El estudio del comportamiento prosocial es importante para el desarrollo de los procesos de interacción, sobre todo cuando se construye desde situaciones o eventos que se experimentan durante la edad temprana y, en forma particular, los que se desarrollan durante la adolescencia (Severino-González, Sarmiento-Peralta, Alcaino-Oyarce & Maldonado-Becerra, 2022). En este contexto, es relevante la indagación de la disposición hacia las conductas que benefician a un otro, debido a que contribuye a la construcción de estrategias que facilitan el establecimiento de relaciones saludables, promovidas desde valores como la solidaridad, el respeto, la empatía y la conciencia social (Wang et al., 2020). En el ámbito de la prosocialidad, se destaca la promoción del equilibrio social ante problemáticas que emergen en el campo de la convivencia, ya que constituye una alternativa para las conductas agresivas, promoviendo emociones positivas y la estabilidad emocional.
La prosocialidad se define como “aquellas acciones voluntarias que tienen como objetivo beneficiar a una o más personas, con conductas como la ayuda, la cooperación y el otorgar confort, teniendo a la base el altruismo” (Pool, 2015, p.8). También, es entendida como “la tendencia a dar curso a acciones que se caracterizan por el efecto beneficioso que producen en el otro y pertenece a la esfera de los hábitos, las prácticas y la modalidad habitual de la interacción social” (Rodriguez, Mesurado, Oñate, Guerra & Menghi, 2017, p.178). Además, se define como “los intentos de satisfacer la necesidad de apoyo físico y emocional de otra persona (Más específicamente) Son conductas voluntarias (Eisenberg & Fabes, 1998) que se adoptan para cuidar, asistir, confortar y ayudar a otros (Caprara et al., 2005)” (Auné Blum, Abal Facundo, Lozzia & Horacio, 2014, p.22).
Desde la perspectiva de la teoría de la dimensionalidad, se plantea que el comportamiento prosocial se basa en dos dimensiones. Por un lado, la empatía y el apoyo emocional que hacen referencia a las habilidades del individuo para comprender las necesidades afectivas y emocionales con el propósito de otorgar un apoyo emocional a los otros por medio de la respuesta emocional y la conducta actitudinal de la persona quien desarrolla la conducta prosocial. Por otro lado, la dimensión de la conducta prosocial que hace referencia a la predisposición de la persona que surge de la comprensión de las necesidades emocionales de los demás (Caprara et al., 2005). Estos aspectos psicológicos pueden ser adquiridos por medio de la crianza familiar o por imitación de acciones que se aprenden en los distintos contextos en que el ser humano se desenvuelve socialmente.
En este escenario, el rol de las figuras parentales como agentes de socialización tiene una influencia significativa en el comportamiento prosocial de los hijos/as, ya que se ha observado que los vínculos parentales positivos se asocian con un incremento del comportamiento prosocial. Al respecto, los antecedentes han mostrado que la relación fraternal en el hogar se ha asociado con un comportamiento futuro de compasión y prosocialidad (Harper, Padilla-Walker & Jensen, 2016). Por el contrario, las prácticas parentales de control se han relacionado con una disminución significativa del comportamiento prosocial (Palomar Lever & Victorio Estrada, 2018). Los estudios plantean que esta relación se basa en los estados de necesidad que provocan una reacción afectiva. Así, las personas que han vivido experiencias donde otros han reaccionado afectivamente ante sus necesidades y les han brindado ayuda son las que presentan altas habilidades para reconocer los estados afectivos.
