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Ciencias Psicológicas

versión On-line ISSN 1688-4221

Cienc. Psicol. vol.4 no.2 Montevideo nov. 2010

 

DEPRESIÓN EN ESTUDIANTES DE ENSEÑANZA MEDIA PÚBLICA, SEVERIDAD, GÉNERO Y EDAD *

STUDENTS, LEVELS OF SEVERITY, GENDER AND AGE DEPRESSION IN PUBLIC MIDDLE SCHOOL

 

Nelda Cajigas-Segredo

Área de Perfeccionamiento Docente y Estudios Superiores, Administración Nacional de Educación Pública y Facultad de Psicología, Universidad de la República, Uruguay

Evelina Kahan

Área de Perfeccionamiento Docente y Estudios Superiores, Administración Nacional de Educación Pública y Facultad de Psicología, Universidad de la República, Uruguay

Mario Luzardo

Área de Perfeccionamiento Docente y Estudios Superiores, Administración Nacional de Educación Pública y Facultad de Psicología, Universidad de la República, Uruguay

Ma. del Carmen Ugo

Facultad de Psicología, Universidad de la República, Uruguay

 

 

Resumen: Se administró a seiscientos estudiantes de 11 a 17 años de nivel socio-económico medio-bajo de un liceo público del Montevideo suburbano, el Children’s Depression Inventory (CDI, Kovacs) tomado de la traducción y validación españolas y factorizado y validado en Uruguay por estos autores con propiedades psicométricas mayoritariamente satisfactorias.

La prevalencia de la depresión alcanzó un 15% de la muestra. Con respecto al género, se confirmaron puntuaciones más altas en las chicas en la Puntuación Global y las dimensiones identificadas. Solamente el factor Ineficacia se presenta independiente del género sugiriendo una problemática adolescente específica.

La depresión evoluciona dependiendo del género y aumenta significativamente con la edad consistentemente con parte de la literatura que destaca un incremento en la población femenina posterior a los 12 años.

Aunque no hay diferencia ínter género en los estudiantes no deprimidos, entre los moderados y severamente deprimidos, las chicas son el doble de los varones con variaciones por factor.

Palabras clave: Depresión Adolescente, Grados de Severidad, Género, Edad, Escalas.

 

Abstract: The Children’s Depression Inventory (CDI, Kovacs, 1992) was administered to six hundred 11 to 17 year old students of middle-low socio-economic status from the public system middle school in semi-rural Montevideo. The translation and validation had been made in Spain and was adapted, factorized and validated in the Uruguayan sample by these authors. Psychometric properties were largely satisfactory.

Depression prevalence reached 15% of students. Regarding gender, the Global Composite and the identified dimensions confirmed higher scores in girls. Only the Inefficacity factor was found to be gender independent, which suggests a specific adolescence issue.

Depression evolution depends on gender and significantly increases with age. This is consistent with a number of previous studies that highlights an increment in girls after 12 years old.

Albeit non depressed students do not show a difference inter gender, moderate to severely depressed girls are double the number of depressed boys with variation by factors.

Keywords: Adolescent Depression, Severity Levels, Gender, Age, Scales.

 

* Este artículo es parte del manuscrito “Depressão em Estudantes Uruguaios: Gravidade, Gênero, Idade e Relação com a Agressão entre Pares entregado en enero de 2010 para un capítulo del libro digital colectivo Jovens, Violência e Escola” compilado por Leila Maria Ferreira Salles y Joyce Mary Adam de Paula e Silva, Dpto. de Educação, UNESP, Rio Claro, Brasil: Editora UNESP, en prensa.

 

 

INTRODUCCIÓN

La depresión adolescente últimamente ha sido catalogada entre las enfermedades que mayor sufrimiento causan a las personas, convirtiéndose en uno de los principales motivos de consulta clínica.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2002), 121 millones de personas en el mundo sufren de depresión. La prevalencia de esta enfermedad es dos veces mayor en las mujeres y afecta cada vez más a los jóvenes. Cada año se suicidan más de 800.000 personas, y más de la mitad de los suicidios corresponde al grupo de los jóvenes que resulta así el de mayor riesgo.

Lo que genera la depresión depende substancialmente de la concepción de la emoción en cada teoría, ya que se considera que la depresión es una emoción (Del Barrio V., 2007). Según se adhiera a una orientación biológica, psicoanalítica, conductista o cognitivista en psicología, o sociológica, histórica y/o económica en ciencias sociales, se dan cuenta de factores genéticos, psicológicos, psicosociales, de historia del individuo y familia, etc. que interactúan primando uno u otro en la etiología de la depresión. Como es difícil hallar causa y efecto se habla de factores de riesgo que indican una correlación significativa entre diversas variables y el problema estudiado.

Investigaciones sobre este tema han identificado que un primer episodio de depresión temprana eleva el riesgo de episodios depresivos, tanto en la adolescencia como en la edad adulta, con tasas de recurrencia que van del 45% al 72% en los tres a siete años subsiguientes (Horowitz & Garber, 2006). Se halló también que existe mayor riesgo en personas con antecedentes familiares, trastornos afectivos y en niños con experiencias vitales negativas, y además, que las influencias ambientales son más importantes en la infancia, pero que en la adolescencia se vuelven mayores las genéticas, sobre todo en niñas, y en ambos géneros, si existió una acumulación de eventos negativos.

