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Revista Uruguaya de Ciencia Política

Print version ISSN 0797-9789

Rev. Urug. Cienc. Polít. vol.15 no.1 Montevideo Dec. 2006

 

La izquierda uruguaya entre la oposición y el gobierno

JORGE LANZARO (Coord.).

JORGE LANZARO, DANIEL BUQUET, GUSTAVO DE ARMAS, JUAN PABLO LUNA, NATALIA DOGLIO, LUIS SENATORE Y JAIME YAFFÉ, RAFAEL PIÑEIRO, ALDO GUERRINI, ANTONIO CARDARELLO, DANIEL CHASQUETTI, SALVADOR SCHELOTTO

Editorial Fin de Siglo e Instituto de Ciencia Política. Montevideo, 2004. 434 páginas

 

Por Andrés Malamud*

 

Revista Uruguaya de Ciencia Política N°15. 2006. pp. 187-191. ISSN 0797 9789

 

En los últimos años, se ha difundido por América Latina el mito del giro a la izquierda. El argumento es que la victoria de Lula, Bachelet, Tabaré, Kirchner, Chávez y Morales manifiesta una reacción homogéneamente progresista del electorado latinoamericano ante las políticas neoliberales de los 90. Desmontar un mito no es tarea fácil una vez que se torna sentido común. Sin embargo, ésa es una de las misiones que acomete el libro compilado por Jorge Lanzaro mediante dos estrategias: la primera consiste en distinguir a la izquierda uruguaya de otros movimientos latinoamericanos que reivindican el mismo rótulo, sobre todo los prevalecientes en Argentina, Bolivia y Venezuela; la segunda reside en  profundizar el análisis del caso uruguayo, argumentando que el electorado se acercó a los partidos de izquierda pero estos últimos hicieron otro tanto en dirección a los electores. En el moderado y aristotélico Uruguay, el equilibrio siempre se encuentra en algún punto intermedio.

 

El primer capítulo, que abarca un cuarto del volumen, corresponde al coordinador de la obra. En él, Lanzaro presenta un análisis comparado del desarrollo del Frente Amplio. El contexto de comparación es América del Sur, lo que permite vincular el proceso político uruguayo con el que tuvo lugar en Brasil y Chile, parangonando el triunfo del FA con el del PT y la Concertación respectivamente. Sin embargo, el elemento más rico de este capítulo no es tanto su encuadramiento regional sino el énfasis colocado sobre un conjunto de características que se presentan como típicas del sistema político nacional. El proceso de transformación de la izquierda la conduce, primero, de una orientación corporativa a otra nacional y popular, para luego transitar hacia una orientación más abierta, más ciudadana. El resultado es “un partido de nuevo tipo en un sistema que cambia”, pero que deja incólumes las prácticas que caracterizan la política uruguaya desde siempre: el consociativismo, el pluralismo, la coparticipación (o, como se conoce generalmente a partir del caso italiano, la lotizzazione), los acuerdos transversales, el gradualismo y la moderación. Para conseguir este resultado la izquierda apela a una “estrategia a dos puntas”: golpear –mediante la oposición sistemática a los viejos partidos— y acariciar –a través de la moderación ideológica de su discurso y sus prácticas. De este modo logra el doble resultado de separarse de los partidos tradicionales y acercarse a porciones crecientes del electorado que rechazan la vieja política. Aunque Lanzaro no lo menciona explícitamente, su análisis resulta de gran utilidad para comprender el fracaso del primo trasplatino del Frente Amplio, el FREPASO argentino. Inicialmente, la estrategia de crecimiento del partido de Chacho Álvarez y Graciela Fernández Meijide fue similar a la de la izquierda uruguaya; en 1997, sin embargo, la posibilidad de derrotar al oficialismo peronista de Carlos Menem los hizo cambiar de política: manteniendo la moderación ideológica, los líderes de la agrupación decidieron aliarse con uno de los partidos tradicionales, la Unión Cívica Radical, para derrotar al otro. El resultado inmediato fue la victoria electoral, pero el costo fue altísimo: primero la dilución partidaria, y enseguida la catástrofe de gestión.

