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Revista Uruguaya de Antropología y Etnografía

Print version ISSN 2393-7068On-line version ISSN 2393-6886

Rev. urug. Antropología y Etnografía vol.6 no.1 Montevideo June 2021  Epub June 01, 2021

http://dx.doi.org/10.29112/ruae.v6.n1.2 

Estudios y Ensayos

“Del crédito nos sostenemos, porque de contado nomás no”. Un caso etnográfico de la deuda en la costa de Nayarit, México

Del crédito nos sostenemos, porque de contado nomás no. An ethnographic case study of debt in the Coast of Nayarit, Mexico.

Del crédito nos sostenemos, porque de contado nomás no: um estudo de caso etnográfico da dívida na costa de Nayarit, México.

1 Dra. Antropología Social, Escuela Nacional de Antropología e Historia, México, salazarmdlourdes@gmail.com

Resumen

Las deudas son parte de la vida cotidiana de mujeres y hombres del ejido de Aves del Paraíso en la costa de Nayarit, México. Las más comunes son deudas pequeñas de entre $100 y $1,500 pesos mexicanos entre mujeres, amigas, hermanas y vecinas. La característica de este tipo de deudas es que están vinculadas con el consumo y aspiraciones en el presente, una de las cuales es dejar de “ser pobres”. También hay otro tipo de deudas que son las que adquieren los migrantes, hombres y mujeres, cuando se van a Estados Unidos, ya que necesitan dinero para pagar transporte, comida, hospedaje y dejarles a sus familias. En este artículo me voy a enfocar en dos tipos de deuda que están estrechamente vinculadas: deudas pequeñas y las deudas para migrar. En contradicción con la idea de que la deuda destruye relaciones personales y comunidades, argumento que la deuda refuerza lazos duraderos de ayuda mutua.

Palabras clave: Deuda; migración; consumo; aspiraciones; ayuda

Abstract

Debt is part of women’s and men’s everyday lives in the ejido Aves del Paraiso on the Coast of Nayarit, Mexico. The most commons are small debts of between $100 and $1,500 Mexican pesos among women, friends, sisters and neighbours. This type of debt is linked to current consumption and aspirations, one of which is to stop “being poor.” There is another type of debt, which is acquired by migrants, men and women, when they leave to the United States, for transport, food, and to leave money for their wives. This work focuses on two types of debt which are inextricably intertwined: small debts and migration debts. In contradiction to the idea that debt destroys personal relations and communities, I argue that debt strengthens lasting ties of mutual aid.

Key words: Debt; migration; consumption; aspirations; aid

Resumo

As dívidas fazem parte do cotidiano de mulheres e homens no ejido de Aves del Paraíso, na costa de Nayarit, no México. As mais comuns são pequenas dívidas de 100 a $1.500 pesos mexicanos entre mulheres, amigas, irmãs e vizinhos. A característica deste tipo de dívida é que está atrelada ao consumo atual e às aspirações, uma das quais é deixar de “ser pobre”. Existem também outros tipos de dívidas que são contraídas por migrantes, homens e mulheres, quando vão para os Estados Unidos, pois precisam de dinheiro para pagar transporte, alimentação, hospedagem e para deixá-los com suas famílias. Neste artigo, vou me concentrar em dois tipos de dívida que estão intimamente ligados: pequenas dívidas e dívidas para migrar. Em contradição com a ideia de que a dívida destrói relacionamentos pessoais e comunidades, argumento que dívida reforçam laços duradouros de ajuda mútua.

Palabras-chave: Dívidas; migração; consumo; aspirações; ajuda

Introducción

El ejido de Aves del Paraíso1 se ve afectado por dos sucesos a nivel nacional, en 1990 se vende Tabacos de México S.A. de C.V. (Tabamex), que era una de las paraestatales más importantes del país. En la práctica esto significó dejar la producción y venta de la hoja de tabaco al libre mercado, es decir, sin la protección estatal. En ese proceso solamente algunas compañías de capital internacional se posicionaron y monopolizaron la producción de la hoja de tabaco en el país: Philip Morris y British American Tobacco. Es así como muchas familias de Aves del Paraíso se quedaron sin su principal fuente de empleo que estaba vinculada con la producción de la hoja de tabaco. La producción no desaparece del todo, pero las familias tienen que buscar otras alternativas. El otro acontecimiento es la reforma en 1994 de los principios históricos de la propiedad ejidal y comunal enmarcados en el artículo 27 constitucional. En otras palabras, la propiedad deja de ser inalienable, imprescriptible, inembargable e intransferible para entrar al mercado. A raíz de estos dos sucesos, ligados a políticas neoliberales en México, la migración y búsqueda de fuentes de trabajo en Estados Unidos se intensifican.

