1. Introducción
La seguridad alimentaria y la gestión sostenible de los bosques son preocupaciones internacionales actuales y la Organización de Naciones Unidas (ONU) propone realizar acciones coordinadas urgentes para transformar los sistemas alimentarios y desarrollar prácticas agrícolas sostenibles1. Un desafío de la innovación productiva sustentable es aumentar la reducida base de especies cultivadas, para lo cual se requiere de la diversificación productiva y la domesticación de nuevas especies con potencial alimenticio. El proceso de domesticación de especies vegetales ha estado influido por los cambios climáticos, el crecimiento poblacional y las transformaciones sociales e ideológicas 2)(3) . Además, se deben afrontar los nuevos desafíos de diversificación de las matrices productivas4 y, al mismo tiempo que los territorios se han reestructurado como parte del extractivismo agrario, los Estados tienen que atender al desarrollo de las economías marginalizadas5. Ante la necesidad de combatir el hambre y mantener un ambiente saludable, el modelo tradicional nos ha dejado con menos empleo agrícola, productores sin tierras, emigración rural y estandarización de monocultivos6. Como contrapartida, de 2015 a 2020 en Argentina se desarrolló el Proyecto de Uso Sustentable de la Biodiversidad, que sintetiza un enfoque de desarrollo regional basado tanto en prácticas y conocimientos locales como en producción y comercialización de alimentos con identidad local7. Algunos de sus logros fueron la elaboración de planes de manejo del bosque nativo para la producción de productos forestales no madereros (PFNM), la formación de redes territoriales y la incorporación de varias especies nativas al Código Alimentario Argentino8. Los PFNM pueden contribuir al desarrollo económico cuando se diseñan políticas específicas, ya que permiten dar valor al bosque en pie y que las comunidades que viven asociadas a los bosques tengan oportunidades de utilizar económicamente estos recursos 8)(9) .
Los bosques y selvas del país presentan gran diversidad de especies forestales que ofrecen servicios ecosistémicos importantes a nivel de paisaje. Históricamente, el paisaje productivo de la provincia de Misiones se basó en la premisa de reemplazo del bosque nativo para la instalación de cultivos agrícolas o forestales monoespecíficos10. Estos cultivos típicos de té, tabaco, maíz, mandioca o plantaciones de cítricos, pinos y eucaliptus son muy vulnerables, en un contexto de cambio climático y fragilidad de los suelos, ante lo cual surgen nuevas propuestas de cultivo y se destacan aquellas basadas en las especies nativas 11)(12) . Algunas especies tienen aptitud maderera y otras ofrecen PFNM, que pueden ser alimentos, tintes, resinas, gomas, fibras, condimentos o incluso productos medicinales. Guavirá, Campomanesia xanthocarpa O. Berg, siete capotes, Campomanesia guazumifolia (Cambess.) O. Berg, y yerba mate, Ilex paraguariensis A. St.-Hil., son tres especies arbóreas nativas del Bosque Atlántico, presentes en la Selva Paranaense, que se extiende en el noreste de Argentina, Paraguay y el sur de Brasil13. Las tres especies componen el estrato arbóreo inferior y son utilizadas con fines alimentarios por las comunidades guaraníes 14)(15) . La yerba mate es uno de los cultivos más importantes de la región, dada la amplia difusión de su consumo interno y el creciente interés de los mercados internacionales, y ante los últimos eventos de sequía extrema se comenzó a repensar la producción en torno a la arborización de los yerbales para evitar los daños de radiación directa del sol 16)(17) . Los frutos de guavirá y siete capotes, caracterizados por su corta vida poscosecha, son aprovechados por las comunidades locales para producir derivados, como pulpa congelada, mermelada, dulce en barra, helado, jugo o bebidas alcohólicas. En el sector agroindustrial los frutos son utilizados para la producción de aromatizantes y saborizantes 18)(19) . Otros usos etnobotánicos documentados en las comunidades Mbya Guaraní están relacionados con los usos medicinales de hojas y frutos de estas especies, como antidiarreico, lombricida y para el tratamiento de la otitis, así como también forman parte de la cultura popular por tener relevancia mitológica o ser especies mencionadas en leyendas20. Cabe destacar que el uso de estos frutos para consumo como fruta fresca es muy limitado y se destina al consumo en las inmediaciones de las plantas de las que se recolectan, ya que los frutos tienen una corta vida poscosecha21. Los frutos de guavirá son considerados alimentos funcionales debido al elevado contenido de carbohidratos (7,8-10,2%), fibra dietaria (4,1-9,8%), proteínas (1,0-1,1%) y lípidos (0,7-1,9%), además de contener vitamina C y compuestos fenólicos18. En el caso de siete capotes, son mucho más escasos los estudios del fruto, pero también es un alimento funcional que tiene elevado contenido de carbohidratos (7,57%), fibra dietaria (4.1-9.8%), proteínas (1,9%) y lípidos (0,67%)22.
