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</front><body><![CDATA[    <basefont size="3"> <multicol gutter="18" cols="2"></multicol>     <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><b>Revisi&oacute;n&nbsp;</b></font></p>       <p align="left"><b><font face="Verdana" size="4"> Almanac 2012: Las Revistas de las Sociedades Nacionales presentan investigaciones seleccionadas que han determinado recientes avances en la cardiolog&iacute;a cl&iacute;nica&nbsp;</font></b></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> Scores de Riesgo Cardiovascular&nbsp;</font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> Jill P Pell    <br>   Este art&iacute;culo fue publicado en Heart 2012;98:1272-1277. doi:10.1136/heartjnl-2012-302143, y es reproducido y traducido con autorizaci&oacute;n</font><font face="Candara" size="2">    <br>   </font>   <basefont size="3"></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> Correspondencia: Jill P Pell, Institute of Health and Wellbeing, University of Glasgow, 1 Lilybank Gardens, Glasgow G12 8RZ, UK; jill.pell@glasgow.ac.uk    <br>   Sin conflicto de intereses.    <br>   Revisado externamente por encargo.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Aceptado el 10 de abril de 2012. Publicado primero en l&iacute;nea.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2">&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> Los scores de riesgo global utilizan niveles de informaci&oacute;n individual sobre factores no modificables (como edad, g&eacute;nero, factores &eacute;tnicos e historia familiar) y factores modificables (como tabaquismo y presi&oacute;n arterial) para predecir el riesgo absoluto individual de un evento adverso durante un per&iacute;odo de tiempo determinado. Los scores de riesgo cardiovascular tienen dos usos mayores en la pr&aacute;ctica. En primer lugar, pueden ser utilizados para clasificar individuos en forma dicot&oacute;mica, en un grupo cuyo riesgo basal, y por lo tanto el beneficio absoluto potencial, es suficientemente alto como para justificar los costos y riesgos asociados con una intervenci&oacute;n (sea &eacute;sta tratamiento o prevenci&oacute;n), y un grupo de riesgo absoluto bajo para quienes la intervenci&oacute;n no estar&iacute;a indicada. En segundo t&eacute;rmino pueden ser utilizados para evaluar la efectividad de una intervenci&oacute;n (como la cesaci&oacute;n de tabaco o el tratamiento antihipertensivo) en la reducci&oacute;n del riesgo individual de eventos adversos futuros. En este contexto pueden ser &uacute;tiles para informar a los pacientes, motiv&aacute;ndolos a cambiar sus estilos de vida, reforzando la importancia de la adherencia a los tratamientos.&nbsp; </font></p>   <font face="Verdana" size="2">       <br>   </font>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> <b>&iquest;C&oacute;mo han evolucionado los scores de riesgo?&nbsp;</b> </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> En el transcurso del tiempo nuestro conocimiento sobre la mejor manera de medir y responder al riesgo ha evolucionado. Hist&oacute;ricamente, los factores de riesgo individuales eran medidos y manejados en forma aislada. Pero este abordaje ha sido reemplazado por los scores de riesgo global que calculan el riesgo total en base a una serie de factores. Adem&aacute;s, el uso sistem&aacute;tico de los scores de riesgo entre las personas que acuden a los profesionales sanitarios ha sido sustituido por un uso creciente ya sea para la detecci&oacute;n masiva o selectiva en poblaciones en situaci&oacute;n de riesgo, en un esfuerzo por identificar las necesidades insatisfechas y reducir las desigualdades en salud. La integraci&oacute;n de calculadoras de riesgo a los paquetes de software administrativos, as&iacute; como su disponibilidad en internet, han incrementado su accesibilidad para los m&eacute;dicos del primer nivel de asistencia en el Reino Unido </font><sup> <font face="Verdana" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#1">1</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".1"></a>. Recientemente se ha ampliado el alcance de los scores de riesgo a otras condiciones m&aacute;s all&aacute; de la enfermedad coronaria, como insuficiencia card&iacute;aca y diabetes mellitus. Asimismo, en la medida en que se han identificado nuevos biomarcadores para la enfermedad cardiovascular, han proliferado los estudios que analizan si estos pueden a&ntilde;adir valor a los scores existentes. Finalmente se han identificado genes asociados a condiciones cardiovasculares, por lo que los investigadores tratan de definir si podr&iacute;an desempe&ntilde;ar un papel en la predicci&oacute;n del riesgo, ya sea de forma aislada o en combinaci&oacute;n con factores tradicionales.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> Nuestro enfoque en la evaluaci&oacute;n del desempe&ntilde;o de los scores de riesgo tambi&eacute;n ha evolucionado con el tiempo. Inicialmente los m&eacute;todos se adoptaron a partir de la evaluaci&oacute;n de los tests de screening, utilizando medidas de discriminaci&oacute;n tales como la sensibilidad y la especificidad. Como muchos de los modelos predictivos pueden ser expresados como variables continuas, creci&oacute; el inter&eacute;s por la evaluaci&oacute;n de los modelos de predicci&oacute;n a trav&eacute;s de toda la gama de valores. Esto se logr&oacute; mediante la representaci&oacute;n gr&aacute;fica de la sensibilidad frente a 1-especificidad para todos los valores, para producir una curva de caracter&iacute;stica de funcionamiento del receptor, (ROC - <i>receiver operating characteristic</i>). El &aacute;rea bajo la curva ROC, tambi&eacute;n conocida como estad&iacute;stica c, var&iacute;a de 0,5 (sin capacidad predictiva) a 1,0 (discriminaci&oacute;n perfecta). Para su uso en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica o en salud p&uacute;blica, una medida continua de riesgo debe ser reducida a dos o m&aacute;s categor&iacute;as; en este sentido, la curva ROC es &uacute;til para determinar los mejores valores de corte. Recientemente, los investigadores han utilizado la reclasificaci&oacute;n de los grupos de riesgo para comparar el rendimiento discriminatorio de scores de riesgo diferentes. Los resultados pueden presentarse simplemente como el porcentaje total de pacientes reclasificados en un grupo de riesgo diferente; pero la medida preferida es el &iacute;ndice de reclasificaci&oacute;n neta, que se calcula a partir de: (proporci&oacute;n de casos que pasan a una categor&iacute;a de riesgo mayor - proporci&oacute;n de casos que pasan a una categor&iacute;a de riesgo menor) - (proporci&oacute;n de controles que pasan a una categor&iacute;a de riesgo mayor - proporci&oacute;n de controles que pasan a una categor&iacute;a de riesgo menor).&nbsp; </font></p>   <font face="Verdana" size="2">       <br>   </font>       <p>&nbsp;</p>   <multicol gutter="18" cols="2"></multicol>     <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><b>&iexcl;Ciento diez maneras de medir riesgo!&nbsp;</b> </font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font face="Verdana" size="2"> Hist&oacute;ricamente, los scores de riesgo cardiovascular se han centrado en la enfermedad coronaria; ya sea en la predicci&oacute;n del riesgo de eventos adversos en la poblaci&oacute;n general, o en los pacientes con enfermedad establecida, como los que presentan s&iacute;ndrome coronario agudo. En la actualidad hay 110 scores de riesgo cardiovascular diferentes que se han desarrollado para su utilizaci&oacute;n en la poblaci&oacute;n general </font><sup> <font face="Verdana" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#2">2</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".2"></a>. Los scores de riesgo m&aacute;s recientes, como ASSIGN (ASsessing cardiovascular risk using SIGN) y QRISK (algoritmo QRESEARCH de riesgo cardiovascular), difieren de los dem&aacute;s scores al incorporar la situaci&oacute;n socioecon&oacute;mica deficitaria y los antecedentes familiares en el c&aacute;lculo de riesgo global </font><sup> <font face="Century Schoolbook" size="2"> (</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#3">3</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">-</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#5">5</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2">.