Introducción
El 7 de enero de 2023, en el contexto eleccionario brasileño, los seguidores de Bolsonaro asaltaron los tres poderes públicos del Estado en Brasilia, aduciendo que su líder político había ganado las elecciones. El 22 de octubre de 2023, Javier Milei ganó la presidencia de la nación en Argentina definiéndose como anarcocapitalista. Finalmente, Donald Trump el 14 de septiembre de 2024 y a menos de 50 días de la elección presidencial recibió un disparo en la oreja en un mitin de campaña electoral. Estos sucesos aislados por sí no dicen nada. Sin embargo, constituyen casos emblemáticos del protagonismo político que han tomado las derechas radicales y las ultraderechas. En esta dirección el principal propósito de este trabajo consiste en analizar el modo en que tres discursos políticos inscriptos en el campo de las derechas radicales del continente americano cobran forma en contextos de campañas electorales, específicamente, en los debates electorales televisados a toda la población. Estos condensan y sintetizan aspectos ideológicos, valores e ideas acerca de la política que líderes de formaciones políticas le transmiten a la sociedad con el objeto de ganar su identificación y adhesión. En este sentido, se analizaron tres dimensiones conceptuales en el que se inscriben las derechas radicales: el nativismo, el populismo y el autoritarismo. Asimismo se han escogido tres representantes de este campo político: Trump, Bolsonaro y Milei.
Para el análisis se acudió a una interpretación teórica fundamentada en datos, a partir de la cual se logró identificar categorías y sintagmas claves que se constituyeron en articuladores de los discursos transmitidos en televisión. Para ello se ha optado por un diseño metodológico de tipo cualitativo, el que nos permitió describir y comprender de forma interpretativa la recolección de información. Así, la dimensión del nativismo aparece bajo la forma de la categoría «defensa de la identidad nacional», ya que se considera que los valores de la misma se encuentran en peligro; la de autoritarismo se nutrió de nociones vinculadas al orden y disciplina, las cuales se traducen en políticas de seguridad rigurosas o securitismo. Y, finalmente, la de populismo, donde la construcción del pueblo y de un nosotros en oposición a un ellos se encuentra ligado a los hombres de bien y a los trabajadores que con su propio esfuerzo contribuyen al engrandecimiento de la nación.
1. Marco de análisis, método y materiales
El ascenso y protagonismo político de las derechas políticas data desde 1980 en Europa y en el siglo XXI constituye un fenómeno de alcance global (Rovira, 2024). Ciertamente los rasgos más sorprendentes del fenómeno lo constituyen su radicalidad y su extremismo respecto de la concepción de democracia que se articuló luego de la segunda guerra mundial. Las tensiones políticas con esta, genera que las formaciones de la cuarta ola de ultraderechas compitan con las fuerzas ubicadas en las izquierdas del arco político y, también, con las derechas consideradas moderadas o mainstream (Monestier y Vommaro, 2021). Sintéticamente, retomamos la conceptualización de Bobbio (2014) para la caracterización de las derechas políticas. Desde su perspectiva se trata de un concepto relacional en el que las diferencias se plantean en torno a la centralidad del concepto de igualdad. En esta dirección se considera que la derecha considera a las desigualdades del orden políticas como naturales y por ende el hombre no debiera hacer nada para modificarlas mientras que la izquierda las concibe como artificiales y producidas por el accionar humano y en este sentido pasibles de ser erradicadas por algún agente externo a los individuos como el Estado.
A comienzos del presente siglo ocurrieron tres acontecimientos que brindaron una unidad de sentido a las ultraderechas, el atentado de las Torres Gemelas en EE. UU., la quiebra del banco Lehman Brothers y la crisis inmigratoria a Europa y en EE. UU. cuyo punto cúlmine fue en 2015 (Ignazi, 1992; Mudde, 2016a). Como se mencionó lo propio de la cuarta ola de las ultraderechas tensiona un modo de organización política de la sociedad, el cual remite a una forma de entender la democracia. La conceptualización de Cas Mudde comprende la situación de las ultraderechas en el norte global (Mudde, 2016b) como en América Latina (Mudde, 2024). En esta dirección brinda pautas para la comprensión de ambas realidad atendiendo a las singularidades de los casos nacionales. En términos generales, Mudde (2016b) distingue entre una extrema derecha que es esencialmente antidemocrática debido a que rechaza la soberanía popular como el gobierno de la mayoría y una derecha radical que acepta las reglas y la competencia electoral aunque impugna la dimensión liberal de la democracia, es decir, el respeto a las minorías, el pluralismo y la separación de poderes.