La mayoría de los frutos utilizados de guavirá son recolectados directamente del bosque nativo. Si bien existen algunas experiencias de plantación, no existe información de base para el manejo silvicultural. Siete capotes es descrita como una especie de la sucesión secundaria, tolerante a la sombra18 o climáxica 23)(24) . Sus frutos se recolectan del bosque nativo y no se han podido hallar registros de plantaciones. Por el contrario, guavirá es descrita como una especie heliófila y hay antecedentes exitosos de su instalación en plantaciones experimentales a sol pleno 25)(26) .
Actualmente, la información necesaria para la producción de estas especies frutales nativas es escasa, fragmentada y discontinua, por lo que es imprescindible un abordaje integral del estudio ecológico, fisiológico y poscosecha, para domesticar estas especies desde la plantación hasta la comercialización. Nuevas estrategias de intervención extensionista se han propuesto trabajar junto con agricultores familiares de Misiones, desarrollar emprendimientos asociados a la producción de especies frutales nativas, capacitarse, intercambiar experiencias y organizarse con el fin de planificar la cadena agroforestal de la fruta nativa, estimar la potencialidad de la producción de estos sistemas, diversificar yerbales con la incorporación de frutales nativos, incorporar técnicas de cosecha y poscosecha, entre otros12. De esta manera, en poco tiempo es posible describir la situación de base, ensayar los requerimientos y las limitaciones productivas de los huertos frutales y proponer alternativas de manejo poscosecha para extender la vida de los frutos aptos para consumo como fruta fresca. Nuestro objetivo fue analizar estrategias de cultivo dentro y fuera del bosque de dos frutales nativos y describir la vida poscosecha de ambos frutos, con base en evidencias fisiológicas.
2. Materiales y métodos
2.1 Estructura de poblaciones naturales
Los relevamientos de la estructura del bosque nativo se llevaron a cabo en una reserva bajo administración de INTA. En dichos bosques no se realiza extracción de productos madereros o no madereros desde hace al menos 50 años. La estructura corresponde a bosques maduros con diferentes estratos y competencia, típicos de estas formaciones boscosas. Los relevamientos se llevaron a cabo en 3 parcelas permanentes (1 hectárea cada una) y 4 parcelas temporales (una parcela de 20×30 m, T1, y tres parcelas de 25×25 m cada una, T2 a T4) en el predio del Campo Anexo Manuel Belgrano (CAMB) dependiente del INTA EEA Montecarlo en San Antonio, Misiones, Argentina. El objetivo de dicha área es de preservación y conservación sin transformación del bosque nativo secundario preexistente. Se registró la presencia de individuos adultos (al menos 10 cm de diámetro a la altura del pecho, DAP), plantas jóvenes (>130 cm de altura y hasta 10 cm de DAP) y plantines (30 cm-130 cm de altura). Además, se registró el DAP de todos los árboles mayores a 10 cm y se calculó el área basal de cada parcela para describir al rodal. A partir del conteo de individuos se calculó la densidad de cada categoría fitosociológica como número de individuos por hectárea (ind ha-1). Cada parcela se caracterizó según el área basal (m2 ha-1) y la altitud del terreno (msnm).
