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Revista Uruguaya de Ciencia Política

Print version ISSN 0797-9789On-line version ISSN 1688-499X

Rev. Urug. Cienc. Polít. vol.33  Montevideo  2024  Epub Dec 01, 2024

https://doi.org/10.26851/rucp.33.17 

Reseña bibliográfica

Reseña

1Cornell University (EE. UU.). sja89@cornell.edu

Bogliaccini, J. A. . (, , 2024. )., , Empowering Labor: Leftist Approaches to Wage Policy in Unequal Democracies. ., C, ambridge: University Press,


Empowering Labor, de Juan A. Bogliaccini, es un libro espléndido que aborda las bases históricas y de largo plazo de la política de fijación de salarios (lo que Bogliaccini llama la «predistribución») en Chile, Portugal y Uruguay. En contra del consenso que predomina en gran parte de la literatura -que sostiene que los países pequeños deberían converger en un modelo único y descentralizado de fijación de salarios, una política paradigmática dentro del ámbito de la «predistribución»-, el libro parte de la observación de que no hay convergencia ni un único modo de organizar el capitalismo, sino una notable variación entre países. El libro mapea esa variación y explica las causas de las diferentes trayectorias que conducen a distintos resultados.

El libro tiene muchos méritos tanto teóricos como empíricos. El primero -y no menor- es poner en el centro de la agenda y destacar la relevancia sustantiva de las cuestiones relacionadas con la «predistribución» en el contexto latinoamericano y más allá. Este es un tema que claramente no ha recibido la atención que merece en la literatura en ciencia política o sociología, tanto en la región como fuera de los países con escaso desarrollo industrial. Además, el libro logra vincular corrientes de literatura que suelen transitar por caminos paralelos, pero con poca interacción, como las literaturas sobre redistribución, estrategia partidaria, sociología del trabajo, incorporación política e incluso teoría democrática. Se basa en un trabajo de campo excepcional en tres países, con entrevistas a más de 150 actores clave y un meticuloso trabajo de archivo. También está muy bien organizado y, como dirían los gringos, es un page turner. Como lector que desconoce los matices del tema, aprendí muchísimo sobre un asunto que no conocía bien.

El argumento teórico central es que los fundamentos históricos de las distintas trayectorias de la política de fijación de salarios son en gran parte el resultado de dos variables explicativas: (1) el grado en que el movimiento obrero es considerado un actor político legítimo y (2) el nivel de cohesión de la izquierda en el poder. Cuando ambos factores están presentes, como en el caso de Uruguay, se logra una negociación salarial semicentralizada y obligatoria bajo un esquema que Bogliaccini denomina «neocorporativo». Cuando ambos atributos están ausentes, como en Chile, se produce una negociación salarial descentralizada y voluntaria, bajo un esquema que Bogliaccini llama «liberalismo de izquierda». Finalmente, en contextos en los que el movimiento obrero es considerado legítimo, pero la izquierda está dividida, se obtiene una negociación salarial semicentralizada y voluntaria, bajo un esquema de «concertación dirigida por el Estado».

Si bien hasta aquí todo parece sencillo, el argumento de Bogliaccini es considerablemente más rico en términos teóricos. La primera variable explicativa -el grado en que el movimiento obrero es considerado un actor político legítimo- es de largo aliento y representa una causa histórica con efectos continuos. Bogliaccini plantea que la forma en que el movimiento obrero fue incorporado políticamente a principios del siglo XX generó distintos modos de legitimación. Esto es algo que ya sabemos, en parte gracias al trabajo de Collier y Collier (1991), pero Bogliaccini introduce una innovación interesante en nuestra forma de entender la incorporación política y sus efectos, al vincular el trabajo de Mark Warren con otros como los de Huntington, Luebbert y Lijphart. Esto le permite conceptualizar tres modos de legitimación que serán importantes más adelante como factor condicionante de la estrategia político-partidaria en el período post-neoliberal.

Mi lectura, quizás errónea, es que Bogliaccini presta una atención tal vez sobredimensionada al papel de las élites en la reproducción de esos tres modos de legitimación, sin teorizar en profundidad el rol de las no élites durante los períodos de intentos deliberados de reiniciar la secuencia, como ocurrió, por ejemplo, durante los períodos autoritarios. La incorporación temprana se presenta en la explicación como estable e inmune a intentos de revisión, produciendo así efectos continuos e invulnerables a shocks. Surge, entonces, una pregunta: el trauma de la represión y la violencia política de los años 70, junto con las dinámicas políticas de las transiciones a la democracia, ¿no produjeron efectos independientes y de largo aliento también? ¿No alteraron, por ejemplo, el perfil político de las izquierdas, fortaleciendo algunas corrientes internas y desalentando a otras, independientemente de los legados de más largo plazo? ¿Y qué hay de los efectos sistémicos de la competencia tras las transiciones o de los contextos institucionales en los cuales accedieron al poder en los 2000?

La segunda variable explicativa es más cercana en términos temporales; se refiere a la unidad o niveles de cohesión de la izquierda. Bogliaccini argumenta que es más probable que una izquierda unida sea exitosa no solo en términos de movilización electoral, sino que también esté más propensa a utilizar políticas de fijación salarial como estrategia «predistributiva». Esta parte del argumento me parece bastante intuitiva, y no tengo objeciones. Sin embargo, me gustaría entender mejor por qué las divisiones al interior de la izquierda partidaria son más importantes o debilitantes que las divisiones dentro del movimiento obrero. Después de mi lectura, no me quedó del todo claro, pero esto, desde ya, puede ser simplemente un problema del lector.