Este artículo es parte de una amplia investigación1 sobre algunos mecanismos psicológicos involucrados en la violencia de adolescentes (los sentimientos de ira, depresión y las conductas agresivas). Los datos aquí descritos provenientes de centros educativos de la enseñanza secundaria pública de Montevideo, responden al interés y la necesidad de la comunidad de resolver los desafíos planteados por la depresión juvenil que, muy frecuentemente, y sin llegar al suicidio o su intento, está asociada con la violencia en la educación. Se apunta al diagnóstico, prevención y desarrollo de intervenciones para mejorar la calidad de vida de los jóvenes, sus familias y centros de estudio.

Luego de describir el entorno socio-económico y educativo en donde viven los jóvenes de la muestra, se presentan los hallazgos más relevantes de la depresión. Se describirán la metodología y los principales resultados según género, edad y grado de severidad.

 

1. LA PROBLEMÁTICA DE LA DEPRESIÓN ADOLESCENTE EN URUGUAY

La adolescencia es un proceso de transición. Este cambio entre la niñez y la edad adulta puede transcurrir con pocos trastornos o con comportamientos de alto riesgo. Es una etapa en que el joven desarrolla su propia identidad y mantiene las relaciones con sus padres, al mismo tiempo que consolida nuevas destrezas y relaciones extra-familiares. Así, en esta etapa, jóvenes con trastornos importantes tienen mayor probabilidad de padecer problemas cuando adultos. De ahí la necesidad de intervenciones eficaces en los jóvenes, para prevenir problemas de salud y promover una vida productiva y saludable.

Desde un enfoque psicosocial, los adolescentes son seres sociales, que generan un sentido de sí mismos a partir de intercambios interpersonales. Los factores sociales, económicos, culturales y familiares inciden sobre los procesos psico-biológicos individuales. El entorno brinda al individuo medios, modelos y recursos para aprender más sobre sí mismo, siendo esto decisivo en el pronóstico positivo de su salud mental. La fragilidad social y el riesgo de desequilibrio entre individuo y medio social como pueden derivar de la pobreza, el desempleo prolongado, el abandono del sistema educativo, etc., son situaciones caracterizadas por la ruptura de vínculos sociales con el grupo de pertenencia y muchas veces de exclusión social.

Según la OPS (2005) la depresión ocupa el cuarto lugar entre las diez principales causas de morbilidad y se calcula que para el año 2020 ocupará el segundo lugar, siendo la segunda causa de enfermedad entre personas de 15 a 44 años de ambos sexos. Algunos de los problemas socio-económicos y educativos siguientes son susceptibles de afectar al adolescente y provocar síntomas depresivos en la región y en Uruguay.

Pobreza. La pobreza, sobre todo prolongada, afecta en muchos aspectos el bienestar de niños y jóvenes. Se ha demostrado que tiene efecto en la salud de cada uno, su desarrollo cognitivo, rendimiento escolar, aspiraciones, autoestima, relaciones, conductas de riesgo y perspectivas de empleo (UNICEF, 2007). La pobreza y su secuela, la exclusión social, inhiben el potencial de los individuos y aumentan el riesgo de perturbar su salud. La persona se vuelve más vulnerable al stress, con mayor riesgo de presentar conductas desadaptadas y de padecer enfermedades mentales.

En los países de la región, la brecha de pobreza entre niños y adultos se ha agravado en los últimos 6 años, inclusive en Uruguay este fenómeno está arraigado con mayor gravedad: por ejemplo, la pobreza es 3,1 veces mayor en niños que en adultos cuando en 2002 la relación era de 2,5 (CEPAL, 2009). El informe CEPAL jerarquiza el mismo fenómeno que también se da en las mujeres quienes muchas son jefes de familia y cuyo trabajo no remunerado en el hogar y el cuidado de terceros impiden la inserción laboral, lo que repercute a su vez en la pobreza de sus hijos.

El apoyo social escaso de la familia pobre y el bajo nivel educativo alcanzado por padres y jóvenes se jerarquizan en un estudio longitudinal finlandés (Huurre, Eerola, Rahkonen & Aro, 2007) que encuentra que el estatus socioeconómico, el apoyo social y la depresión están significativamente asociados.

 

Aumento de problemas de salud, urbanización y cambios demográficos. Aún cuando, la salud sanitaria de las Américas (esperanza de vida al nacer y mortalidad) ha mejorado a fines del siglo XX, en algunos países se han incrementado los problemas de salud relacionados con la urbanización, formas de vida y envejecimiento de la población. Las tres cuartas partes de la población en las Américas viven en ciudades. Esto conlleva un riesgo mayor de exposición a problemas sociales vinculados con entornos urbanos como la depresión, violencia y otros problemas de salud mental (OPS, 2002).

Desesperanza. Dajas (2001) apunta a la situación socioeconómica y política del Uruguay a fines del S. XX y su incidencia en la depresión a través de los sentimientos de desesperanza vividos por muchos jóvenes. Se destacan en la población uruguaya: pobreza infantil y adolescente, segmentación social, desagregación de la familia y nuevas constelaciones familiares, deserción escolar, desempleo de jóvenes que no estudian ni trabajan, emigración.

Emigración. La desesperanza en el porvenir de muchos adolescentes engendra un clima afectivo que constituye el caldo de cultivo de los deseos de emigrar. El fenómeno de la emigración ha crecido en el mundo de la segunda mitad del siglo XX, afecta principalmente a los países no desarrollados y Uruguay presenta niveles más importantes que el resto (Pellegrino A., 2003).