Si nos enfocamos en las derechas radicales en los términos de Mudde, es importante desanclar su caracterización de un enfoque meramente ideológico, para reconocer que lo que caracteriza o define el núcleo central de este tipo de derechas es la mixtura de tres componentes: el nativismo, el autoritarismo y el populismo (Mudde, 2002, p. 183). En relación con el primero, para el autor esta noción se encuentra ligada «a la idea del Estado-Nación, una construcción nacionalista que se ha convertido en la piedra angular de la política europea y mundial» (Mudde, 2024, p. 95). En cuanto al autoritarismo, aspecto que también es constitutivo de las derechas conservadoras, este se distingue por la «creencia en una sociedad ordenada de forma estricta, donde las faltas contra la autoridad reciben un castigo severo» (Mudde, 2024, p. 97). Y, finalmente, el populismo, que es definido «como una ideología delgada según la cual la sociedad se divide en dos grupos homogéneos y antagónicos, “el pueblo puro” y “la elite corrupta”, y la política debe ser la expresión de la voluntad general del pueblo» (Mudde, 2024, p. 98). Estas dimensiones que definen a las ultraderechas asumen sentidos diferentes en el norte global -en este caso EE. UU.- como en América Latina. Y ello será caracterizado en los debates televisivos que mantuvieron los candaditos presidenciales. La relevancia de estos debates radica en que se producen en el momento de mayor relevancia de la contienda electoral. Así en estas coyunturas político-electorales es donde se producen los cambios o modificaciones más profundas de las relaciones de poder así como también el momento en que se desarrollan las bases de las agrupaciones electorales nuevas y duraderas como es el caso de las actuales derechas radicales (Norris, 2005, p. 24).
En ese sentido, sería provechoso observar cómo las derechas radicales despliegan su fisonomía en la coyuntura electoral, tomando en cuenta especialmente su posicionamiento en los debates presidenciales, habida cuenta de su constitución como eventos multifacéticos que combinan elementos de espectáculo, estrategia electoral y comunicación masiva (Garrido, 2016). Aunque no sean espacios tan virulentos como las redes sociales que habitualmente usan los líderes de la derecha radical, sí son instancias centrales e ineludibles para presentar sus plataformas, ideas y propuestas, pero también para la formación de opinión pública y la construcción de narrativas políticas, con lo cual se tornan en instancias donde las características constitutivas de las derechas radicales terminan aflorando en su versión más genuina (Stefanoni, 2021).
Los debates políticos actuales que utilizan el escenario de la televisión no son novedosos. Se puede reconocer que los primeros debates televisivos se dieron en los años 60 y surgieron como un elemento clave para presentar al candidato delante de sus electores. El primer debate presidencial televisado de la historia fue el enfrentamiento entre John F. Kennedy y Richard Nixon en 1960, que marcó un antes y un después en la forma en que los candidatos se presentaban ante el público. La construcción del candidato para ser mostrado, la importancia de la imagen y la performance así como el uso de los planos y el saber moverse en el set de televisión marcó una nueva forma de hacer campaña política.
Desde entonces, los estudios sobre el posicionamiento de los líderes en esa instancia de la contienda electoral, especialmente en el contexto iberoamericano, han puesto el acento en la modificación de la escena de los debates cara a cara a la participación de otros candidatos (Peña-Jiménez, 2023); en la dinámica de aclamación, ataque y defensa en la secuencia de las intervenciones (Cruz Valencia, 2021); en el éxito o el fracaso utilizando mecanismos de mediatización y espectacularización (Padilla Castillo, 2015), en los agentes de amplificación de la ideas y los nuevos medios -Facebook, Instagram, Twitter o X, TikTok o WhatsApp- (Zamora y Losada, 2021; López-Fernández, 2022); o inclusive en las consecuencias inmediatas en la opinión pública versus los efectos de largo plazo en el día de los comicios (Lustig, Olego y Olego, 2018), entre tantas otras aristas a tener en cuenta.
Figuras como Trump, Bolsonaro y Milei son exponentes prototípicos de la derecha radical contemporánea que han irrumpido con discursos que desafían las normas establecidas, incluso en los debates televisivos. En sus alocuciones y presentaciones apelan directamente con mensajes directos y sin vueltas a un electorado descontento. Es decir, han sabido utilizar los debates televisivos para difundir su discurso radical, desafiar a sus oponentes y conectar emocionalmente con los votantes.
Por ello, para realizar una lectura del posicionamiento discursivo en los debates presidenciales de tres exponentes prototípicos de la derecha radical contemporánea (Gerring, 2006)1, proponemos llevar adelante una interpretación teórica fundamentada en datos que permita reconocer cómo ciertas categorías y sintagmas se tornan articuladores del conjunto o totalidad de los discursos.