En la década de 1990, la migración dentro del programa de trabajadores agrícolas temporales con visa H-2A2se empieza a dar de forma más recurrente y generalizada. Algunos migrantes se quedaron permanentemente y de forma “indocumentada” en Estados Unidos, hombres jóvenes, que una vez establecidos se llevaron a sus familias. Estas familias se establecieron en estados donde había poca población mexicana, por ejemplo, Kentucky (ver Miranda y Rich, 2005). Cuando llegaron no había tiendas mexicanas o tiendas que respondieran a la demanda de productos “latinos”, tampoco había restaurantes mexicanos cercanos. En el 2008, cuando realicé trabajo de campo en Kentucky por primera vez, ya existía una red más amplia de migrantes nayaritas y varias tiendas mexicanas. Ahí contacté a estas familias que ingresaron antes de los atentados del 11 de septiembre y algunos grupos de trabajadores que iban y venían contratados con visa H-2A. Trabajé con un grupo de siete trabajadores que se iban contratados a Iowa, y que después de terminar su contrato se trasladaban a Kentucky para trabajar en el corte y deshoje de tabaco, lo cual no está permitido bajo ese esquema de contratación, ya que una vez que termina su contrato, así sea de dos meses, tienen que regresar a su país de origen. Su intención era quedarse seis meses para seguir trabajando y poder pagar sus deudas y seguir mandando remesas, aunque excedieran el límite de tiempo de su estancia legal.

Estos trabajadores temporales tienen que endeudarse para migrar, lo cual se ha convertido en una institución muy importante. Con este dinero que piden prestado pueden trasladarse al Consulado Americano en Monterrey, después llegar a su lugar de trabajo, y sobre todo dejarles dinero a sus familias. Los prestamistas son personas de la misma localidad que tienen tierras, algún negocio o migran ellos mismos. Los primeros cheques que obtienen los trabajadores en Estados Unidos los mandan a sus familias para comer, pagar los servicios y pagar la deuda que dejaron antes de irse. En gran medida, esta deuda que adquirieron con prestamistas locales los obliga a quedarse en las granjas o los lugares de trabajo en Estados Unidos sin importar los abusos que sufren. Es decir, quedan atrapados en los lugares de trabajo y atados a un patrón que en varias ocasiones los obliga a trabajar más de 12 horas.

Por otro lado, existen otros tipos de deudas o deudas pequeñas. Las mujeres que tienen esposos en Estados Unidos pueden pedir fiado en alguna de las tiendas de la localidad, porque se sabe que los maridos les están enviando dinero. Aquí entran en juego su prestigio y confiabilidad. Cuando una mujer que recibe remesas no paga sus deudas se empieza a sospechar de ella y especular sobre lo que hace con “el dinero de su marido”, se le retira el crédito y es difícil que lo vuelva a recuperar. En las tiendas confían en que la mayoría de las personas va a pagar en abonos lo que adquirieron fiado: ropa, zapatos, trastes, comida, abarrotes, etc. Estos sistemas de fiado los conocí en detalle durante mis trabajos de campo en el 2017 y 20193, hablando con las mujeres y “acompañándolas” en su cotidianidad para entender cómo funcionan estas deudas (González, 2016; Mora, 2012). Las personas piden fiado y se “endrogan”, término común que utilizan para referirse a las deudas. Estas “drogas” o deudas se relacionan con el consumo y responden a ciertas aspiraciones de clase de la segunda y tercera generación de migrantes, es decir, los hijos y nietos de los ejidatarios, que quieren celulares nuevos, zapatos y ropa para estrenarla en eventos importantes, como las fiestas familiares o el desfile del 16 de septiembre, que se celebra el día de la independencia de México. En esta celebración es muy importante que la gente tenga zapatos y ropa nueva, sobre todo los niños que participan en el desfile. Esto muestra que tienen acceso a las remesas, y que tienen un papá y un marido que está en el “norte”, es decir, en Estados Unidos que les envía dinero.

