En este libro, dos experimentados investigadores argentinos retoman temas afines: Gené ha estudiado las formas de construcción político-territorial desde el Estado, y Vommaro es una referencia ya clásica sobre la trayectoria del pro. El resultado es un libro excelente sobre el origen y el desempeño de la primera coalición de centroderecha en ocupar el gobierno por la vía democrática en Argentina, Cambiemos (desde 2019, llamada «Juntos por el Cambio», vertebrada esencialmente entre Propuesta Republicana (pro), la Unión Cívica Radical (ucr) y la Coalición Cívica), entre 2015 y 2019. El texto es un manual de cómo hacer sociología política de calidad en sus dos ramificaciones principales: la partidaria y la económica. Hay aquí una visión sociológica de los partidos políticos, es decir, trasciende la esfera puramente institucional-electoral y se adentra en un análisis sobre cómo el pro se inserta en la sociedad. En segundo término, el libro despliega una sociología de la política económica del gobierno de Mauricio Macri, enfocada esencialmente en la interacción de los actores empresarios y populares con el Estado.
El libro recuerda la pluma exquisita de Juan Carlos Torre analizando períodos anteriores en Argentina, esto es, un análisis que es a la vez historia, sociología y economía política. Hay un relato que tiene una secuencia histórica, pero no se trata, desde luego, de pura historiografía. El trabajo se nutre de conceptos politológicos y sociológicos centrales: legados institucionales, enfoques sobre el Estado de bienestar, las vías del poder empresario, coaliciones sociales de «veto» y teorías sobre la relación partidos políticos-movimiento social son invocadas aquí y allá en clave explicativa. Su método esencial es la recuperación de datos primarios y, especialmente, las entrevistas a actores clave; las hay a todo tipo de actores y para todos los gustos -tecnocráticos, partidarios, empresarios, sindicalistas, movimientos sociales, oficialistas y opositores-, son jugosísimas y por sí solas ya hacen valioso el libro.
El trabajo de Gené y Vommaro está organizado, a la vez, temática e históricamente. La primera parte estudia la interacción con sectores de la ucr y del peronismo -esencialmente, vía alianzas con los primeros y cooptación con los segundos- en la génesis de pro y de Cambiemos, para culminar con un análisis de las estrategias de construcción partidaria una vez en el gobierno nacional. Si en su crecimiento vertiginoso inicial el pro alternó la inclusión de extrapartidarios radicales y peronistas con la inserción social vía ong y fundaciones (para)partidarias con perfil «técnico», una vez en el gobierno, la evolución organizativa no siguió ese camino expansivo. En otras palabras, pro no emuló, nos dicen Gené y Vommaro, al primer peronismo en su crecimiento exponencial desde el Estado como partido «nuevo». Este déficit territorial queda claro en la estrategia de los «candidatos aéreos». Se trata de cuadros introducidos en los territorios por la élite que controla el partido desde la Ciudad de Buenos Aires. En un análisis muy ilustrativo, el libro muestra cómo en localidades como Quilmes o Pergamino el enviado externo no logra afianzarse, desconectado de una estrategia sólida de construcción partidaria desde los Estados nacional y provincial. En el primer caso, termina derrotado por la maquinaria peronista; en el segundo, cooptado por el entramado de la ucr local. Dicho de otro modo, candidatos «importados» para coyunturas electorales precisas e inicialmente exitosos no resultan en una implantación territorial partidaria duradera. Esta lección va mucho más allá de esos dos distritos.
La segunda parte del libro estudia la sociología económica del ascenso y el gobierno de Cambiemos. Los autores nos cuentan la evolución de la coalición de centroderecha en interacción con el mundo de los negocios y las organizaciones populares, sindicatos y movimientos sociales. Aquí alumbra otra virtud central del libro, que es mucho más que una historia del pro. De hecho, en una crítica que puede ser leída también como un elogio, el título y la promoción del libro desde su tapa hacen poca justicia a su alcance y ambición. Se trata de una obra sobre la política y la economía argentinas en las primeras dos décadas del siglo xxi, aun cuando se concentre más en la etapa de Cambiemos. Así, antes de analizar el gobierno de Macri, el libro realiza una cuidadosa genealogía de los actores populares y empresarios que venían del kirchnerismo iniciado en los años 2000, dibujando trayectorias opuestas, fortalecidos unos, asediados los otros.
Ese camino previo desemboca en el período de gobierno de Cambiemos, en el que se verifica un apoyo empresario multisectorial tangible -que incluye la industria, el sector agrario y las finanzas- pero descoordinado, y una sorpresiva confluencia con los movimientos sociales y parte del peronismo y los sindicatos que va a mutar en enfrentamiento abierto a partir de la reforma previsional de fines de 2017. Esa descoordinación que abrió la puerta a comportamientos defensivos de los empresarios y cierta «ingenuidad» en el lidiar con los actores populares son, en la perspectiva de Gené y Vommaro, la clave principal de fracaso del gobierno de Cambiemos. En palabras de los autores, la debilidad esencial del gobierno de Macri estuvo «en su economía política» (p. 220).