En el año 2002 se estimaba que más del 12% de la población del país vivía en el exterior. Jóvenes de familias uruguayas de sectores vulnerables ponen en el fenómeno migratorio una visión optimista en la búsqueda de una mejor calidad de vida (CLAEH, 2008). La emigración facilita la desintegración familiar y tiene impacto social sobre 3 generaciones: el emigrante, sus padres y futuros hijos y nietos.

La deserción escolar es otro fenómeno importante que favorece la depresión de los jóvenes y, en círculo vicioso, se agrava con ella. En el año 2000, la tasa de deserción de los adolescentes en varios países latinoamericanos, inclusive Uruguay, afectaba al 25% - 35 % de los jóvenes de 15 a 19 años. En Uruguay como en otros países de la región, entre el 50% y 60% del abandono escolar se produce en la Secundaria y los principales factores de riesgo mencionados son la repetición por inasistencias, el bajo rendimiento y la extra-edad asociada al retardo escolar.

Debilidades del sistema escolar. Un primer factor “expulsor” del sistema escolar comprende la situación económica y el contexto familiar de los niños/adolescentes (insuficiencia de ingresos, inserción laboral temprana, anomia familiar, etc.). En casos, la familia como fuente de desamparo y violencia, así como la cultura extendida en los contextos desfavorables de falta de apoyo del trabajo formativo de la escuela, juegan un rol crítico. En segundo lugar y al interior del sistema escolar,: problemas conductuales, bajo rendimiento, autoritarismo y ausentismo docente, etc. generan situaciones expulsoras, ya sea por su inadecuada acción socializadora o porque no canalizan los problemas adversos del contexto de los alumnos (Espíndola & León, 2002).

Se observó que los jóvenes con bajo rendimiento en el primer grado, probablemente experimenten síntomas depresivos en sus últimos años de estudio y se manifiestan en conducta, atención y problemas sociales, siendo el sexo femenino el más afectado (APA, 2008). Otro estudio sobre las repercusiones del rendimiento escolar en el desarrollo individual y de salud de los jóvenes reveló que quienes rinden mejor académicamente muestran menos conductas de riesgo, incluidos el consumo de sustancias y los pensamientos suicidas (OMS, 2000).

Suicidio. El suicidio adolescente está vinculado con la presencia de psicopatología, predominantemente depresión y conductas de adicción. (Dajas, 2001). De acuerdo con la OMS Uruguay se encuentra entre los seis países con mayor número de suicidios, producto de la depresión, y exhibe una de las tasas más altas de América Latina (alrededor de 10/100.000 habitantes a fines del siglo pasado) según Bailador, Viscardi y Dajas (1997). Según informes actualizados de la OMS y OPS actualmente el suicidio es la segunda causa de muertes entre el grupo de edad de 10-24 años. Aunque tradicionalmente la población con mayores tasas de suicidio eran los varones de edad avanzada, las tasas de los jóvenes han venido creciendo a tal punto que ellos son actualmente el grupo con el riesgo más alto, tanto en los países industrializados como en los emergentes. Por otra parte, datos presentados por el Ministerio de Salud Pública uruguayo en junio de 2010 exponen que el 18% de las muertes de adolescentes y jóvenes ocurridas en Uruguay entre los años 2005 y 2009 correspondieron a suicidios. Las cifras muestran que cada cuatro días un adolescente o joven se quita la vida en el país. Uno de cada diez tiene entre 10 y 14 años. Cuatro tienen entre 15 y 19 y cinco de ellos tienen entre 20 y 24 años. (Lima, M.E., 2010).

Los comportamientos adolescentes ocurren en un contexto que incluye a las familias, al grupo de amigos, a la institución educativa y a la sociedad en su conjunto. Cuanto más adverso es el entorno, mayor es la necesidad de apoyo. Es importante que los países emergentes inviertan en el adolescente con un enfoque preventivo y de desarrollo, asegurando un crecimiento sano y las competencias necesarias para construir la sociedad futura que depende de una población joven, saludable y productiva (Burt, 1998).

 

2. MÉTODO

2.1. Participantes

La población de estudio estuvo conformada por 607 jóvenes, 46 % hombres y 54 % mujeres, que en 2001 cursaban los tres primeros años de enseñanza media en un establecimiento público. El rango de edades de esta muestra no clínica estuvo comprendido entre los 11 y 17 años y la mayoría de los estudiantes pertenecían a un estrato socio-económico medio-bajo con necesidades básicas satisfechas (Cajigas et al., 2003) que residían en una zona periférica y semiurbana de Montevideo. Presentaban características socio-demográficas similares a la de gran parte de la población estudiantil de la educación pública.

 

2.2. Procedimiento

Con el propósito de llevar adelante esta investigación se contó con el aval de las autoridades centrales y la cooperación de la dirección del centro que también permitió con beneplácito una intervención psico-educativa posterior por parte de este equipo, con el fin de atender los problemas identificados. Los padres firmaron un consentimiento escrito para que sus hijos participaran. Se mantuvieron reuniones preparatorias para explicar los objetivos de la investigación tanto con los estudiantes como con los docentes de aula.

A los efectos de la investigación se recurrió a la aplicación de instrumentos auto-administrados, aplicados en una sola vez con excepción de los grupos donde se aplicó el re-test a la semana siguiente para controlar la confiabilidad. Menos del 2,5% del total de los estudiantes consultados se negaron a responder lo que supone una excelente tasa de respuesta que ha contribuido a la confiabilidad de los resultados. Varios estudiantes declararon que les había gustado contestar los cuestionarios porque les habían permitido pensar en algunos de los problemas que se exploraban.