2.2 Condiciones de cultivo
En primer lugar, plantamos en la primavera plantines seminales de 1 año de ambas especies (nguavirá=253, nsiete capotes=126), en huertos frutales monoespecíficos, en un marco de plantación de 2×2 m, bajo tres condiciones de cobertura del dosel, clasificadas acorde al porcentaje de cobertura estimado mediante el análisis de fotografías del dosel superior con script de R para cobertura27 (<40%: baja, 40-80%: intermedia, >80%: alta). Las condiciones de cobertura baja e intermedia correspondieron a los huertos instalados en áreas desmontadas en el predio de instalaciones del CAMB, sin uso agrícola inmediato. La cobertura intermedia fue dada por pocos árboles presentes en la parquización. La cobertura alta correspondió a los huertos instalados bajo dosel de bosque nativo, distante 300 m de las instalaciones del CAMB. Las semillas para producir los plantines fueron recolectadas de al menos 15 árboles presentes en distintas localidades de Misiones (San Antonio, Dos de Mayo, Eldorado y Posadas), sin ningún proceso de selección previa, por lo que se presume elevada variabilidad genética. Las tres categorías de cobertura se acompañaron de mediciones de la radiación fotosintéticamente activa (PAR), temperatura de suelo, y temperatura y humedad relativa del aire (HR), durante el otoño y la primavera entre las 12 y 14 h (Tabla 1). A lo largo de 3 años, en otoño y primavera, estudiamos el establecimiento de los plantines a partir del registro de supervivencia, crecimiento en altura (cm), en las tres condiciones microambientales.
En una segunda instancia, con base en los datos iniciales de los huertos monoespecíficos, plantamos en la siguiente primavera plantines de 1 año de ambas especies (nguavirá=285, nsiete capotes=253), en intercultivo en la línea de plantación de yerbales maduros (35-40 años) y productivos con dos tipos de manejo (intensivo y mínimo). En ambos yerbales la densidad inicial de plantación es de 2×3 m, con fallas aleatorias sin reposición, pero se diferencian por los tratamientos culturales de mecanización del suelo y aplicación de agroquímicos, que en el sistema intensivo generan pérdida de estructura y compactación del suelo así como el crecimiento de vegetación gramínea altamente competitiva; mientras que en el sistema de manejo mínimo estas prácticas están ausentes y el control de vegetación espontánea se reduce al uso de motoguadaña. En otoño y primavera durante 2 años evaluamos el establecimiento de los plantines a partir de la supervivencia y la altura de la parte aérea de la planta, medida con cinta métrica (cm) y el diámetro al cuello de la planta, con calibre digital (mm, DAC).
2.3 Manejo poscosecha
En la localidad de San Antonio se cosecharon los frutos de guavirá y de siete capotes de 3 árboles silvestres en distintos grados de madurez en noviembre y febrero, respectivamente, fechas que corresponden al momento de máxima fructificación de cada especie. Se cosecharon 240 frutos sin defectos apreciables a simple vista, se acondicionaron bajando el calor de campo hasta temperatura ambiente y se transportaron refrigerados a 10 °C (72 h (guavirá), 48 h (siete capotes)) hasta el laboratorio donde fueron clasificados, para el caso de guavirá, en función del color superficial observado a ojo desnudo, y, para siete capotes, en función de la firmeza mediante el tacto. A lo largo de un total de 7 días se almacenaron a temperatura ambiente y en refrigeración de 8-10 °C, en oscuridad. Se evaluaron los parámetros color superficial, firmeza, acidez titulable (AT, %m/m), sólidos solubles (SS, °brix) y el índice de madurez (IM=SS/AT) para caracterizar los frutos cosechados y describir cómo se modifican estos parámetros durante el almacenamiento poscosecha comparando dos condiciones, refrigerados y a temperatura ambiente. La firmeza del fruto se midió con un texturómetro portátil (Western Industrial Supply, San Francisco); el color superficial de los frutos se evaluó en el sistema CIELab por colorimetría (Minolta CR300, Osaka, Japón); el contenido de sólidos solubles para estimar azúcares por refractometría a partir del fruto fresco triturado (Milwaukee MA871, Rocky Mount, EE. UU.), y la acidez titulable a partir de un extracto de fruto con agua destilada por volumetría ácido-base utilizando NaOH 0,1N como agente valorante y fenolftaleína como indicador28. A partir de un extracto etanólico de los frutos se determinó el contenido de clorofila a, clorofila b y carotenoides (μg g-1) según Lichtenthaler29 y compuestos fenólicos (mg de ácido gallico g-1) según Bárcena y otros30.