<a name=".3"></a><a name=".4"></a><a name=".5"></a> Como resultado de ello, se ha logrado sortear algunas de las limitaciones que tienen los scores de riesgo, que tienden a introducir un sesgo socioecon&oacute;mico en la detecci&oacute;n y tratamiento de las enfermedades cardiovasculares <sup>(</sup></font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#4"><font face="Verdana"><sup>4</sup></font></a></font><font face="Verdana" size="2"><sup>)</sup>. Sin embargo, el rendimiento de todos los scores de riesgo depende de la facilidad para ingresar los datos de manera confiable. En un estudio reciente, en el que se analizaron seis scores de riesgo en la pr&aacute;ctica general, De la Iglesia y colaboradores <sup>(</sup></font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#4"><font face="Verdana"><sup>4</sup></font></a></font><font face="Verdana" size="2"><sup>)</sup> destacaron la falta de datos, especialmente en relaci&oacute;n con la historia familiar.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> El conocimiento y la aplicaci&oacute;n de los scores de riesgo pueden traducirse en un mejor nivel de prescripci&oacute;n, y, por ende, en reducci&oacute;n de riesgo </font><sup> <font face="Verdana" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#6">6</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".6"></a>. Sin embargo, en una revisi&oacute;n sistem&aacute;tica reciente, Liew y colaboradores </font><sup> <font face="Century Schoolbook" size="2"> (</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#7">7</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)<a name=".7"></a> </font> </sup><font face="Verdana" size="2">pusieron en evidencia una serie de problemas en el desarrollo de los scores de riesgo, que incluyen la falta de estandarizaci&oacute;n en la medici&oacute;n de los indicadores de riesgo y sus resultados, y la falla de la mayor&iacute;a de los estudios en la construcci&oacute;n de nuevos scores de riesgo que tengan en cuenta a las personas que ya est&aacute;n tomando medicamentos que modifican su riesgo, como los antihipertensivos y los hipolipemiantes. Esto &uacute;ltimo puede ser enga&ntilde;oso, ya que la prevenci&oacute;n primaria deber&iacute;a, idealmente, estar dirigida a individuos antes de presentar los factores de riesgo y de padecer enfermedades prematuras. Una de las limitaciones de los scores de riesgo existentes, basados en eventos durante un per&iacute;odo de tiempo determinado, generalmente de diez a&ntilde;os, es que el resultado est&aacute; fuertemente influenciado por la edad. Por lo tanto, es poco probable que las personas j&oacute;venes alcancen el umbral para la intervenci&oacute;n. Una forma de salvar este problema es utilizar el c&aacute;lculo de riesgo de por vida en lugar de la probabilidad de eventos a lo largo de un per&iacute;odo determinado. Recientemente, Hippisley-Cox y colaboradores </font><sup> <font face="Century Schoolbook" size="2"> (</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#8">8</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".8"></a> compararon la utilizaci&oacute;n del score QRisk2 reportado como el riesgo de por vida de padecer enfermedad cardiovascular (en t&eacute;rminos de percentiles por edad y sexo espec&iacute;ficos), con el c&aacute;lculo presentado como riesgo durante un per&iacute;odo de diez a&ntilde;os. El primero identifica una mayor proporci&oacute;n de individuos j&oacute;venes en riesgo de eventos futuros. Asimismo, clasifica una mayor proporci&oacute;n de personas pertenecientes a grupos &eacute;tnicos minoritarios y con historia familiar positiva en niveles de mayor riesgo. Ambos factores est&aacute;n asociados con un aumento del riesgo de eventos cardiovasculares prematuros. Si bien la identificaci&oacute;n temprana y la prevenci&oacute;n constituyen una situaci&oacute;n ideal, la medici&oacute;n de riesgo de una poblaci&oacute;n joven no seleccionada resulta menos costo-efectiva.<s>&nbsp;</s> </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> La aplicaci&oacute;n de scores de riesgo para pacientes con s&iacute;ndrome coronario agudo se ha consolidado tanto en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica como en la investigaci&oacute;n. En un documento reciente, Bueno y Fern&aacute;ndez-Avil&eacute;s </font><sup> <font face="Verdana" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#9">9</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".9"></a> revisaron 11 scores de riesgo desarrollados para la predicci&oacute;n de eventos adversos despu&eacute;s de un s&iacute;ndrome coronario agudo. De estos, el score GRACE (Global Registry of Acute Coronary Events) y el score TIMI (Thrombolysis in Myocardial Infarction) son los scores de riesgo que han sido m&aacute;s ampliamente adoptados. Recientemente, Fox y colaboradores </font><sup><font face="Century Schoolbook" size="2"> (</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#10">10</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".10"></a> revisaron la magnitud de la validaci&oacute;n y adopci&oacute;n del escore GRACE desde su implementaci&oacute;n en el a&ntilde;o 2003. Hasta la fecha, el score de riesgo GRACE ha sido validada externamente en 67 estudios individuales que incluyen por lo menos 500 pacientes con s&iacute;ndrome coronario agudo (infartos con o sin elevaci&oacute;n del segmento ST). Esta herramienta funciona adecuadamente en el escenario cl&iacute;nico y tiene una buena performance cuando se compara con otras puntuaciones de riesgo. Por lo tanto, ha sido incorporado a muchas gu&iacute;as de pr&aacute;ctica cl&iacute;nica, incluidas las producidas por la European Society of Cardiology, American College of Cardiologists, American Heart Association, Scottish Intercollegiate Guidelines Network y el National Institute for Health and Clinical Excellence.&nbsp; </font></p>   <font face="Verdana" size="2">       <br>   </font>       <p> <multicol gutter="18" cols="2"></multicol></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><b>&iquest;Hacia d&oacute;nde apuntan los scores de riesgo?&nbsp;</b> </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> La atenci&oacute;n se centra ahora en la ampliaci&oacute;n del uso de los scores de riesgo m&aacute;s all&aacute; de la enfermedad coronaria. Dos estudios recientes han dise&ntilde;ado scores de riesgo para pacientes con insuficiencia card&iacute;aca. El HF-Action (Heart Failure: A Controlled Trial Investigating Outcomes of Exercise TraiNing) es un score de riesgo que se desarroll&oacute; utilizando una cohorte de pacientes con insuficiencia card&iacute;aca cr&oacute;nica y disfunci&oacute;n sist&oacute;lica </font><sup> <font face="Verdana" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#11">11</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".11"></a>. El score de riesgo surge de la informaci&oacute;n sobre la duraci&oacute;n del ejercicio, el nitr&oacute;geno ureico s&eacute;rico, el &iacute;ndice de masa corporal y el sexo, y ha demostrado un buen desempe&ntilde;o en la predicci&oacute;n de muerte por cualquier causa dentro del a&ntilde;o de seguimiento. En el decil m&aacute;s alto de puntuaci&oacute;n de riesgo murieron 19% de los pacientes, en comparaci&oacute;n con el 2% en el decil m&aacute;s bajo. Este score alcanz&oacute; valores de estad&iacute;stica c de 0,73 (&aacute;rea bajo la curva ROC). El GWTG-HR (Get With The Guidelines - Heart Failure) es un score de riesgo que se desarroll&oacute; utilizando una cohorte de pacientes hospitalizados por insuficiencia card&iacute;aca </font><sup> <font face="Century Schoolbook" size="2"> (</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#12">12</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".12"></a>. Los factores incluidos fueron edad, presi&oacute;n arterial sist&oacute;lica, nitr&oacute;geno de urea en sangre, frecuencia card&iacute;aca, sodio, enfermedad pulmonar obstructiva cr&oacute;nica concomitante y la raza. El riesgo de morir en el hospital fue de 0,4% a 9,7% en los distintos deciles del score de riesgo, obteni&eacute;ndose un buen rendimiento predictivo tanto para los pacientes con funci&oacute;n sist&oacute;lica del ventr&iacute;culo izquierdo preservada como disminuida. El valor de estad&iacute;stica c fue de 0,75 para ambos grupos.