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Revista de Ciencias Sociales

Print version ISSN 0797-5538On-line version ISSN 1688-4981

Rev. Cien. Soc. vol.31 no.43 Montevideo Dec. 2018

http://dx.doi.org/10.26489/rvs.v31i43.3 

Articles

“Educar es gobernar”: explorando los inicios del managerialismo masculino en la academia chilena

“Educating is governing”: exploring the beginnings of male managerialism in the Chilean academia

Marcela Mandiola* 

Alejandro Varas** 

*Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Alberto Hurtado, Santiago de Chile. E-mail: mmandiol@uahurtado.cl

** Departamento de Psicología de la Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación, Chile. E-mail: alejandro.v.alvarado@gmail.com

Resumen

En este artículo buscamos comprender y analizar la gestión de las universidades chilenas, considerando una mirada histórica y de género. Específicamente, proponemos explorar el nacimiento y la consolidación del managerialismo masculino en la academia chilena, ofreciendo una periodización de su trayectoria histórica durante el siglo xx y analizando su construcción en el período inicial, entre las décadas de los veinte y los cincuenta. Para ello, asumimos la concepción de los estudios organizacionales históricos de Maclean, Harvey y Clegg (2016), el concepto de masculinidad hegemónica ofrecido por Connell (1995) y la comprensión crítica del management de Alvesson y Willmott (1996) y Parker (2002). Nuestro análisis muestra cómo la figura del “ingeniero comercial” expresa varias de las implicancias de la articulación entre managerialismo y masculinidad hegemónica en la academia chilena de aquel entonces.

Palabras clave: Academia; managerialismo masculino; estudios organizacionales históricos; Chile.

Abstract

The article seeks to make sense and analyze Chilean universities considering an historical and gendered approach. Specifically, we propose to explore the birth and consolidation of male managerialism in the Chilean academy by offering a periodization of that historical trajectory during the s. xx and analyzing its construction in the initial period, from the twenties to the fifties. For this, we assume the conception of the historical organizational studies of Maclean, Harvey and Clegg (2016), the concept of hegemonic masculinity offered by Connell (1995) and the critical understanding of the management of Alvesson and Willmott (1996) and Parker (2002). Our analysis shows how the figure of the ‘commercial engineer’ expresses several of the implications of the articulation between managerialism and hegemonic masculinity in the Chilean academy of that time.

Keywords: Academy; masculine managerialism; historic organizational studies; Chile

Del lucro al acoso: la gestión de las universidades chilenas

Las dos últimas décadas en Chile se han caracterizado por la visibilización de variadas problemáticas sociales. Uno de los protagonistas ha sido el movimiento estudiantil, quien demanda desde el año 2006 una educación sin fines de lucro, pública, gratuita, laica y de calidad. En dicho escenario, el segundo gobierno de Michelle Bachelet propuso una reforma educacional que contempló “…­ avanzar en la gratuidad universal y efectiva de la educación superior” (Programa de Gobierno de Michelle Bachelet, 2013). Una de las propuestas relativas a fortalecer el papel del Estado frente a la educación superior fue la creación de dos nuevas universidades estatales: la Universidad de O’Higgins y la de Aysén. Sin embargo, el gobierno decidió destituir a la rectora de esta última, la doctora Roxana Pey, durante 2016, a menos de un año de su contratación y antes de la puesta en marcha de la universidad. En tensión con lo planteado en la reforma, el anterior gobierno tomó esta decisión luego de que Pey sugiriera la gratuidad universal para todo el estudiantado de su universidad, argumentando su viabilidad con el financiamiento a disposición (cnn Chile, 2016), y después de que propusiera, además, un sistema orientado a profundizar la democracia interna de la institución (El Desconcierto, 2016).

Luego, durante los años 2016 y 2017, la crítica estudiantil a la gestión universitaria ha estado protagonizada por el deficiente abordaje que estas universidades han hecho de las numerosas denuncias de acoso y abuso sexual dentro de sus muros. Dicho proceso ha resultado en una de las manifestaciones feministas más relevantes en la historia de Chile, que tiene actualmente a veintiséis universidades en “toma”. Las estudiantes han levantado la voz para sumar a la demanda de fin al lucro la consigna por una educación no sexista. A esta sostenida demanda se agrega durante 2018 un fuerte grito feminista de las y los estudiantes en las universidades chilenas. Como forma de graficar esta crítica, las redes sociales han hecho circular una fotografía del Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas (cruch) de marzo de 2018, para hacer visible la conformación del poder de los varones dentro de la institucionalidad académica nacional (Figura 1).