2.4 Análisis estadístico
La regeneración natural en el bosque nativo se describe mediante conteo. Para evaluar el efecto de la altitud, del área basal y de la frecuencia de adultos conespecíficos sobre la frecuencia de cada categoría de regeneración, se utilizó la regresión de Poisson y estadístico de Chi cuadrado de Wald, con altitud, área basal y frecuencia de adultos conespecíficos como variables predictoras. La frecuencia de adultos se analizó con la misma metodología, utilizando la altitud y el área basal como variables predictoras. La altura de los plantines en los huertos se analizó con modelos lineales generales y mixtos (MLGM), considerando el nivel de cobertura y la fecha como efectos fijos, y el huerto como variable aleatoria. En los yerbales, la altura y el DAC se analizaron con MLGM, considerando tipo de manejo (intensivo o mínimo) y fecha como efectos fijos, y parcela anidada a bloque como variable aleatoria. Las medias las comparamos por LSD con corrección de Bonferroni. Los análisis multivariados (análisis de componentes principales, análisis discriminante y análisis canónico) los realizamos con variables estandarizadas y distancia euclídea para las variables de poscosecha. Todos los análisis los realizamos con el programa Infostat31.
3. Resultados
3.1 Poblaciones naturales
En el relevamiento de regeneración en parcelas de bosque nativo con presencia de individuos adultos de guavirá y siete capotes, se observan diferentes variables del bosque que tendrían influencia en la abundancia y los patrones de distribución de las distintas clases de tamaño de cada especie, como la cercanía a los arroyos, la altitud o la mayor ocupación del sitio por área basal (Tabla 2).
Tabla 2: Relevamiento de individuos de distintas clases de tamaño (plantines, juveniles y adultos) de Campomanesia xanthocarpa, guavirá (GU), y C. guazumifolia, siete capotes (SC)

El tipo de bosque se clasificó según Keller20. Al pie de la tabla se indican las pendientes de la regresión de Poisson. Reportamos todas las pendientes significativas (p<0,0001); n. s. significa que no es significativa.
3.2 Condiciones de cultivo
En los huertos monoespecíficos, guavirá tuvo buenas tasas de supervivencia (>80%) en todas las condiciones de cobertura, en comparación con siete capotes, que tuvo mejores condiciones para sobrevivir en coberturas intermedias del 40-80% (Figura 1).

Figura 1: Supervivencia de plantines de Campomanesia xanthocarpa, guavirá (GU), y C. guazumifolia, siete capotes (SC), en tres condiciones de cobertura: baja (<40%), intermedia (40-80%) y alta (>80%)
El crecimiento en altura de guavirá fue mayor en condiciones de baja cobertura, mientras que las plantas de siete capotes no pudieron crecer efectivamente, debido a la muerte y el rebrote de la parte aérea en todas las condiciones (Figura 2).

Figura 2: Crecimiento de Campomanesia xanthocarpa, guavirá (GU), y C. guazumifolia, siete capotes (SC), en tres condiciones de cobertura: baja (<40%), intermedia (40-80%) y alta (>80%)
Cuando analizamos los plantines intercultivados en sistemas maduros y productivos de yerba mate, la supervivencia luego de 2 años de plantación fue mayor para siete capotes que para guavirá, sin importar la intensidad de las prácticas de manejo (Figura 3).

Figura 3: Supervivencia de plantines de Campomanesia xanthocarpa, guavirá (GU) y C. guazumifolia, siete capotes (SC) en yerbales de manejo intensivo y manejo mínimo
Para ambas especies, los crecimientos en altura y diámetro al cuello de la planta fueron favorecidos en los sistemas productivos con prácticas de manejo mínimas (Figura 4).