En ese sentido, proponemos un diseño metodológico de tipo cualitativo que nos habilite la descripción y comprensión interpretativa desde una recolección de información exhaustiva pero flexible a partir de un muestreo teórico, permitiéndonos evaluar formulaciones teóricas sin perder de vista las particularidades del caso (Glaser y Strauss, 1967, pp. 45-49; Forni, 1993, p. 60; Strauss y Corbin, 1998, p. 85). A tal fin, se utilizó Atlas.Ti (versión 8.4.4) para la formulación de códigos, saturación teórica y formulación del argumento central de esta investigación (Strauss y Corbin, 1998, p. 102; Glaser y Strauss, 1967, p. 65)2.
Como los candidatos presidenciales tienen una hegemonía y verborragia discursiva, especialmente en los contextos de campaña, en esta oportunidad buscamos aprehender las redes representacionales o categorías del discurso, compeliéndonos a realizar una aproximación metodológica de tipo extensiva, sistemática y enfocada en el contenido y las nociones del discurso en los debates televisivos abiertos a toda la ciudadanía (Armony, 2005).
Para llevar empíricamente adelante esta tarea, hemos establecido como selección de casos la identificación de tres exponentes de la derecha radical en las contiendas electorales contemporáneas en el continente americano. Aunque habitualmente suele distinguirse las trayectorias y estilos de la derecha radical en términos regionales (Estados Unidos y Europa Occidental vis a vis América Latina), en esta oportunidad proponemos una mirada panorámica que recupere la escala continental, partiendo de un concepto base más amplio en un primer momento («derecha radical») que nos permita en un segundo momento del análisis pormenorizar y descender por la escala de abstracción al identificar y añadir atributos particulares sin perder la fuerza explicativa (Goertz, 2006, pp. 75-88).
En ese sentido, seleccionamos las intervenciones en los debates presidenciales de Trump en la contienda electoral de Estados Unidos en el 2024 (el debate presidencial de Trump y Joe Biden del 27 de junio y de Trump versus Kamala Harris del 10 de septiembre), de Milei en los comicios argentinos de 2023 (debates generales del 1 y 8 de octubre y del balotaje del 12 de noviembre) y de Jair Bolsonaro en la votación para presidente en Brasil en el 2022 (debates del 29 de septiembre y del 16 y 29 de octubre)3. Esta selección de casos y fuentes, aunque segmenta el profuso universo discursivo de los tres contendientes y se circunscribe a tres ejemplares de un fenómeno en expansión, constituye una excelente vía de entrada para el control comparativo de las aproximaciones teóricas como las que propone Cas Mudde (2024) en torno a las derechas radicales y sus tres componentes, sin perder de vista las particularidades de cada uno de los casos.
Por último, es necesario caracterizar las elecciones en los tres países para saber el contexto de enunciación de los debates. En Brasil, la elección de 2022 ponía en disputa el cargo de presidente de la República Federativa de Brasil, todas las gubernaturas y escaños de la Cámara de Diputados y Senadores. Esta elección estaba signada, por un lado, por la vuelta a la escena de Lula da Silva, en alianza con su histórico rival Geraldo Alckmin (PSB); y, por el otro, por un Bolsonaro que buscaba la reelección. En la primera vuelta electoral Lula obtuvo el 48,43 % y Bolsonaro el 43,20 % y en el balotaje la formación lulista triunfó con el 50,90 % de los votos. Sin embargo, Bolsonaro nunca reconoció abiertamente la derrota electoral, abriendo la antesala para que el 8 de enero de 2024 se produjera la invasión a los edificios públicos de la Plaza de los Tres Poderes en Brasilia por parte de sectores afines al bolsonarismo.
En Argentina, al igual que en Brasil, la campaña electoral de 2023 estuvo signada por una fuerte polarización y carácter negativo en los constantes ataques entre los principales candidatos. El 13 de agosto de 2023 se celebraron las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) para definir las candidaturas a cargos nacionales (fórmula presidencial y Diputados y Senadores). Allí la sigla oficialista Unión Por la Patria (UxP) obtuvo 21,43 % para Sergio Massa y 5,85 % para Juan Grabois (totalizando un 27,28 %); Juntos por el Cambio (JxC) totalizó el 28 % del electorado entre Patricia Bullrich (con el 16,81 %) y Horacio Rodríguez Larreta; y La Libertad Avanza (LLA) presentó como único candidato a Milei que fue la figura más votada con un 29,86 %. En la contienda general de octubre, el oficialismo peronista que encabezaba Massa logró se impuso con el 36,7 % de los votos, dejando en un segundo lugar a un Milei que estuvo cercano al 30 % de los votantes y en un tercer peldaño a Bullrich (23,8 %). Finalmente, en el balotaje, el binomio Milei-Victoria Villarruel se impuso con más del 55 % de los votos, echando por tierra la lógica de la contienda política que se inauguró luego del 2001 y se encumbró en la grieta entre el kirchnerismo y el macrismo.