Los jóvenes participaron voluntaria y satisfactoriamente, luego de ser informados sobre la investigación y la importancia de su cooperación en la misma. Se aclaró que el material sería manejado exclusivamente por el equipo de investigación, exterior al Liceo, y se mantendría estricta confidencialidad relativa a las respuestas individuales.

La aplicación de esta prueba permitió una estimación aproximada de los estudiantes de riesgo (con altas puntuaciones en la escala o con sucesos vitales estresantes). A dichos jóvenes, identificados por la fecha de nacimiento, se les propuso participar en grupos de apoyo con profesionales externos y / o se los refirió al equipo multidisciplinar (psicólogo y asistente social) del liceo con el fin de orientarlos.

Con posterioridad al primer análisis, tuvo lugar una instancia de devolución donde se expusieron los resultados obtenidos, y en la cual se intercambiaron opiniones con la dirección y el equipo de docentes.

 

2.3. Instrumento

Con el fin de evaluar la depresión se administró el Inventario de Depresión para Niños de Kovacs (1992), al que se alude corrientemente como CDI (Children’s Depression Inventory) y que se tomó de la adaptación, traducción y validación española de Del Barrio (1997a) y Del Barrio, Moreno & López (1997b, 1999). Se realizaron pequeñas adaptaciones de lenguaje cuando algunas palabras o frases no eran las usadas corrientemente en Uruguay y por consiguiente podrían no haber sido bien comprendidas por los jóvenes. Se analizaron los resultados y la escala fue factorizada y validada en la muestra uruguaya.

 

2.3.1. Inventario de Depresión Infantil (CDI)

El CDI es el auto-informe más citado e investigado dentro de la temática de la depresión infantil y es utilizado tanto en población normal como clínica. Incluye los ambientes relevantes del mundo infantil, los componentes fundamentales del constructo de depresión con dimensiones cognitivas, afectivas, motivacionales, vegetativas y psico-motoras (Frías, Del Barrio & Mestre, 1991) y permite cuantificar la severidad del síndrome depresivo. Consta de 27 ítems, con tres oraciones cada uno que describen niveles crecientes o decrecientes de un síntoma de depresión dado. Se solicita a niños y jóvenes de 8 a 17 años que marquen la opción del ítem que mejor describe a cada uno en las últimas dos semanas. Al ítem se le asigna un valor numérico que va de 0 a 2 y cuanto más alto es el puntaje total, el nivel de depresión es mayor. Los ítems se muestran en el apartado siguiente.

 

2.3.2. Estructura Factorial de la Escala

La extracción de factores se realizó por el Método de Análisis de los Componentes Principales con el Método de Rotación Varimax con Normalización de Kaiser. La estructura factorial finalmente adoptada en la muestra uruguaya fue una solución de cuatro factores - explicando el 35, 11% de la varianza - correspondientes a las dimensiones de la depresión surgidas en esta población: (a) Autoestima Negativa/ Retraimiento (AENR); (b) Autoestima Negativa / Oposicionismo (AENO); (c) Ineficacia (INE) y (d) Ansiedad (ANS).

El CDI ofrece una Puntuación Compuesta Global. Después de la factorización en la muestra estudiada, la estructura más satisfactoria comprende 23 ítems en el total de los factores. Aunque una solución de 5 factores surgió con un porcentaje de varianza explicada más alto, se eligió este agrupamiento por su significado clínico con los adolescentes y la coherencia conceptual de los ítems dentro de los factores. No se guardaron ítems con cargas menores a 0,36, ni aquellos que tuvieran cargas simultáneas en dos factores de aproximadamente dicha magnitud o mayores. De acuerdo a estos criterios se eliminaron un total de cuatro ítems del CDI original.

 

Tabla 1

 

2.4. Propiedades Psicométricas

Las propiedades psicométricas resultaron de adecuadas a satisfactorias.

 

2.4.1. Validez

Con respecto a la validez de constructo, el concepto medido se comportó de manera consistente y en forma conceptualmente esperable ya que (a) se constataron cambios evolutivos en la depresión de los jóvenes; (b) se pudieron discriminar poblaciones de niños y adolescentes y así, los que obtuvieron un alto puntaje se diferencian significativamente de los que alcanzaron un puntaje medio o bajo, y (c) la estructura factorial y las correlaciones observadas muestran consistencia.

En primer lugar a nivel interno, los factores se relacionan significativa (p< 0,01) y lógicamente con la Puntuación Global y entre sí. Ellos exhiben correlaciones positivas moderadas a fuertes y sólo el factor Ansiedad exhibe una correlación relativamente débil. La Puntuación Global correlaciona fuertemente con la Autoestima negativa combinada con Retraimiento (AENR 0,84) y los sentimientos de inadecuación (Ineficacia INE 0,73). Algo menor pero también importante es la correlación entre Puntuación Global y AEN / Oposicionismo (AENO 0,63). Por último, la asociación con la Ansiedad (0,35) es aceptable aunque no alcanza el valor de las otras tres dimensiones.

Entre factores, la Ineficacia correlaciona positivamente con las dos variantes de la AEN pero más fuertemente con la AEN Retraimiento (0,48) que con la AEN Oposicionismo (0,36). Con la Ansiedad la asociación de la Ineficacia no es significativa como no lo es tampoco con la AEO. En cuanto a la AEN Retraimiento correlaciona aceptablemente con la AEN oposicionismo (0,40), como ya se dijo con la Ineficacia (0,48) y es el único factor que alcanza una correlación significativa (p< 0,01) con la Ansiedad aunque débilmente (0,16).