En la actualidad, una de las mayores aspiraciones de las familias de Aves del Paraíso es irse a vivir a Estados Unidos porque tienen la idea de que siempre hay trabajo remunerado y pueden adquirir una casa y un auto en menos tiempo que los que migran temporalmente o se quedan en el ejido. Uno de los principales objetivos es brindarles a sus hijos un futuro mejor. A las mujeres les gusta el norte porque no hay tanta tierra ni polvo que cubra las cosas y las superficies al interior de las casas que implique más trabajo para ellas que tienen que estar limpiando constantemente. Al irse toda la familia, las mujeres ya no se quedan solas cuidando a los niños por largas temporadas, y también pueden llevar una vida de pareja todo el año. El fin último es dejar de ser “pobres”, como varias personas me lo han expresado.

En la primera sección, describo el ejido y su sentido de pertenencia que es característico de las localidades de la costa de Nayarit. Después, me enfoco en algunos trabajos antropológicos recientes sobre la deuda para ubicar la contribución de mi investigación. En las siguientes dos secciones, describo los tipos de deuda más comunes que encontré en Aves de Paraíso y que reflejan un proceso más amplio que es el desplazamiento de la producción por la venta de mano de obra en Estados Unidos y el consumo:1) las deudas para migrar son las deudas que adquieren hombres y mujeres antes de partir a Estados Unidos, 2) las deudas pequeñas, son las deudas de la cotidianidad entre mujeres, amigas, vecinas y hermanas. Por último, me enfoco en la relación entre las aspiraciones presentes que no se pueden desligar de ambos tipos de deudas que conllevan obligaciones morales también en el presente.

El ejido de Aves del Paraíso

En Aves del Paraíso todos o casi todos se conocen, se ayudan, se critican, se pelean y se reconcilian. En las tardes, cuando ya pasó la hora del calor y afuera está fresco, las mujeres, los niños y las abuelas salen de sus casas. En las calles se escucha a los niños jugar, y las mamás se sientan a platicar con las vecinas o a jugar lotería.

Aves del paraíso es un ejido de 2,226 habitantes que se encuentra en la costa de Nayarit. Un lugar emblemático que se conoció como la Costa de Oro por la bonanza económica de los años sesenta generada por la producción de la hoja de tabaco. Con el tabaco, los servicios llegaron a los ejidos, agua potable, electricidad, caminos, canales para el riego. Sin embargo, la calidad de los servicios deja mucho que desear en la actualidad, a veces no hay agua potable, las bombas se queman o se va la luz en la época de lluvias por los rayos. Las calles no están pavimentadas y hay mucho polvo.

El campo sigue siendo una de las principales fuentes de empleo para varias familias, aunque de manera temporal. “Aquí somos de campo”, dice Martha. Sin embargo, el acceso a la tierra es bastante incierto para los hijos y nietos de los ejidatarios y los salarios son muy bajos ($250 pesos mexicanos por día). La producción de la hoja de tabaco, que es un cultivo capitalista por excelencia (Benson, 2011), sigue en menor medida. Además del tabaco, los cultivos más importantes son frijol, maíz y jícama. Estos son de temporal, de enero a junio, por lo que, en la época de lluvias, de julio a diciembre, no hay trabajo en el campo. Las huertas de mango también se han convertido en un buen negocio, pero solo hay unas cuantas; estas requieren bastante cuidado y muchos años para que den frutos. También hay ganadería, pero en menor escala. Esto quiere decir que la agricultura de temporal en el ejido coincide perfectamente con la demanda de mano de obra de Estados Unidos. En el “norte” necesitan trabajadores por temporadas en la agricultura (tabaco, maíz, durazno, hortalizas, etc.), completando así el circuito agrícola: aproximadamente seis meses en Nayarit y seis meses en Estados Unidos.

En la cotidianidad del ejido es indudable el impacto que ha tenido la migración, se ve en las casas, que no son tan grandes como en la zona del Bajío (Arias, 2017), pero son casas pequeñas que se construyeron o se están construyendo con las remesas e incluso hay una “colonia nueva”, la colonia de los “norteños”, término común para referirse a las personas que migran a Estados Unidos. La migración está presente en los sueños de las personas, en las conversaciones, en las familias que se quedan sin sus jóvenes, porque la mayoría de los que se van son hombres y jóvenes, y las que se quedan son mujeres al cuidado de sus hijos, y los abuelos.