Fuente: El Desconcierto (2018)

Figura 1:  Reunión del Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas (cruch) en marzo de 2018 

Este ya extendido conflicto expresa de varias maneras el modo en el que se configuran las universidades en Chile, teniendo en cuenta diversos discursos que las han constituido a lo largo de su historia. En primer lugar, estamos ante los efectos de lo que podemos denominar un discurso managerial (Alvesson y Willmott, 1996; Parker, 2002), un paradigma de gestión empresarial que se propagó hace ya varios años hacia el ámbito de lo público. En segundo lugar, podemos dar cuenta de la puesta en escena de un discurso masculino hegemónico (Connell, 1995, Connell y Messerschmidt 2005); no es casual que la destitución mencionada más arriba sea la de la primera mujer rectora de una universidad estatal en Chile (Gaete Quezada, 2015).

Sin embargo, estos discursos han sido invisibilizados. Una de las características del discurso managerial es neutralizar y opacar el carácter político de sus prácticas, lo cual es coherente con el modo en el que las masculinidades logran sostener sin cuestionamientos sus posiciones de poder. Es de este modo que managerialismo y masculinidad hegemónica pueden operar de maneras silentes y eficientes, en este caso regulando y controlando quiénes pueden acceder e incluirse en la gestión universitaria. Este hecho sirve de motivación para preguntarnos por las relaciones entre management y academia chilena, desde una perspectiva de género, profundizando en el carácter histórico que las constituye. Nuestro trabajo1, aún en desarrollo, se ha orientado desde preguntas como las siguientes: ¿Cómo es que el management ha llegado a ocupar un lugar hegemónico en el quehacer académico de las universidades chilenas? ¿Cuáles son los hitos que instalan dicha hegemonía? ¿Qué efectos sociales y políticos ha conllevado aquel proceso desde una perspectiva de género?

En este artículo buscamos compartir nuestras primeras reflexiones respecto de la conformación histórica del management en las universidades chilenas. Comenzamos prestando atención al derrotero de las escuelas de negocios en Chile, debido al rol relevante que han cumplido como locus de producción y reproducción de teoría y práctica managerial ya desde sus orígenes, y a cómo dicha teoría se ha convertido también en el modo privilegiado de hacer de la academia actual. El foco principal del presente texto es la periodización del proceso investigado y el desarrollo analítico del primer período, poniendo el acento en su articulación de género.

Academia y management en Chile: una historia no contada

Sin perjuicio de que primigenias formas de administración científica se hayan instalado en y desde el Estado desde principios del siglo xx, no existen estudios que ofrezcan una periodización y un análisis en torno a la instalación de un managerialismo masculino en la academia chilena. Iniciando desde este supuesto, hemos considerado la relevancia de hitos tales como la fundación de las dos primeras facultades de Comercio y Economía en Chile: la de la Pontificia Universidad Católica de Chile (puc), en 1924, y la de la Universidad de Chile (uchile), en 1934, por la crucial participación que estas entidades han tenido en la instalación y expansión de la lógica managerial en las universidades. Junto con ello, destacan además la creación del Ministerio de Educación como entidad independiente, en 1927, y el otorgamiento de autonomía a las universidades (Bravo, 1992), en 1931.

Como contexto político - económico para el desarrollo de las escuelas de negocios, cabe destacar la creación del Banco Central en 1925 bajo el impulso de la misión Kemmerer, la separación de la Iglesia y el Estado ese mismo año, y luego la gran depresión del veintinueve. Esta depresión afectó particularmente a Chile, al presionar por un amplio proceso de industrialización interna que se apoyó posteriormente en la creación de la Corporación de Fomento de la Producción (corfo) en 1939. Se le suman, además, la creación del Ministerio del Trabajo en 1932 y la creación del Código Laboral en 1931. Estos hechos permiten intuir desde ya la creación de un contexto propicio para la posterior configuración de la gestión mercantil de las universidades.

Desde aquel contexto, se produce una serie de cambios en la gestión interna de las universidades chilenas. La autonomía universitaria con respecto al Estado, decretada en 1931, dio lugar a una independencia en lo económico y administrativo que hizo debutar la figura de la rectoría como lugar de liderazgo y gestión principal, de la mano del desarrollo de la investigación y extensión, lo que desplazó la exclusividad y la importancia que hasta ese momento tenía la docencia. Posteriormente, durante los años sesenta, las universidades iniciaron un camino de transformaciones políticas y económicas, tanto en su interior como en un ámbito social más amplio, en el cual estudiantes y trabajadoras/es denunciaron el carácter oligárquico del gobierno académico (Garretón y Martínez, 1985, p. 55), lo cual dio paso en 1967 a la Reforma Universitaria que buscó la democratización organizacional y curricular y una mayor vinculación con los problemas sociales (pp. 70, 78-81). Este proceso fue interrumpido por el golpe militar en 1973. La dictadura tuvo un impacto imborrable; en 1981, el gobierno militar impulsó una amplia reforma educativa, lo cual implicó la creación desregulada de universidades privadas y la transferencia del costo de los aranceles al estudiantado y sus familias, entre otros aspectos (Assaél, Cornejo, González, Redondo, Sánchez, Sobarzo, 2011).