En segundo lugar y comparando con otras escalas administradas a la misma población, el constructo que se buscó validar – la depresión - muestra correlaciones de significado lógicamente esperable con la Escala de Agresión entre Pares (Cajigas, Kahan, Luzardo, Najson, Zamalvide, 2004; Cajigas, Kahan, Luzardo, Najson, Ugo & Zamalvide, 2006; Cajigas, Kahan, Luzardo & Ugo, 2008; Cajigas, Luzardo & Ugo en Berger y Lisboa, 2009) y el Inventario de Ira Estado-Rasgo para Niños STAXI-N2 (Cajigas, Kahan & Luzardo, 2006; Cajigas, 2007).

 

2.4.2. Confiabilidad

La confiabilidad se evaluó mediante el método test-retest con una semana de intervalo y los coeficientes de Cronbach.que miden la consistencia interna, es decir la homogeneidad de los ítems a través de la escala.

Los Coeficientes de Confiabilidad Test-Retest obtenidos en la Puntuación Compuesta Global (0,84) y en AEN/Retraimiento (0,86) muestran valores satisfactorios mientras que los de AEN/Oposicionismo (0,73) e Ineficacia (0,67) resultan también relativamente satisfactorios. El coeficiente de Ansiedad es el más débil y alcanza 0,52. En todos los casos, las chicas muestran coeficientes más altos (PCG 0,87, AENR 0,89, AENO 0,80, INE 0,72 y ANS 0,61) y responden en las dos tomas de manera más consistente que los varones (PCG 0,73, AENR 0,72, AENO 0,63, INE 0,56 y ANS 0,29).

Los coeficientes alpha de Cronbach resultaron consistentes con los de varios trabajos anteriores estudiados por Frías, Del Barrio y Mestre (1991). El coeficiente alfa de la Puntuación Compuesta Global (0,78, con 0,77 para las Mujeres y 0,75 para los Varones ) es satisfactorio y los coeficientes de los factores son de satisfactorios a adecuados: con 0,69 para AEN/Retraimiento , 0,56 para Ineficacia y 0,51 para AEN / Oposicionismo. El más débil es el correspondiente a Ansiedad (0,37). Los alpha de chicas y varones resultaron también de satisfactorios a adecuados .y más similares inter-género que los coeficientes Test-Retest. En los factores las chicas obtuvieron (AENR 066, AENO 0,54, INE 0,60 y ANS 0,37) y los varones (AENR 0,69, AENO 0,46, INE 0,53 y ANS 0,33).

 

3. RESULTADOS

El análisis de los principales hallazgos relativos al CDI distingue los componentes de la estructura factorial y los datos se examinan por medio de medias y frecuencias y en función del género y la edad. Con las frecuencias se analizará la intensidad de la depresión ya que incluso niveles moderados de depresión se asocian a dificultades académicas y de relacionamiento con los pares (Twenge & Nolen-Hoeksema, 2002).

 

3.1. Estudio de las Medias por Género y Edad

El análisis que sigue apunta a describir el perfil de los estudiantes de primer ciclo del secundario examinando las medias por género primero y luego por edad.

 

3.1.1. Efecto de Género

Con respecto al género, se confirmó la existencia de puntuaciones más altas en las chicas, tanto en la Puntuación Global como en la mayoría de las otras dimensiones.

 

 

Esta asociación entre depresión y sexo femenino es consistente con la literatura. Se comprueba también que, en la autoestima negativa, en sus dos variantes, sentimientos de inadecuación corporal (soy feo/a) combinados con aislamiento, y vivencias de sí negativas (malo, rebelde y oposicionista), así como en la ansiedad, las chicas son significativamente más numerosas que los varones.

Los sentimientos de ineficacia o incompetencia son compartidos tanto por los muchachos como por las chicas sin diferencia significativa, lo que sugiere una problemática adolescente más propia del período etario que aparece independiente del género.

 

3.1.2. Efecto de la Edad

Los datos confirmaron que la depresión aumenta significativamente con la edad y por consiguiente con el grado académico, lo que es consistente con un segmento de los estudios anteriores que destacan esta evolución ascendente y con un incremento en las jóvenes, después de los 12 años (Del Barrio, 1997a).

La Autoestima Negativa/Oposicionismo aumenta con la edad al igual que la Autoestima Negativa /Retraimiento social, aunque en esta última dimensión no alcanza significación estadística. Los sentimientos de Ineficacia e inadecuación también crecen regularmente con la edad.

 


La Ansiedad se mantiene estable en los grupos más jóvenes y disminuye algo en el grupo mayor pero no alcanza significación estadística.

 

Estos datos son en general consistentes con los hallazgos resultantes del estudio de las frecuencias con el cual se ha intentado alcanzar un análisis más complejo articulando el grado de severidad de la misma con género y edad.

3.2. Estudio de Frecuencias

Se examinarán el género y la edad teniendo en cuenta los componentes factoriales de la Depresión y el grado de severidad de la misma.

 

3.2.1. Grado de severidad de la depresión, género y edad

Los estudiantes no deprimidos (cuyas puntuaciones en la Escala de Depresión son menores que la media más 1 DT) fueron distinguidos de aquellos que exhiben una depresión leve/moderada (con puntuaciones iguales o mayores a la media más 1 DT pero menores a la media más 1, 5 DT) y los estudiantes con depresión severa (con puntuaciones iguales o mayores que la media más 1,5 DT). En la Tabla 4, páguina siguiente, se muestran las frecuencias de los estudiantes por severidad de Depresión y género, en función de los componentes factoriales del CDI.

