jueves y domingos de 1 a 4 pm en oto&ntilde;o e invierno, y de 3 a 6 pm en primavera y verano.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Tambi&eacute;n se procur&oacute; crear h&aacute;bitos de orden: &ldquo;todos los enfermos deber&aacute;n acostarse a las 8 hs. en verano y a las 6 en invierno&rdquo;.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Pero el gran cap&iacute;tulo, el articulado m&aacute;s numeroso y preciso, se refer&iacute;a a la creaci&oacute;n de h&aacute;bitos de respeto y obediencia al superior, la autoridad hopitalaria y el m&eacute;dico. La disciplina era militar ya que &ldquo;todos los enfermos deb&iacute;an someterse a lo dispuesto en el Reglamento as&iacute; como a las prescripciones m&eacute;dicas (bajo las siguientes penas:) 1&ordf; amonestaci&oacute;n en caso de infracci&oacute;n leve, en caso de reincidencia o infracci&oacute;n grave ser&aacute; expulsado por el intendente (&hellip;) lo que se tendr&aacute; en cuenta para el caso de que el expulsado solicite nuevamente su admisi&oacute;n&rdquo;. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">La pesadilla de la autoridad hospitalaria, la queja individual y sobre todo colectiva de los enfermos, estaba especialmente prohibida: &ldquo;todo enfermo cualquiera que sea su clase y condici&oacute;n, entrando en el hospital se someter&aacute; a su r&eacute;gimen y jam&aacute;s podr&aacute; hacer valer derechos o regal&iacute;as que no se reconocen&rdquo;(<a name="21-"></a><a href="#21">21</a>). El reglamento interno del Hospital-Sanatorio Espa&ntilde;ol de 1917, un lugar no s&oacute;lo para pobres, prohibi&oacute; terminantemente la &ldquo;sindicalizaci&oacute;n&rdquo; de los enfermos: &ldquo;Se les proh&iacute;be redactar o presentar colectivamente quejas del servicio, debiendo darlas aisladamente al m&eacute;dico interno o al ec&oacute;nomo o depositarlas bajo sobre en la secretar&iacute;a&rdquo;. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El poder m&eacute;dico intent&oacute;, incluso, en un ejercio tan totalitario como osado, controlar el tiempo libre del enfermo para usarlo en provecho de la moralizaci&oacute;n de la sociedad. As&iacute; el reglamento reci&eacute;n citado indic&oacute; en su art&iacute;culo 56: &ldquo;Es facultativo en los enfermos dedicarse al g&eacute;nero de lectura m&aacute;s de su agrado, siempre que el m&eacute;dico interno o el que los asista no encuentre necesario su supresi&oacute;n o cambio&rdquo; (<a name="22-"></a><a href="#22">22</a>).</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El sometimiento de los pobres a las normas de la higiene buscaba su curaci&oacute;n &ndash;&iquest;qu&eacute; duda cabe?&ndash; pero a su trav&eacute;s se obten&iacute;an beneficios adicionales para el resto de la sociedad: se preservaba la salud del grupo entero al disminuirse el principal foco de contagio; se predicaban e impon&iacute;an normas de conducta y h&aacute;bitos fronterizos con la moral dominante; y se habituaba a los sectores populares a obedecer dictados que por su misma &ldquo;razonabilidad&rdquo; parec&iacute;an indiscutibles, entrenamiento esencial que facilitar&iacute;a la conversi&oacute;n de la obediencia en una segunda naturaleza del pobre, en su reflejo condicionado ante &oacute;rdenes menos claramente vinculadas a su conveniencia personal. En otras palabras, se trat&oacute; de hacer a los pobres, humildes, para que la virtud teologal tambi&eacute;n los distinguiera en este Uruguay aplebeyado.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">    <br>  </font>  </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm; font-weight: bold; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">La provocaci&oacute;n del miedo en pro del mantenimiento de la salud sexual</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El poder m&eacute;dico tambi&eacute;n utiliz&oacute; los miedos y angustias que sab&iacute;a provocaban las enfermedades, para obtener la obediencia a dictados que equiparaba a la curaci&oacute;n. Y lo hizo desembozadamente, en particular en lo referente a los terrores que sab&iacute;a causaban entre la poblaci&oacute;n las enfermedades ven&eacute;reas, aunque no fueron el &uacute;nico caso. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">La enfermedad, por anuncio o met&aacute;fora de la muerte, ya de por s&iacute; fue puerilizaba al paciente, efecto que se multiplicaba si a ello sumamos la actitud omnisciente de los m&eacute;dicos del Novecientos y su uso del miedo en pro del estricto obedecimiento al tratamiento recomendado. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El terror como m&eacute;todo educativo y profil&aacute;ctico infantiliz&oacute; en verdad a toda la sociedad. Lo utiliz&oacute; en 1909 el m&eacute;dico Sebasti&aacute;n B. Rodr&iacute;guez en la &ldquo;Cartilla sobre la tuberculosis y Nociones de Higiene&rdquo;: &ldquo;Cuando un tuberculoso no se cuida, est&aacute; fatalmente condenado a morirse, y la muerte de un enfermo de esta naturaleza es en la mayor&iacute;a de los casos de las m&aacute;s penosas y horribles&hellip;&rdquo;(<a name="23-"></a><a href="#23">23</a>).</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Lo buscado aqu&iacute; era la obediencia al tratamiento. En el caso de la s&iacute;filis, el terror lo impregn&oacute; todo: profilaxis del joven adolescente y del hombre maduro en b&uacute;squeda de tan f&aacute;ciles como peligrosas aventuras extra matrimoniales; tratamientos que de no cumplirse &ldquo;al pie de la letra&rdquo; llevar&iacute;an a deformaciones monstruosas en la cara, muertes horripilantes y a engendrar hijos deformes. Fomentos del miedo y de la culpa se alternaron. La s&iacute;filis y la moral lo merec&iacute;an.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">En el Congreso de sifil&oacute;grafos de Bruselas en 1902 se sostuvo: &ldquo;es loable provocar obsesiones cuando hay un fin loable&rdquo;<a name="24-"></a>(<a href="#24">24</a>). El Director del Sifilicomio Nacional, Juan Antonio Rodr&iacute;guez, afirm&oacute; en 1916: &ldquo;Existe el m&aacute;s grande inter&eacute;s en dar a los j&oacute;venes los datos precisos, durante las &uacute;ltimas semanas del colegio o en su estada en la universidad o en el liceo, en un peque&ntilde;o n&uacute;mero de conferencias sobre las enfermedades ven&eacute;reas, inspirarles el temor a contraerlas&rdquo;(<a name="25-"></a><a href="#25">25</a>). Muchos de los folletos publicados por el Estado y escritos por m&eacute;dicos que procuraban la educaci&oacute;n sexual de los j&oacute;venes, dedicaban el grueso de su informaci&oacute;n a las caracter&iacute;sticas de la s&iacute;filis y a veces ni alud&iacute;an a los modos de preservarse.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">En 1906, a iniciativa del Presidente Jos&eacute; Batlle y Ord&oacute;&ntilde;ez, el Presidente del Consejo Nacional de Higiene, Alfredo Vidal y Fuentes, public&oacute; su obrita dedicada a &ldquo;Prevenir a los j&oacute;venes&rdquo;. El folleto consta de 26 p&aacute;ginas. Las primeras 23 est&aacute;n dedicadas al aterrorizamiento de los lectores, incluyendo tres grabados que representan, el primero, una cara cubierta de p&uacute;stulas, la &ldquo;sifilide papulosa generalizada&rdquo;, el segundo, una cara cubierta de granos enormes, la &ldquo;sifilide polimorfa&rdquo;, y el tercero, una &ldquo;nariz hundida por la s&iacute;filis&rdquo;(<a name="26-"></a><a href="#26">26</a>). </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Pero, no nos equivoquemos. Esta clase de folletos estaba dirigido a los hombres j&oacute;venes, no a las mujeres. Alfred Fournier, el famoso sifil&oacute;grafo franc&eacute;s defendi&oacute; este tipo de pr&eacute;dica con un aforismo: &ldquo;El temor de la s&iacute;filis es el principio de la sabidur&iacute;a&rdquo;. Fue el Instituto Profil&aacute;ctico de la S&iacute;filis del Uruguay quien tradujo al espa&ntilde;ol la sentencia del franc&eacute;s en 1922(<a name="27-"></a><a href="#27">27</a>).</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El Museo de reproducciones en cera del Instituto Profil&aacute;ctico de la S&iacute;filis ten&iacute;a la misma finalidad(<a name="28-"></a><a href="#28">28</a>). J&oacute;venes adolescentes varones &ndash;por supuesto, como que las figuras de cera eran fundamentalmente masculinas y concurrir resultaba impropio de se&ntilde;oritas&ndash;, lo visitaban, a veces agazapados, otras con insolencia y desparpajo que buscaba exorcizar el miedo. El sifil&oacute;grafo del Hospital Militar pens&oacute; imitarlo en 1919 y crear uno propio de Sanidad Militar. Los soldados necesitaban tanto como los adolescentes esos espect&aacute;culos &ldquo;que impresionan y educan m&aacute;s que la palabra m&aacute;s elocuente&rdquo;(<a name="29-"></a><a href="#29">29</a>).</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">En su consultorio, el m&eacute;dico proced&iacute;a de igual forma. En 1916, los investigadores europeos consideraban una &ldquo;rareza&rdquo; la reinfecci&oacute;n sifil&iacute;tica ya que, por regla general, &ldquo;la s&iacute;filis, una vez adquirida confiere inmunidad&rdquo;. Pero los m&eacute;dicos no dec&iacute;an a sus pacientes la norma sino la excepci&oacute;n. Por eso Mateo Legnani confes&oacute; que, &ldquo;desde el punto de vista de la higiene a indicar al sifil&iacute;tico las excepciones deben ocupar lugar permanente en el criterio y en vez de propalar la creencia en el estado refractario d&eacute;bese recordar los casos de reinfecci&oacute;n&rdquo;<a name="30-"></a>(<a href="#30">30</a>). Nunca se deb&iacute;an ofrecer todos los datos del problema para que el paciente resolviera. La decisi&oacute;n deb&iacute;a tomarla siempre el m&eacute;dico.