Los migrantes de Aves del Paraíso no son la mano de obra barata a la que se refieren trabajos clásicos como el de Kearney (1986), quien hizo aportes magníficos a los estudios de la migración entre México y Estados Unidos. Desde su enfoque, México se concebía como una economía no capitalista, donde la mano de obra se reproducía a bajo costo y se exportaba a Estados Unidos, una economía netamente capitalista. Esta idea se fundaba en la premisa de la teoría de la articulación de los modos de producción o la dependencia en la década de 1970. Tampoco es la mano de obra que aparece en trabajos más recientes como el de Holmes (2013), que es una excelente etnografía sobre el sufrimiento y la violencia estructural que viven los migrantes indígenas oaxaqueños en la pizca de la fresa. Esta población es originaria del sur del país donde sí predomina la economía rural de subsistencia y los cultivos principales son maíz y frijol.

En resumen, Aves del Paraíso vive del campo, pero en menor medida en comparación con la época anterior a la privatización de Tabamex. Lo que predomina en la actualidad es la venta de mano de obra en Estados Unidos. Sin embargo, la migración no ha modificado su sentido de pertenencia que se refleja en su relación con la tierra y el retorno de los migrantes. El sentido de pertenencia también está en las dinámicas cotidianas entre vecinas, amigas, hermanas, etc. Se nota en las calles, la forma en que se saludan, cuando se suben al taxi colectivo o a la combi y en sus conversaciones, cuando comparten las tardes juntas con los niños. También está presente en el tipo de deudas que adquieren unas con otras.

Antropología de la deuda

Mucho se ha discutido sobre los aspectos negativos de la deuda después de la crisis financiera del 2008 (Don Kalb, 2013; Hart, 2012; Ortiz, 2013), pero sobre todo de los préstamos predatorios que han dejado sin hogar y sin trabajo a miles de personas. También se ha visto a la deuda como fuente de sufrimiento, estrés, depresión y culpa: “Esta conexión se ve claramente si buscamos la etimología de la palabra “deuda” en los lenguajes europeos. Muchas son sinónimo de “falla”, “pecado” o “culpa”” (Graeber, 2011, p. 121).

Asimismo, el foco de atención se movió de los confines comunitarios al ámbito internacional. A esa escala, desde las ciencias sociales se ha argumentado que la deuda es la que está determinando nuestra economía y relaciones sociales, reemplazando las relaciones de producción como parte de la dinámica que le da forma a nuestra sociedad (Joseph, 2014). Ciertamente, las deudas tienen un rol central en el régimen de acumulación capitalista contemporáneo. Sin embargo, se necesita entender la deuda desde la cotidianidad a nivel comunitario, es decir, no como el origen de la crisis internacional, sino como parte de las relaciones sociales en lugares donde el deseo de ser correspondido y reconocido va más allá de la obtención de ganancias materiales.

La antropología ha contribuido en gran medida al estudio de la deuda y crédito fuera del mercado, cuestionando las ideas de racionalidad económica y maximización (Peebles, 2010). En México, uno de los trabajos que aborda el tema del crédito desde la historia es Prestar y pedir prestado. Relaciones sociales y crédito en México del siglo XVI al XX. El abordaje se hace principalmente desde el punto de vista de quien pide prestado; “se busca entender las oportunidades que su época y su situación social le ofrece; y se sigue el hilo de las estrategias que desarrolla” (Chamoux, Dehouve, Gouy-Gilber y Lehalleur, 1993, p. 11). Una de las ideas centrales de este trabajo es que las personas que necesitan un aporte externo de dinero se apoyan en las relaciones de parentesco, de solidaridad comunitaria, de intercambio de favores, de lealtad política, etc. Peebles (2010, p. 226) diría que la deuda y el crédito son inseparables, por lo que en el trabajo anterior haría falta el punto de vista del acreedor.

Un trabajo más reciente Microfinance, Debt and Over-Indebtedness se enfoca en las manifestaciones, la escala y las implicaciones sociales y económicas del sobreendeudamiento de los hogares en áreas excluidas financieramente (Guérin, Morvant-Roux y Villarreal, 2014). Se ha visto cómo la proliferación de microfinancieras ha puesto en peligro la estabilidad social y económica de las personas (Villarreal, 2014). También se ha abordado “el espacio simbólico y social creado en la interacción entre pobladores rurales (de bajos ingresos) y tenderos” (Villarreal, 2008, p. 101). Según Villarreal (2008:100), la relevancia de la deuda y crédito radica en las maneras en que inciden en “la construcción de relaciones sociales, en el forjamiento y reproducción de normas, procedimientos y orden social, en la negociación de identidades que implican exclusión, conflictos y diferencia social, pero también ajuste, adaptaciones y ayuda mutua”. Uno de los grandes aportes de este trabajo es la idea de la negociación de identidades de las personas que piden prestado utilizando su capital social como si fueran divisas. Asimismo, estas identidades se negocian con relación a los códigos morales locales que enmarcan las expectativas de las personas.