 

En los estudiantes no deprimidos no se observan diferencias ínter género de acuerdo a los análisis realizados con el t de Student.

En cambio, las frecuencias de los estudiantes con altas puntuaciones indican que las mujeres son más numerosas que los varones. Respecto a los estudiantes con puntuaciones altas (>Media + 1 DT) tomados en conjunto, en la Puntuación Global se observa que más del doble de las chicas en relación con los muchachos manifiestan sentir depresión leve a severa (62 chicas frente a 26 varones). Comparando estas 62 chicas al total de mujeres de la muestra, ellas representan un 19% de las mujeres muestréales, y comparando los 26 muchachos a los varones de la muestra, ellos representan un 9% del total de varones, resultando la diferencia inter género significativa (p=0,00) en los estudiantes deprimidos.

Por otra parte la diferencia ínter género varía de acuerdo al componente depresivo: (a) en la AEN combinada con Retraimiento, la diferencia ínter género de la muestra es más del triple (25% del total de mujeres frente a un 8% de varones (p=0,00); (b) en AEN/ Oposicionismo la diferencia entre mujeres y varones es aproximadamente el doble (24% de todas las mujeres frente a 14% del total de los varones (p=0,00) y (c) en Ansiedad la proporción de chicas es 2/3 mayor que la de los varones (30% del total de mujeres frente al 19% de los hombres (p=0,00). (d) Por último en Ineficacia la diferencia no es significativa y ya se vio en el caso de las medias, que los sentimientos de inadecuación se reparten de modo similar entre chicas y varones sugiriendo que las inseguridades debidas a lo académico y los sentimientos de ineficacia generan sentimientos depresivos en los adolescentes en general, sin diferencia de género.

Tomados por separado, en los estudiantes leve a moderadamente deprimidos tanto en la Puntuación Global como en las otras dimensiones, el porcentaje de las mujeres muéstrales es mayor que el de los hombres (p = < 0,03) con excepción de los porcentajes en Ineficacia.

Así mismo en los estudiantes considerados severamente deprimidos los porcentajes de las mujeres muéstrales son mayores que los de los varones tanto en el CDI Global como en las dos clases de autoestima negativa, AEN/ Retraimiento y en AEN/ Oposicionismo (p = < 0,04).

En el caso de los estudiantes más enfermos las diferencias de frecuencias inter género no son significativas para los factores Ansiedad e Ineficacia.

 

3.2.2. Grado de Severidad de la Depresión por Componentes Factoriales y Edad

En la Puntuación Global, las frecuencias del grupo de los estudiantes no deprimidos disminuyen a medida que aumenta la edad sugiriendo que los sentimientos depresivos van ganando terreno en esa población cuyo grupo más joven (11-12 años) cuenta con 93% de los chicos sin síntomas y donde, a los 15-17 sólo el 80% de estudiantes es asintomático (significativo a alfa 0,05). En cambio, aquellos que experimentan sentimientos depresivos (7% a los 11-12 años) se vuelven más numerosos con la edad alcanzando el 20% de los mayores.

Con respecto a los componentes de la depresión, los no deprimidos siguen la misma evolución que en la Puntuación Global (excepto en Ansiedad que no exhibe un patrón definido). El porcentaje de estudiantes sin síntomas decrece con la edad sugiriendo lo ya observado, es decir, que la depresión aumenta con la edad.

 

En cuanto a los estudiantes leve / moderadamente deprimidos y aquellos con depresión severa conjuntamente, se observa que en general las frecuencias aumentan a medida que los estudiantes se desarrollan en la institución educativa. Si se consideran en conjunto se verifica a p = 0,01 que la depresión aumenta con la edad en la Puntuación Global, en AENO y en INE. En AENR los porcentajes se incrementan pero no alcanzan significación estadística. En Ansiedad parecería que la edad no influye aunque los datos son difíciles de interpretar. Los porcentajes de los estudiantes deprimidos crecen significativamente con la edad y se muestran cada uno de los grupos de edades comenzando por los más jóvenes

·         Puntuación Compuesta Global: 7%, 13%, 17% y 20% (X2 (signif. a p=0,01);

·         Para AENO 14%, 14%, 25% y 25% (X2 signif. a p=0,01);

·         Para INE: 12%, 21%, 26% y 30% (X2 signif. a p=0,00).

Si se comparan las frecuencias de los grupos extremos, el de los menores con los mayores, se observa también el incremento de la depresión con la edad en los estudiantes deprimidos tomados en conjunto:

 

·         en la Puntuación Global (de 7% a 20%, p < 0.01);

·         en Autoestima Negativa / Oposicionismo (de 14% a 25%, p<0,05);

·         en Ineficacia (de 13% a 29%, p < 0.01) y

·         en Autoestima Negativa / Retraimiento (de 12% a 20% aunque NS).

 

3.2.3. Grado de Severidad de la Depresión por Componentes Factoriales, Edad y Género

Sólo se muestran aquí los estudiantes no deprimidos por género en cada grupo de edad y en aquellos componentes en que las diferencias son significativas. La nueva información aportada con respecto a los datos ya observados revela la razón más probable por la cual se erosiona el grupo de los mayores no deprimidos.