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">    <br>  </font>  </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-weight: bold; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Rebeld&iacute;as</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Pero no todos los enfermos se somet&iacute;an. Los tuberculosos pobres internados sufr&iacute;an de demasiados rigores a su entender, tal vez m&aacute;s por su condici&oacute;n social que por su dolencia.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Los tuberculosos del Hospital Ferm&iacute;n Ferreira de Montevideo, protagonizaron en 1922 la resistencia escandalosa a las condiciones de internaci&oacute;n a que los quer&iacute;an someter los poderes m&eacute;dico y estatal hermanados. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">&ldquo;La protesta colectiva&rdquo; &ndash;seg&uacute;n el diario&rdquo;La Tribuna Popular&rdquo;- o &ldquo;la huelga de enfermos&rdquo; &ndash;seg&uacute;n el diario El D&iacute;a&ndash; comenz&oacute; el lunes 6 de marzo a las 9.30 de la ma&ntilde;ana cuando el movimiento inusual de los enfermos hizo sospechar al flamante director m&eacute;dico Hilari&oacute;n Loriente, que algo se tramaba. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Los tuberculosos asilados, &ldquo;generalmente obreros y en su mayor&iacute;a enfermos venidos de campa&ntilde;a&rdquo;, desconformes con las condiciones de su internaci&oacute;n, y luego de dialogar sin resultados con el director, resolvieron salir &ldquo;a la calle&rdquo; en n&uacute;mero cercano a los 200 (hab&iacute;a 1.200 internados en total). Una vez en la calle, costearon &ldquo;el mar&rdquo; y llegaron a Trouville, &ldquo;donde lograron tomar tranv&iacute;as hasta Uruguay y Florida&rdquo;, lugar en que ten&iacute;a su sede el Consejo de la Asistencia P&uacute;blica Nacional, del que depend&iacute;a el Hospital. All&iacute; se estacionaron como manifestantes y delegaron &ldquo;en varios compa&ntilde;eros la misi&oacute;n de entrevistarse con el Dr. Martiren&eacute;&rdquo;, Presidente del Consejo.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">El p&uacute;blico, que ya hab&iacute;a visto a los tuberculosos con sus uniformes grises del Hospital recorriendo la ciudad en tranv&iacute;a, se &ldquo;atemoriz&oacute;&rdquo; a&uacute;n m&aacute;s cuando los contempl&oacute; en la acera pues &ldquo;algunos tos&iacute;an, otros vomitaban, manchando el pavimento de sangre&rdquo;, un tanto ostensiblemente, y todos esparc&iacute;an a diestra y siniestra el bacilo de Koch. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Luego de la entrevista con el m&eacute;dico Jos&eacute; Martiren&eacute;, los enfermos fueron conducidos de nuevo al Hospital, en dos tranv&iacute;as expresos contratados. Los veh&iacute;culos fueron despu&eacute;s cuidadosamente desinfectados. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Las causas de la protesta en un primer momento fueron confusas. La prensa opositora al batllismo &ndash;con la &ldquo;Tribuna Popular&rdquo; a la cabeza&ndash; culp&oacute; a la administraci&oacute;n del Hospital pues &ldquo;el hambre&rdquo; que pasaban los enfermos hab&iacute;a sido la chispa inicial de la protesta. Pero las entrevistas a &eacute;stos, la opini&oacute;n posterior del mismo diario, as&iacute; como la informaci&oacute;n de &ldquo;El D&iacute;a&rdquo;, dejan entrever otros motivos tan poderosos como el de la alimentaci&oacute;n y aun encuadran los reclamos referidos a ella en el marco de una vasta protesta contra el disciplinamiento m&eacute;dico. </font> </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">&ldquo;La Tribuna Popular&rdquo;, luego de informar el 7 de marzo sobre las presuntas carencias alimenticias en el Hospital, cambi&oacute; el tono de su comentario el d&iacute;a 11 al dar cuenta que &ldquo;el Hospital Ferm&iacute;n Ferreira est&aacute;, desde hace tiempo, subvertido. El desorden m&aacute;s grande reina all&iacute;, continuamente enfermos y enfermas organizan verdaderos movimientos revolucionarios por un qu&iacute;tame all&aacute; esas pajas&rdquo;. &ldquo;El D&iacute;a&rdquo; entrevist&oacute; a los enfermos huelguistas y de las respuestas se deduce que las quejas sobre la comida alud&iacute;an sobre todo a la forma en que se les presentaba y que la protesta en realidad se centraba en la reimplantaci&oacute;n del reglamento de &ldquo;licencias&rdquo; ca&iacute;do en desuso. Este s&oacute;lo autorizaba, &ldquo;ocho horas de paseo&rdquo;, fuera del Hospital, &ldquo;cada tres meses de encierro&rdquo;. A los enfermos tal r&eacute;gimen les parec&iacute;a carcelario y deprimente.