El modelo neoliberal perdura hasta hoy, los gobiernos posdictatoriales lo han fortalecido (Assaél, et al., 2011), habilitando la instalación, casi acrítica, de un managerialismo coherente con tal modelo, y permitiendo la articulación de diversos discursos y prácticas hegemónicas que definen lo que actualmente entendemos por universidad en Chile. Si bien algunas investigaciones actuales ofrecen luces sobre cómo opera el management en la educación a escala nacional (Fardella, Sisto, y Jiménez, 2015; Sisto y Fardella, 2014; Sisto y Zelaya, 2013; Santos Herceg, 2015; Reyes, Varas y Zelaya, 2014), este campo es nuevo y aún no existen indagaciones que permitan comprender el fenómeno más allá de su caracterización contemporánea. Del mismo modo, la perspectiva de género tampoco ha protagonizado dichos derroteros. Es por ello que hemos decidido investigar el proceso histórico del surgimiento, crecimiento y consolidación del management en la academia chilena desde los años veinte en adelante, destacando que nuestro trabajo viene a ser pionero en la consideración histórica y de género del managerialismo en el ámbito académico en Chile.

Historia, organizaciones, masculinidad y managerialismo

Historia y estudios organizacionales poseen una relación de no muy larga data, que permite dar cuenta de la operación de transformación de lo organizacional a través del tiempo y con ello desnaturalizar la acrítica neutralidad y universalidad de sus más relevantes articuladores. Abrazamos la concepción propuesta por Maclean, Harvey y Clegg (2016), quienes definen los “estudios organizacionales históricos” como un tipo de investigación organizacional, y por ello interdisciplinaria, que echa mano de datos, métodos y conocimientos incrustados en la organización y lo organizacional, y considera el contexto histórico para informar y generar nuevas narrativas teóricas (p. 609). Concordamos con las propuestas del llamado giro histórico en estudios organizacionales (Kieser, 1994, Clark y Rowlinson, 2004; Suddaby, 2016), las que han estado clamando por un enfoque crítico para la historia del management y las organizaciones, desafiando el hasta ahora único modo de dar cuenta de dicha historia, a saber, un enfoque objetivista y universalista (Mills y Mills, 2013). El potencial crítico de esta mirada está en su interés por desestabilizar la noción misma de historia, entendida como recuento único y objetivo del pasado. La cuestión, entonces, no pasa por cuán acucioso es el recuento, más bien nos preguntamos acerca de quién está relatando la historia y cuáles son las implicaciones para un campo de conocimiento y práctica determinado. En nuestro esfuerzo por adentrarnos en este campo disciplinar, prestamos particular atención a los desafíos epistemológicos de la unión entre historia y organizaciones planteados por Rowlinson, Hassard y Decker (2014). Desde allí, nos enfocamos en la tarea de construir periodización en oposición a una mera secuencia de hechos. Ello viene a dar cuenta de una mirada comprensiva de lo cronológico, en la que no solo se hace relevante la división en etapas de tiempo, sino que es mucho más importante la propuesta significativa que de ella hacemos.

En cuanto al campo de lo educativo, el estudio de las universidades ha sido primordialmente abordado desde la mirada educacional dominante en nuestro país2. Nuestro trabajo, de modo diferente, busca abordar la educación superior desde la mirada de lo organizacional (Ramírez Martínez y Gonzales - Miranda, 2017), relevando las dinámicas y los procesos sociales que se dan cita en la articulación de una organización (Clegg, Hardy y Nord, 1996; Gonzales - Miranda, Ocampo - Salazar y M. Gentilin, 2018).

El quehacer de las organizaciones académicas en Chile se encuentra estructurado en torno a tres prácticas principales: investigación, docencia y extensión (Castro, 2004). Sin embargo, lo administrativo o la gestión que acompaña dichas prácticas no logra ser considerado como una actividad formal por parte de quienes componen el cuerpo académico. Desde esta investigación, entendemos que la práctica de la gestión se articula con un discurso managerial (Alvesson y Willmott, 1996; Parker, 2002), es decir, con una ideología, tal como es entendida desde una perspectiva discursiva posfundacional (Laclau, 2002), orientada a la optimización de los recursos y regida por principios de eficiencia y eficacia en pos de la productividad. La gestión recurre al discurso managerial para constituir las prácticas de investigación, docencia y extensión, regulando concursos de investigación, distribuyendo incentivos a la publicación, jerarquizando indexaciones, cobrando aranceles, por ejemplo. Además, la gestión coloniza la práctica del gobierno universitario, siendo sinónimo de ella, constituyéndose en la práctica de lo político, teniendo en sus manos las decisiones estratégicas que definen la misión y visión institucionales y, con ello, implementando acciones y reformas orientadas a la perpetuación y el perfeccionamiento del managerialismo como tal (Fardella, Sisto y Jiménez, 2015; Santos Herceg, 2015; Sisto y Zelaya, 2013)3. Este quehacer no es neutral en relación con la perspectiva de género, lo antes enumerado nos habla de lógicas y valores que dan cuenta de un quehacer masculinizado.