Por último, un trabajo extraordinario es el de David Graeber, antropólogo estadounidense, autor de Debt: The first 5000 years, donde explora el desarrollo de la idea de deuda en un periodo de 5,000 años, su relación con la familia, el patriarcado, la violencia, el honor y se pregunta particularmente sobre su carga moral: ““Uno debe pagar sus deudas.” La razón por la que es tan poderosa es que no se trata de una declaración económica: es una declaración moral” (Graeber, 2011, p. 4). Tomando como punto de partida el trabajo de Graeber (2011), propongo analizar cómo los préstamos y las deudas son parte de las relaciones sociales de Aves del Paraíso.

Deudas para migrar

Este tipo de deudas se vincula claramente con ideas de ayuda mutua y la construcción de relaciones sociales (Villarreal, 2008, p. 100). Cuando hombres y mujeres de Aves del Paraíso se van a Estados Unidos se endeudan, pero tan pronto empiezan a trabajar y les pagan, a menos que les suceda algo imprevisto como alguna enfermedad, accidente o muerte, empiezan a enviar dinero para pagar la deuda, me dijo Aitana. En el caso de Ricardo, el esposo de Aitana, su abuelo le presta dinero. Generalmente, él cobra 10% de intereses mensuales por el préstamo, pero a su nieto no le cobra intereses, eso iría en contra de las normas familiares que se oponen al cálculo financiero. Ricardo pide aproximadamente $3,000 pesos mexicanos para pagar el permiso de la visa, $3,000 para su familia, Aitana y su niño, y $300 dólares estadounidenses para llegar a Estados Unidos. En Monterrey se quedan una semana, y tienen que pagar hotel y comida, alrededor de $400 pesos mexicanos diarios. Raúl es otro migrante que pide prestado dinero para irse a Estados Unidos. En el 2017, iba a sacar un préstamo con intereses, pero personas del “rancho”, así se refieren al ejido, le prestaron dinero sin intereses, son personas que lo conocen bien. Estas personas le dicen, necesito un trabajo o que “me des la mano” con algo y él va y les ayuda, o gente a la que le ha trabajado y como agradecimiento por su ayuda no le cobran intereses.

Costos de migración

Los trabajadores agrícolas con visa H-2A necesitan dinero para pagar el transporte de su localidad a Monterrey, donde se encuentra el consulado estadounidense, y de aquí a la ciudad de destino en Estados Unidos. El costo del transporte se los tiene que rembolsar el empleador estadounidense durante la primera semana. El cuadro siguiente es un estimado de lo que el empleador le tiene que rembolsar a sus trabajadores. (Figura 1)

Figura 1: Fuente: Estimado del rembolso a trabajadores H-2A. 

El préstamo de dinero a los migrantes se ha convertido en una institución informal basada en un sentido fuerte de confianza y ayuda mutua. La deuda se empieza a pagar tan pronto como los trabajadores reciben su primer cheque en Estados Unidos, como en el caso de Ricardo. Generalmente los préstamos se adquieren al 6%, 10% o 15% de intereses mensuales. Los prestatarios tienen que mostrar algún título de propiedad que garantice el préstamo. El mayor riesgo para los prestamistas, como me lo explicó Laura (su esposo migra como trabajador agrícola cada año), es que los trabajadores se queden en Estados Unidos y no paguen su deuda.

En suma, para poder migrar y trabajar en Estados Unidos se convierte indispensable “endrogarse”, si no, es difícil que salgan del ejido. De esta manera las deudas son importantes para conseguir trabajo en Estados Unidos y para ganar dinero, que a su vez es dinero que ya es parte de una deuda: los primeros cheques que obtienen los trabajadores migrantes cuando empiezan a trabajar se destinan a cubrir las deudas que obtuvieron antes de irse. Estos migrantes se ven obligados a regresar el dinero que pidieron prestado, aunque no puedan cruzar, porque en el rancho se quedan sus esposas a las que seguramente la o el prestamista va a presionar para cubrir la deuda lo antes posible. Además, si no pagan, no les van a volver a prestar dinero, es decir, no los van a volver a ayudar, rompiendo así el contrato social.