En este contexto, uno de los constructos relevantes se refiere al apego, entendido como “un sistema de control motivacional que tiene como objetivo promover el sentimiento de seguridad en la temprana infancia y la niñez a través de las relaciones del niño con sus cuidadores o figuras de apego” (Bobbio & Arbach, 2019, p.207). A través de procesos sistemáticos de interacción, se produce la construcción gradual de expectativas referidas a eventos y comportamientos sobre los demás. En este sentido, cuando las personas perciben los comportamientos de las figuras del entorno, organizan sus expectativas en modelos internos que se expresarán mediante comportamientos y representaciones de sí mismos y de los demás (Bowlby, 1969). Es importante destacar que las experiencias tempranas de apego influyen en el desarrollo del comportamiento durante toda la vida, principalmente en la adolescencia, “pues las relaciones de apego entre los padres y los hijos son el principal mecanismo por el cual los niños y los adolescentes aprenden habilidades emocionales” (Bobbio & Arbach, 2019, p.207). Se sostiene que los modelos internos permanecen relativamente estables durante el ciclo vital, cumpliendo el rol de organizar y conducir el afecto, la cognición y el comportamiento en las relaciones interpersonales.
Dentro de las dimensiones que se destacan de los vínculos de apego, se identifican: (a) la confianza, referida al nivel en que las personas se respetan durante la relación interpersonal; (b) la comunicación, centrada en las cualidades del proceso comunicacional; y (c) la alienación, referida a la emergencia de sentimientos de ira y evitación. Estas dimensiones se basan en la perspectiva de Ainsworth (1989), donde se indaga en qué medida los cuidadores proporcionan una base segura para el desarrollo adolescente tardío, centrándose en la comprensión, seguridad y promoción de la autonomía. De esta manera, en la medida que los cuidadores evidencian altos niveles de comunicación y confianza, además de bajos niveles de alienación, configuran un entorno positivo para el desarrollo de los hijos/as.
Diversas investigaciones han mostrado que las personas con estilo de apego seguro tienen modelos operativos de trabajo que incluyen una representación positiva sobre los otros, lo que promueve la sensación de simpatía y apoyo, acompañada de una representación positiva de sí mismos, lo que les permite la construcción de creencias en sus propias habilidades tanto para responder a las necesidades de otras personas, como para regular adecuadamente las propias emociones (Shaver & Mikulincer, 2012). No obstante, en aquellos entornos donde se inhiben este tipo de vínculos, se producen sensaciones de inseguridad que pueden ocasionar distorsiones sobre la percepción de sí mismos y de los otros, escenario en el que pueden surgir conductas desadaptativas como la participación en hechos delictuales o contrarios a las normas (Celedón Rivero, Cogollo, Barón García, Miranda Yánez & Martínez Bustos, 2016).
Si bien un estilo de apego saludable durante la adolescencia genera en las personas una búsqueda de autonomía desde una valoración del apego, se observan diferencias importantes entre la experiencia de apego de la niñez media y la de la adolescencia asociados con el inicio de la pubertad. Más específicamente, en la adolescencia se desea una independencia emocional y cognitiva de los padres, con lo que se espera una ampliación de la red de relaciones. Si bien las figuras parentales siguen atendiendo ciertas necesidades, las relaciones entre pares de gran duración e intimidad comienzan a suplir la satisfacción de necesidades. Por lo tanto, en la adolescencia los padres continúan satisfaciendo necesidades en términos de seguridad, mientras que se prefiere a los pares por su compañía y apoyo emocional (Shumaker, Deutsch & Brenninkmeyer, 2009).
Al respecto, los antecedentes muestran que el vínculo de pares constituye un factor relevante para la prosocialidad, ya que las relaciones saludables con los pares se han constituido como un importante predictor del bienestar emocional y los problemas psicológicos en la adolescencia (Schoeps, Mónaco, Cotolí & Montoya-Castilla, 2020). Durante la etapa de la adolescencia, las relaciones con los pares se vuelven importantes de forma paulatina, por lo que los amigos o cercanos se van constituyendo en una principal fuente de intimidad y apoyo socioemocional (Queija & Oliva, 2015). El grupo de pares realiza funciones relevantes, donde el tiempo que se comparte se incrementa progresivamente, hasta el punto de que con algunas personas se logra alcanzar la autorrevelación y la intimidad.