Se puede decir que la gestión en las universidades chilenas aparece como una práctica masculina, considerando la casi exclusiva presencia de hombres en cargos de dirección (Saracostti, 2006; Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, 2010; Gaete Quezada, 2015; Santos Herceg, 2015; Venegas, 2017). Sin embargo, nuestra intención no es visibilizar las inequidades de género desde una matriz binaria y esencialista (Butler, 1998, 2007), lo que nos interesa es llegar a comprender los procesos que las explican. De este modo, entendemos el género como un concepto que, desde una aproximación cualitativa, está orientado a la comprensión de la estructura de la diferencia simbólica entendida como una construcción social (De Lauretis, 2000; Lamas, 2000). Desde allí, nos aproximamos a la noción de masculinidad hegemónica, no para nominar el sexo biológico de los hombres, sino como una forma de configuración de las prácticas de género y un modo específico de masculinidad que se organiza en posiciones privilegiadas de poder, producción y catexis, frente a otras formas de construcción social del género (Connell, 1995; Connell y Messerschmidt, 2005). Comprendemos además la masculinidad desde la performatividad de género, la cual refiere a que el género solo es real en la medida que es actuado (Butler, 1998), tratándose de una “concepción amplia de un ‘acto’, que es socialmente compartido al mismo tiempo que históricamente constituido” (Butler, 1998, p. 313). Esto implica ir más allá de aquellos estudios que han analizado la academia chilena desde una perspectiva de género colocando el énfasis en la cantidad de hombres y mujeres, reduciendo la perspectiva a una cuestión binaria, cuantitativa y, en definitiva, esencialista.

El management en las universidades chilenas se ha configurado como un dominio hegemónicamente masculino, no solo por los efectos que posee el hecho de que la mayor parte de quienes gobiernan las universidades sean hombres (Acker y Webber, 2006; Morley, 1999; Savigny, 2017), sino además debido al empleo de prácticas discursivas que facilitan la reproducción y la legitimidad de una masculinidad hegemónica, ya sea en hombres o en mujeres. La literatura en torno al tema define este tipo de masculinidad managerial, en primer lugar, a través de prácticas discursivas que se articulan con el capitalismo neoliberal, tales como la búsqueda de “posiciones de poder”, la centralidad de la lógica de los “negocios” y el énfasis en la “productividad” (Martínez Alemán, 2014; Carvalho y Machado, 2010), las relaciones sociales de “competencia” (Martínez Alemán, 2014; Thomas y Davies, 2002; Carvalho y Machado, 2010; Prichard, 1996; Morley, 1999; Kerfoot y Knights, 1999), el “individualismo” (Martínez Alemán, 2014; Carvalho y Machado, 2010; Morley 1999), la “autonomía” (Connell y Messerschmidt, 2005, citados en Martínez Alemán, 2014) y la “independencia” (Thomas y Davies, 2002); todos estos rasgos van performando un “trabajador ideal”, que se dedica por sí mismo a la productividad académica (Drago, 2007, citado en Martínez Alemán, 2014). En segundo lugar, están aquellos discursos ligados al método científico o al positivismo, tales como la “objetividad”, la “racionalidad”, y la “instrumentalidad” (Connell y Messerschmidt, 2005, citados en Martínez Alemán, 2014; Thomas y Davies, 2002; Carvalho y Machado, 2010; Barry, Berg y Chandler, 2006). Finalmente, están aquellas prácticas académicas de “homosociabilidad” que reproducen las exclusiones y fronteras de la participación a todo aquello que no coincide con tal masculinidad (Martínez Alemán, 2014; Prichard, 1996, citado en Collinson y Hearn, 1996).

Metodología

La investigación, aún en curso, se ha desplegado en dos momentos: a) producción de información a través de la recopilación de archivos y la realización de entrevistas, y b) análisis discursivo de la información presente en los archivos recopilados y en las (auto)interpretaciones de las personas entrevistadas. En esta primera etapa de la investigación, concentramos nuestros esfuerzos en la trayectoria de las dos principales universidades en relación con los inicios del período histórico en estudio, a saber, la uchile y la puc, y en particular, sus dos escuelas de negocios. En cada una de las universidades se seleccionaron primero archivos y luego sujetos como fuentes de información. Trabajamos con quince documentos oficiales que permiten indagar en la configuración histórica del management en la academia. En cuanto a los sujetos entrevistados, fueron seleccionados según la riqueza de información que ofrecen a los propósitos de la investigación. Se entrevistó a un total de seis académicas/os, utilizando el muestreo de bola de nieve (Martínez - Salgado, 2012), para guiar la selección de personas a partir de otras personas, y desde los mismos archivos.