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> La prevalencia creciente de diabetes tipo II ha generado la necesidad de dirigir los esfuerzos de prevenci&oacute;n y detecci&oacute;n en las personas con esta condici&oacute;n. Van Dieren y colaboradores </font><sup> <font face="Verdana" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#13">13</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".13"></a> realizaron una revisi&oacute;n sistem&aacute;tica de los estudios publicados entre 1966 y 2011, que desarrollaron scores de riesgo cardiovascular para pacientes con diabetes mellitus tipo II. De los 45 resultados obtenidos, solo 12 fueron construidos originalmente de una cohorte de personas con diabetes, y de estos solo dos se limitaron a pacientes en los que la diabetes hab&iacute;a sido recientemente diagnosticada. Solo nueve estudios informaron el valor de estad&iacute;stica c. Seis resultados se hab&iacute;an sometido a validaci&oacute;n interna y seis fueron objeto de validaci&oacute;n externa. Dos estudios no tuvieron validaci&oacute;n interna ni externa. Los autores identificaron 33 estudios adicionales que fueron construidos a partir de la poblaci&oacute;n general, pero inclu&iacute;an la diabetes como un factor predictivo. Solo 12 hab&iacute;an sido validados internamente y solo ocho fueron validados externamente en una poblaci&oacute;n con diabetes. Dada la prevalencia en aumento de la diabetes tipo II y su creciente contribuci&oacute;n a la enfermedad cardiovascular, se requiere m&aacute;s investigaci&oacute;n en esta &aacute;rea.&nbsp; </font></p>   <font face="Verdana" size="2">       <br>   </font>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> <b>&iquest;Agregan valor los biomarcadores?&nbsp;</b> </font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font face="Verdana" size="2"> Varios estudios publicados recientemente han examinado si la adici&oacute;n de marcadores biol&oacute;gicos mejora el rendimiento de los scores de riesgo en la poblaci&oacute;n general. Estos estudios tienen como objetivo com&uacute;n mejorar la discriminaci&oacute;n en el subgrupo de individuos categorizados como de riesgo intermedio (10-20% de riesgo de un evento adverso en diez a&ntilde;os). Melander y colaboradores </font><sup> <font face="Verdana" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#14">14</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".14"></a> han evaluado el valor agregado de un panel de biomarcadores, la prote&iacute;na C reactiva (PCR), la cistatina C, la lipoprote&iacute;na asociada a fosfolipasa A2 (Lp-PLA2), la pro adrenomedullin (MR-proADM), el pro-p&eacute;ptido atrial natriur&eacute;tico y el NT-proBNP, en la predicci&oacute;n de eventos cardiovasculares en una cohorte de poblaci&oacute;n sueca. Se observ&oacute; un aumento no significativo en el valor de estad&iacute;stica c. En relaci&oacute;n con la predicci&oacute;n de eventos cardiovasculares, 8% fueron reclasificados en general, pero solo 1% se pas&oacute; a la categor&iacute;a de alto riesgo. No hubo reclasificaci&oacute;n neta. En el grupo de riesgo intermedio, la adici&oacute;n de marcadores biol&oacute;gicos gener&oacute; la reclasificaci&oacute;n de 16% de individuos, pero solo 3% se traslad&oacute; al grupo de alto riesgo. El beneficio sobre la reclasificaci&oacute;n neta fue de 7,4%. No obstante, este efecto sobre la clasificaci&oacute;n se logr&oacute; a expensas de un traslado de pacientes hacia categor&iacute;as de menor riesgo, en lugar de identificar una mayor proporci&oacute;n de individuos de alto riesgo.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> Rana y colaboradores </font><sup> <font face="Verdana" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#15">15</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".15"></a> examinaron el valor adicional de una serie de biomarcadores individuales en la predicci&oacute;n de eventos coronarios de una poblaci&oacute;n del Reino Unido. Los biomarcadores analizados fueron la PCR, la mieloperoxidasa, la paraoxonasa, la fosfolipasa A2 secretora del grupo II A, la Lp-PLA2, el fibrin&oacute;geno, la prote&iacute;na quimiot&aacute;ctica de macr&oacute;fagos 1 y la adiponectina. La reclasificaci&oacute;n fue mayor para la PCR, con una mejora de 12% en la reclasificaci&oacute;n neta total y de 28% en el grupo intermedio. Zethelius y colaboradores </font><sup> <font face="Century Schoolbook" size="2"> (</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#16">16</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".16"></a> evaluaron el valor agregado de cuatro biomarcadores (troponina I, NT-proBNP, la cistatina C y la PCR) aplicados a una cohorte masculina de ancianos suecos. La adici&oacute;n de los cuatro biomarcadores aument&oacute; significativamente el valor bajo la curva ROC (estad&iacute;stica c) de 0,66 a 0,77. Se inform&oacute; de una mejor&iacute;a del orden de 26% en la reclasificaci&oacute;n neta general. Los estudios hasta la fecha se&ntilde;alan que los biomarcadores pueden mejorar la discriminaci&oacute;n de riesgo cuando se a&ntilde;aden a los scores existentes. Sin embargo, su uso tiene consecuencias financieras y log&iacute;sticas, particularmente si se aplican a gran escala. Se necesitan m&aacute;s investigaciones sobre la relaci&oacute;n costo-eficacia de a&ntilde;adir marcadores a los scores de riesgo existentes, en particular en relaci&oacute;n con el screening de la poblaci&oacute;n general.&nbsp; </font></p>       <p>&nbsp;</p>   <multicol gutter="18" cols="2"></multicol>     <p align="left"><font face="Verdana" size="2">Lorgis y colaboradores </font><sup> <font face="Verdana" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#17">17</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".17"></a> demostraron que la adici&oacute;n de NT-proBNP al score de riesgo GRACE puede mejorar su valor pron&oacute;stico en los pacientes con s&iacute;ndrome coronario agudo. Los pacientes con un puntaje alto en el score GRACE sumado a niveles elevados de NT-proBNP tuvieron un riesgo de 50% de morir durante el a&ntilde;o de seguimiento. Esto result&oacute; ser seis veces mayor que el grupo de referencia. El agregado de NT-proBNP result&oacute; &uacute;til en todos los grupos de edad, menos en los pacientes obesos, en quienes los niveles de NT-proBNP fueron mucho menores </font><sup> <font face="Century Schoolbook" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#18">18</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".18"></a>. Similares hallazgos se obtuvieron cuando la troponina y el p&eacute;ptido cerebral natriur&eacute;tico se utilizan junto al score TIMI </font><sup> <font face="Century Schoolbook" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#19">19</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".19"></a>. Esto produjo un ligero aumento en el valor de estad&iacute;stica c, pero, como con el NT-proBNP fueron capaces de identificar a un subgrupo del grupo de alto riesgo, seg&uacute;n el escore TIMI, que presentaban un riesgo mucho mayor de eventos adversos, para quienes se recomienda un enfoque terap&eacute;utico agresivo </font><sup> <font face="Century Schoolbook" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#18">18</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2">. Damman y colaboradores </font><sup><font face="Century Schoolbook" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#20">20</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".20"></a> examinaron una cohorte de pacientes sometidos a intervenci&oacute;n coronaria percut&aacute;nea primaria (PCI) para el infarto de miocardio con elevaci&oacute;n del segmento ST. Demostraron que la adici&oacute;n de biomarcadores (glucosa, NT-proBNP y el &iacute;ndice de filtraci&oacute;n glomerular) mejor&oacute; la predicci&oacute;n de mortalidad, dando lugar a un beneficio significativo en la reclasificaci&oacute;n neta (49%, p &lt;0,001) y en la discriminaci&oacute;n integrada (3%, p &lt;0,01).&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> Los scores de riesgo, tales como el CHADS2- VASC2, pueden predecir el riesgo de eventos cerebrovasculares en pacientes con fibrilaci&oacute;n auricular, y se utilizan para informar las decisiones cl&iacute;nicas sobre el uso de la terapia anticoagulante. Se han identificado un n&uacute;mero de biomarcadores que se asocian con la incidencia y el pron&oacute;stico de fibrilaci&oacute;n auricular. En una monograf&iacute;a reciente, Brugts y colaboradores </font><sup> <font face="Verdana" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#21">21</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".21"></a> destacaron la necesidad de seguir investigando para determinar si el uso de estos biomarcadores pueden mejorar los scores de riesgo existentes, y si ofrecen la posibilidad de predicci&oacute;n de riesgo en una etapa anterior, mediante la identificaci&oacute;n de pacientes en riesgo de desarrollar fibrilaci&oacute;n auricular o en riesgo de progresar desde la fase subcl&iacute;nica a una fase permanente de la condici&oacute;n.