Presentación
Es una buena noticia para un país que surja un libro que, por su mera existencia, eleve y potencie un debate que muchas veces se quiere ocultar o permanece en un plano de lo dicho a medias tintas.
Ninguna sociedad quiere verse en sus caras más oscuras, que se esmera por mantenerlas en las sombras de lo supuestamente no importante, y mucho más cuando afecta a intereses que son muy poderosos.
La inseguridad y el delito son temas de todos los días en la agenda periodística. Los efectos de la violencia los vemos en las puertas y ventanas enrejadas de nuestras casas, en las restricciones que tenemos para caminar por la ciudad y en el recuerdo de cuando fuimos víctimas directas de un acto violento.
Los delitos de cuello blanco se mueven y se acrecientan amparados en la tranquilidad de que muchas veces no son percibidos.
Los vendedores de cuchillos desde los tres epígrafes iniciales ya plantean el meollo del asunto. El problema empieza cuando se plantea el tema como un no problema. Nada más inofensivo que un cuchillo en buenas manos, hasta que un día este cuchillo se empuña y se vende para otros fines.
Gil Iribarne, Espinosa y Tenenbaum, desde disciplinas y experiencias profesionales complementarias, hacen un abordaje analítico, exhaustivo y claro, a partir de los casos más resonantes de lavado de activos, que deja en claro la complejidad de las tramas que hay por detrás de cada caso.
Cada uno de los casos tiene un título y tiene nombres y apellidos que no muchas veces se repiten. Tal expansión de nombres y estrategias abre las interrogantes sobre cuántas personas y estructuras de negocios puede haber que no han pasado aún por el radar de ninguna autoridad. También plantea la duda acerca de si todas las autoridades han tenido el mismo entusiasmo para perseguir el delito de lavado de activos.
Manual para antilavadores
El libro ofrece una descripción exhaustiva sobre qué es y cómo funciona el lavado de activos. Explica por qué el lavado de activos es un mercado y no sólo un delito, y cuál es la fuerza de este mercado ilícito. Aquí cobra notoriedad la protección como uno de los negocios criminales clave para el desenvolvimiento del mercado de crímenes organizados. En la protección aparece la política, pero también personas que ocupan cargos de autoridad en la administración pública y en el sector privado. A veces en la legalidad y otras veces como corrupción, el mercado del lavado de activos recibe la protección que necesita para subsistir.
El trabajo también muestra que el mercado del lavado de activos no es únicamente un problema criminal, sino que también es un asunto relevante para la economía, las finanzas y la propia democracia. La incertidumbre sobre la magnitud del lavado de activos en la economía de Uruguay desalienta su persecución, a pesar de que es un delito-mercado que ha estado detrás de crisis económicas, grandes fraudes y sobornos transnacionales, por ejemplo. También genera resistencias en reconocidos abogados que levantan la bandera liberal de la privacidad y el secreto, aunque, llamativamente, países de prestigio liberal como Estados Unidos y Reino Unido están a la vanguardia de las presiones internacionales para vigilar, controlar y castigar este delito. Una contradicción que pierde fuerza cuando sabemos que ambos países cuentan con jurisdicciones con débiles controles financieros, tanto dentro de su territorio como en ultramar. Desde Delaware hasta las Islas Caimán, por nombrar solo dos.
Dijimos que hay reconocidos abogados que levantan la bandera de la resistencia contra el lavado de activos, y también hay que decir que reconocidos profesionales liberales han colaborado directamente en operaciones de lavado de activos. Algunos abogados, escribanos y contadores fueron y son parte de los vendedores de cuchillos, una parte de ellos con notoria vinculación con la actividad política.
Los servicios de lavado de activos deben comprenderse en el marco de la geografía del país. Los principales casos uruguayos provienen de Argentina y Brasil, pero también aparecen Colombia, México, Paraguay y el resto de los países andinos en la larga cadena criminal que finaliza en el lavado de activos. Griegos, turcos y españoles son los representantes europeos que cayeron en Uruguay, pero probablemente haya muchos más que no sabemos porque no fueron detectados.
Hoy estamos mejor que hace dos décadas, dicen los autores, pero en los últimos años el país retrocedió en algunos ángulos del sistema de prevención y control del mercado del lavado de activos. Hay que realizar alguna modificación normativa, recuperar el enforcement, ajustar el diseño institucional, mejorar la coordinación interinstitucional y elevar la percepción de riesgo en los dirigentes políticos y en los sujetos obligados del sector financiero y no financiero.
Cierre
El objetivo del libro, dicen sus autores, es demostrar que el delito de lavado de activos es uno de los desafíos pendientes que tiene el país. Los quince megacasos lo demuestran.
El libro en su conjunto deja claro que la metáfora de los cuchillos no es inocua ni los cuchillos son inertes. Los vendedores de cuchillos no son los que habrán de cuestionar su «trabajo». La gran mayoría de los cuchillos, los que usamos todos los días, no terminan nunca ensangrentados. Y por eso la metáfora toma más fuerza. La culpa no estaría en los cuchillos. El problema es que, al fin del día, se pretende hacer creer que no hay culpa de nada.
Este libro contradice esa estrategia. Y ese es su gran aporte.