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">En realidad, todo hab&iacute;a comenzado cuando el nuevo director Loriente asumi&oacute; su cargo el 1 de marzo de 1922 y decidi&oacute; &ldquo;evitar los abusos y la falta de control que se sent&iacute;a en todas las reparticiones&rdquo;. Seg&uacute;n el director la anarqu&iacute;a se hab&iacute;a ense&ntilde;oreado del Hospital en un triple registro: la distribuci&oacute;n de alimentos, las &ldquo;licencias&rdquo; otorgadas a los enfermos, y &ldquo;la vida&rdquo; de &eacute;stos en el nosocomio.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Sobre el primer punto el Director comprob&oacute; que muchos enfermos &ldquo;se alimentaban en una forma exagerada&rdquo;, haciendo la mayor&iacute;a abuso de la &ldquo;carne blanca, de gallina, y otros alimentos seleccionados&rdquo;, en detrimento de las tambi&eacute;n recomendables carnes rojas. Ante ello el Director estructur&oacute; dos men&uacute;s, uno &ldquo;ordinario&rdquo; en el que figuraba la carne de vaca y otro &ldquo;especial&rdquo;, a base de carne de gallina y huevos, para los enfermos que a indicaci&oacute;n m&eacute;dica lo requiriesen.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">En cuanto a las &ldquo;licencias&rdquo;, el nuevo Director opin&oacute; que los enfermos abusaban y hab&iacute;an convertido el Hospital &ldquo;en fonda&rdquo;, saliendo y entrando &ldquo;a la hora que se les da la real gana&rdquo;. El problema de las licencias era clave y rozaba las esencias mismas del hospital de tuberculosos, ideado por la sociedad con un doble objetivo: m&aacute;s que curar a los enfermos, cosa casi imposible, reclu&iacute;rlos para impedirles propagar con su libertad el bacilo, y recuperarlos moralmente, base de su mejoramiento f&iacute;sico. El Director fue preciso. &ldquo;Tres razones&rdquo; abonaban el control estricto de las licencias y el retorno a s&oacute;lo una de ocho horas cada tres meses de reclusi&oacute;n: as&iacute; el enfermo &ldquo;cuidaba su r&eacute;gimen, no sembraba microbios pat&oacute;genos y no corromp&iacute;a sus buenas costumbres&rdquo; pues las salidas o licencias eran utilizadas en trasnochadas, beberaje, visitas a prost&iacute;bulos, etc. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Sobre el tercer punto, la vida de los enfermos en el Hospital, el Director se&ntilde;al&oacute; que &eacute;stos &ldquo;intentan vivir como si lo hicieran en sus propias casas, colmando con exceso sus caprichos y deseos, (en el Hospital) se organizaban timbas, se jugaba al monte, a la taba, se organizaban juergas&rdquo; incluso hab&iacute;a sucedido que &ldquo;con motivo de las pasadas carnestolendas, la mayor&iacute;a de los enfermos se crey&oacute; con el derecho, de acuerdo con una costumbre, de usar disfraz y al son de instrumentos de m&uacute;sica visitar las salas y pabellones en ruidoso jaleo&rdquo;.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Las formas &ldquo;licenciosas&rdquo; que asum&iacute;an los h&aacute;bitos y la sociabilidad popular, no deb&iacute;an admitirse m&aacute;s. El nuevo Director ten&iacute;a como objetivo principal, restaurar &ldquo;la disciplina&rdquo; entre los enfermos. Lo dijo en una frase en que tal vez se compendie tanto su programa de gobierno hospitalario como el origen de la revuelta de los tuberculosos: &ldquo;yo soy partidario de la implantaci&oacute;n del r&eacute;gimen militar en asilos de esta clase&rdquo;. </font> </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">Por ello dio orden a los agentes del Escuadr&oacute;n de Seguridad que hab&iacute;an ido a custodiar el Hospital el d&iacute;a de la &ldquo;sublevaci&oacute;n&rdquo; que a los enfermos que hab&iacute;an salido a la calle no los dejaran reingresar al nosocomio, orden que las autoridades de la Asistencia P&uacute;blica debieron revocar. En verdad, el nuevo Director opinaba que exist&iacute;an afinidades peligrosas entre la subversi&oacute;n de los enfermos y la que predicaban contempor&aacute;neamente anarquistas, comunistas y socialistas: los enfermos &ldquo;faltos de disciplina (eran a la vez) cultores de esas nuevas ideas sociales que todo lo desquician&rdquo;. La Revoluci&oacute;n Rusa, record&eacute;moslo, casi terminaba de ocurrir.</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">A los pocos d&iacute;as de la huelga de enfermos, el Consejo de la Asistencia P&uacute;blica acept&oacute; la renuncia del Director Loriente y design&oacute; en su lugar a un m&eacute;dico probablemente conciliador, F&eacute;lix Angel Olivera, Director del Hospital Vilardeb&oacute;. Pero el resto de las medidas adoptadas por el Consejo indica que la obsesi&oacute;n disciplinante y represora hab&iacute;a ganado al poder m&eacute;dico y al Estado enfrentados a las &ldquo;masas ignorantes&rdquo;: se solicit&oacute; al Presidente de la Rep&uacute;blica mantener importantes fuerzas policiales de custodia en el Hospital en previsi&oacute;n de nuevos des&oacute;rdenes y huelgas de enfermos; se prohibieron &ldquo;hasta nueva orden las visitas a los enfermos, salvo a aquellos que a juicio del m&eacute;dico se encuentren en inmediato peligro&rdquo; y, por fin, se prohibieron tambi&eacute;n &ldquo;hasta nueva orden las salidas de los enfermos, excepci&oacute;n hecha de las altas&rdquo;(<a name="31-"></a><a href="#31">31</a>).