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> Muchos de los mecanismos fisiopatol&oacute;gicos contribuyen al desarrollo de insuficiencia card&iacute;aca. Avellino y colaboradores </font><sup> <font face="Verdana" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#22">22</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".22"></a> revisaron biomarcadores identificados en relaci&oacute;n con estos mecanismos. Llegaron a la conclusi&oacute;n de que los biomarcadores m&aacute;s prometedores en t&eacute;rminos de estratificaci&oacute;n de riesgo, fueron la Lp-PLA2 (inflamaci&oacute;n), la lipocalina asociada a gelatinasa de los neutr&oacute;filos y la cistatina C (estr&eacute;s renal), polip&eacute;ptido pro col&aacute;geno -1 (remodelaci&oacute;n de la matriz extracelular), BNP, NT-proBNP, MR proADM, el receptor ST2 soluble y copeptina (estr&eacute;s de miocitos card&iacute;acos) y la endotelina 1 (regulaci&oacute;n neurohormonal). Gustav Smith y colaboradores </font><sup><font face="Century Schoolbook" size="2"> (</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#23">23</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"> <a name=".23"></a>demostraron que, en t&eacute;rminos de predicci&oacute;n de nuevos casos de insuficiencia card&iacute;aca y de fibrilaci&oacute;n auricular en una cohorte de la poblaci&oacute;n general, la adici&oacute;n de un panel de biomarcadores pro-p&eacute;ptido natriur&eacute;tico auricular, NT-proBNP, MR-proADM, cistatina C, PCR y copeptina) a factores de riesgo convencionales, mejoraron la discriminaci&oacute;n de riesgo. La mejor&iacute;a en la reclasificaci&oacute;n neta fue de 22% para la insuficiencia card&iacute;aca y de 7% para la fibrilaci&oacute;n auricular. Esta reclasificaci&oacute;n se logr&oacute; a expensas de la identificaci&oacute;n individuos para el grupo de alto riesgo. En una revisi&oacute;n reciente, Ketchum y Levy </font><sup> <font face="Century Schoolbook" size="2"> (</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#24">24</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".24"></a> sugieren que los scores de riesgo tuvieron un papel cada vez m&aacute;s importante en los pacientes con insuficiencia card&iacute;aca avanzada, cuya supervivencia ha mejorado gracias a los avances terap&eacute;uticos y tecnol&oacute;gicos. Plantearon que los scores de riesgo podr&iacute;an ser utilizadas para ayudar a la selecci&oacute;n de pacientes para trasplante, implante de dispositivos de asistencia ventricular izquierda y cardiodesfibriladores implantables. Haines y colaboradores <sup>(25)</sup> desarrollaron un score de riesgo para predecir complicaciones posprocedimiento asociadas al implante de cardiodesfibriladores autom&aacute;ticos. El score de riesgo se basa en diez variables f&aacute;cilmente disponibles: edad, sexo, clase funcional de la NYHA, presencia de fibrilaci&oacute;n auricular, cirug&iacute;a valvular previa, enfermedad pulmonar cr&oacute;nica, nitr&oacute;geno de urea en sangre, reimplante por razones distintas a cambio de la bater&iacute;a, el uso de un dispositivo biventricular y un procedimiento no electivo. El 4% de la poblaci&oacute;n en la categor&iacute;a de mayor riesgo present&oacute; un 8% de riesgo de complicaciones, en comparaci&oacute;n con menos de 1% en el grupo de riesgo m&aacute;s bajo </font><sup> <font face="Century Schoolbook" size="2"> (</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#25">25</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2">.<a name=".25"></a>&nbsp; </font></p>       <p> <multicol gutter="18" cols="2"></multicol></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2">Se ha examinado si las im&aacute;genes no invasivas de los vasos coronarios podr&iacute;an a&ntilde;adir valor a los scores de riesgo existentes </font><sup> <font face="Verdana" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#26">26</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".26"></a>. El score de calcio arterial coronario es un marcador de lesi&oacute;n vascular y se correlaciona con la carga de aterosclerosis sist&eacute;mica </font><sup> <font face="Century Schoolbook" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#25">23</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2">. La TAC coronaria puede detectar placas no calcificadas, as&iacute; como cuantificar su grado de estenosis </font><sup><font face="Century Schoolbook" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#26">26</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2">. Ambos han demostrado ser de valor incremental en la predicci&oacute;n de riesgo de los pacientes sintom&aacute;ticos, pero no disponemos de estudios que demuestren la utilidad de incorporarlos en los scores de riesgo en personas asintom&aacute;ticas. El espesor &iacute;ntima-media carot&iacute;deo es un predictor significativo del riesgo de eventos cardiovasculares en personas sin placas carot&iacute;deas </font><sup> <font face="Century Schoolbook" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#27">27</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".27"></a>. Cuando se combina con la informaci&oacute;n sobre el n&uacute;mero de segmentos con placa para identificar la puntuaci&oacute;n de la carga ateroscler&oacute;tica carot&iacute;dea, el valor de estad&iacute;stica c y el &iacute;ndice de reclasificaci&oacute;n neta mejoran en 6,0% y 17,1%, respectivamente. El costo de la obtenci&oacute;n de im&aacute;genes es mayor al de los biomarcadores sangu&iacute;neos. Por lo tanto, es probable que el incremento en el costo sea prohibitivo para su incorporaci&oacute;n de rutina a los escores de riesgo en la poblaci&oacute;n general. Se requieren estudios de costo-efectividad para definir si los costos adicionales de estas t&eacute;cnicas imagenol&oacute;gicas pueden justificarse en un subgrupo de individuos asintom&aacute;ticos identificados por los scores de riesgo existentes.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> Uno de los pocos estudios para evaluar la costo-efectividad de la adici&oacute;n de marcadores a los scores de riesgo cl&iacute;nico, examin&oacute; a pacientes con angina de pecho estable que se encontraban en lista de espera para cirug&iacute;a de revascularizaci&oacute;n coronaria </font><sup> <font face="Verdana" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#28">28</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".28"></a>. Compararon la estrategia status quo de no priorizar, con la de priorizar utilizando un score de riesgo cl&iacute;nico aislado, y con la de priorizar con un score de riesgo m&aacute;s uno o dos biomarcadores (&iacute;ndice de filtraci&oacute;n glomerular y/o PCR). Demostraron que la adici&oacute;n del &iacute;ndice de filtraci&oacute;n glomerular mejora la rentabilidad en t&eacute;rminos del efecto neto sobre los costos de por vida y sobre la calidad de vida ajustada por a&ntilde;os de vida. En contraste, la adici&oacute;n de la PCR no result&oacute; rentable.&nbsp; </font></p>   <font face="Verdana" size="2">       <br>   </font>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font face="Verdana" size="2"> <b>&iquest;Agregan valor los marcadores gen&eacute;ticos?&nbsp;</b> </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> La enfermedad cardiovascular es una enfermedad compleja, con varios fenotipos intermedios, a la que tanto los factores de riesgo ambientales como gen&eacute;ticos predisponen. En la medida que se identifican marcadores gen&eacute;ticos en forma creciente, queda en evidencia la complejidad del componente gen&eacute;tico, con contribuciones relativamente peque&ntilde;as de un gran n&uacute;mero de genes. Por lo tanto, se ha centrado la atenci&oacute;n en el desarrollo de un score multig&eacute;nico de riesgo que englobe el riesgo general de los marcadores gen&eacute;ticos conocidos. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, varios estudios han investigado si un score de riesgo gen&eacute;tico puede agregar valor a los scores riesgo establecidos, algunas de los cuales ya incluyen informaci&oacute;n de la historia familiar. Aunque los estudios se han llevado a cabo en poblaciones heterog&eacute;neas, se ha llegado a conclusiones coherentes.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> Ripatti y colaboradores </font><sup> <font face="Verdana" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#29">29</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".29"></a> estudiaron a siete cohortes de hombres y mujeres de mediana edad reclutados de la poblaci&oacute;n general de Finlandia y Suecia. Para identificar los estudios publicados se utilizaron 13 polimorfismos de un solo nucle&oacute;tido (SNP) que se asocian a infarto de miocardio y a enfermedad coronaria. Se construy&oacute; una puntuaci&oacute;n multig&eacute;nica de riesgo para cada individuo, sumando el n&uacute;mero de alelos de riesgo de cada uno de los 13 SNP ponderados por magnitud del efecto. Este score de riesgo gen&eacute;tico fue un predictor independiente de nuevos casos de enfermedad card&iacute;aca coronaria, de enfermedades cardiovasculares y de infarto de miocardio, cuando se ajusta por edad, sexo y factores de riesgo tradicionales. En comparaci&oacute;n con el quintil m&aacute;s bajo de puntuaci&oacute;n de riesgo gen&eacute;tico, los individuos en el quintil m&aacute;s alto ten&iacute;an un RR ajustado de enfermedad coronaria de 1,66 (IC de 95%: 1,35 a 2,04). Sin embargo, la adici&oacute;n del score de riesgo gen&eacute;tico a factores de riesgo tradicionales no mejor&oacute; significativamente el valor de estad&iacute;stica c. Hubo una mejor&iacute;a significativa en la reclasificaci&oacute;n neta de las personas en situaci&oacute;n de riesgo intermedio (10%-20% de riesgo a diez a&ntilde;os), pero no hubo mejor&iacute;a significativa en la reclasificaci&oacute;n neta global.