El trabajo analítico se inspira en la noción de lógicas de explicación crítica (Glynos y Howarth, 2007). Este enfoque implica relacionar diferentes lógicas con las circunstancias empíricas en las que ocurren, con el propósito de construir un recuento descriptivo, explicativo y crítico. Glynos y Howarth enfatizan que una ciencia de explicación social envuelve la movilización de tres tipos de lógicas: social, política y fantasmática. Las lógicas sociales permiten caracterizar histórica, social y culturalmente las prácticas discursivas en un dominio en particular; por otra parte, las lógicas políticas proveen los medios para explorar cómo tales prácticas son instituidas, contestadas o sostenidas; finalmente, las lógicas fantasmáticas buscan develar los modos mediante los cuales se invisibiliza y naturaliza el carácter sociohistórico y político de toda práctica, es decir, su contingencia radical (Laclau y Mouffe, 2011). La elección de este enfoque metodológico se justifica por la coherencia que guarda, en lo teórico, con la perspectiva discursiva de Laclau y Mouffe y el enfoque performativo de Butler (1998, 2007), ambos insertos en una comprensión posfundacional de lo político (Marchart, 2007), comprensión que aquí trasladamos al estudio de las organizaciones académicas.

La periodización propuesta, si bien está guiada por la relevancia de ciertos hitos y procesos en la historia del managerialismo académico, se sustenta en las categorías de articulación y discurso. Según Laclau y Mouffe, articulación es toda práctica que establece una relación tal entre elementos que la realidad de estos resulta modificada como resultado de esa práctica, mientras que discurso es aquella totalidad estructurada resultante de la práctica articulatoria (2011, p. 143). En este sentido, cada período propuesto se define por la articulación del managerialismo -entendido este como un discurso- con otros discursos económico - políticos a lo largo de su historia. Sostenemos que cada articulación de discursos en la que participó el managerialismo académico produjo modificaciones en su estructura discursiva, lo cual dio lugar a diferentes períodos históricos y formas de construcción de la masculinidad. Esto nos permite no solo secuenciar esta historia no contada, sino además analizar y explicar desde un punto de vista político los discursos que estructuraron el managerialismo académico en Chile.

Esta viene a ser una propuesta metodológica original para el estudio de la historia del management en las organizaciones académicas, ya que propone vincular dos miradas, a saber, la perspectiva histórica con la perspectiva discursiva laclausiana, en la cual las lógicas de explicación crítica son una expresión de aquel último enfoque. Lo que proponemos aquí es la construcción de períodos históricos no solo desde el señalamiento de hitos o acontecimientos relevantes en términos cronológicos, sino señalando cómo estos últimos son expresiones concretas de procesos de desarticulaciones y rearticulaciones discursivas que poseen efectos en lo social, lo político y lo fantasmático. Cada período señala la cristalización o sedimentación histórico - social de una articulación, mientras que los hitos o acontecimientos que vienen a marcar las fronteras de cada período son momentos de reactivación de lo político y lo fantasmático. Para la periodización que proponemos a continuación hemos priorizado el análisis de las lógicas sociales y políticas, quedando el desafío de profundizar en lo fantasmático.

Hacia una periodización del managerialismo en la academia chilena

El análisis realizado nos ha llevado a la comprensión de la historia de la gestión académica en Chile a través de la proposición de los siguientes períodos históricos. Cada uno de estos períodos lleva por nombre una articulación de discursos económico - políticos que posibilita al managerialismo insertarse y desarrollarse en el campo académico chileno.

-Primer período (1923-1955): managerialismo desarrollista. Este período se inicia con la inauguración, por un lado, del Curso Superior de Comercio en la puc y, por otro, el Seminario de Ciencias Económicas en la Facultad de Leyes en la uchile, ambos en 1923. Se caracteriza por un managerialismo estatal que busca estabilizar la economía chilena e industrializar el país ante los efectos de la crisis del salitre y de la depresión de 1929, hitos que se vinculan con la relevancia de la cuestión social y con la agudización del antagonismo capital - trabajo. Destaca en este período la figura de Pedro Aguirre Cerda como primer decano de la uchile y posteriormente como presidente del país.