En Estados Unidos de Norteamérica, las elecciones del 5 de noviembre de 2024 tienen como propósito seleccionar los cargos de presidente y vicepresidente, escoger 33 senadores (un tercio de la Cámara), 435 miembros de la Cámara de Diputados y poner en disputa 11 gubernaturas. Esta coyuntura electoral enfrentaba originalmente a dos candidatos en búsqueda de su último mandato o reelección permitida por la XXII enmienda: Trump y Biden. Sin embargo, fueron comicios atravesados por grandes virajes políticos, como el atentado al propio Trump o la renuncia de Biden como candidato demócrata -y su reemplazo por Kamala Harris-, entre otras situaciones inusitadas que claramente fueron tema en los debates presidenciales4.
2. Resultados
En este apartado se presentan los resultados más relevantes de la interpretación teórica fundamentada en datos y sobre las categorías y sintagmas que se tornan articuladores del conjunto o totalidad de los discursos pronunciados en campaña. Para ello, se realizó el estudio de los debates de Trump, Milei y Bolsonaro mediante el Atlas.Ti por ser tres exponentes de la derecha radical en las contiendas electorales contemporáneas en el continente americano. El análisis se articuló, en torno a las derechas radicales, y se realizó una operacionalización flexible de los tres atributos que componen el concepto (nativismo, autoritarismo y populismo) para permitirnos evaluar en general su capacidad exegética y en particular aprehender las particularidades y profundidad que adquiere cada atributo en los casos seleccionados.
Nativismo
El nativismo es, sin lugar a dudas, uno de los elementos basales de las derechas radicales en el siglo XXI; sin embargo, esta categoría despliega un extenso menú de situaciones y conceptualizaciones que es necesario precisar para no perder el contraste de contexto entre los tres casos escogidos y, al mismo tiempo, lograr viabilizar el core o conjunto de elementos comunes que comparten Trump, Bolsonaro y Milei.
En general la literatura plantea que el nativismo no tiene tanta influencia en América Latina como en otros contextos noroccidentales como los Estados Unidos donde el proceso migratorio se encuentra en auge y expansión; o en todo caso fuerzan la conceptualización para encontrar en la población indígena o pueblos originarios un equivalente al migrante (Kestler, 2022). Y, en contrapartida, algunos analistas ponen el acento en que la particularidad del nativismo latinoamericano radica en aquellos que son un peligro para la nación por su carácter improductivo o parasitario de los recursos del estado y bienes comunes, que pueden ir desde meros tenedores de planes sociales, hasta países limítrofes que se benefician de la inversión estatal (Mudde, 2024).
Ahora bien, si subimos en la escala de generalidad y pensamos el nativismo como un concepto abarcativo, que no se agota únicamente en el peligro y las vicisitudes migratorias, ni coloca las características latinoamericanas como una excepción, sino más bien que contiene y describe cualquier peligro que atenta contra la nación, habremos de encontrar aspectos concurrentes entre los tres casos, más allá de las particularidades contextuales.
En ese sentido, entre las categorías concurrentes que modelan el discurso nativista de Trump, Milei y Bolsonaro se encuentran la defensa de la identidad nacional, la preferencia por lo nativo y la utilización de estereotipos negativos para los no nacionales; mientras que entre las particularidades o singularidades de cada caso es posible distinguir que la narrativa de la invasión migratoria y la criminalización o sentimiento negativo frente al migrante adquiere mayor relevancia en el discurso de Trump, el discurso anti parasitario o improductivos que atentan contra el estado nación es más extenso en el caso de Milei, y el discurso de contra los bandidos es singular del discurso de Bolsonaro.
Si tomamos en cuenta la categoría Defensa de la identidad Nacional, en los tres candidatos hay un diagnóstico de peligro inminente de la nación que requiere un viraje copernicano; ya fuere para no asemejarse a Venezuela o Nicaragua en el discurso de Bolsonaro5, para dejar de ser minimizados internacionalmente por países como Rusia o China o evitar la invasión de criminales latinoamericanos en la mirada de Trump o para salir del destino catastrófico en que se encuentra Argentina tras haber perdido el rumbo económico durante más de 100 años, según Milei6.
Es interesante de señalar es que en los tres discursos presidenciales, la deformación o peligro en que se encuentra la identidad nacional es producto de la influencia directa de prácticas materiales y discursivas llevadas a cabo por ciudadanos nacionales que equivocaron el rumbo, dejando en un segundo plano la invasión o incidencia de un otro exógeno capaz de desdibujar el horizonte nacional. Allí es posible encontrar alocuciones que identifican, por ejemplo: a las políticas demócratas en general y de Joe Biden en particular como defectuosas7, la amistad de Lula o Massa con países de credenciales poco democráticas8, las políticas de financiamiento a países extranjeros de Biden o Lula9, o la injerencia de la élite política -o «Casta»- en la toma de decisiones durante el siglo XX y XXI en el discurso de Milei10.