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> Paynter y colaboradores </font><sup> <font face="Verdana" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#30">30</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)<a name=".30"></a> </font> </sup><font face="Verdana" size="2">llevaron a cabo un estudio similar en una cohorte de mujeres profesionales blancas de Estados Unidos. Usaron un cat&aacute;logo de todo el genoma para identificar 101 SNP asociados con cualquier forma de enfermedad cardiovascular (incluido el accidente cerebrovascular), o cualquier fenotipo intermedio (como la diabetes y la hipertensi&oacute;n), y obtuvieron un puntaje de riesgo gen&eacute;tico con la suma de todos los alelos de riesgo. Tambi&eacute;n realizaron el an&aacute;lisis incluyendo solo los 12 SNP asociados con enfermedad cardiovascular. En comparaci&oacute;n con el tercil m&aacute;s bajo de puntuaci&oacute;n de riesgo gen&eacute;tico, los individuos en el tercil superior ten&iacute;an un mayor riesgo relativo de eventos cardiovasculares (RR 1,22, IC de 95%: 1,02 a 1,45), pero la diferencia del riesgo absoluto de enfermedad cardiovascular a diez a&ntilde;os entre el tercil superior e inferior fue peque&ntilde;a (3,7% frente a 3,0%). A diferencia de la historia familiar (que incluye el riesgo hereditario global), el score de riesgo gen&eacute;tico no se asoci&oacute; con eventos cardiovasculares, tras el ajuste de los factores de riesgo tradicionales. La adici&oacute;n del score de riesgo gen&eacute;tico no produjo una mejora significativa en el valor de estad&iacute;stica c ni en la reclasificaci&oacute;n neta.&nbsp; </font></p>   <multicol gutter="18" cols="2"></multicol>     <p align="left"><font face="Verdana" size="2">Qi y colaboradores </font><sup> <font face="Verdana" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#31">31</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".31"></a> llevaron a cabo un estudio de casos y controles en una poblaci&oacute;n de supervivientes de infarto de miocardio en Costa Rica. Examinaron los SNP asociados con infarto de miocardio y enfermedad arterial coronaria validados en al menos dos estudios anteriores. De los 14 SNP identificados a partir de la literatura, siete ten&iacute;an asociaci&oacute;n significativa con el riesgo de infarto de miocardio en la cohorte hispana. Estos se utilizaron para calcular un score de riesgo gen&eacute;tico basado en la suma de los alelos de riesgo. Demostraron que el riesgo de infarto de miocardio aumenta cuanto mayor es el score de riesgo gen&eacute;tico, y que este aumento persisti&oacute; despu&eacute;s del ajuste para los factores de riesgo tradicionales, incluyendo la historia familiar. Sin embargo, la adici&oacute;n del score de riesgo gen&eacute;tico solo increment&oacute; el valor de estad&iacute;stica c de 0,67 a 0,68.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> Al igual que en el estudio de Paynter y colaboradores </font><sup> <font face="Verdana" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#30">30</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2">, Thanassoulis y colaboradores </font><sup><font face="Century Schoolbook" size="2"> (</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#32">32</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".32"></a> calcularon dos scores de riesgo gen&eacute;tico diferentes: un score m&aacute;s restrictivo derivado de 13 SNP asociados con la enfermedad coronaria o infarto de miocardio, y uno menos restrictivo que incluye 89 SNP asociados con fenotipos intermedios. En ambos m&eacute;todos se utiliz&oacute; un recuento simple y ponderado de alelos de riesgo. Por &uacute;ltimo, realizaron una cuantificaci&oacute;n restrictiva de riesgo a&ntilde;adiendo 16 SNP recientemente identificados. Los scores de riesgo gen&eacute;tico se aplicaron a la cohorte de Framingham. El score de riesgo gen&eacute;tico restrictivo se desempe&ntilde;&oacute; mejor que el puntaje menos restrictivo, y fue un predictor independiente tanto de enfermedad coronaria como de eventos cardiovasculares. Sin embargo, no mejor&oacute; la discriminaci&oacute;n o la clasificaci&oacute;n aun despu&eacute;s de la adici&oacute;n de los 16 SNP adicionales.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> Estos estudios demuestran en forma consistente que aunque la informaci&oacute;n genot&iacute;pica se resuma en un score de riesgo global, no mejora el rendimiento de los scores de riesgo existentes, y, por lo tanto, en la actualidad no tiene una utilidad cl&iacute;nica obvia para seleccionar personas de mediana edad con vista a una intervenci&oacute;n (terap&eacute;utica o de prevenci&oacute;n). Se necesitan investigaciones adicionales para explorar si los scores de riesgo gen&eacute;tico tienen un papel relevante en la identificaci&oacute;n de un subgrupo de j&oacute;venes que tienen m&aacute;s probabilidades de adquirir un score de riesgo alto en el futuro, y, de ser as&iacute;, los costos, riesgos y beneficios de proporcionar intervenciones preventivas, como la educaci&oacute;n, a este subgrupo en una etapa temprana.&nbsp; </font></p>   <font face="Verdana" size="2">       <br>   </font>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> <b>Scores de riesgo para los procedimientos de revascularizaci&oacute;n&nbsp;</b> </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> Faroq y colaboradores </font><sup> <font face="Verdana" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#33">33</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">,</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#34">34</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".33"></a><a name=".34"></a> revisaron la utilizaci&oacute;n de scores de riesgo para pacientes sometidos a revascularizaci&oacute;n coronaria. Los scores cl&iacute;nicos de riesgo, como Parsonnet (Predictive score for acquired adult heart surgery: Additive and Logistic Regression models) y EuroSCORE (European System for Cardiac Operative Risk Evaluation), han sido ampliamente adoptados en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica para los pacientes sometidos a revascularizaci&oacute;n coronaria. Tambi&eacute;n se han desarrollado scores de riesgo basados en la informaci&oacute;n anat&oacute;mica derivada de la angiograf&iacute;a diagn&oacute;stica que no contienen informaci&oacute;n cl&iacute;nica. Como los injertos coronarios se anastomosan distalmente al segmento enfermo, la informaci&oacute;n anat&oacute;mica adicional no mejora el rendimiento de los scores cl&iacute;nicos de riesgo en los pacientes que se revascularizan quir&uacute;rgicamente. En contraste, la gravedad, longitud y distribuci&oacute;n de las estenosis son capitales para la selecci&oacute;n y el resultado de los pacientes sometidos a PCI. Los scores basados en la anatom&iacute;a, como el SYNTAX (SYNergy between PCI with TAXus and surgery), han demostrado tener valor predictivo en los resultados cl&iacute;nicos tras la PCI </font><sup> <font face="Century Schoolbook" size="2"> (</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#35">35</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".35"></a>; no obstante, la interpretaci&oacute;n visual de las coronariograf&iacute;as est&aacute; sujeta a la variaci&oacute;n interobservador. Por lo tanto, los scores funcionales basados en la anatom&iacute;a, que adem&aacute;s incorporan informaci&oacute;n objetiva de la reserva de flujo fraccional, o angiograf&iacute;a coronaria cuantitativa, tienen mejor capacidad pron&oacute;stica.