Deudas pequeñas, amistades largas

En época de lluvias, “queda muerto el rancho”, me dijo Sara. Ella piensa que “del crédito nos sostenemos, porque de contado nomás no. En abonos cada semana, según la gente como vaya teniendo. Los esposos mandan dinero. No hay trabajo de nada, hay gente que no tiene nada para comer. Son seis meses que no hay trabajo aquí”. Sara tiene una tienda de novedades, ella es una de las primeras personas que abrió una tienda de este tipo en Aves del Paraíso y ha crecido. Sara empezó a vender zapatos en 1993, cuando su hija solo tenía tres años. Salía a vender “en esa bolsa fayuquera”. A su cuñada le daba vergüenza, pero trabajando ha logrado construir su patrimonio y mantener a su hija, que ya se casó y tiene un hijo.

“Novedades Sara” tiene un sistema de fiado que funciona de la siguiente manera. Las personas del rancho pueden ir a que les abran una cuenta, es decir, una página en su libreta Scribe donde Sara o su cuñada anota los nombres de las personas que le deben, la cantidad y la fecha. Ahí van anotando en la cuenta de cada persona los abonos y se les va descontando de su deuda. Generalmente, los lunes o martes las mujeres van a recoger las remesas. En esos días van a la tienda a dar abonos y en otros casos una mujer que le ayuda a Sara va a recoger en motocicleta los abonos a las casas directamente. “Los miércoles, la gente ya no tiene” dice Martha. Maribel, otra vecina, prefiere que pasen a cobrar, porque si va a la tienda “se lleva droga”, es decir, sale debiendo nuevamente y así ad infinitum. Cuando se cubre la deuda totalmente se rompe el contrato social, pero muy pronto se vuelve a renovar.

Lo que me explicó Martha es que si tiene una deuda de $500 pesos mexicanos, que equivale a un “cambio”, es decir, un pantalón de mezclilla y una blusa, cada semana da $100, pero si tiene una deuda de $1,000 o más no puede dar $50 a la semana, tiene que dar más. En algunas ocasiones, no les dicen a sus esposos que sacaron algo de la tienda de Sara y tienen que agarrar de su semana. En el caso de Martha, a veces pagaba de su propio dinero de las ventas de productos de Arabella, que son ventas multinivel o venta por catálogo.

En suma, la tienda de Sara es un espacio donde interactúan personas que se conocen, saben a qué familia pertenecen, algunas crecieron juntas. Sara conoce bien a sus deudoras y todas la conocen bien. De alguna manera, todas las personas de Aves del Paraíso están endeudadas entre sí.

Ventas por catálogo

En casa de Martha, se reunían sus vecinas, amigas y hermanas para ver los catálogos de Arabella. Mientras hojeaban el catálogo, hacían bromas. También era un espacio para que las mujeres casadas les dieran consejos a las mujeres solteras. Al final, le encargaban algunos productos que veían en el catálogo, cosas para el hogar y maquillaje. Martha tenía su libreta Scribe donde anotaba los nombres, las cantidades que le debían y los abonos, siempre poniendo la fecha de la transacción.

Si la deuda también funciona como un registro, esto hace que se mantengan este tipo de dinámicas, es decir, Martha registra quién y cuánto le debe, pero no solo es el registro de una cantidad sino de relaciones sociales. Las vecinas se sientan juntas para compartir los catálogos, y en ese espacio y momento comparten ideas y formas de ver la vida, de ser mujer, madre, esposa, amante, amiga; fluye la información, los chismes, y además se educa a las niñas y niños, porque siempre llevan a sus hijas/os. Esos lazos de amistad, vecindad y parentesco se mantienen a través de las deudas y estas se renuevan constantemente al encargar nuevamente cosas del catálogo. Esta situación modifica aquel refrán famoso de “cuentas claras, amistades largas”, por el de deudas pequeñas, amistades largas.

Una de las condiciones principales para que se mantengan este tipo de dinámicas es que se encuentren en una situación similar, son mujeres con hijos pequeños y con esposos en Estados Unidos que les mandan remesas. Según Graeber (2011, p. 121), “La deuda es algo muy específico, y surge de situaciones muy específicas. En primer lugar requiere una relación entre dos personas que no se consideren seres fundamentalmente diferentes, que sean al menos potencialmente iguales. ”En Aves del Paraíso, las desigualdades no son tan marcadas como en una sociedad de clases. Todas se consideran “pobres” de alguna manera, pero cuando alguien deja el rancho, la situación de igualdad relativa cambia. Por ejemplo, Martha se fue a vivir a Kentucky junto con su familia en el 2018, logrando así unas de las principales metas de varias familias.