Sin embargo, este discurso de animadversión frente a un otro interno que atenta contra la nación tiene como contrapartida una fuerte narrativa de defensa o preferencia por lo propio o nativo. Aunque los tres comparten una impronta económica fuertemente orientada al libre mercado, la política tiñe este posicionamiento modelando una cosmovisión en donde la riqueza nacional es un bien a defender por sobre todas las cosas ya fuere, por ejemplo, frente a la maquina mexicana o la impronta del mercado europeo o asiático en el caso de Trump11, frente a una actitud dadivosa con los miembros del Mercosur en el caso de Bolsonaro12 o contra los señalamientos del «marxismo cultural» en relación con los bienes comunes y su impronta en el diseño de políticas públicas medioambientales en el caso de Milei13.
Todo lo que escapa de la configuración o cosmovisión identitaria de nación para estos candidatos presidenciales, producto de su fuerte impronta de incorrección política, deriva en la utilización recurrente de estereotipos negativos anclados o vinculados con otros países o no ciudadanos. Por ejemplo, cuando Milei acusa a Massa de ser impreciso o propender a incurrir en informaciones falaces, sistemáticamente alude a que son los «brasileños» los que le arman la campaña negativa14 o incluso caracteriza a sus contendientes de «marcianos»15; en la misma senda, Trump catalogó a Biden de ser un «candidato de Manchuria»16 o un «palestino débil»17; y Bolsonaro increpó a Lula señalando que este era «apasionado por Daniel Ortega, Nicolás Maduro o Fidel Castro»18.
Asimismo, uno de los estereotipos negativos que comparten es la utilización del trinomio «marxismo-comunismo-socialismo» como un adjetivo calificativo negativo. En ese sentido, Trump embistió contra Harris señalando: «…he’s a Marxist. Everybody knows she’s a Marxist. Her father’s a Marxist professor in Economics. And he taught her well»19; por su parte, Milei combatió la idea de financiamiento en ciencia y técnica del kirchnerismo al señalar que entidades como el Conicet servían para «financiar vagos socialistas que escriben papers de cuarta»20; y en el caso Bolsonaro hay una asociación entre comunista y corrupción cuando señala que en su equipo de trabajo se encuentran «pessoas que foram para lá de graça, trajando verde e amarelo, cor da esperança do nosso Brasil, e não vermelho de comunismo da tua ideologia, Lula»21.
Si nos abocamos a indagar en las particularidades que adquiere el nativismo en el discurso de cada uno de los tres candidatos, en el caso de Trump la narrativa de la invasión es recurrente y central en su posicionamiento y embate a sus adversarios, ya fuere para señalar cómo China y Europa se aprovechan o estafan a los Estados Unidos y su potencial económico o en términos socioculturales para señalar que quienes atraviesan la frontera son criminales o terroristas que convirtieron al país en un «nido de ratas», un «país incivilizado», en «el país más peligroso del mundo» o en el mejor de los casos para señalar que los migrantes se están aprovechando de los beneficios del sistema de protección social del país22.
En el caso de Milei, es paradigmática su posición nativista anclada en la crítica a los «parásitos del Estado» como el peor de los males de la integridad de la nación. En esa caracterización es posible englobar tanto a la «casta política» -porque, en sus palabras, han hecho de la necesidad un derecho que el Estado tiene que afrontar económicamente, que Milei ejemplifica con «curro de los derechos humanos»-23, a la «casta social» -en el sentido de que una parte importante de la sociedad vive de la dádiva del Estado tornándose improductivo y holgazán-24 y a la «casta económica» -caracterizada como los empresarios «amigos del Estado» que sacan «ventajas» o son «prebendarios del Estado», incluso en el mundo de los medios de comunicación por un lado-25 y los sindicatos que buscan trabar cualquier proceso económico o productivo general en busca de su beneficio individual26.
En el caso de Bolsonaro, el equivalente del discurso de la casta de Milei es la figura del mamata, que él asocia al conjunto de ciudadanos que hacen de un derecho un privilegio obtenido a costa del conjunto de la población -como es el caso de las nuevas conquistas de derechos vinculados a las mujeres, migrantes, subalternidades, grupos étnicos y demás minorías-, por lo cual se vuelve imperioso volver a un statu quo ante. Pero también es posible englobar en su particularidad nativista a la narrativa de la defensa de la nación frente al bandido, que se vincula tanto al ladrón como al corrupto, y que alude tanto al delincuente de poca monta como a los que encarnan el crimen organizado en el mundo de la delincuencia -como es la figura del líder narcotraficante del Primer Comando de la Capital (PCC) Marcola- como en el de la política -tornando a Lula en la figura recurrente de la corrupción política y moral de Brasil-27.