Los antecedentes muestran que los modelos internos de los adolescentes con sus figuras parentales son similares a los que establecen con sus pares. Por lo tanto, se plantea que la forma en que se expresan las relaciones extrafamiliares (como con los pares) se vincula directamente con las experiencias de apego con los cuidadores. En este sentido, una organización de apego seguro permite la coherencia en las experiencias emocionales con sus pares (Manning, Dickson, Palmier-Claus, Cunliffe & Taylor, 2017), mientras que un modelo inseguro se caracteriza más por la exclusión o la incapacidad de integrar información, lo que en consecuencia conduce a una comunicación distorsionada y dificultad en el funcionamiento social. Es importante destacar que cuando surgen problemas emocionales se afecta el proceso de desarrollo, lo que puede ocasionar consecuencias negativas en el ámbito académico, además de conflictos interpersonales, conductas de riesgo y problemas de salud física (Mónaco, de la Barrera & Montoya-Castilla, 2021).
A partir de los antecedentes empíricos revisados, se ha observado que el apego a los pares (mas no el parental) tiene un efecto en el comportamiento prosocial. Por otro lado, se observó que el apego con la madre y pares se asoció con la prosocialidad (Malonda, Llorca, Mesurado, Samper & Mestre, 2019), mientras que otro estudio no identificó ningún tipo de relación predictiva (Pan, Zhang, Liu, Li & Liu, C., 2022). En síntesis, es posible inferir que el vínculo de apego parental y de pares tiene funciones diferentes en términos del comportamiento, ya que los padres parecen tener un rol más activo en el ámbito de las conductas agresivas, mientras que los pares tienen un papel más activo respecto del comportamiento prosocial. Debido a que los hallazgos sobre la influencia del vínculo de parental y de pares en la prosocialidad resultan divergentes, y que son menos los estudios realizados en población universitaria, la presente investigación tiene por objetivo evaluar el rol mediador del vínculo de pares en la relación entre vínculo parental y prosocialidad de estudiantes universitarios chilenos. Al respecto, se propone contrastar la siguiente hipótesis de investigación:
H1: El vínculo de pares tiene un rol mediador parcial en la relación entre vínculo parental y prosocialidad de estudiantes universitarios chilenos.
Método
Diseño
La investigación se realizó mediante un diseño cuantitativo, transversal y no experimental. Se consideró una estrategia asociativa de carácter explicativa, debido a que se probaron “modelos acerca de las relaciones existentes entre un conjunto de variables, tal y como se derivan de una teoría subyacente” (Ato, López-García & Benavente, 2013, p.1052).
Participantes
Los participantes fueron un total de 198 estudiantes universitarios chilenos, de los cuales un 76.3% indicó ser del género femenino (n = 151), un 23.2% del género masculino (n = 46) y un 0.5% de otro género (n = 1). El rango de edad de los participantes varió de 18 a 57 años, observándose un promedio de edad de 28.39 años (DE = 8.73). El 64.1% de los participantes cursaba una carrera del área de ciencias sociales (n = 127) y el 35.9% una carrera del área de la salud (n = 71). Finalmente, el 20.2% cursaba el primer año de la carrera (n = 40), el 12.1% el segundo año (n = 24), el 15.7% el tercer año (n = 31), el 22.2% el cuarto año (n = 44) y el 29.8% el quinto año (n = 59). Los participantes fueron seleccionados mediante muestreo no probabilístico por conveniencia.
Instrumentos
Inventario de Apego a Padres y Pares (IPPA): se utilizó la versión adaptada al español (Delgado et al., 2016) que se compone de 25 ítems distribuido en tres factores: (a) confianza, referida a la comprensión parental basada en el respeto y la confianza recíproca, (b) comunicación, orientada a la calidad percibida de la comunicación verbal, y (c) alienación, referida a la sensación de aislamiento. Para el modelo de medida orientado a la percepción del vínculo con padres y madres, los ítems se distribuyen de la siguiente forma: (a) confianza: 10 ítems (p. ej.: “respeta mis sentimientos”), (b) comunicación: 9 ítems (p. e.: “me gusta conocer su opinión), y (c) alienación: 6 ítems (p. ej.: “me avergüenza hablar con mi M/P”). Para el modelo de medida orientado al vínculo con los pares, los ítems se distribuyen de la siguiente forma: (a) confianza: 10 ítems (p. ej.: “me comprenden”), (b) comunicación: 8 ítems (p. ej.: “puedo contarles mis problemas”), (c) alienación: 7 ítems (p. ej.: “no comprenden por lo que estoy pasando”). Los ítems fueron respondidos en una escala tipo Likert con un rango de 1 (totalmente en desacuerdo) a 7 (totalmente de acuerdo). Los antecedentes psicométricos muestran adecuados niveles de validez y consistencia interna del modelo de medida (Delgado et al., 2016).