</font></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">La salud hab&iacute;a triunfado sobre la enfermedad, las disciplinas sobre la anarqu&iacute;a, la moral sobre el jolgorio. El contenido de &ldquo;ordenamiento&rdquo; del alma de aquella salud nunca qued&oacute;, tal vez, tan de manifiesto.</font></p>  <font face="Verdana" size="2">      <br>  </font>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">    <br>  </font>  </p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Arial;" lang="es-ES"></p>      <p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"> <font size="2">    <br>  </font>  </p>      <!-- ref --><p style="margin-bottom: 0cm; font-family: Verdana;" lang="es-ES"><a name="1"> <font size="2"></font></a><font size="2"><a href="#1-">1</a>. Este texto reproduce en algunas de sus partes a mis libros sobre Medicina y Sociedad en el Uruguay del Novecientos, Tomo I: El poder de curar, Montevideo, Banda Oriental, 1992; Tomo II La ortopedia de los pobres, Montevideo, Banda Oriental, 1993; Tomo III: La invenci&oacute;n del cuerpo, Montevideo, Banda Oriental, 1995.    <br>      <!-- ref --><br>  <a name="2"></a><a href="#2-">2</a>. Soca F. Selecci&oacute;n de discursos. Montevideo: Biblioteca Artigas; 1972. p. CXLVII y CXLIX. (Colecci&oacute;n de Cl&aacute;sicos Uruguayos, Tomo I).    <br>      <br>  <a name="3"></a><a href="#3-">3</a>. Pou Orfila J. Vol. 1, L&oacute;gica y Pedagog&iacute;as M&eacute;dicas. Montevideo: Pe&ntilde;a; 1915. p. 31-34.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>      <br>  <a name="4"></a><a href="#4-">4</a>. Hericourt J. L&rsquo;hygiene moderne. Paris: Flammarion; 1907, p. 91-101. Traducci&oacute;n del franc&eacute;s del autor.    <br>      <br>  <a name="5"></a><a href="#5-">5</a>. Legnani M. Catecismo de higiene. Montevideo: Dornaleche; 1917. p. 171-74.    <br>      <!-- ref --><br>  <a name="6"></a><a href="#6-">6</a>. Citados en: Barr&aacute;n JP. Medicina y sociedad en el Uruguay del Novecientos. Vol. 3, La invenci&oacute;n del cuerpo. Montevideo: Banda Oriental; 1995. pp. 176    <br>      <br>  <a name="7"></a><a href="#7-">7</a>. Caviglia L C. Estudios sobre la realidad nacional. Montevideo: Urta y Curbelo; 1952. Art&iacute;culo en &ldquo;La Defensa&rdquo; del 15 de setiembre de 1926.    <br>      <!-- ref --><br>  <a name="8"></a><a href="#8-">8</a>. Par&aacute;nhos, Ulyses. Impresiones platenses. Bol Cons Nac Hig Urug. nov. 1916: 540-44.    <br>      <!-- ref --><br>  <a name="9"></a><a href="#9-">9</a>. Uruguay. Sifilicomio Nacional. Resumen de la reacci&oacute;n de Wassermann. Bol Cons Nac Hig Urug. Junio, 1915: 287-91.    <br>      <!-- ref --><br>  <a name="10"></a><a href="#10-">10</a>. Brignole, A. Cartilla sobre la tuberculosis. Bol Cons Nac Hig Urug. abril 1918: 198-99.    <br>      <!-- ref --><br>  <a name="11"></a><a href="#11-">11</a>. Liga Uruguaya contra la Tuberculosis. La Tuberculosis. Montevideo, s.n; marzo 1908, p 85-86.    <br>      <!-- ref --><br>  <a name="12"></a><a href="#12-">12</a>. Bardet JP, Bourdelais P, Guillaume P, Lebrun F, Qu&eacute;tel C. Peurs et terreurs face a la contagion. Paris: Fayard; 1988, p. 236-37.    <br>      <!-- ref --><br>  <a name="13"></a><a href="#13-">13</a>. Reglas higi&eacute;nicas principales para el tratamiento de la tuberculosis. Bol Cons Nac Hig Urug. abril 1918: 199 -200.    <br>      <!-- ref --><br>  <a name="14"></a><a href="#14-">14</a>. Pabell&oacute;n de graves. Bol Cons Nac Hig Urug, oct 1911. p. 505-6.    <br>      <!-- ref --><br>  <a name="15"></a><a href="#15-">15</a>. Bol Cons Nac Hig Urug, agosto 1926, p. 491- 492. [Sin m&aacute;s datos]    <br>      <!-- ref --><br>  <a name="16"></a><a href="#16-">16</a>. En el Hospital Ferm&iacute;n Ferreira. Una Huelga de enfermos. El D&iacute;a, diario de Montevideo 7 marzo 192: 5 (columnas 4 a 7).    <br>      <br>  <a name="17"></a><a href="#17-">17</a>. Scoseria, J. La asistencia hospitalaria en el Uruguay. Montevideo: El Siglo Ilustrado; s.d. pp.16 &ndash;17.    <br>      <!-- ref --><br>  <a name="18"></a><a href="#18-">18</a>. La Tuberculosis, Montevideo, febrero 1908, pp. 56-57. [sin m&aacute;s datos]    <br>      <!-- ref --><br>  <a name="19"></a><a href="#19-">19</a>. La Tuberculosis, Montevideo, marzo 1908, pp. 86-87. [sin m&aacute;s datos]    <br>      <!