3.3 Manejo poscosecha
Los frutos de guavirá inmaduros son verdes y a medida que maduran viran hacia el color naranja, por lo tanto, se clasificaron a priori visualmente en tres categorías basadas en el color superficial como porcentaje de color final: 50%, 75% y 100% maduros. Para el caso de siete capotes esta clasificación no fue posible, ya que el color superficial del fruto se mantiene verde aun cuando está maduro. Por lo tanto, para definir la madurez del fruto se consideró el tamaño final (diámetro 1-5 cm), la firmeza y la resistencia ofrecida por el pedúnculo al momento de la cosecha, y debido a la variabilidad de tamaños, se estudiaron solamente los más firmes mayores a 3 cm de diámetro.
El análisis discriminante a partir de las variables de color de los frutos de guavirá en los tres estadios clasificados muestra la importancia que tienen la coordenada b* (variación del azul al amarillo) y la coordenada a* (variación del verde al rojo) en la discriminación de los grados de madurez, que resulta esperable al tratarse de un fruto naranja (Figura 5 a y b). Además, en los frutos cosechados a 50% y 75% de madurez almacenados a temperatura ambiente, se pudo verificar un viraje de color hacia colores similares al fruto 100% maduro (Figura 5 c). En cuanto a las otras variables organolépticas (AT, SS, IM) y nutricionales (fenoles, Ca, Cb, Ca+b y Car), los frutos cosechados a 50% y 75%, y almacenados a temperatura ambiente, al pasar el tiempo fueron asemejándose a los frutos cosechados al 100% de madurez, mientras que este comportamiento no se observó en los refrigerados (Figura 5 d, e y f).
Con base en el análisis discriminante de los frutos según las variables de color superficial, el error total de clasificación a priori fue de 7,38% (Tabla 3) y el mayor error se dio al clasificar los frutos de guavirá de la categoría intermedia de maduración.
Tabla 3: Clasificación cruzada (tasa de error aparente) de frutos de Campomanesia xanthocarpa, guavirá, de distintas categorías de madurez (50%, 75%, 100%) con base en las variables colorimétricas

En la diagonal se encuentran los frutos correctamente clasificados y en las otras columnas, el número de frutos que se corresponden con otra categoría de maduración.
En el caso de los frutos de siete capotes, el análisis de componentes principales permite observar que en el día inicial hubo una asociación positiva de las variables firmeza del fruto, ángulo Hue y el índice de madurez (IM), que presentaron valores elevados, y el día 7 estas variables presentaron los menores valores (Figura 6).
La conservación en refrigeración permitió extender la vida poscosecha de los frutos con desarrollo de características organolépticas similares a los frutos cosechados en punto de madurez de consumo. En el caso de los frutos de guavirá, se extendió hasta 10 días (3 de transporte más 7 refrigerados) (Figura 5 f), mientras que en el caso de siete capotes la vida poscosecha fue de 9 días (2 de transporte más 7 refrigerados) (Figura 6). Sin embargo, una vez retirados de la refrigeración se observó en ambos casos un decaimiento acelerado de los frutos por ataque fúngico, lesiones superficiales hundidas, ablandamiento excesivo, pardeamiento del fruto, entre otras alteraciones que podrían estar relacionadas con la fisiopatía de daño por frío, ya que son frutos subtropicales, pero esta hipótesis deberá ser confirmada con ensayos ad hoc.