&nbsp; </font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font face="Verdana" size="2"> Se han desarrollado una serie de scores de riesgo que combinan informaci&oacute;n cl&iacute;nica y anat&oacute;mica </font><sup> <font face="Verdana" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#36">36</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">-</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#42">42</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"><a name=".36"></a><a name=".37"></a><a name=".38"></a><a name=".39"></a><a name=".40"></a><a name=".41"></a><a name=".42"></a>. El score Euro-Heart se construye a partir de 12 caracter&iacute;sticas cl&iacute;nicas y cuatro caracter&iacute;sticas de la lesi&oacute;n. Ha sido desarrollado y validado en los 46.064 pacientes reclutados en la encuesta EuroHeart de PCI, demostrando un buen desempe&ntilde;o en la identificaci&oacute;n de pacientes con riesgo de muerte hospitalaria, con un valor de estad&iacute;stica c de 0.90 </font><sup> <font face="Century Schoolbook" size="2"> (</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#36">36</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2">. El score SYNTAX Cl&iacute;nico (CSS) combina la informaci&oacute;n anat&oacute;mica del score SYNTAX con una versi&oacute;n modificada del score cl&iacute;nico ACEF (Age, Creatinine and Ejection Fraction). Los pacientes en el tercil superior del CSS presentaron mayores tasas de revascularizaci&oacute;n repetida (21%) y de eventos card&iacute;acos y cerebrovasculares adversos (MACCE) (32%) en el a&ntilde;o siguiente a la PCI </font><sup><font face="Century Schoolbook" size="2"> (</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#37">37</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2">. El CSS present&oacute; un mayor valor de estad&iacute;stica c para MACCE y muerte que el score SYNTAX y el score cl&iacute;nico ACEF, utilizados en forma aislada </font><sup> <font face="Century Schoolbook" size="2"> (</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#37">37</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2">. Capodanno y colaboradores </font><sup><font face="Century Schoolbook" size="2"> (</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#38">38</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"> compararon dos scores combinados de riesgo cl&iacute;nico y anat&oacute;mico (la Clasificaci&oacute;n de Riesgo Global y el escore SYNTAX Cl&iacute;nico), dos calificaciones de riesgo cl&iacute;nicos (ACEF y EuroSCORE) y un score de riesgo basado en la anatom&iacute;a (SYNTAX) en los pacientes con estenosis del tronco principal de la coronaria izquierda, que se sometieron a una cirug&iacute;a de revascularizaci&oacute;n coronaria o PCI. El nivel mayor de predicci&oacute;n se obtuvo utilizando un score de riesgo cl&iacute;nico (ACEF) para los pacientes quir&uacute;rgicos, en comparaci&oacute;n con un score de riesgo cl&iacute;nico y anat&oacute;mico combinado (GRC) para PCI. Del mismo modo, Chen y colaboradores </font><sup><font face="Century Schoolbook" size="2"> (</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#39">39</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"> compararon el score NERS de riesgo cl&iacute;nico y anat&oacute;mico combinado (New Risk Stratification Score) con el CSS, en t&eacute;rminos de predicci&oacute;n de MACCE durante m&aacute;s de seis meses de seguimiento en pacientes en quienes se implantaron stents coronarios en el tronco principal de la coronaria izquierda. El score combinado tuvo una sensibilidad y una especificidad superiores en comparaci&oacute;n con el score cl&iacute;nico </font><sup> <font face="Century Schoolbook" size="2"> (</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#39">39</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2">. Chakravarty y colaboradores </font><sup><font face="Century Schoolbook" size="2"> (</font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#40">40</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2"> examinaron pacientes con enfermedad del tronco principal de la arteria coronaria izquierda tratados mediante cirug&iacute;a o PCI. Compararon el rendimiento de un score de riesgo combinado, establecido por la combinaci&oacute;n de los scores de riesgo Parsonnet y el SYNTAX, con este &uacute;ltimo en forma aislada. Los pacientes fueron seguidos durante una media de tres a&ntilde;os. El estudio sugiere que la utilizaci&oacute;n de la informaci&oacute;n anat&oacute;mica en forma aislada no predijo el resultado despu&eacute;s de la cirug&iacute;a. En contraste, el score de riesgo SYNTAX present&oacute; un buen valor predictivo en pacientes sometidos a PCI, aunque se podr&iacute;a mejorar mediante la adici&oacute;n de informaci&oacute;n cl&iacute;nica.&nbsp; </font></p>       <p> <multicol gutter="18" cols="2"></multicol> <multicol gutter="18" cols="2"></multicol></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2">Muchos de los scores de riesgo desarrollados para la utilizaci&oacute;n en pacientes sometidos a revascularizaci&oacute;n coronaria datan de &eacute;pocas anteriores a la adopci&oacute;n generalizada de los stents liberadores de f&aacute;rmacos, y, por lo tanto, presentan un rendimiento peor en estos pacientes que en los sometidos a angioplastia con bal&oacute;n. Stolker y colaboradores </font><sup> <font face="Verdana" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#43">43</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)<a name=".43"></a> </font> </sup><font face="Verdana" size="2">desarrollaron y validaron un score de riesgo (cl&iacute;nico) que combina informaci&oacute;n cl&iacute;nica, anat&oacute;mica y del procedimiento utilizando el registro EVENT (Evaluation of Drug Eluting Stents and Ischaemic Events), y evaluaron su capacidad de predecir la revascularizaci&oacute;n de la lesi&oacute;n diana durante el a&ntilde;o de seguimiento. Este puntaje, relativamente simple, se compone de seis variables: edad, PCI previa, PCI del tronco principal de coronaria izquierda, ubicaci&oacute;n de los injertos de vena safena, di&aacute;metro m&iacute;nimo del stent y longitud total del stent. Demostraron un triple aumento en la revascularizaci&oacute;n de la lesi&oacute;n diana en los individuos pertenecientes al grupo de riesgo m&aacute;s alto respecto al grupo de riesgo m&aacute;s bajo (7,5% versus 2,2%).&nbsp; </font></p>   <font face="Verdana" size="2">       <br>   </font>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> <b>Conclusi&oacute;n&nbsp;</b> </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> Aunque los scores de riesgo cardiovascular han existido durante muchos a&ntilde;os, siguen siendo objeto de investigaci&oacute;n. Cada vez se aplican m&aacute;s a condiciones distintas de la enfermedad coronaria, tales como la diabetes tipo II y la insuficiencia card&iacute;aca, entidades de importancia creciente para la salud p&uacute;blica. Se han identificado nuevos biomarcadores que mejoran la discriminaci&oacute;n de riesgo, pero, inevitablemente, el beneficio marginal disminuye con cada predictor adicional. Asimismo, la mejor&iacute;a de la discriminaci&oacute;n debe ser balanceada contra el mayor costo y complejidad que generan, especialmente cuando los scores de riesgo se aplican a la poblaci&oacute;n general. Como se destaca en un editorial de la revista Heart, la facilidad del uso de los los escores de riesgo tiene un impacto importante sobre su aplicaci&oacute;n </font><sup> <font face="Verdana" size="2">(</font><font color="#1f1a17" face="Century Schoolbook" size="2"><a href="#3">3</a></font><font face="Century Schoolbook" size="2">)</font></sup><font face="Verdana" size="2">. Toda la investigaci&oacute;n se ha centrado en identificar nuevos biomarcadores y en la evaluaci&oacute;n de su eficacia, pero faltan trabajos de investigaci&oacute;n que se centren en la costo-efectividad y en su cobertura sanitaria. Esto debe ser abordado. Las conclusiones pueden ser diferentes de acuerdo a donde se ubiquen los scores de riesgo y al subgrupo de la poblaci&oacute;n que se seleccione para su aplicaci&oacute;n. Hasta la fecha, no hay evidencia de que los marcadores gen&eacute;ticos puedan mejorar la predicci&oacute;n del riesgo cuando se usa en poblaciones de edad media. Posiblemente tengan un rol en los individuos m&aacute;s j&oacute;venes, en quienes los scores de riesgo tradicionales son de poco valor. Otro enfoque para la identificaci&oacute;n de individuos en riesgo a una edad menor es el riesgo de por vida. Cualquiera que sea el enfoque adoptado, la costo-efectividad de la detecci&oacute;n precoz y la intervenci&oacute;n tienen que ser evaluadas adecuadamente.&nbsp; </font></p>   <multicol gutter="18" cols="2"></multicol>     <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><b>Agradecimiento&nbsp;</b> </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> El Consejo Editorial de la Revista Uruguaya de Cardiolog&iacute;a agradece al Dr. Oscar Bazzino por su colaboraci&oacute;n en la traducci&oacute;n del presente art&iacute;culo.