Escala de prosocialidad (Caprara et al., 2005): se compone de 16 ítems orientados a medir conductas prosociales en adolescentes y adultos. Lo ítems se distribuyen en dos factores: (a) empatía y apoyo emocional, referida a la emoción que se percibe del otro, al sentir con el otro (4 ítems, p. ej.: “Comparto intensamente las emociones de los demás”, y (b) conducta prosocial, entendida como la intención de activar una conducta destinada a ayudar a otra persona (6 ítems, p. ej.: “Intento ayudar a los demás”). Los ítems se respondieron en una escala tipo Likert con un rango de 1 (totalmente en desacuerdo) a 7 (totalmente de acuerdo). Los antecedentes psicométricos muestran adecuados niveles de confiabilidad y validez del modelo de medida de la escala (Rodriguez et al., 2017).
Procedimiento
El proceso de investigación se orientó a partir de las consideraciones éticas de la Asociación Americana de Psicología (APA). La recolección de los datos se realizó mediante formulario online, considerando la utilización de la red configurada a partir de los procesos de recolección de datos durante la pandemia, la cual se centró en la participación de estudiantes universitarios. Para controlar la deseabilidad social se resguardó la confidencialidad de los participantes, la revisión de la redacción y la aleatoriedad en la distribución de los ítems. El estudiantado participó voluntariamente de la investigación, estableciéndose la confidencialidad de los datos. Durante el proceso de investigación se consideró el bienestar de los participantes, quienes pudieron conocer sobre los objetivos, beneficios y resguardos de la investigación mediante un consentimiento informado.
Análisis de los datos
En primer lugar, se realizaron análisis descriptivos mediante el cálculo de la media y la desviación estándar. Además, se aplicó el coeficiente alfa de Cronbach para evaluar la consistencia interna de las puntuaciones observadas, considerando un valor α ≥ 0.70 para indicar una confiabilidad adecuada (Hair, Black, Babin, Anderson & Tatham, 2010). En segundo lugar, se aplicó la prueba de correlación r de Pearson para evaluar el grado de asociación entre las variables sometidas a estudio. Finalmente, para el análisis de mediación se consideró un modelo que incluye: (a) el vínculo parental como variable exógena, (b) el vínculo de pares como variable endógena mediadora, y (c) la prosocialidad como variable endógena de resultado. La evaluación del modelo de mediación se orientó desde el histograma y las autocorrelaciones del efecto indirecto, además del gráfico de residuos. Los efectos directos e indirectos fueron evaluados mediante el método bayesiano, debido a que se recomienda para investigaciones con muestras pequeñas La evaluación de los efectos incluyó las técnicas de Monte Carlo con cadenas de Markov (MCMC) y 20000 iteraciones (Miočević, 2019). Los efectos indirectos se consideran estadísticamente significativos cuando las estimaciones de los intervalos de confianza del 95 % no contienen el valor cero (Hayes, 2018). Los procedimientos de análisis se realizaron utilizando los programas estadísticos SPSS versión 21 y Mplus versión 8.