En la Tabla 6 se observa que entre los estudiantes no deprimidos tanto en la Puntuación Global como en las AEN Retraimiento y Oposicionismo (en los otros dos componentes misma tendencia sin significación) el grupo mayor de los varones se vuelve más numeroso en una saludable evolución, mientras que el grupo mayor femenino disminuye (baja de 54% en la edad anterior a 36% en las chicas mientras sube de 46% a 64% en los varones). Es decir, mientras que entre los no deprimidos el porcentaje de mujeres se reduce en el grupo de los mayores, el porcentaje de varones se eleva con alivio de los sentimientos depresivos que pudieran experimentar.

 

DISCUSIÓN

En la depresión por género se encontraron hallazgos consistentes con la literatura sobre el tema. Las chicas se deprimen más que los varones como se refleja en el CDI Global, así como en la auto-estima negativa en sus dos variantes (sentimientos de inadecuación física/retraimiento y de ser malo y rebelde/oposicionista) y en ansiedad. Autores como Twenge & Nolen-Hoeksema (2002) examinan las respuestas de la literatura y de sus propios trabajos con respecto a la razón por la cual las chicas son más depresivas. Una de las explicaciones más frecuentes de los cambios en las adolescentes se atribuye a los cambios fisiológicos de la pubertad que incrementan el riesgo de depresión en las mujeres. Otros factores invocados son las experiencias traumáticas de abuso que son dos veces más frecuentes en mujeres que en varones, y los cambios sociales como las transiciones en el sistema escolar (pérdida de un medio más protegido), transiciones que han sido observadas en los datos analizados aquí.

Como dicen los autores citados, podría ser que las causas de las diferencias de género en la depresión puedan variar según los distintos grados de severidad de la misma: en las depresiones severas debiéndose a las situaciones de abuso y en las moderadas a las diferencias en la auto estima. Este trabajo no estuvo diseñado para aclarar lo planteado por Twenge y Nolen-Hoeksema, pero confirma que en esta muestra los datos empíricos son similares a los obtenidos en los países industrializados.

Los sentimientos de inadecuación y dificultades académicas es otro tema que emerge de los resultados. Los sentimientos de ineficacia son compartidos por muchachos y chicas sugiriendo que, en la depresión adolescente las dificultades/inseguridades académicas son un aspecto central. La Ineficacia aparece así como una peculiaridad substancial de la depresión adolescente y en el presente trabajo, independiente del género. Esto interpela, para su solución, no sólo a los individuos sino también a la institución educativa que debe volverse un ambiente en el cual los estudiantes lleven adelante experiencias gratificantes y alcancen éxitos en los aprendizajes.

Un trabajo reciente (Herman, Reinke, Lambert & Ialongo, 2008) demuestra la relación existente entre rendimiento académico y cogniciones depresivas lo que ya había sido estudiado en niños blancos americanos y de otros orígenes, pero por primera vez estudiaron niños americanos de ascendencia africana. Los escolares con dificultades académicas en primer año elemental están en riesgo de depresión cuando llegan al Secundario y esto es doblemente intenso en niñas que en varones. Los autores sostienen que el centrarse temprano en aquello que los chicos hacen bien ayuda al fortalecimiento de la autoestima y la protección de la espiral descendente de la depresión.

Los niveles de severidad en la depresión fueron destacados por Twenge y Nolen-Hoeksema (2002) en su estudio de la literatura. Estos autores citan varias investigaciones de los 90 que hallaron diferencias de género más grandes en los niveles severos de depresión a diferencia de los análisis sobre las medias del puntaje global en donde todo el rango de intensidad de la depresión es considerado. Así el número de mujeres resulta mayor en la depresión severa que en la depresión leve a moderada. El presente estudio ha encontrado también diferencias de género más fuertes en los grados de severidad más altos: en los deprimidos, las mujeres son del doble al triple de los varones. Sin embargo, se ha hallado también que en el grupo mayor de los severamente deprimidos hay predominancia de varones, aunque la muestra de los más deprimidos es pequeña y las conclusiones no poseen un grado de certeza razonable.

En cuanto a la evolución de la depresión y sus dimensiones por edad, la puntuación Global de depresión aumenta significativamente con la edad y por lo tanto por grado académico así como la Autoestima Negativa/Oposicionismo y los Sentimientos de Ineficacia. ¿Se vuelven los estudiantes más conscientes de sus limitaciones cuando se van acercando a la edad adulta? Posiblemente la incertidumbre que les genera la independencia del núcleo familiar, las escasas expectativas alentadoras del entorno y las circunstancias ya descritas del país, favorecen el desarrollo de sentimientos depresivos en los jóvenes.

La Autoestima Negativa/Retraimiento, se incrementa levemente con la edad y la Ansiedad se mantiene estable en los más jóvenes y disminuye algo en el grupo mayor pero en ninguno de estos dos casos alcanza significación estadística.

Con respecto al grado de severidad de la depresión y el género mostró un resultado claro: las chicas con depresión moderada y severa son significativamente más numerosas que los muchachos.

Las chicas deprimidas sienten más autoestima negativa de los dos tipos: las que experimentan la autoestima negativa con retraimiento son tres veces más numerosas que los muchachos y aquellas que la experimentan con oposicionismo son aproximadamente el doble de los varones. Las que se sienten ineficaces son más numerosas que los varones y las que experimentan ansiedad son el triple de ellos.

En lo relativo a la evolución por edad de la depresión según el género, un segmento de estudios anteriores de la literatura sobre depresión (Del Barrio, 1997a) observa que después de los 12 años, la depresión es más frecuente en las niñas, lo que es consistente con lo hallado en este estudio. ¿A qué edad se inflexiona la curva y cuándo comienza a ser más alta en las niñas? La búsqueda de esta respuesta está siendo objeto de estudios y discusiones.