&nbsp; </font></p>   <font face="Verdana" size="2">       <br>   </font>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"> <b>Bibliograf&iacute;a&nbsp;</b> </font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="1"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.1">1</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Parkes G.</b> Using risk scores with patients. BMJ 2010;340:c3327.    &nbsp; </font></p>       <!-- ref --><p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="2"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.2">2</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Cooper A, Nherera L, Calvert N, et al.</b> Clinical Guidelines and Evidence Review for Lipid Modification: Cardiovascular Risk Assessment and the Primary and Secondary Prevention of Cardiovascular Disease. London: National Collaborating Centre for Primary Care and Royal College of General Practitioners, 2008.    &nbsp; </font></p>       <!-- ref --><p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="3"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.3">3</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Tunstall-Pedoe H. </b>Cardiovascular risk and risk scores: ASSIGN, Framingham, QRISK and others: how to choose. Heart 2011;97:442-4.    &nbsp; </font></p>       <!-- ref --><p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="4"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.4">4</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>de la Iglesia B, Potter JF, Poulter NR, et al. </b>Performance of the ASSIGN cardiovascular disease risk score on a UK cohort of patients from general practice. Heart 2011;97:491-9.    &nbsp; </font></p>       <!-- ref --><p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="5"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.5">5</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Collins GS, Altman DG. </b>An independent and external validation of QRISK2 cardiovascular disease risk score: a prospective open cohort study. BMJ 2010;340:c3442.    &nbsp; </font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="6"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.6">6</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Sheridan SL, Crespo E.</b> Does the routine use of global coronary heart disease risk scores translate into clinical benefit or harms? A systematic review of the literature. BMC Health Serv Res 2008;8:60.    &nbsp; </font></p>       <!-- ref --><p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="7"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.7">7</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Liew SM, Doust J, Glasziou P.</b> Cardiovascular risk scores do not account for the effect of treatment: a review. Heart 2011;97:689-97.    &nbsp; </font></p>       <!-- ref --><p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="8"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.8">8</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Hippisley-Cox J, Coupland C, Robson R, et al. </b>Derivation, validation, and evaluation of a new QRISK model to estimate lifetime risk of cardiovascular disease: cohort study using QResearch database. BMJ 2010;341:c6624.    &nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="9"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href=".9">9</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Bueno H, Fernandez-Aviles F. </b>Use of risk scores in acute coronary syndromes. Heart 2012;98:162&ndash;8.&nbsp; </font></p>       <!-- ref --><p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="10"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.10">10</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Fox KA, Eagle KA, Gore JM, et al; for the GRACE and GRACE2 Investigators.</b> The Global Registry of acute coronary events, 1999 to 2009 - GRACE. Heart 2010;96:1095-101.    &nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="11"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.11">11</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>O&rsquo;Connor CM, Whellan DJ, Wojdyla D, et al.</b> Factors related to morbidity and mortality in patients with chronic heart failure with systolic dysfunction: the HF&ndash;ACTION Predictive Risk Score Model. Circ Heart Fail 2012;5:63-71.&nbsp; </font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="12"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.12">12</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Peterson PN, Rumsfeld JS, Liang L, et al.</b> A validated risk score for in-hospitality mortality in patients with heart failure from the American Heart Association get with the guidelines program. Circ Cardiovasc Qual Outcomes 2010;3:25-32.    &nbsp; </font></p>       <!-- ref --><p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="13"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.13">13</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Van Dieren S, Beulens JW, Kengne AP, et al. </b>Prediction models for the risk of cardiovascular disease in patients with type 2 diabetes: a systematic review. Heart 2012;98:360-9.    &nbsp; </font></p>       <!-- ref --><p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="14"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.14">14</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Melander O, Newton-Cheh C, Almgren P, et al. </b>Novel and conventional biomarkers for prediction of incident cardiovascular events in the community. JAMA 2009;302:49-57.    &nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="15"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.15">15</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Rana JS, Cole M, Despres JP, et al. </b>Inflammatory biomarkers and the prediction of coronary event among people at intermediate risk: the EPIC&ndash;Norfolk prospective population study. Heart 2009;95:1682-7.&nbsp; </font></p>       <!-- ref --><p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="16"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.16">16</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Zethelius B, Berglund L, Sundstr&ouml;m J, et al.</b> Use of multiple biomarkers to improve the prediction of death from cardiovascular causes. N Engl J Med 2008;358:2107-16.    &nbsp; </font></p>       <!-- ref --><p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="17"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.17">17</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Lorgis L, Zeller M, Dentan G, et al.</b> Prognostic value of N-terminal pro-brain natriuretic peptide in elderly people with acute myocardial infarction: prospective observational study. BMJ In press.    &nbsp; </font></p>       <!-- ref --><p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="18"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.18">18</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Lorgis L, Cottin Y, Danchin N, et al. </b>Impact of obesity on the prognostic value of the N-terminal pro-B-type natriuretic peptide (NT-proBMP) in patients with acute myocardial infarction. Heart 2011;97:551-6.    &nbsp; </font></p>       <!-- ref --><p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="19"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.19">19</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Tello-Montoliu A, Marin F, Roldan V, et al. </b>The additive value of biomarkers to clinical risk scores in acute coronary syndrome. Are biomarkers really ready for real world usage? Heart 2010;96:227-8.    &nbsp; </font></p>       <!-- ref --><p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="20"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.20">20</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Damman P, Beijk MA, Kuijt WJ, et al.</b> Multiple biomarkers at admission significantly improves the prediction of mortality in patients undergoing primary percutaneous coronary intervention for acute ST-segment elevation myocardial infarction. J Am Coll Cardiol 2011;57:29-36.    &nbsp; </font></p>       <!-- ref --><p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="21"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.21">21</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Brugts JJ, Akin S, Helming AM, et al.</b> The predictive value of cardiac biomarkers in prognosis and risk stratification of patients with atrial fibrillation. Curr Opin Cardiol 2011;26:449-56.    &nbsp; </font></p>       <!-- ref --><p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="22"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.22">22</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Avellino A, Collins SP, Fermann GJ. </b>Risk stratification and short-term prognosis in acute heart failure syndromes: a review of novel biomarkers. Biomarkers 2011;16:379-92.    &nbsp; </font></p>       <!-- ref --><p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="23"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.23">23</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Gustav Smith J, Newton-Cheh C, Almgren P, et al. </b>Assessment of conventional cardiovascular risk factors and multiple biomarkers for the prediction of incident heart failure and atrial fibrillation. J Am Coll Cardiol 2010;56:1712-19.    &nbsp; </font></p>       <!-- ref --><p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="24"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.24">24</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Ketchum ES, Levy WC. </b>Multivariate risk scores and patient outcomes in advanced heart failure. Congest Heart Fail 2011;17:205-12.    &nbsp; </font></p>       <p> <multicol gutter="18" cols="2"></multicol></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="25"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#.25">25</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Haines DE, Wang Y, Curtis J. </b>Implantable cardioverter-defibrillator registry risk score models for acute procedural complications of death after implantable cardioverter-defibrillator implantation. Circulation 2011;123:2069&ndash; 76.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="26"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.26">26</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Wilson SR, Lin FY, Min JK. </b>Role of coronary artery calcium score and coronary CT angiography in the diagnosis and risk stratification of individuals with suspected coronary artery disease. Curr Cardiol Rep 2011;13:271&ndash;9.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="27"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#.27"> 27</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Xie W, Liang L, Zhao L, et al.</b> Combination of carotid intima-media thickness and plaque for better predicting risk of ischaemic cardiovascular events. Heart 2011;97:1326&ndash;31.&nbsp; </font></p>       <!-- ref --><p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="28"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#.28"> 28</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Henriksson M, Palmer S, Chen R, et al.</b> Assessing the cost-effectiveness of using prognostic biomarkers with decision markers: case study in prioritizing patients waiting for coronary artery surgery. BMJ 2010;340:b5606.    &nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="29"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.29">29</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Ripatti S, Tikkanen E, Orho-Melander M, et al. </b>A multi-locus genetic risk score for coronary heart disease: case&ndash;control and prospective cohort analyses. Lancet 2010;376:1393&ndash;400.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="30"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.30">30</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Paynter NP, Chasman DI, Par&eacute; G, et al.</b> Association between a literature-based genetic risk score and cardiovascular events in women. JAMA 2010;303:631&ndash;7.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="31"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#.31"> 31</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Qi L, Ma J, Qi Q, et al.</b> Genetic risk score and risk of myocardial infarction in Hispanics. Circulation 2011;123:374&ndash;80.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="32"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.32">32</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Thanassoulis G, Peloso GM, Pencina MJ, et al. </b>A genetic risk score is associated with incident cardiovascular disease and coronary artery calcium&mdash;the Framingham Heart Study. Circ Cardiovasc Genet 2012;5:113&ndash;21.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="33"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.33">33</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Farooq V, Brugaletta S, Serruys PW. </b>Utilizing risk scores in determining the optimal revascularization strategy for complex coronary artery disease. Curr Cardiol Rep 2011;13:415&ndash;23.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="34"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.34">34</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Farooq V, Brugaletta S, Serruys PW. </b>Contemporary and evolving risk scoring algorithms for percutaneous coronary intervention. Heart 2011;97: 1902&ndash;13.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="35"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.35">35</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Capodanno D, Tamburino C.</b> Integrating the Synergy between percutaneous coronary intervention with Taxus and Cardiac Surgery (SYNTAX) score into practice: use, pitfalls, and new directions. Am Heart J 2011;161:462&ndash;70.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="36"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.36">36</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>de Mulder M, Gitt A, van Domburg R, et al. </b>EuroHeart score for the evaluation of in-hospital mortality in patients undergoing percutaneous coronary intervention. Eur Heart J 2011;32:1398&ndash;408.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="37"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.37">37</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Garg S, Sarno G, Garcia-Garcia HM, et al. </b>A new tool for the risk stratification of patients with complex coronary artery disease. The clinical SYNTAX score. Circ Cardiovasc Interv 2010;3:317&ndash;26.&nbsp; </font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="38"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.38">38</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Capodanno D, Caggegi A, Miano M, et al.</b> Global risk classification and clinical SYNTAX (synergy between percutaneous coronary intervention with TAXUS and cardiac surgery) score in patients undergoing percutaneous or surgical left main revascularisation. J Am Coll Cardiol Intv 2011;4:287&ndash;97.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="39"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.39">39</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Chen SL, Chen JP, Mintz G, et al.</b> Comparison between the NERS (New Risk Stratification) score and the SYNTAX (Synergy between Percutaneous Coronary Intervention with Taxus and Cardiac Surgery) score in outcome prediction for unprotected left main stenting. J Am Coll Cardiol Intv 2010;3:632&ndash;41.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="40"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"><a href="#.40"> 40</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Chakravarty T, Buch MH, Naik H, et al.</b> Predictive accuracy of SYNTAX score for predicting long-term outcomes of unprotected left main coronary artery revascularization. Am J Cardiol 2011;107:360&ndash;6.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="41"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.41">41</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Peterson ED, Dai D, DeLong ER, et al.</b> Contemporary mortality risk prediction for percutaneous coronary intervention. J Am Coll Cardiol 2010;55:1923&ndash;32.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="42"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.42">42</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Singh M, Holmes DR, Lennon RJ, et al.</b> Development and validation of risk adjustment models for long-term mortality and myocardial infarction following percutaneous coronary intervention. Circ Cardiovasc Interv 2010;3:423&ndash;30.&nbsp; </font></p>       <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a name="43"></a> </font><font color="#1f1a17" face="Verdana" size="2"> <a href="#.43">43</a></font><font face="Verdana" size="2">.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<b>Stolker JM, Kennedy KF, Lindsey JB, et al. </b>Predicting restenosis of drug-eluting stents placed in real-world clinical practice. Derivation and validation of a risk model from the EVENT Registry. Circ Cardiovasc Interven 2010;3:327&ndash;34.&nbsp; </font></p>       <p> <font face="Verdana"> <a href="MasterFrame2_108.htm"><font size="2"></font></a></font><font size="2"></p>   </font><font size="2" face="Verdana">   <img src="images/Graphic_080.JPG" border="0" height="35" hspace="5" vspace="5" width="2"> </font>      ]]></body><back>
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