-Segundo período (1955-1973): managerialismo desarrollista/neoliberal. Este período debuta con el convenio entre la puc y la Universidad de Chicago, y paralelamente con la reestructuración del Instituto de Economía de la uchile, bajo el liderazgo de Joseph Grunwald y el financiamiento de la Fundación Rockefeller. Se caracteriza por el despliegue de dos managerialismos diferentes y antagónicos, desarrollados cada uno por una de las universidades mencionadas; la uchile potencia la doctrina desarrollista en su vinculación con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (cepal) y la puc inicia la formación desde la doctrina neoliberal.

-Tercer período (1973-1981): managerialismo neoliberal - totalitario. Este período tiene lugar luego del golpe de Estado de 1973, el cual provoca la eliminación de la llamada “sede norte” o Facultad de Economía Política de la uchile, con el posterior desplazamiento de las doctrinas desarrollistas en las universidades y, paralelamente, con la redacción de El ladrillo por Sergio de Castro, exdecano de la mencionada universidad. Se caracteriza por la instalación de un managerialismo neoliberal, coherente con las reformas económico - políticas implantadas mediante el terrorismo de Estado de Augusto Pinochet. Tal articulación managerial coloca en una posición de liderazgo a la puc.

-Cuarto período (desde 1981 hasta hoy): managerialismo neoliberal - hegemónico. Este período se articula luego de la llamada “caza de brujas”, referida a la política de persecución laboral que terminó con despidos y renuncias en la Facultad de Economía y Administración de la uchile, y que permitió a los “Chicago Boys” lograr el control en dicho espacio. Ello se entronca con la promulgación de la Ley General de Universidades en 1981, que instaló la privatización de la educación superior, la desarticulación de las universidades estatales y la subsidiariedad del Estado en esta materia. Se caracteriza por el desarrollo de un managerialismo neoliberal que logra una hegemonía a través de su institucionalización legal y reproducción social en dictadura y mediante su perfeccionamiento incuestionado en los gobiernos posdictatoriales.

Cada uno de estos períodos da cuenta de la articulación del managerialismo con un discurso específico, primero el desarrollismo en los dos primeros períodos, y posteriormente el neoliberalismo, principalmente en los dos últimos. En la medida en que la economía chilena necesitó de un managerialismo en sintonía con cada uno de estos discursos económicos, las universidades operaron como campos simbólicos en donde fue posible producir y reproducir dichos saberes, encarnarlos en profesionales específicos y materializarlos concretamente tanto en políticas públicas como en modos de organizar la empresa privada. A continuación, desarrollaremos un análisis del primer período descrito que incluye una perspectiva de género.

Los albores de una masculinización: el ejemplo de la ingeniería comercial

Nuestra investigación se ha concentrado, hasta el momento, en el primer período señalado, el cual corresponde al nacimiento de las organizaciones académicas encargadas de producir y reproducir un saber managerial coherente con las premisas desarrollistas que las clases dominantes buscaron desplegar a escala nacional. El contexto histórico motivó dicha estrategia a partir de variadas crisis económicas y políticas que caracterizaron la primera mitad del siglo xx (Salazar, 2003). Esto generó una nueva vía de administración de la economía en manos del Estado, lo cual dio lugar a la necesidad de formar individuos capaces de analizar la economía desde tales doctrinas e implementar medidas concretas. Las universidades aparecen como un campo discursivo predilecto para vehiculizar dicha revolución, y en ellas se hace necesaria la creación de un cuerpo de saberes. Esto derivó en la creación de la Facultad de Comercio y Ciencias Económicas de la puc, en 1924, y, posteriormente, de la Facultad de Comercio y Economía Industrial de la uchile, en 19344.

Este período se caracterizó por la gran polémica a propósito de la creación del título de ingeniero comercial, adoptado en 1939 en la uchile y en 1941 en la puc. Hasta entonces, para este tipo de estudios se habían utilizado los nombres de “técnico”, “perito” o “práctico” (Zaldívar, 2009, p. 61), sin embargo se buscó la categoría “ingeniero” para relevar la formación matemática e incentivar las matrículas (Vial, Ogaz y Morales, 1999, p. 15; Larroulet y Domper, 2006, p. 4). El título generó un rechazo amplio de diversas agrupaciones de la ingeniería; la Asociación de Ingenieros de Chile afirmó: “… las personas que ostentan el título de ingeniero comercial nada tienen que ver con la profesión de ingeniero” (Zaldívar, 2009, p. 66). No obstante, presiones en el ámbito gubernamental terminaron dando chance a dicho título, en la medida que el mismo Pedro Aguirre Cerda, quien fuera el primer decano de la Facultad en la uchile, era en ese entonces presidente de la nación. Rudecindo Ortega, ministro de Educación, solicitó aprobar el título de ingeniero comercial, comunicando que era la “expresión que en concepto de S. E. es el (sic); más conveniente” (Zaldívar, 2009, p. 63-64). Esta polémica resulta clave en nuestro análisis ya que visibiliza las nuevas articulaciones entre Estado y academia en la construcción de una disciplina orientada a sostener la nueva administración económica. De este modo, es posible conjeturar que la ingeniería comercial nace de la necesidad de dotar al Estado de un individuo que legitime, ante la clase oligarca comercial, la capacidad que la nueva clase política civil posee para reconstruir, estabilizar y reorientar el destino económico luego de la crisis que se experimentara (Salazar, 2003).