Figura 5: Análisis multivariado sobre características poscosecha de frutos de Campomanesia xanthocarpa, guavirá

Figura 6: Biplot del análisis de componentes principales para frutos de Campomanesia guazumifolia, siete capotes, de las variables organolépticas acidez titulable (AT), contenido de sólidos soluble (SS) e índice de madurez (IM), contenido de clorofila a (Ca), clorofila b (Cb), contenido de clorofilas total (Ca+b), contenido de carotenoides (Car) y contenido de fenoles (fenoles), luminosidad (L), coordenada de color a (a*), coordenada de color b (b*), relación a/b, croma (c), ángulo Hue (Hue) en el día inicial (D0) y luego de 4 días (D4) y 7 días (D7) de almacenamiento
4. Discusión
La familia Myrtaceae es una de las más importantes en el Bosque Atlántico Subtropical y la distribución natural de guavirá y siete capotes en la formación del Bosque Caducifolio Estacional ocurre en los estratos intermedios y etapas sucesionales climáxicas 23)(24) 32. Están presentes en microambientes diversos como el borde de los arroyos, el borde de la selva o hacia el interior de las selvas de altura20. Sin embargo, en el relicto de bosque nativo estudiado en la localidad de San Antonio las frecuencias relativas registradas fueron muy bajas, de 1,26-2,50% para guavirá y de 0,63-1,25%, para siete capotes33. Otros frutales nativos más frecuentes son pitanga (Eugenia uniflora), guabiyú (Myrcianthes pungens) y chal-chal (Allophylus edulis) con valores de hasta 3,75%. Encontramos que en distintas condiciones del bosque existen distintas frecuencias de plantines y juveniles en las poblaciones de estas especies, cuya presencia se favorece por la menor altitud y la cercanía a los cursos de agua, pero que también son afectadas por el área basal, y que la sola presencia de individuos adultos no es suficiente para garantizar la regeneración de plantines. En otras especies estudiadas del Bosque Atlántico, la regeneración puede estar determinada por la presencia de los adultos o por los mecanismos de dispersión34. Guavirá y siete capotes son dispersados por numerosos animales, como aves, peces, reptiles, ungulados, primates y otros mamíferos carnívoros 32)(35) 36. En estas condiciones, no es fácil pensar el aprovechamiento sustentable directamente del bosque nativo, puesto que, además de haber pocos individuos adultos que perpetúen las poblaciones, en estas áreas de conservación donde no se cosechan los frutos la regeneración no está solo condicionada por la presencia de adultos, sino que también por la cercanía a los cursos de agua y la ocupación del sitio. Más aún, en los estratos intermedios disminuye la producción de frutos y el uso económico que las comunidades podrían hacer competiría con las funciones ecológicas que cumplen los frutos en la alimentación de animales y la regeneración de las especies mismas. Por lo tanto, es indispensable desarrollar criterios e indicadores de sustentabilidad de las prácticas de manejo de las especies del Bosque Atlántico para evitar la depredación y la amenaza de especies de alto valor, como ya sucedió con el palmito (Euterpe edulis) 37)(38) .
En especies poco abundantes, de crecimiento lento o requerimientos ecológicos específicos, ante la escasez de individuos silvestres cosechables, algunas de las respuestas de los cosechadores son la exploración de nuevas áreas de cosecha, la sustitución del recurso o el desarrollo de plantaciones38. Guavirá y siete capotes son especies atractivas y prometedoras en Brasil, Argentina y Uruguay; sin embargo, las experiencias de plantación e instalación de huertos frutales son sumamente escasas y responden a otros objetivos de estudio, como la revegetación de suelos contaminados por petróleo25 o la prospección del valor nutritivo de la fruta26. En nuestro caso, el interés fue interpretar los requerimientos microambientales para el establecimiento de plantaciones productivas y el enriquecimiento de bosque nativo degradado. Al comparar las situaciones de crecimiento contrastantes, desde el sol pleno hasta la cobertura casi absoluta de dosel del bosque nativo en ambas especies, pudimos constatar el carácter más heliófilo de guavirá39, que demostró alta supervivencia, muy buenas tasas de crecimiento y recuperación ante el estrés por heladas en condiciones de baja cobertura (7 eventos no consecutivos de temperaturas mínimas menores a 0 °C en los meses de junio y julio de 2021). Sin embargo, guavirá también tuvo una alta supervivencia a mayores coberturas, aunque con un crecimiento mucho más lento, coincidente con lo señalado por algunos