Aquí surge la observación más crítica al libro, aun cuando quizás se trate de una cuestión de énfasis. Para ir al nudo: el libro es algo contemplativo con el gobierno de Macri en su desempeño programático. El origen del fracaso es que no entendió a los actores, que le contestó «el país real». Los autores probablemente se identifican demasiado con su entrevistado, un cuadro central en la comunicación del pro, cuando sostiene que «le ganamos al peronismo, pero nos encontramos con la Argentina» (p. 298). Sin embargo, esta mirada dice poco de dos cuestiones clave e interrelacionadas: a) los errores de política pública «autoinfligidos» que condujeron al fracaso y b) el mundo de las ideas programáticas en que esos fallos abrevaron.
El gobierno de Macri eligió una estrategia de política económica que estaba lejos de ser el «único camino posible» aun dentro de una orientación general promercado. Esto se puede ver en elecciones claras: la liberalización total de la cuenta capital en 2016 cuando se levantaron los controles de cambio; la baja violenta de los derechos de exportación a los commodities agrarios; la convicción de que en la economía argentina, supuestamente poco conectada con el mercado internacional, las devaluaciones violentas, no generarían impacto inflacionario («no existe el pass-through»); la creencia absurda en el financiamiento permanente de los mercados internacionales, y, finalmente, la noción de que fijar el target de inflación y la contracción monetaria son la herramienta excluyente para combatir la inflación en una economía como la argentina. Obviamente, estas medidas o miradas fueron a todas luces perjudiciales o contraproducentes a la larga: una liberalización de la cuenta capital que dejó al Gobierno indefenso ante las fuertes corridas cambiarias; la baja de retenciones, que obligó a recostarse aún más en el financiamiento externo para preservar sostenibilidad fiscal, y una estrategia exclusivamente enfocada en el control de la base monetaria, que, con un balance de pagos en picada, fue incapaz de prevenir la duplicación de la inflación recibida. No se trata simplemente de una lectura con el diario del lunes: todos estos riesgos eran patentes aun para observadores no peronistas al inicio del gobierno de Cambiemos.
En otras palabras, hubo errores programáticos que tienen poco que ver con la presión o la relación con los actores. Por supuesto, la baja de retenciones, la liberalización de la cuenta capital o el sobreendeudamiento eran demandas de constituencies propias en el agro y las finanzas. Sin embargo, nada obligaba a satisfacerlas tan rápido, especialmente cuando se les garantizaba el fin del «asedio kirchnerista». Del mismo modo, cuesta entender cómo actores populares -sindicatos, movimientos sociales, fracciones del peronismo como el Frente Renovador (fr)-, que, como el análisis de Gené y Vommaro deja claro, estaban separados del kirchnerismo en 2016-2017, convergen con él en cuestión de meses. ¿A qué se debe el fortalecimiento súbito de actores populares «reales» que el mismo libro muestra inicialmente como fragmentados y débiles? Los errores de política económica existen y, por supuesto, en Argentina no son patrimonio del pro (la política constante de tasas de interés negativas y la excesiva expansión fiscal de la última etapa del kirchnerismo es testigo de ello).
La pregunta obligada que surge es por qué Cambiemos presenta ese liberalismo ideológico e inocente -especialmente, en materia cambiaria, externa e impositiva, no tanto en el plano del gasto fiscal- a todas luces contraproducente en esta parte del mundo, más aún con la herencia recibida, enfoque, por otra parte, ni siquiera compartido por el actual gobierno de ultraderecha promercado en Argentina, que mantuvo la regulación de la cuenta capital y las retenciones al agro para financiarse, cierto que en una situación económica más compleja que la de 2016. En este sentido, el libro, concentrado en el juego de los actores económicos, relega una corriente relevante en las ciencias sociales contemporáneas: los enfoques ideacionales de autores como Fourcade y Dobbin en sociología económica, o Blyth, Hall y Sikkink en ciencia política, perspectivas que ponen, por ejemplo, acento en la formación intelectual de los cuadros de gobierno y su procedencia. En este caso, la «pistola humeante» estaría en las ideas desregulatorias en las que abrevan cuadros decisorios que vienen de la puerta giratoria de las finanzas internacionales, o en ciertos funcionarios formados en las escuelas mainstream de economía de las universidades norteamericanas, poco familiarizados con las realidades estructurales de las economías latinoamericanas.
De todos modos, más allá de matices respecto al rol de los actores y las fuentes del fracaso económico del gobierno de Macri, estamos en presencia de un gran libro que será referencia obligada para el estudio de la democracia argentina en lo que va del siglo xxi. Cuando en Argentina la ultraderecha a secas busca reemplazar la centroderecha como expresión política de los sectores económicamente dominantes, el análisis del fallido «sueño» de Cambiemos cobra aún mayor relevancia.