-- ref --><br>  <a name="20"></a><a href="#20-">20</a>. Hospital de Caridad de Montevideo. Advertencia- Instrucciones para los enfermeros, enfermeras, sirvientes, sirvientas y peones del Hospital de Caridad de Montevideo, 1901. [sin pie de imprenta]    <br>      <!-- ref --><br>  <a name="21"></a><a href="#21-">21</a>. Comisi&oacute;n de Caridad y Beneficiencia de Soriano. Reglamento del Hospital de Mercedes aprobado por el Ministro de Gobierno. Mercedes: El Diario; 1899.    <br>      <!-- ref --><br>  <a name="22"></a><a href="#22-">22</a>. Hospital-Sanatorio Espa&ntilde;ol. Reglamento Interno. Montevideo: La Liguria; 1917.    <br>      <!-- ref --><br>  <a name="23"></a><a href="#23-">23</a>. Rodr&iacute;guez SB. Cartilla sobre la Tuberculosis y Nociones de Higiene Preventiva escrita expresamente para uso de las escuelas y del Pueblo en general. Montevideo: El Siglo Ilustrado; 1909.    <br>      <!-- ref --><br>  <a name="24"></a><a href="#24-">24</a>. Quetel C. Le mal de Naples: histoire de la Syphilis. Paris: Seghers; 1986. p. 180-81.    <br>      <!-- ref --><br>  <a name="25"></a><a href="#25-">25</a>. Rodr&iacute;guez JA. Profilaxis de la s&iacute;filis en el Uruguay. En: Primer Congreso M&eacute;dico Nacional. Montevideo: El Siglo Ilustrado; 1917. p. 310-15.    <br>      <!-- ref --><br>  <a name="26"></a><a href="#26-">26</a>. Consejo Nacional de Higiene. Profilaxia de las enfermedades ven&eacute;reo-sifil&iacute;ticas. Montevideo: El Siglo Ilustrado; 1906.    <br>      <!-- ref --><br>  <a name="27"></a><a href="#27-">27</a>. Fournier M. Para nuestros j&oacute;venes: Instituto Profil&aacute;ctico de la S&iacute;filis. Montevideo: Pe&ntilde;a Hnos; 1922.    <br>      <br>  <a name="28"></a><a href="#28-">28</a>. [Publicaciones de la &iacute;ndole de &ldquo;Para nuestros j&oacute;venes, cuando tengan 18 a&ntilde;os]. Bol Cons Nac Hig Urug; dic 1924: 811-12.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>      <!-- ref --><br>  <a name="29"></a><a href="#29-">29</a>. Rodr&iacute;guez JA. Profilaxis de la s&iacute;filis en el Ej&eacute;rcito, Armada y Polic&iacute;as del Uruguay. Montevideo: Mari&ntilde;o; 1919. p.9-10.    <br>      <!-- ref --><br>  <a name="30"></a><a href="#30-">30</a>. Legnani M. A prop&oacute;sito de la reinfecci&oacute;n sifil&iacute;tica. An. Fac. Med. Montev. Agos-set 1916; p.462.    <br>      <br>  <a name="31"></a><a href="#31-">31</a>. &ldquo;La Tribuna Popular&rdquo;, diario de Montevideo, 7 marzo 1922 p.1, cs 4 a 6; 11 marzo, p.1, cs. 4 y 5; 17 marzo, p.1, c.5 [cita del autor].    <br>      <br>  32. &ldquo;El D&iacute;a&rdquo;, diario de Montevideo, 7 marzo 1922, p. 5, cs. 4 a 6; 14 marzo, p. 6, c. 2 [cita del autor].</font></p>      <div id="sdfootnote31">     <p style="font-family: Arial;"></p>  </div>      ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<label>1</label><nlm-citation citation-type="">
<source><![CDATA[Medicina y Sociedad en el Uruguay del Novecientos]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<label>2</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Soca]]></surname>
<given-names><![CDATA[F]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Selección de discursos]]></source>
<year>1972</year>
<volume>I</volume>
<page-range>CXLVII y CXLIX</page-range><publisher-loc><![CDATA[Montevideo ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Biblioteca Artigas]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<label>3</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Pou Orfila]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Lógica y Pedagogías Médicas]]></source>
<year>1915</year>
<volume>1</volume>
<page-range>31-34</page-range><publisher-loc><![CDATA[Montevi ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Peña]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<label>4</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Hericourt]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[L&rsquo;hygiene moderne]]></source>
<year>1907</year>
<page-range>91-101</page-range><publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Flammarion]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<label>5</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Legnani]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Catecismo de higiene]]></source>
<year>1917</year>
<page-range>171-74</page-range><publisher-loc><![CDATA[Montevideo ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Dornaleche]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<label>6</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Barrán]]></surname>
<given-names><![CDATA[JP]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Medicina y sociedad en el Uruguay del Novecientos]]></source>
<year></year>