autores, que la definen como una especie tolerante a la sombra13. Contrariamente, siete capotes sobrevivió muy poco en bajas coberturas, constatando también los reportes previos que la describen como umbrófila 13)(40) . Los plantines de siete capotes en coberturas menores al 40% fueron muy afectados por el estrés lumínico y térmico, tanto por altas temperaturas como por heladas, y los sobrevivientes tienen una dinámica de muerte de su parte aérea y rebrote desde el tallo, incluso raíces, por lo cual no se registra crecimiento. Los estudios previos en guavirá demuestran la capacidad de la especie de recuperarse del déficit hídrico, especialmente en condiciones de sombra intermedia 41)(42) , pero en el caso de siete capotes esa información no está reportada. Las condiciones de cultivo pueden resultar estresantes para los frutales por múltiples factores ambientales, como altas y bajas temperaturas, elevada demanda evapotranspirativa o baja disponibilidad de agua en el suelo 43)(44) 45, por lo que en especies de incipiente domesticación es recomendable la plantación de variedades naturalmente plásticas y que presenten estrategias de regulación del estrés para sobrevivir, aclimatarse y crecer. En el corto plazo, se pueden desarrollar prácticas culturales apropiadas para la especie, que pueden incluir manejo del riego, incorporación del mulching y enmiendas en el suelo para la retención de agua44. Además, en el largo plazo, sería deseable la selección y multiplicación de variedades tolerantes e incluso el desarrollo de portainjertos46. En otras especies de la familia Mirtáceas de interés regional se ha avanzado satisfactoriamente en este sentido, como es el caso de jabuticaba (Plinia cauliflora)47, pitanga (Eugenia uniflora) 48)(49) 50, guayabo del país (Feijoa sellowiana)51, arazá (Psidium cattleyanum)52 y guayaba brasileña (Psidium guajava)53.
La yerba mate es un caso emblemático de domesticación de un PFNM de una especie del dosel intermedio y sucesión avanzada del Bosque Atlántico; sin embargo, la propuesta productiva y los sistemas intensivos que se diseñaron por muchos años son poco resilientes por los manejos inadecuados que generan la pérdida de fertilidad edáfica y el deterioro de la estructura productiva de las plantas10. Algunas innovaciones para este cultivo pueden ser la plantación bajo monte, los sistemas sucesionales y la arborización de sistemas en producción11. Algunas experiencias proponen, mediante un proceso de planificación participativa, el desarrollo de sistemas mixtos de frutales nativos y yerba mate, además de planificar una cadena de valor agroforestal12. En este sentido, los yerbales preexistentes y maduros productivamente que estudiamos ofrecieron condiciones de cobertura intermedia y dinámica suficientes para garantizar la supervivencia, el establecimiento y el crecimiento de las dos especies de frutales nativos sensibles al estrés térmico, lumínico o hídrico. Este fue el caso para siete capotes, que tuvo mejor performance en los yerbales con respecto a condiciones de baja cobertura de bosque nativo. Sin embargo, las prácticas y la historia productiva fueron determinantes para el crecimiento de los plantines de ambas especies frutales. El manejo convencional e intensivo puede tener varios efectos negativos sobre la fertilidad química, física y biológica, por compactación, pérdida de estructura del suelo, así como el efecto del sol y las heladas sobre el suelo desnudo por el uso de herbicidas o maquinaria pesada10. Además, tienen mayor presencia de especies gramíneas competitivas en los sistemas manejados intensivamente que en los yerbales con manejo mínimo, y esto es crucial para el caso de especies poco tolerantes a la competencia, como podrían ser los frutales.
Tanto guavirá como siete capotes son frutales precoces que, a partir de los 5 años, desde semilla, pueden entrar en producción. Los criterios de cosecha pueden ser variados y basarse en distintos aspectos relacionados con la maduración del fruto54. En otros frutos nativos, se suele utilizar la variación de color superficial como criterio para establecer el momento de cosecha, como es el caso de uvaia (Eugenia pyriformis), pitanga, arazá, jabuticaba y guabiyú 48)(55)56)(57) , y también es el caso para los frutos de guavirá. Sin embargo, en frutos cuyo color superficial no varía sensiblemente durante la maduración, como sucede con guayabo del país, suelen cosecharse en función de la firmeza del fruto y la resistencia mecánica a la cosecha58, y sería el comportamiento de los frutos de siete capotes.