Diferentes investigaciones han encontrado diferencias en la evolución de la depresión por edad en los niños. Twenge & Nolen-Hoeksema (2002) en un meta-análisis de 310 muestras con niños entre 8 y 16 años analizaron la evolución por edad en las niñas y en los varones. Encontraron que entre los 8 y los 11 años las puntuaciones son estables en las mujeres y se incrementan entre los 12-13 y 16 años, mientras que los niños presentan puntuaciones estables excepto una elevación a los 12 años. En el presente estudio también se encontró que las puntuaciones crecían con la edad en las mujeres con un pico a los 14 años, mientras que en los varones, las puntuaciones de aquellos con síntomas depresivos continúan aumentando con la edad.

El análisis de los datos obtenidos por edad, género y grado de severidad es complejo. En los estudiantes no deprimidos no se encontró una diferencia significativa inter género. Sin embargo, la evolución por edad revela que las mujeres muestran una tendencia a disminuir en el grupo mayor de estudiantes asintomáticos. En la Puntuación Global, en las dos formas de Autoestima Negativa y en Ineficacia los estudiantes no deprimidos disminuyen significativamente a medida que se vuelven mayores, o sea que la depresión erosiona progresivamente el grupo asintomático de los más jóvenes. Sin embargo, la evolución por edad de los no deprimidos muestra que dicha disminución se debe principalmente al porcentaje de mujeres no deprimidas que se reduce en el grupo de los mayores, mientras que el número de varones no deprimidos se eleva regularmente con la edad apuntando a una superación parcial de los sentimientos depresivos que pudieran haber experimentado en la adolescencia temprana. Los/as adolescentes que pierde el grupo de los no deprimidos a medida que pasa el tiempo verían mermadas sus esperanzas de éxito en los estudios simultáneamente al crecimiento de las responsabilidades exigidas por la sociedad y sus dificultades de inserción en ella. Como se ha visto, el contexto familiar, socio-económico y educativo uruguayo puede generar en el/la joven sentimientos de desesperanza y frustración.

Este fenómeno del grupo de los mayores no deprimidos, en donde el grupo femenino decrece y el masculino se agranda, sugiere que entre los adolescentes saludables la erosión de individuos en el grupo mayor es particular a las mujeres que, más vulnerables a la depresión, en la adolescencia tardía pasarían a engrosar las filas de los deprimidos.

 

5. CONCLUSIONES

La depresión en los adolescentes tempranos presenta patrones diferentes según: a) el género, b) la edad, c) los diferentes componentes factoriales y c) los grados de severidad de la depresión.

Después de la pubertad la depresión afecta más a las chicas que a los varones. Con la edad las chicas se deprimen más que los muchachos lo que hace que las mujeres son más numerosas en los grupos mayores. Asimismo las chicas se encuentran en mayor número en los grupos de estudiantes con depresión moderada o severa.

Las tres dimensiones depresivas que las chicas padecen particularmente y en las que se muestran más vulnerables, al punto de que en los grupos de estudiantes deprimidos ellas conforman una mayoría contundente, son la autoestima negativa con retraimiento como la combinada con oposicionismo y la ansiedad. Los sentimientos de ineficacia e inadecuación se reparten más equilibradamente entre mujeres y varones incluso en los distintos grados de severidad de la depresión, apareciendo como una característica particular del período adolescente.

El fenómeno de la depresión adolescente aparece en este estudio de considerable importancia con una prevalencia del 15% en la población estudiada. El desarrollo de herramientas que permita conocer los aspectos asociados a los trastornos de depresión resulta de gran interés, ya sea como medidas de detección precoz o como posible predictores de estos procesos. En este sentido se señala la importancia que debe darse a la identificación y concomitancia de problemas académicos, familiares y sociales en los jóvenes, para poder detectar y prevenir situaciones de riesgo a tiempo.

El centro educativo es el lugar ideal y apropiado para sensibilizar sobre los efectos de la depresión adolescente a todos aquellos adultos en contacto con los jóvenes. El rol de las dificultades académicas en la depresión adolescente aparece jerarquizado en esta investigación, que exhibe a los sentimientos de ineficacia e inadecuación como particulares de este período etario. Brindar tutorías que asistan a los alumnos con escaso respaldo familiar en sus tareas y dificultades escolares, construyendo sobre la base de las destrezas personales de los jóvenes, es una estrategia que aparece provechosa. Las hablidades de los estudiantes deben ser descubiertas y respaldadas para que todos los chicos puedan tener experiencias gratificantes y un desempeño correcto durante su vida académica, con crecimiento de la auto-estima y respeto de los pares. El sentirse respaldados por la institución y valorados por sus propias habilidades en crecimiento, es una de las estrategias más efectivas de reducir la depresión adolescente.

 

 

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1 Fue financiada por la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC) de la Universidad de la República del Uruguay durante el período 2000-2002 y posteriormente se ha continuado trabajando en el análisis y difusión de resultados sin apoyo financiero. Desde mediados de 2008 para finalizar la difusión de los resultados, se ha contado con el apoyo del Área de Perfeccionamiento Docente y Estudios Superiores, IPES, ANEP-CODICEN.

2 Sobre la base de la State-Trait Anger Scale de Spielberger (1988) adaptada para niños y a la población española por Del Barrio, Spielberger & Moscoso (1998) y Moscoso y Spielberger (1999) y validado en población uruguaya por este equipo de investigación.

 

 

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