Resultados
Análisis descriptivo
En la tabla 1, se muestra que para el caso del vínculo parental las puntuaciones medias más altas corresponden al vínculo de confianza (M = 5.25), tendencia que también se observa en el caso del vínculo de pares (M = 5.85). Por otro lado, las puntuaciones medias más bajas se observan en el vínculo de alienación, tanto para el vínculo parental (M = 2.97) como para el vínculo de pares (M = 2.89). Los resultados muestran una tendencia favorable hacia los vínculos parental y de pares. Respecto de la prosocialidad, las puntuaciones medias más altas se observan en el factor de empatía y apoyo emocional (M = 5.83) seguido de conducta prosocial (M = 5.70), lo que indica una tendencia favorable hacia la prosocialidad. Finalmente, se muestra que las puntuaciones observadas presentan niveles adecuados de desviación estándar y consistencia interna, ya que los valores se sitúan dentro de los límites recomendados.
Análisis correlacional
En la tabla 2, se muestran los resultados de las correlaciones bivariadas. Al respecto, se observan asociaciones estadísticamente significativas entre los vínculos de apego parental y de pares, donde se destaca la asociación entre los vínculos de comunicación (r = .44, p < .01). Además, se identifican asociaciones estadísticamente significativas entre el vínculo de apego parental y de pares con la prosocialidad, destacándose la asociación entre los factores vínculo de comunicación y empatía y apoyo emocional, tanto para el caso parental (r = .34, p < .01) como para el de pares (r = .42, p < .01). Al respecto, se puede plantear que mientras se observan puntuaciones positivas en los vínculos de apego parental y de pares, se identifican niveles positivos de prosocialidad.
Análisis de mediación
El modelo SEM evaluado consideró tres factores latentes y 8 indicadores (ver figura 1). Un factor que refleja el vínculo parental mediante tres indicadores; un factor que indica la medida de vínculo de pares con tres indicadores, y un factor que refleja el comportamiento prosocial mediante tres indicadores. Los resultados mostraron que este modelo cumple con los estándares recomendados y evidenció un ajuste aceptable a los datos observados (ver anexos), explicando el 19% de la varianza del comportamiento prosocial (p < .01).
Considerando el ajuste adecuado del modelo hipotetizado, se calcularon los efectos directos e indirectos (figura 1). En primer lugar, se observa que el VP está significativamente relacionado con VPAR (a = 0.45, p < .01). En segundo lugar, el VPAR está significativamente relacionado con la PRO, después de controlar el VP (b = 0.19, p < .01). En tercer lugar, el VP está asociado de manera significativa e indirecta con PRO a través de VPAR (ab = 0,08, 95% CI (0.02 ÷ 0.16)). Debido a que el efecto directo de VP sobre PRO fue significativo (c’= 0.23, p > .01), se concluye un papel mediador parcial del vínculo de pares en la relación entre vínculo parental y comportamiento prosocial, observándose una explicación del 25% de la relación (ver figura 1). Al respecto, se infiere que cuando interviene el vínculo de pares se observa un mayor efecto del vínculo parental sobre el comportamiento prosocial. Por lo tanto, el vínculo de pares constituye un mecanismo psicológico que contribuye al desarrollo del comportamiento prosocial.
Discusión y conclusión
El objetivo del estudio fue evaluar el rol mediador del vínculo de pares en la relación entre vínculo parental y comportamiento prosocial en estudiantes universitarios chilenos. Los resultados del análisis descriptivo evidencian una tendencia favorable en los vínculos parental y de pares, destacándose la puntuación de la dimensión de confianza. Además, se observan puntuaciones favorables en términos de prosocialidad, donde se destaca la dimensión de empatía y apoyo emocional. En relación con el análisis correlacional, se identificó que mientras se observan puntuaciones positivas en los vínculos parental y de pares, se identifican niveles positivos de prosocialidad, lo que coincide con los hallazgos de Harper et al. (2016) y Malonda et al. (2019), ya que se infiere que los vínculos de apego generan reacciones afectivas sobre necesidades que son reconocidas en un otro, lo que activa una disposición hacia el apoyo emocional. Estos procesos resultan fundamentales para el establecimiento de relaciones interpersonales positivas, ya que involucran una tendencia hacia el sentimiento de confianza y seguridad, lo que promueve una apertura hacia la interacción con otras personas. Además, los vínculos de apego estimulan la capacidad de sintonizar con las emociones de otros, lo que activa una preocupación por el bienestar de los demás, considerando el despliegue de acciones que benefician a un otro.