Para la cosecha de frutos delicados, como son las bayas, la recolección manual es la más generalizada; además, para el caso de especies no mejoradas genéticamente, es habitual que coexistan en el mismo árbol frutos de varios estados de madurez y que los cosechadores deban entrenarse en reconocer el momento más oportuno para cosechar. En el caso de guavirá el cambio de color que se observa del verde al naranja es muy marcado y permite reconocer una fase intermedia en el viraje entre colores, al mismo tiempo que ocurre una disminución del contenido de clorofilas y un incremento de los carotenoides59. Esto permitiría transportar frutos más firmes y resistentes, que posteriormente almacenados a temperatura ambiente alcanzan la madurez de consumo.
La correlación entre las características organolépticas, bioquímicas y las variables de color, una vez cosechados, podría permitir automatizar la clasificación de los frutos basados en métodos de machine visiony procesamiento de imágenes de frutos distintos o incluso un mismo fruto en distintas etapas de maduración 60)(61) . Solo las variables de color, por análisis de soft computing, permitieron obtener hasta un 99,77% de precisión en la clasificación de más de 20 frutas distintas, lo cual puede ser mejorado, por ejemplo, incluyendo variables de forma y textura62. Otros métodos además podrían permitir descartar frutos dañados basados en la identificación de texturas superficiales en las imágenes63. La potencialidad de estas herramientas en el caso de frutos como siete capotes es mayor aún cuando los cambios que sufre el fruto durante la maduración son muy difíciles de percibir por el ojo humano.
El tiempo de vida poscosecha es un factor crítico para la distribución, el almacenamiento y la comercialización. En otros frutos nativos de la familia Myrtaceae el tiempo de vida poscosecha es muy reducido, a excepción del caso del guayabo del país, que puede almacenarse durante 30 días 58)(64) . En el caso de guavirá, la refrigeración nos permitió almacenarlo por más de una semana, como el caso de la guayaba brasileña65, la pitanga66 y la uvaia67. La conservación a bajas temperaturas puede ser complementada con otras estrategias de manejo poscosecha, como los tratamientos por calor, la aplicación de recubrimientos comestibles, la exposición a radiaciones, los tratamientos con agentes químicos antimicrobianos y antipardeamiento, la aplicación de sustancias gaseosas como el ozono, el etileno, el 1-metilciclopropeno, la atmósfera controlada o la atmósfera modificada, entre otras68. Para los frutos nativos, la producción sustentable, el agregado de valor por parte de los mismos productores de fruta y las alternativas de tratamientos poscosecha deben ser de bajo costo, fácil incorporación y no contaminantes. Especialmente en el caso de la agricultura familiar y las comunidades rurales, resulta necesaria la incorporación de tecnologías poscosecha para extender los periodos de comercialización, aprovechar mejor la producción, agregar valor e incentivar el consumo de alimentos regionales con alto valor nutricional y funcional69. En frutos de siete capotes es recomendable la desinfección con hipoclorito de sodio y el tratamiento térmico por inmersión en agua caliente, ya que permite disminuir considerablemente la incidencia de hongos en los frutos y atenuar la sintomatología de daño por frío, y de esta manera disminuir significativamente las pérdidas poscosecha70.
5. Conclusiones
Guavirá es una especie con elevada plasticidad morfo-fisiológica, cuyas mejores condiciones de crecimiento se dan a sol pleno. Por otro lado, siete capotes sufre especialmente de la competencia y el estrés lumínico y por bajas temperaturas, por lo que es recomendable su intercultivo en yerbales de manejo mínimo basado en la sucesión de especies. Una vez en producción, es posible extender la vida poscosecha de guavirá y siete capotes cosechando los frutos prematuramente y con posterior refrigeración, sin perder sus propiedades organolépticas y nutricionales. Todo esto nos lleva a concluir que es posible establecer protocolos de estudio de pocos años, basados en la obtención de conocimiento fisiológico básico y aplicado, que permitirían planificar y organizar los sistemas productivos y las cadenas de valor basadas en frutales nativos.
