Otro punto sobre el que me gustaría tener un poco más de elaboración es el siguiente: en el libro queda claro que los legados de la incorporación dejaron efectos duraderos y estables, condicionando la unidad de la izquierda. No se puede ignorar la historia, y Bogliaccini -felizmente y con gran habilidad- se opone a las lecturas excesivamente presentistas que abundan en la literatura. Sin embargo, el caso chileno también demuestra que, además de las continuidades, existe la posibilidad de cambio. Por ejemplo, en los años 70 había un frente de izquierda unido y radicalizado, mientras que en los 90 se presenta uno dividido y centrado. Esta posibilidad de desplazamiento en el espacio tipológico me lleva a pensar que tal vez haya algo más detrás de los legados históricos de largo plazo que condicionan el grado de cohesión o unidad de la izquierda, o que la unidad podría ser un resultado más «contingente» que estructural. Creo que sería valioso desarrollar este punto por al menos dos razones. En primer lugar, porque el libro destaca la relevancia teórica de la unidad o cohesión. Sin embargo, hablar hoy de unidad parece bastante difícil; parece un tema del pasado. Hoy nos enfrentamos a un terreno social y político bastante fragmentado y, tal vez, cada vez más heterogéneo. ¿Qué tipo de condiciones podrían ayudar a generar unidad? ¿Dónde? ¿A través de cuáles formatos organizativos? ¿Y qué condiciones podrían permitir mantenerla?

En segundo lugar, y relacionado con lo anterior, están las limitaciones clásicas de los estudios sobre coyunturas críticas. El libro destaca la importancia de los procesos que se mueven lentamente. Las ventajas de este enfoque son muchas, ya que nos alejan de la coyuntura inmediata. En este libro en particular, Bogliaccini nos señala que, por ejemplo, intentos violentos de resetear el reloj, como lo hicieron las dictaduras de los años 70, pueden enfrentar limitaciones estructurales, o que legados antiguos pueden actuar como impedimentos. Estudiar causas de largo plazo también nos proporciona pistas para reflexionar con prudencia sobre lo que puede venir. Es decir, si los equilibrios son estables y resisten fuertes shocks, contamos con herramientas para entender los factores que pueden ayudar a condicionar nuevas tendencias y shocks. Pero, al mismo tiempo, el cambio puede operar de manera análoga: puede ser gradual e imperceptible. ¿Cuál sería, entonces, una posible teoría del cambio? ¿Cómo se puede utilizar este libro para pensar más allá de estos tres casos y de lo que aparenta ser una historia de continuidad y resiliencia?

Dado que concluyo mi reflexión haciendo referencia a «más allá de estos tres casos», no puedo dejar de preguntar cómo otros casos no incluidos en el libro pueden ser relevantes, o no, para ilustrar las tendencias o dinámicas políticas desarrolladas en él. Queda claro que no todos podemos ser Uruguay ni reproducir su trayectoria histórica. Pero, ¿cómo podemos analizar las trayectorias comparadas de Argentina, Brasil o México, por ejemplo? ¿Cómo debemos abordar casos que presentan estructuras laborales distintas o más heterogéneas, como un mayor porcentaje de trabajadores informales? ¿Cómo se pueden extender los argumentos presentados? Finalmente, una nota menor sobre el alcance de los argumentos: el libro sostiene claramente que las respuestas a presiones comunes se procesan de manera diferente en distintos contextos. Pero ¿qué significan los cambios en las estructuras productivas que están en marcha hoy para la generación de unidad o alianzas solidarísticas, así como para las posibilidades de coordinación?

Estas son solo algunas preguntas que surgen tras una primera lectura de este espléndido libro y que, de ninguna manera, desafían sus argumentos o su base empírica. Como ocurre con todo libro excelente y ambicioso, Empowering Labor resuelve varias preguntas importantes y al mismo tiempo abre nuevas líneas de investigación que pueden ser refinadas con un mayor trabajo empírico comparativo y teórico. No tengo dudas de que será ampliamente leído y discutido, tanto en el norte como en el sur, y que marcará la agenda sobre el papel de los trabajadores en la política, especialmente en sociedades desiguales -en América Latina y más allá-.

Referencias bibliográficas

Collier, R., Collier, D. (1991). Shaping the Political Arena: Critical Junctures, the Labor Movement, and Regime Dynamics in Latin America. University of Princeton. [ Links ]

Huntington, S. P. (1996).Political Order in Changing SocietiesYale . University Press. [ Links ]

Lijphart, A. (1969). Consociational Democracy.World Politics,21(2), 207-225. DOI: 10.2307/2009820. [ Links ]

Luebbert, G. M. (1991). Liberalism, Fascism, or Social Democracy: Social Classes and the Political Origins of Regimes in Interwar Europe. Oxford University Press. [ Links ]

Warren, M.E. et al. (2016). Deliberative Negotiations. En J. Mansbridge y C. Jo Martin (Eds.), Political Negotiation: A Handbook. Brookings Institution Press, 141-198. [ Links ]

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