Respecto del análisis de mediación, se observó que el vínculo de pares tiene un rol mediador parcial en la relación entre el vínculo parental y la prosocialidad, con lo que se comprueba la hipótesis de investigación. En este sentido, se infiere que cuando interviene el vínculo de pares se potencia el efecto del vínculo parental sobre el comportamiento prosocial. Por lo tanto, el vínculo de pares constituye un mecanismo psicológico que facilita el desarrollo del comportamiento prosocial, ya que evidencia la capacidad de conducir e incrementar el efecto del vínculo parental hacia la prosocialidad. Estos resultados coinciden con los hallazgos de Malonda et al. (2019), ya que se observa que la calidad de las interacciones con los cuidadores promueve la regulación emocional y el bienestar, lo que facilita el desarrollo de expectativas positivas sobre las relaciones cercanas en términos de refugio y seguridad. De esta manera, se infiere que los vínculos positivos con los cuidadores y los pares pueden constituir factores de promoción del comportamiento prosocial, debido a que proporcionan experiencias fundamentales para el aprendizaje de actitudes y comportamientos sociales. Al estar basados en relaciones emocionales cercanas y en la interacción social cotidiana, los vínculos de apego modelan la forma en que las personas desarrollan habilidades como la empatía y el altruismo.
A partir de los hallazgos, se concluye que la confianza, comunicación y cercanía constituyen factores relevantes que estructuran las relaciones entre padres/madres e hijos y facilitan el apego entre pares, ya que la configuración de los modelos internos permanece relativamente estable durante el ciclo vital, cumpliendo el rol de organizar y conducir el afecto, la cognición y el comportamiento en las relaciones interpersonales. En este sentido, mientras las personas se sienten seguras y apoyadas emocionalmente fortalecen el desarrollo de la empatía, componente esencial de los comportamientos prosociales como la ayuda y la cooperación.
Los hallazgos del estudio muestran que los vínculos parentales y de pares tienen un rol importante en el desarrollo de relaciones sociales saludables, debido a que apoyan la configuración de un contexto emocional, social y conductual que facilita el aprendizaje, la internalización y la expresión de comportamientos que benefician a otras personas. Si bien se ha observado que los pares tienen un rol destacado durante la adolescencia y adultez temprana, los padres y madres siguen desempeñando un papel clave en el desarrollo personal y social, ya que se ha observado que los cuidadores continúan satisfaciendo necesidades en términos de seguridad, mientras que los hijos/as prefieren los vínculos con pares para la compañía y el apoyo emocional (Shumaker et al., 2009).
En relación con las instituciones de educación superior, los hallazgos sugieren la elaboración de programas de intervención basados en la comunicación, la confianza y la inclusión entre pares, ya que promueve el equilibrio social ante problemáticas que emergen en el campo de la convivencia social, lo que estimula emociones positivas y la estabilidad emocional que constituyen una alternativa para incrementar los comportamientos que benefician a otras personas.
Una de las limitaciones del estudio se refiere a que el proceso de recolección de datos se centró en estudiantes universitarios, por lo que se sugiere que futuros estudios consideren la incorporación de la perspectiva de los padres y madres. Otra de las limitaciones se refiere a la temporalidad del diseño, ya que los datos fueron recolectados en un solo momento. Por lo tanto, se sugiere que estudios posteriores consideren la aplicación de diseños longitudinales, con el propósito de indagar la configuración de las relaciones en el tiempo. Finalmente, el tamaño y composición por género de la muestra también constituyen limitaciones del estudio, por lo que se sugiere que estudios posteriores seleccionen muestras de mayor tamaño, considerando niveles de equilibrio en la distribución por género.

