<volume>3</volume>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<label>7</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Caviglia]]></surname>
<given-names><![CDATA[L C]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Estudios sobre la realidad nacional]]></source>
<year>1952</year>
<publisher-loc><![CDATA[Montevideo ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Urta y Curbelo]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<label>8</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Paránhos]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ulyses]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Impresiones platenses]]></article-title>
<source><![CDATA[Bol Cons Nac Hig Urug]]></source>
<year>nov.</year>
<month> 1</month>
<day>91</day>
<page-range>540-44</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<label>9</label><nlm-citation citation-type="journal">
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Uruguay. Sifilicomio Nacional: Resumen de la reacción de Wassermann]]></article-title>
<source><![CDATA[Bol Cons Nac Hig Urug]]></source>
<year>Juni</year>
<month>o,</month>
<day> 1</day>
<page-range>287-91</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<label>10</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Brignole]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Cartilla sobre la tuberculosis]]></article-title>
<source><![CDATA[Bol Cons Nac Hig Urug]]></source>
<year>abri</year>
<month>l </month>
<day>19</day>
<page-range>198-99</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<label>11</label><nlm-citation citation-type="">
<collab>Liga Uruguaya contra la Tuberculosis</collab>
<source><![CDATA[La Tuberculosis]]></source>
<year>marz</year>
<month>o </month>
<day>19</day>
<page-range>85-86</page-range><publisher-loc><![CDATA[Montevideo ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<label>12</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Bardet]]></surname>
<given-names><![CDATA[JP]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Bourdelais]]></surname>
<given-names><![CDATA[P]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Guillaume]]></surname>
<given-names><![CDATA[P]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Lebrun]]></surname>
<given-names><![CDATA[F]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Quétel]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Peurs et terreurs face a la contagion]]></source>
<year>1988</year>
<page-range>236-37</page-range><publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Fayard]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<label>13</label><nlm-citation citation-type="journal">
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Reglas higiénicas principales para el tratamiento de la tuberculosis]]></article-title>
<source><![CDATA[Bol Cons Nac Hig Urug]]></source>
<year>abri</year>
<month>l </month>
<day>19</day>
<page-range>199 -200</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<label>14</label><nlm-citation citation-type="journal">
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Pabellón de graves]]></article-title>
<source><![CDATA[Bol Cons Nac Hig Urug]]></source>
<year>oct </year>
<month>19</month>
<day>11</day>
<page-range>505-6</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<label>15</label><nlm-citation citation-type="journal">
<source><![CDATA[Bol Cons Nac Hig Urug]]></source>
<year>agos</year>
<month>to</month>
<day> 1</day>
<page-range>491- 492</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<label>16</label><nlm-citation citation-type="">
<source><![CDATA[En el Hospital Fermín Ferreira: Una Huelga de enfermos]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<label>17</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Scoseria]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La asistencia hospitalaria en el Uruguay]]></source>
<year></year>
<page-range>16 -17</page-range><publisher-loc><![CDATA[Montevideo ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B18">
<label>18</label><nlm-citation citation-type="">
<source><![CDATA[La Tuberculosis]]></source>
<year>febr</year>
<month>er</month>
<day>o </day>
<page-range>56-57</page-range><publisher-loc><![CDATA[Montevideo ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B19">
<label>19</label><nlm-citation citation-type="">
<source><![CDATA[La Tuberculosis]]></source>
<year>marz</year>
<month>o </month>
<day>19</day>
<page-range>86-87</page-range><publisher-loc><![CDATA[Montevideo ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B20">
<label>20</label><nlm-citation citation-type="">
<source><![CDATA[Hospital de Caridad de Montevideo: Advertencia- Instrucciones para los enfermeros, enfermeras, sirvientes, sirvientas y peones del Hospital de Caridad de Montevideo]]></source>