Autoritarismo
El autoritarismo es otro de los componentes centrales de las derechas radicales, con el contraste de que en algunos casos es el anverso de la democracia y en otros es el reverso de un proceso de continuidad con el pasado. Es decir, en casos como el de los Estados Unidos el autoritarismo alude más a un proceso de desdemocratización que al de continuidad de prácticas o enclaves autoritarios como es el caso de muchos países como Brasil y Argentina.
Sin embargo, aunque la trazabilidad histórica de la categoría tiene itinerarios divergentes, el análisis de los discurso de Trump, Bolsonaro y Milei permite encontrar fuertes coincidencias en lo que atañe a esta dimensión de las derechas radicales, vinculados más a las nociones de orden y disciplina como a las de políticas de seguridad rigurosas, que a elementos como censura de los medios o de la oposición, control estatal, propaganda y manipulación, violencia o uso de la fuerza y violación a los derechos humanos, entre otros aspectos habitualmente asociados al autoritarismo.
Es para destacar que a diferencia del populismo y en menor medida el nativismo, la dimensión del autoritarismo es la que menor envergadura adquiere en el debate presidencial de los tres contendientes, en gran medida porque es un espacio donde se esfuerzan por moderar sus posiciones radicales y morigerar la incorrección política que en otras arenas -especialmente las digitales y redes sociales- se expresan con mayores grados de enfado y enjundia contra los lindes y bases del juego democrático, como se tornó evidente y palpable en el enfado público de Bolsonaro luego de la derrota electoral que derivó en la toma del Planalto, o en las proposiciones extravagantes del «Plan Motosierra» en los discursos de campaña de Milei y sus seguidores, y -en menor medida- en el descrédito público que llevó sistemáticamente adelante Trump a través de la red X a Biden, Harris, la justicia norteamericana y los organismos de seguridad nacional tras el intento de atentado que sufrió en Pensilvania.
La idea de orden y disciplina en los tres candidatos presidenciales alude a la fuerza imperial de la ley y la constitución, ya fuere para considerar que «quien las hace la paga» en el caso de Milei28, para señalar la sanción al delito y criminalidad proveniente de los migrantes como también de los políticos republicanos y demócratas -incluso el propio hijo de Biden- en el caso de Trump29 o incluso para sistemáticamente aludir a su contendiente como alguien que fue condenado en varias instancias y «descondenado» por un tecnicismo y estratagema judicial vis a vis el apego a la constitución que señala Bolsonaro en su caso30.
En los tres candidatos presidenciales hay un búsqueda de fortalecer el peso del Estado en la persecución del delito -migratorio, de la casta o de guante blanco respectivamente-, lo cual refuerza su componente conservador en términos ideológicos; pero también hay un desenfado en señalar que la acción punitiva es un hecho normal de la democracia; así como también que el fortalecimiento de las libertades individuales implica ofrecer mayores garantías para la auto defensa de los hombres de bien -ya fuere con propuestas vinculadas a la tenencia de armas en el caso de Bolsonaro y Milei, frente al abuso de los criminales en el caso de Trump y Bolsonaro31, o frente a los abusos de ciudadanos de bien, los pobres o los nativos según la narrativa en cada uno de los tres casos-32.
En este punto, es recurrente la crítica de los tres candidatos al accionar de la justicia, ya fuere por su acción u omisión, pero también por su embate abierto y parcial contra su propia figura, tal y como puede observarse en los siguientes fragmentos:
Nosotros consideramos que el que las hace las paga y que justamente hay que seguirlos, hay que terminar con los jueces que sueltan presos y que se escudan en artificios del Código Penal para, digamos, en las contradicciones. (ARG_12/11/2023_Balotaje).
Então, o Roberto Jefferson explodiu o seu governo. O Mensalão. Atrás disso veio o petrolão, veio tudo. Mais de 100 pessoas presas. Você mesmo, Lula, foi condenado em três instâncias, por unanimidade. E só está aqui porque tem um amigo no Supremo Tribunal Federal. Senão você não estaria aqui. Você tinha que estar preso, Lula. (BRA_29/10/2022_Balotaje).
Excuse me. Every one of those cases was started by them against their political opponent. And I’m winning most of them and I’ll win the rest on appeal. And you saw that with the decision that came down just recently from the Supreme Court. I’m winning most of them. But those are cases, it’s called weaponization. Never happened in this country. They weaponized the justice department. (USA_10/09/2024_General).