Ahora bien, analizar desde una perspectiva de género este proceso implica atender al modo en el que se construye una masculinidad hegemónica en aquel período y a en qué medida aquello se articula a un managerialismo desarrollista. Nuestro análisis permite comprender, en primer lugar, el nacimiento de una masculinidad managerial con características generales para el período, masculinidad que, en segundo lugar, se expresa metafóricamente de modos diferentes en dos figuras históricas clave.

En términos generales, es imposible escindir del managerialismo desarrollista la construcción de una masculinidad en coherencia con tal discurso. Al profundizar en esta historia, no solamente destaca el hecho de ser una historia de hombres, sino de cómo tales hombres están articulados con una serie de discursos y prácticas que les permiten performar una posición hegemónica. Las fotografías de la época, correspondientes a quienes participaron en la construcción de dicho managerialismo académico, nos muestran siempre a hombres adultos, uniformemente vestidos, rectilíneamente desplegados, con un rostro serio y rígido (Figura 2). Esto es coherente con las fotografías de aquellos líderes que se hacían acompañar de sillones, papeles y libros que atestiguan su jerarquía académica (Figura 3).

Fuente: Zaldívar (2009, p. 54)

Figura 2:  Delegación de la Facultad de Comercio e Ingeniería Industrial de la UChile 

Fuente: Escuela de Economía y Comercio (1939a, p. 3)

Figura 3:  Guillermo del Pedregal 

Con respecto a la formación en la puc, Krebs plantea que “… los egresados gozaban de gran prestigio (…); ocupaban altos puestos y desempeñaban un papel importante en el mundo de los negocios” (Krebs, Muñoz y Valdivieso, 1994, p. 532). La Revista de Economía y Comercio de la uchile nos muestra una serie de características que van develando la hegemonía buscada: se trata de una masculinidad superior, apolítica, científica, joven, fuerte y vanguardista. Por ejemplo, el primer volumen de la serie plantea que los jóvenes estudiantes poseen como misión:

“… imponer una crítica serena y elevada (…); que nos lleve al estudio y a la observación profunda de nuestra realidad; a la investigación científica de los malestares de la vida económica y social contemporánea, trágica en la perspectiva de su trayectoria histórica y en su sombrío devenir (…); no nos guía mira política alguna”. (Escuela de Economía y Comercio, 1939a, p. 4)

La crisis económica del país y la clase mercantil desfalleciente son símbolos de un malestar trágico y sombrío, al cual la naciente masculinidad managerial debe hacer frente, mediante una serena y elevada ciencia apolítica. En la medida en que la ciencia se coloca por sobre la realidad económica, la nueva clase política civil y la nueva masculinidad managerial se posicionan sobre la antigua clase. La ciencia es constantemente invocada y la organización científica del trabajo es entendida como “… la ciencia de las relaciones (…); entre el hombre y la herramienta. Su objeto es obtener un rendimiento óptimo mediante la utilización racional” (Escuela de Economía y Comercio, 1939a, p. 5). La apoliticidad de la ciencia se traduce como la neutralización del antagonismo de clases, toda vez que la “… ley suprema de la economía (apunta a); eliminar el desperdicio (generado por); los conflictos entre el empresariado y el trabajador” (Escuela de Economía y Comercio, 1939a, p. 5).

Este managerialismo necesita condensar dichas características en figuras masculinas concretas que actúen como metáforas identificatorias. Ello permite dotar de un mito de origen a esta naciente historia, insertando a patriarcas fundadores que encarnen las significaciones masculinas de este managerialismo. En la revista citada, se entrevista a Juvenal Hernández, rector de la uchile en ese entonces, al cual se lo describe como “Un hombre joven. Vigoroso. En plenitud de energías. Juvenal Hernández es la mentalidad joven de Chile que dirige una pléyade de juventudes a la conquista del porvenir” (Escuela de Economía y Comercio, 1939a, p. 12). Se trata de una masculinidad fuerte y joven, capaz de desplazar la hegemonía de una masculinidad decimonónica y decadente. Al mismo tiempo, Guillermo del Pedregal, decano de la Facultad en aquellos días, es descrito como “… una de las palancas poderosas en el impulso de la Escuela (…); una página de brillantes contornos (…); al frente de muchas instituciones del país” (1939a, p. 3). Poder, vanguardia y jerarquía son apelativos constantemente invocados para posicionar hegemónicamente esta masculinidad.