Aspiraciones sociales

Me parece fascinante cuando se utiliza la perspectiva del tiempo para explicar la deuda, como el préstamo de recursos concretos en el presente, esperando que se regresen en el futuro (Peebles, 2010, p. 226). Como sucede con la ayuda en el presente y las aspiraciones de clase en el futuro. El libro de James (2015, p. 8) Money from nothing: indebtedness and aspiration in South Africa, explora cómo las obligaciones de larga duración que conlleva la deuda están vinculadas con las expectativas de movilidad social de larga duración. Si el pago de la deuda se espera en el futuro, los estilos de vida que se desean también se esperan más adelante en lugar de obtenerlos en el aquí y ahora (James, 2015, p. 8). Sería difícil intentar un análisis de clases en Aves del Paraíso como lo hace James (2015), quien retoma dos enfoques, uno marxista y otro weberiano, que tome en cuenta circunstancias económicas objetivas y medidas subjetivas de valor. En este ejido, las personas utilizan dos categorías, ricos y pobres, y a partir de ahí se auto identifican para expresar sus aspiraciones. Ser pobres significa no tener una casa propia, no poder comprar ropa y zapatos, una motocicleta, y estar desempleado una parte del año.

En Aves del Paraíso, las aspiraciones sociales de los migrantes y sus familias pertenecen al presente, así como las obligaciones morales que conllevan sus deudas. Es interesante que las aspiraciones de las nuevas generaciones hayan cambiado tanto. Para los primeros migrantes de la década de los ochenta, migrar a Estados Unidos era una aventura, y luego se dieron cuenta que con el dinero que ganaban podían construir una casa, mantener a sus familias e invertir en la producción agrícola. En el caso de los nietos de los ejidatarios que migran y trabajan en el campo en el ejido, utilizan el dinero para el consumo. De ahí que exista una diferencia entre los migrantes que utilizan el dinero para la producción, y los migrantes que utilizan sus ganancias para el consumo.

Muchos de los migrantes de la primera generación crecieron en familias grandes que se consideraban pobres, a veces la madre tenía que lavar ropa ajena para mantener a todos sus hijos y los niños empezaban a trabajar desde pequeños en el campo para ganar un poco de dinero. En estas condiciones los niños abandonaban la escuela. Varias personas de la primera generación de migrantes estudiaron hasta tercero de primaria, mientras que los de la segunda generación terminaron secundaria o el bachillerato. Los jóvenes de la tercera generación pueden terminar una carrera técnica, pero también hay quienes dejan de estudiar porque deciden casarse. Cuando cumplen la mayoría de edad y empiezan a tener hijos la opción es migrar a Estados Unidos. La construcción de su casa es parte de sus aspiraciones, pero también un buen celular, ropa nueva y de marca, zapatos, etc. Esto es parte de la deuda que adquieren los migrantes con sus esposas e hijos. Objetos que, a la primera generación, que ya dejó de migrar porque ya no los contratan tan fácilmente por la edad, no les interesa. Un Smart phone no es ninguna prioridad, solo necesitan un celular para comunicarse, sin wi fi, no utilizan Facebook ni WhatsApp. En cambio, sus hijas e hijos ya han tenido varios modelos de celulares y el WhatsApp es su principal medio de comunicación. Los migrantes de la tercera generación les traen tabletas, juguetes, zapatos, y ropa a sus hijas/os pequeños. La ropa de marca como Aeropostal y los tenis Nike les da reconocimiento entre amigos y amigas. Las remesas les permiten acceder a estos artículos. Las deudas pequeñas, les da acceso a un “cambio” nuevo (o muda de ropa) cuando lo necesiten.