 
En el capítulo siguiente, Daniel Buquet y Gustavo De Armas analizan las razones que llevaron a la izquierda uruguaya desde una posición minoritaria hasta la inminente conquista de la mayoría electoral. Los autores comienzan por describir la evolución de la izquierda en las urnas desde 1925 hasta 1999, mostrando que el punto de inflexión se produce en 1971: a partir de entonces, el voto de izquierda nunca dejará de crecer. A continuación, Buquet y De Armas procuran la explicación del fenómeno; para ello comienzan por discutir la hipótesis del efecto demográfico. Propuesta por numerosos estudiosos del caso uruguayo, esta hipótesis considera que el crecimiento del voto de izquierda está correlacionado con el tipo de apoyo etario que obtienen los partidos: dado que las fuerzas tradicionales se sostienen con el voto de los más viejos y las de izquierda atraen a los más jóvenes, las tasas naturales de mortalidad condenan a las primeras mientras el crecimiento vegetativo de la población beneficia a las últimas. En otras palabras, “demografía es destino”, como gustan decir… los demógrafos. Sin embargo, los autores demuestran que la evolución demográfica, aunque fundamentalmente correcta, explica sólo parcialmente la variación electoral. Recurren entonces a una hipótesis complementaria que pone el foco sobre la oferta en vez de la demanda electoral: el corrimiento ideológico (moderación) de la izquierda. En una sociedad donde la distribución ideológica del electorado se expresa en una curva normal, una fuerza de izquierda sin competidores en su extremo ideológico tiene todos los incentivos para desplazarse hacia el centro ampliando su base electoral. Y esto es, justamente, lo que ha ocurrido.

 
Los dos capítulos siguientes son de autoría de Juan Pablo Luna, conocido entre otras razones por su definición de la cultura uruguaya como caracterizada por un pesimismo estructural. En el primer capítulo, de corte empírico, Luna estudia las ideologías partidarias y la evolución de la competencia electoral para establecer si es apropiado hablar de familias ideológicas en Uruguay. Aplicando metodologías innovadoras al análisis de cuatro encuestas, dos al nivel de elites políticas y dos al nivel del electorado, el autor consigue mapear las preferencias de los electores y los dirigentes de cuatro partidos: el Colorado, el Nacional, el Frente Amplio y Nuevo Espacio. La conclusión es que resulta pertinente hablar de familias ideológicas en referencia a los partidos tradicionales, pero no corresponde hacerlo con los partidos ubicados a la izquierda. Es interesante destacar que este capítulo pasa discreta revista a una serie de, al decir de Luna, “aparentes paradojas”, la más llamativa de las cuales consiste en definir a los actores del bipolarismo centrípeto como “derecha reformista” e “izquierda conservadora”. Estos rótulos, aunque apropiados, podrían no ser del agrado de los protagonistas, hecho que apuntala el coraje del autor.

 
El segundo capítulo de Luna, una combinación de economía política y sociología política, desarrolla la tensión entre las limitaciones generadas por la estructura, principalmente la economía internacional, y las (pocas) oportunidades que se presentan a los actores (agency). En síntesis, el argumento destaca que la heterogeneidad interna producida en el Frente Amplio por su crecimiento repentino tornaría difícil la implementación de las políticas requeridas en un contexto de fuertes limitaciones externas. Para conciliar políticas con constituencies, por lo tanto, sería necesario reducir las expectativas y apostar a la flexibilidad y coordinación de las dos fracciones que se constituyeron en los últimos tiempos en las puertas de entrada al FA, la Asamblea Uruguay y el Movimiento de Participación Popular. Este análisis anticipa la formación de lo que Daniel Chasquetti llamará más tarde “el triángulo final”, es decir, la constitución de un núcleo decisorio integrado por los líderes de las tres fracciones principales del FA: Tabaré Vázquez, Danilo Astori y José Mujica.

