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Revista Uruguaya de Cardiología

On-line version ISSN 1688-0420

Rev.Urug.Cardiol. vol.19 no.1 Montevideo Apr. 2004

 

CARTAS AL EDITOR


Reflexiones a propósito de la cardiología pediátrica en Uruguay, 2004

INTRODUCCIÓN

En el siglo XXI la medicina cardiovascular se orienta hacia la prevención –primaria y secundaria- y hacia la búsqueda de la estrategia óptima para resolver los términos de la ecuación que hace a la eficiencia de las diversas y siempre renovadas alternativas terapéuticas.

Las anomalías cardíacas congénitas son un buen ejemplo de los problemas que plantean aquellas afecciones que sólo pueden ser tratadas usando tecnologías sofisticadas y de alto costo, que implican intervenciones más o menos riesgosas, empleando procedimientos percutáneos (cateterismo terapéutico) o mediante cirugía cardíaca o ambas.


CARDIOLOGÍA PEDIÁTRICA EN URUGUAY

La reciente publicación de un documento producido por el Congenital Heart Disease Committee of the European Association of Cardio Thoraric Surgery (EACTS) (1) pone de manifiesto la falsedad de algunos de los argumentos que han sido utilizados para justificar la existencia de más de un centro de cirugía cardíaca de congénitos en Uruguay. A la vez, sirve como advertencia para poder ver los riesgos que tal política sanitaria implica, tanto para los pacientes como para el futuro desarrollo de la cardiología pediátrica -una especialidad con perfil propio bien definido. Quizás también el planteo del problema sea útil para pensar en las formas de organizar otras áreas de la medicina.

En lo sustancial establece: “En una estructura óptima, la actividad quirúrgica debería ser mayor de 250 pacientes por año. Esto representa un área de cobertura de 4-6 millones de personas, dependiendo de la tasa de natalidad y el numero de pacientes provenientes del exterior” (Resumen Ejecutivo, pág. 344, traducción libre del suscrito).

Digamos claramente lo que ya hemos señalado en múltiples oportunidades: la estrategia en materia de organización de esta clase de asistencia de alta especialización no le compete al Fondo Nacional de Recursos (FNR). Debería ser una decisión a cargo del organismo rector, el Ministerio de Salud Pública, conjuntamente con la Facultad de Medicina y en consenso con las sociedades científicas correspondientes. En condiciones ideales, este proceso de toma de decisiones debería darse en el marco de un sistema nacional de salud. Digamos de paso que el ente financiador (FNR) tiende a concentrar su atención en la contención del gasto y –por tanto– corre el riesgo de dejar de lado la forma de prestar una asistencia óptima a los pacientes.

En el marco legal realmente existente en nuestro país hasta hoy, han sido los IMAE privados los que han tomado a su cargo esta clase de actividad. La razón principal para que esto haya sido así es bastante simple. La necesaria concentración de recursos humanos y materiales -léase la experiencia, el equipamiento de alto costo inicial y los gastos de mantenimiento- no hubieran sido posibles en el ámbito público del Uruguay a la salida de la dictadura. ¡Basta recordar el increíblemente largo período de tiempo que tomó la reconstrucción del Centro Hospitalario Pereira Rossell!

Fueron los IMAE privados los que aportaron la infraestructura tecnológica que se requería y fue finamente el Instituto de Cardiología Infantil (ICI) la institución que en carácter de cuasi exclusividad -que no monopolio legal- logró desarrollar la especialidad a nivel equiparable con el promedio de los países desarrollados, introduciendo en nuestro país la cirugía cardíaca del neonato, los homoinjertos, el trasplante cardíaco pediátrico y los procedimientos de cierre percutáneo del ductus y la comunicación interauricular, entre otros muchos adelantos. Igualmente importante fue la experiencia acumulada por el equipo multidisciplinario del ICI, asunto que viene a resultar tan decisivo para el manejo de los pacientes como la propia tecnología.

Cuando se habla de reasignar economías de la curación hacia la prevención y el seguimiento, debe tenerse en cuenta que este discurso de carácter general deber ser definido para cada área en particular, sin por ello dejar de ver el escenario global. ¡No es necesariamente cierto que la asistencia de tercer nivel se contrapone o le quita recursos a la asistencia primaria en salud!

Cuando estamos pensando en reformas de la salud es importante terminar con las formulaciones de carácter general, a menudo vacías de contenido. En cardiología pediátrica la prevención primaria tiene un lugar importante, pero relativamente reducido: vacunación antirrubeólica*, erradicación de la fiebre reumática*, profilaxis de la endocarditis infecciosa, alerta sobre los escasos agentes teratógenos conocidos, consejo genético acerca de las cardiopatías de trasmisión hereditaria. En el estado actual de nuestros conocimientos la prevención secundaria, en cambio, resulta ser decisiva para lograr tratar con éxito las cardiopatías congénitas. Dicho de otra manera, la detección precoz de la afección cardíaca sigue siendo el factor clave en esta área de la medicina. Y este aspecto del problema compete naturalmente y le confiere una relevancia extraordinaria, a la asistencia de primer nivel: prenatal, neonatal y pediátrica. Por cierto sin olvidar el nivel de rehabilitación y seguimiento de los pacientes, que se prolonga en la edad adulta y exige la creación de nuevas estructuras asistenciales.

Dr. Carlos Peluffo
Cardiólogo Pediatra
Director Técnico del ICI

1.    Daenen W, Lacour-Gayet F, Aberg T. Optimas structure of congenital heart surgery department in europe. Eur J Cardio Torca Surg 2003; 24: 343-51.

* La cardiopatía rubeólica puede considerarse erradica de nuestro país; no debemos olvidar que la fiebre reumática sigue siendo la principal causa de cardiopatías adquiridas en niños y jóvenes en gran parte del planeta tierra, registrándose actualmente un rebrote en Uruguay.

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