<year>1901</year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B21">
<label>21</label><nlm-citation citation-type="book">
<source><![CDATA[Comisión de Caridad y Beneficiencia de Soriano: Reglamento del Hospital de Mercedes aprobado por el Ministro de Gobierno]]></source>
<year>1899</year>
<publisher-loc><![CDATA[Mercedes ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[El Diario]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B22">
<label>22</label><nlm-citation citation-type="book">
<collab>Hospital-Sanatorio Español</collab>
<source><![CDATA[Reglamento Interno]]></source>
<year>1917</year>
<publisher-loc><![CDATA[Montevideo ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[La Liguria]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B23">
<label>23</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rodríguez]]></surname>
<given-names><![CDATA[SB]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Cartilla sobre la Tuberculosis y Nociones de Higiene Preventiva escrita expresamente para uso de las escuelas y del Pueblo en general]]></source>
<year>1909</year>
<publisher-loc><![CDATA[Montevideo ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[El Siglo Ilustrado]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B24">
<label>24</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Quetel]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Le mal de Naples: histoire de la Syphilis]]></source>
<year>1986</year>
<page-range>180-81</page-range><publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Seghers]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B25">
<label>25</label><nlm-citation citation-type="confpro">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rodríguez]]></surname>
<given-names><![CDATA[JA]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Profilaxis de la sífilis en el Uruguay]]></article-title>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1917</year>
<conf-name><![CDATA[ Primer Congreso Médico Nacional]]></conf-name>
<conf-loc> </conf-loc>
<page-range>310-15</page-range><publisher-loc><![CDATA[Montevideo ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[El Siglo Ilustrado]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B26">
<label>26</label><nlm-citation citation-type="book">
<collab>Consejo Nacional de Higiene</collab>
<source><![CDATA[Profilaxia de las enfermedades venéreo-sifilíticas]]></source>
<year>1906</year>
<publisher-loc><![CDATA[Montevideo ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[El Siglo Ilustrado]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B27">
<label>27</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Fournier]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Para nuestros jóvenes: Instituto Profiláctico de la Sífilis]]></source>
<year>1922</year>
<publisher-loc><![CDATA[Montevideo ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Peña Hnos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B28">
<label>28</label><nlm-citation citation-type="journal">
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[(Publicaciones de la índole de &ldquo;Para nuestros jóvenes, cuando tengan 18 años)]]></article-title>
<source><![CDATA[Bol Cons Nac Hig Urug]]></source>
<year>dic </year>
<month>19</month>
<day>24</day>
<page-range>811-12</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B29">
<label>29</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rodríguez]]></surname>
<given-names><![CDATA[JA]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Profilaxis de la sífilis en el Ejército, Armada y Policías del Uruguay]]></source>
<year>1919</year>
<page-range>9-10</page-range><publisher-loc><![CDATA[Montevideo ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Mariño]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B30">
<label>30</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Legnani]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[A propósito de la reinfección sifilítica]]></article-title>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>Agos</year>
<month>-s</month>
<day>et</day>
<page-range>462</page-range><publisher-loc><![CDATA[Montev ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Fac. Med]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B31">
<label>31</label><nlm-citation citation-type="">
<source><![CDATA[&ldquo;La Tribuna Popular&rdquo;: diario de Montevideo]]></source>
<year>7 ma</year>
<month>rz</month>
<day>o </day>
<page-range>1</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B32">
<label>32</label><nlm-citation citation-type="">
<source><![CDATA[&ldquo;El Día&rdquo;: diario de Montevideo]]></source>
<year>7 ma</year>
<month>rz</month>
<day>o </day>
<page-range>5</page-range></nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