 
Natalia Doglio, Luis Senatore y Jaime Yaffé abordan a continuación la relación entre la izquierda política y los sindicatos. El argumento es que esta relación se remonta a los orígenes del sindicalismo uruguayo a fines del siglo XIX pero se mantiene firme, aunque cambiada, hasta el presente. Para probarlo analizan la interconexión entre ambos actores en tres dimensiones: la dirigencial (o directriz, como ellos la llaman), la programática y la táctica. El análisis demuestra que los vínculos son altos en todas ellas: la proporción de sindicalistas que participan en las listas de partidos de izquierda es elevada, y la de militantes partidarios que detentan cargos sindicales aún más; la sintonía programática es fuerte y la coincidencia táctica importante. Según los autores, ello demuestra que la abrupta reducción en la tasa de sindicalización ha tornado a los sindicatos menos clasistas y más ciudadanos, renovando (pero no acabando) los términos de su vínculo privilegiado con la izquierda política.

 
El capítulo de Rafael Piñeiro y Jaime Yaffé se sube a la huella abierta por uno de los mejores libros de ciencia política producidos en el Río de la Plata, aquel “Enfermo imaginario” de Buquet, Chasquetti y Moraes, para observar al Frente Amplio desde adentro a partir del comportamiento de sus fracciones entre 1971 y 1999. El puzzle a develar es la fraccionalización creciente del FA en simultáneo con la fraccionalización decreciente de los partidos tradicionales. Así, mientras en las elecciones 1999 tanto el Partido Colorado como el Nacional asumen un formato bifraccional –es decir, un número efectivo de fracciones parlamentarias (NEF-p) cercano a 2—, el FA profundiza su multifraccionalismo alcanzando el techo histórico de NEF-p: 4,8. Las explicaciones sugeridas son dos: por un lado, el hecho de que el FA nunca haya presentado más de un candidato presidencial durante la vigencia del sistema de doble voto simultáneo impidió que se produjese el efecto reductor sufrido por los partidos tradicionales ante la eliminación de ese sistema electoral. Por el otro, la concentración de votos del FA en los dos distritos más grandes (Montevideo y Canelones), ergo más proporcionales, favorece la fraccionalización de la oferta electoral y su reflejo parlamentario. Según la previsión de los autores, la expansión territorial del FA y su homogeneización nacional deberán contribuir a reducir la fraccionalización en el mediano plazo. En cualquier caso, un dato llamativo es la fluidez interna del FA, manifestada en el hecho de que nunca una fracción haya obtenido el primer lugar en dos elecciones consecutivas y sólo una, el Partido Comunista, lo haya logrado dos veces en elecciones no consecutivas.

 
El capítulo de Antonio Cardarello y Aldo Guerrini presenta la evolución del Frente Amplio en el interior, analizando el proceso por el cual un partido de base urbana y orientación modernista se legitimó nacionalmente a partir de su expansión gradual hacia las áreas rurales, más tradicionalistas. Los orígenes de la izquierda política uruguaya se asemejan a los de la otra orilla del Plata, en que un Partido Socialista fundado en 1895 calcaba las características del partido de Emilio Frugoni así enumeradas por los autores: “…su condición genética capitalina, su prédica contra las bases culturales del tradicionalismo político, su desprecio por el clientelismo y el énfasis racionalizador y moralizante de su discurso…” No debiendo enfrentar una fuerza equivalente al peronismo, que capturó las bases sociales de la izquierda argentina enarbolando un discurso ideológicamente antagónico, la izquierda uruguaya transitó entre 1954 y 1971 obteniendo apenas un puñado de representantes municipales fuera de Montevideo. A partir de entonces y hasta 1999, el aporte del interior al voto del FA pasó de cerca de un cuarto a casi la mitad. Los resultados electorales municipales de 2000, entonces, cayeron como un balde de agua fría para una fuerza acostumbrada a contabilizar ganancias elección tras elección. El retroceso del FA en el interior y su única victoria municipal en Montevideo reconocieron dos causas principales: las luchas internas y la modificación del sistema electoral, que desdoblando las elecciones municipales de las nacionales eliminó el efecto arrastre generado por los líderes nacionales y potenció los incentivos del mecanismo mayoritario simple para polarizar el voto. Hasta acá llega el análisis de Cardarello y Guerrini; en 2005, como se sabe, la historia sería otra.