En cuanto a las políticas públicas de seguridad, los tres candidatos plantean en este punto la necesidad de introducir cambios sustantivos para que se dé un viraje imperioso frente a un presente que consideran deleznable. En ese sentido, el propio Milei plantea la necesidad de hacer un cambio en múltiples aristas, que van desde reformar la Ley de Seguridad Interior, de Inteligencia, del Sistema Penitenciario, hasta cambiar el Código Penal33. En consonancia, Bolsonaro defiende su tarea realizada en el marco de su gobierno, al señalar el cambio realizado en relación con el campo y las invasiones de tierra por parte del MST, mostrando claramente cómo empoderó el poder de policía del sector propietario vis a vis el campesinado34. En igual medida, Trump también evoca su tarea realizada en el gobierno para sustentar la necesidad de un cambio de timón y un viraje del rumbo que retrotraiga el accionar demócrata, especialmente vinculado a las políticas de seguridad fronteriza y de primacía y proactividad en el plano de geopolítica mundial35.
Populismo
La dimensión del populismo en el marco de las derechas radicales fue la que recibió mayor cantidad de citaciones. Se trata de un clima de época signado por profundas transformaciones políticas en la han intervenido una revolución tecnológica cuyo producto principal fue la revolución de los cuerpos intermedios que mediaban entre el Estado y la sociedad (Urbinati, 2021). En este contexto el populismo, por los rasgos que lo definen, logra captar este estado de cosas.
En los discursos de Trump, Bolsonaro y Milei el populismo se erige por el culto a la personalidad del líder, identificación que se produce a partir de su reputación personal; un discurso antiestablishment asentado en los rasgos antiélites políticas, lo cual brinda un espacio de esperanza de una transformación política; y, una construcción de la idea de pueblo que no se condice con la referencia a una categoría social específica -campesinos, obreros, trabajadores, etc.-, sino que es comprendida en términos de hombres de bien, es decir, personas comunes y corrientes que se ganan la vida con el esfuerzo de su trabajo.
De acuerdo con esto si abordamos la categoría culto a la personalidad del líder la referencia a la reputación personal son recurrentes. En esta dirección cabe destacar que la identificación ciudadanía remite al coraje y a la fuerza que los líderes para llevar adelante distintas transformaciones políticas que sus antagonistas no podrían impulsar. Milei36 y Trump37 prevalece la dimensión económica, por diferentes motivos, la cual aparece ligado a su reputación. En el contexto argentino donde la cuestión de la inflación se mostró como una constante por lo que en su discurso Milei, en su condición de economista profesional, tocaba una fibra íntima de la sociedad. En el caso de Estados Unidos se encuentra ligado a la carga impositiva y reglamentaciones que limitarían, en su opinión, la propiedad privada. En cambio en el caso de Bolsonaro38 apela a una construcción de su reputación en la veneración de su relación con dios y con su honestidad en el manejo de los recursos públicos39. Las menciones referidas a la corrupción de los gobiernos petistas para confrontar con Lula son recurrentes en el discurso de Bolsonaro40.
Ahora bien estos atributos personales se encuentran ligados a una esperanza de cambio político y social, el cual aparece caracterizado bajo el rasgo de antiestablishment que se proyecta en un discurso con la categoría antiélites políticas. En efecto, los elencos gubernamentales que conformaron históricamente las elites han llevado, de acuerdo a estos discursos, a las crisis actuales. Estas han asumido la forma de falta de perspectiva de crecimiento y engrandecimiento de la nación, de sacarle todo el potencial que por cuestiones inherentes a los países tienen para ser líderes mundiales -en Estados Unidos o Brasil- o tener una perspectiva de crecimiento y prosperidad -en referencia a Argentina-. Por ello, el tipo de liderazgo carismático posee una primacía discursiva ineludible. Asimismo, las características carismáticas también se dirigen a producir transformaciones en las instituciones políticas, ya sea porque se las desfinancia, se las anula políticamente o simplemente tomando la decisión de hacerlas desaparecer del organigrama del gobierno. Acorde con esto, la clase política es la designada como la principal enemiga de estos liderazgos. Esta sería la responsable de la escasa prosperidad de los países, además, estos elementos gubernamentales lo único que persiguen es perpetuarse en el poder y enriquecerse en detrimento del pueblo. En el caso de Milei, la misma aparece en términos de «casta»41, y en el de Bolsonaro, de «cleptocracia»42, las cuales utilizaron los privilegios que brinda los recursos estatales para mantenerse en el poder, enriquecerse y los designan como los responsables de la histórica crisis de sus respectivos países. En el caso de Trump, hace foco en Biden en términos de un político débil que no pudo resolver la cuestión impositiva43. Las diferencias de Argentina y Brasil con Estados Unidos son nítidas en el sentido de que tanto Bolsonaro como Milei se presentan como outsiders de la clase política, candidatos que se presentan como ajenos a ella, mientras que en el caso de Trump, si bien se presentó por el partido republicano, este estuvo apuntalado en su primera elección con el Tea Party, el cual nace por afuera de esa formación partidaria, pero que luego se unió para lograr el triunfo de Trump.