El sueño de las nuevas generaciones es irse a vivir a Estados Unidos, eso significa dejar de ser pobres, vivir en un lugar donde no hay polvo, pueden comprar un auto, una casa, e ir al centro comercial o la Malla pasear. Sobre todo, quieren un futuro mejor para sus hijos.(Tabla 1)

Tabla 1: 

Conclusiones

Mucho se ha discutido sobre el aspecto negativo de las deudas, por ejemplo, aquellas que adquieren los estados y que han llevado a crisis sin precedentes a varios países, recordemos el “error de diciembre” en 1994 en México que llevó a la creación del Fondo Bancario de Protección al Ahorro o FOBAPROA, la crisis de Argentina en la década de 1990 y la crisis de la deuda soberana en Grecia, por mencionar solo algunas. También sabemos de las deudas que han dejado a familias enteras sin sus casas, sin nada, despojándolas completamente de lo poco que tienen. Se trata de instituciones predatorias que no les importa destruir familias y comunidades enteras.

Frente a este panorama tenemos el otro aspecto de las deudas que, a un nivel de escala menor, puede mantener el tejido social más o menos unido. Esto no quiere decir que no se den fracturas al interior de las comunidades mediadas por relaciones de deuda, sino que existe la posibilidad de rehacerlo. Se trata de deudas menores, o que se fundamentan en relaciones personales, entre vecinas, amigas, primas, hermanas. Se vinculan con sentimientos de pertenencia y con expectativas. El método etnográfico me permitió acceder y conocer estos mundos que desde una visión macro y modelos abstractos se invisibilizan. Se trata de las experiencias de diferentes actores en relación con dos tipos de deudas: las deudas pequeñas y las deudas de migración. Es decir, las deudas de la cotidianidad.

Ahora bien, estos dos ámbitos, el macro y micro, están estrechamente vinculados por procesos sociales e históricos. Lo que sucede en el ámbito de las deudas financieras, también influye en el ámbito de las deudas de los hogares de localidades como Aves del Paraíso y viceversa. Por ejemplo, la venta de Tabacos Mexicanos, S.A. de C.V. (Tabamex), una empresa paraestatal que participó en la producción de 1972 a 1990, dejó sin empleo a una gran cantidad de familias que dependían de este cultivo. En su lugar, el empleo en la agricultura en Estados Unidos se convirtió en la principal fuente de trabajo de las nuevas generaciones. También el Tratado de Libre Comercio de América del Norte que se firmó en 1993, agravó los riesgos que los migrantes mexicanos experimentan al cruzar la frontera y minó las condiciones de vida y de trabajo de mujeres y hombres que trabajan en el campo mexicano.

En el 2000, la migración se intensificó, pero el campo no se abandonó y continúan el cultivo de tabaco y frijol. Estos eventos reflejan un aumento en la venta de mano de obra y el consumo local y la disminución de la producción. Así, las diferentes formas de obtener dinero se entrecruzan, “money from nothing” (James, 2014, p.193) o especulación, producción y trabajo asalariado. En este caso etnográfico podemos ver cómo las deudas todavía están mediadas por sentimientos y valores morales como la ayuda mutua. En el pasado, las deudas más importantes estaban vinculadas a la producción del tabaco, en la actualidad al consumo. Es importante tener cosas nuevas, celulares, ropa, zapatos, etc. que respondan a sus aspiraciones presentes, y que les den prestigio. Una parte de estas cosas las obtienen de la venta de mano de obra en el norte y otra parte fiado o deudas pequeñas. Un mecanismo a través del cual, más que destruir, se refuerzan lazos duraderos entre amigas, hermanas, vecinas, y personas de la misma localidad. La etnografía visibiliza estas historias que muy pocas veces se ven reflejadas en los trabajos que hablan de la deuda internacional. Algunas son deudas morales, incalculables, otras se pueden calcular con dinero, y en varias ocasiones se encuentran unidas, como lo expresó Martha, “porque ‘los estimas’ gastas más dinero”, lo cual más que ser algo negativo, significa la continuación del tejido social.

Bibliografía

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1 El nombre del ejido y de las personas que aparecen a lo largo de este artículo son pseudónimos, para proteger la identidad de las familias que me brindaron apoyo en la realización de esta investigación.

2El programa de trabajadores agrícolas temporales con visa H-2A se autorizó dentro de la Ley de Reforma y Control de la Inmigración (Immigrant Reform and Control Act) en 1986.

3Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología o Conacyt financió mi investigación posdoctoral sobre la deuda en Nayarit de agosto de 2019 a julio de 2020.

NaNNota: el texto corresponde 100% a Lourdes Salazar.

NaNNota: la editora Sonnia Romero Gorski aprobó éste artículo.

Recibido: 23 de Agosto de 2020; Aprobado: 15 de Abril de 2021

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