 
Daniel Chasquetti analiza el desempeño parlamentario del Frente Amplio entre 1985 y 2003. Constatando el alto nivel de fraccionalización ya referido en capítulos anteriores, el autor va más allá y estudia el índice de volatilidad electoral y su impacto sobre las carreras legislativas. En una aparente paradoja, el estudio muestra que a pesar de la alta volatilidad del FA (que es común a los partidos tradicionales) existe una tendencia sostenida hacia la consolidación carrerista, es decir, hacia el aumento de las reelecciones y la disminución de la tasa de renovación legislativa. De todos modos, la experiencia parlamentaria de los legisladores del FA sigue siendo inferior a la de las otras bancadas, tanto en lo que se refiere a años pasados en la respectiva cámara como a permanencia en las comisiones. Contra lo que se podría pensar, sin embargo, el factor experiencia no afecta de manera significativa el rendimiento parlamentario del FA. Chasquetti muestra que su desempeño es alto y consistente en lo que hace a la función fiscalizadora, pero bajo y variable en lo que se refiere a la función legislativa. A través de tests estadísticos, la investigación prueba que el elemento que explica esta última característica es, ante todo, la existencia de una coalición mayoritaria, y en segundo lugar el tamaño del contingente legislativo propio. Notablemente, el ciclo de gobierno presidencial, tal como la experiencia parlamentaria, tienen poco impacto sobre el desempeño legislativo del FA.

 
El último capítulo, de Salvador Schelotto, efectúa un racconto de la experiencia del gobierno municipal de la izquierda en Montevideo entre 1990 y 2004. Menos conceptual y más narrativo que la mayoría de los capítulos precedentes, el texto recorre las tres gestiones de la izquierda en la Capital marcando algunos cambios y continuidades. Lo más interesante, aunque no se profundiza, es el análisis la relación entre los gobiernos municipal y nacional, en una suerte de cohabitación que vio al FA administrando Montevideo bajo presidentes de distinto signo partidario y diferentes orientaciones ideológicas. También es destacable el alto perfil internacional que adquiere la gestión montevideana a partir de la llegada del FA al poder, que por feliz coincidencia, se produjo cuando se estaba por fundar el MERCOSUR, de cuya Secretaría la capital uruguaya se tornaría sede.

 
La calidad substantiva de este volumen esconde exitosamente algunos pequeños inconvenientes de edición que, sin embargo, no consiguen dificultar la lectura. En próximas ediciones sería deseable mejorar el acabado de algunos gráficos e incluir entre las referencias la totalidad de las obras que son citadas en el cuerpo de los capítulos. Estos detalles, por su nimiedad, sólo contribuyen a resaltar la excelencia global del producto.

 
Una consideración final es necesaria. Aunque la victoria electoral del Frente Amplio data de octubre de 2004 y Tabaré Vázquez preside el país desde marzo de 2005, el libro fue escrito con anterioridad a ambas fechas. La elección del título es, por lo tanto, afortunada: relata la posición momentánea de la izquierda uruguaya ‘entre la oposición y el gobierno’, más que su itinerario ‘de’ una hacia el otro. Por eso, el análisis no incluye la evaluación de la gestión nacional frenteamplista sino que se detiene en el momento previo a su acceso al poder. ‘La izquierda en el gobierno’ será, auguramos, la obra que Jorge Lanzaro y el equipo de Instituto de Ciencia Política estarán preparando para quienes entendemos a Uruguay a partir de sus trabajos.

 


* Doctor en Ciencia Política por el Instituto Universitario Europeo de Florencia (IUE). Profesor e Investigador del Instituto de Ciencias Sociales (ICS) de la Universidad de Lisboa.