La construcción de la idea de pueblo nace a partir del tipo de interpelación que se activa desde el liderazgo a partir de la categoría hombre de bien, es decir, constituye una relación de se dirige desde arriba hacia abajo. Entonces, la interpelación de los hombres de bien tienen un adversario claro, la clase política así como también aquellos que se encuentran inscriptos en programas de transferencias condicionadas -como el Bolsa Familia en el caso de Brasil o la Asignación Universal por Hijo en el caso de Argentina- o los extranjeros -mexicanos- que en Estados Unidos son los designados por Trump como aquellos que le sacan trabajo a los verdaderos norteamericanos y, al mismo tiempo, tergiversan su cultura.
Conclusiones
La campaña electoral en Brasil (2022), Argentina (2023) y Estados Unidos (2024) fue una coyuntura sin precedentes, atravesada por virajes copernicanos al pasado reciente -como le irrupción de nuevos partidos, renuncias de candidatos, alianzas impensadas, etc.-, signada por hechos de violencia política inusitados -desde atentados, toma de espacios públicos o expresiones ofensivas y nefastas, por mencionar algunos-, pero también por una fuerte polarización y campañas de carácter negativo expresada en los constantes ataques entre los principales candidatos, inclusive en el marco de los debates televisados. Así, en los tres países la elección puso descarnadamente en juego la tensión por los clivajes izquierda-derecha y continuidad-cambio, pero también puso en vilo un profundo debate sobre la gobernabilidad y la estabilidad institucional, el manejo de la economía y la desigualdad después de la pandemia, así como también desplegó un velo de incertidumbre sobre el futuro de la democracia.
En este marco, el posicionamiento discursivo de Bolsonaro, Milei y Trump claramente se inscribía programáticamente dentro de la reciente familia política de las derechas radicales; por ello, analizar su posicionamiento en los debates televisivos desde una perspectiva cualitativa fundamentada en datos a partir del anclaje teórico en los componentes nativistas, autoritarios y populistas de este tipo de expresión política, ha sido una estrategia fructífera en término de la relevancia del conocimiento generado, al menos en cinco aspectos que en estas reflexiones finales buscamos destacar.
En primer lugar, en términos teóricos, cabe señalar que este trabajo ha puesto en evidencia que marcos analíticos como el de Cas Mudde, aunque formulados en el cuadrante noroccidental, son fértiles para realizar comparaciones capaces de atravesar regiones diversas. Es decir, este trabajo ha aportado fehaciente a robustecer la propuesta teórica del mencionado autor al realizar un control de generalizaciones y proceso de falsación teórica, permitiendo expandir la capacidad exegética de esta teoría más allá del rango medio para el cual fue generada.
En segundo lugar, en términos empíricos, este trabajo ha puesto en diálogo un corpus de fuentes habitualmente trabajadas, pero mayormente de forma separada o sin diálogo entre exponentes similares de las derechas radicales más allá de distinción regional norte-sur. En ese sentido, uno de los aportes teóricos de este trabajo ha sido el de procesar este tipo información en idiomas diferentes para un público hispanoparlante; pero también el de ofrecer una mirada o inferencia analítica ordenada y estructurada sobre este tipo de fuentes, de forma tal que pueda ser replicable a la luz de otros exponentes similares tanto en América Latina como en otro tipo de regiones.
En tercer lugar, en términos metodológicos, este escrito ha permitido una comparación cross-national que, independientemente de las variaciones tropicales, australes o nórdicas dentro de las américas que expresaban estos tres contendientes de derecha radical, ha puesto el acento en identificar los elementos concurrentes en pro de fortalecer los postulados teóricos de partida. Asimismo, las herramientas del análisis fundamentado en datos, nos ha permitido desplegar un contraste de contexto que ofrecía profundidad analítica a la ilustración paralela de teoría que pretendía realizar.
En cuarto lugar, en términos disciplinares, aunque exploratorio y preliminar -cuando no atados a procesos en claro desarrollo-, la propuesta de este ensayo se introduce en un debate en expansión dentro de la ciencia política -compelido tanto por el debate teórico dentro de la tradición de discurso como por la intensa proliferación de experiencias nacionales de exponentes afines a la derecha radical en la última década-, motivo por el cual busca ofrecer evidencias empíricas y teórico metodológicas que sirvan de sustento para evitar miradas parroquiales, sesgadas o peyorativas.
Por último, en términos de la relevancia social del conocimiento generado en este trabajo, habitualmente la opinión pública (y publicada) como la ciudadanía en su conjunto, han estado fuertemente embelesadas y politizadas en derredor de la irrupción de las figuras de Bolsonaro, Milei y Trump, por lo cual es necesario ofrecer miradas cautelosas en términos analíticos y quirúrgicas en términos políticos, que permitan diferenciar la mera doxa de cierta episteme.