Esta búsqueda por la hegemonía sobrevive actualmente en las voces de quienes descienden de este origen mítico. Desde allí es posible comprender cómo se performa la masculinidad managerial de forma retroactiva, desde el presente al pasado. Uno de los académicos entrevistados plantea al respecto:

“… el primer director o la primera autoridad era justamente un abogado muy reputado: don Manuel Foster5, (…); colocó -según dicen- de su propia fortuna, ¿ah?, sueldos (;…); Foster fue un tipo clave (…); al inicio, él fue el gran impulsor y, como te digo, colocó de su bolsillo. Foster era un hombre muy rico, ¿ah?, y un abogado reputado (…); lo tenemos injustamente olvidado. Hay una sala que la llamamos Manuel Foster, el observatorio ahora que está ahí en el Cerro San Cristóbal lo donó él6 (…); no sé si ubican esta basílica (del Salvador); miren arriba en los capiteles. En los capiteles hay una serie de santos. Uno de los santos es Manuel Foster”. (Entrevista a académico 1)

El hecho de que Manuel Foster (Figura 4) sea caracterizado aquí como “abogado muy reputado” actúa en este relato otorgando legitimidad profesional en la construcción de una histórica masculinidad managerial. Dicha reputación o hegemonía además es económica, en la medida que Foster era “rico”, pero aún más, llega incluso a ser religiosa, en tanto filántropo7. Se trata de una triple hegemonía: profesional, económica y religiosa, que da coherencia a un managerialismo que busca constituirse en un saber académico, en un hacer técnico, en una universidad católica preocupada por la “cuestión social”. Otro académico entrevistado realiza una narración similar con respecto a la figura de Pedro Aguirre Cerda8:

“… el tipo, muy observador, va viendo y escribe libros, después a la vuelta9, con sus reflexiones de lo que vio, uno es El problema industrial10, creo que se llama un libro, ¿ya?, de cómo estos países son tan industrializados y nosotros estamos en la Edad Media (…); se junta la inquietud por lo industrial, por el fomento industrial que él ve en Europa. Se junta con el terremoto11, se junta con la crisis del treinta y la necesidad de tener una economía controlada por nosotros, con una industrialización hacia adentro (…); pero siempre desde lo, comillas, tecnócrata ¿Te fijai?, y pragmatismo. (Entrevista a académico 2)

Claramente la masculinidad managerial, coherentemente tecnocrática y pragmática, es articulada con un discurso desarrollista que se orienta al “control de la economía” y a la “industrialización hacia dentro”. No obstante, dichas “inquietudes” nacen de una masculinidad que “observa”, “reflexiona” y “escribe”: que observa el primer mundo, que reflexiona comparativamente sobre las diferencias entre Europa y Chile, y que escribe en torno al atraso económico - cultural de nuestro país. Observación, reflexión y escritura son prácticas que presentifican la figura del científico, del investigador, pero que develan una colonización cultural, la instalación de una idea modernista acerca del saber y del progreso, lo cual coloca a Chile en un estadio de barbarie. Aguirre Cerda (Figura 5) fue el educador12 que impuso el managerialismo como proceso de aculturación económica. Como ya decíamos, gobernar es educar en la medida en que educar es gobernar.

Fuente: Museo Histórico Nacional (1919)

Figura 4:  Manuel Foster Recabarren 

Fuente: Escuela de Economía y Comercio (1939a, p. ii)

Figura 5: Pedro Aguirre Cerda 

A través de este recorrido, vemos cómo la ingeniería comercial constituye un ejemplo propio de los albores de la managerialización masculina de la universidad chilena, en la medida en que el carácter científico, neutral, apolítico, orientado hacia la administración científica del trabajo de aquellos años, es articulado constantemente con las figuras individuales de varones que han de ser caracterizados por su fortaleza, virilidad, liderazgo, entre otros rasgos. Si bien los hombres ya estaban presentes desde mucho antes en las posiciones de liderazgo universitario, la articulación de lo masculino con un discurso managerial durante este período posibilita la construcción de una nueva masculinidad hegemónica, que bien puede expresarse en la figura del ingeniero comercial como garante de la legitimidad científica del Estado chileno en su nuevo rol de “gestor” económico del país. Esto impactará sin duda no solo en los modos de organizar la universidad chilena, en tanto “industria del conocimiento”, sino además en la forma de enseñar negocios en este país (Mandiola, 2010a, 2010b, 2013).

A modo de cierre y apertura

Hasta aquí, hemos analizado parte de la historia inicial de la articulación del managerialismo con la academia chilena, a través del ejemplo que nos ofrece el nacimiento de la ingeniería comercial en Chile entre las décadas de los veinte y los cincuenta. Nuestra atención se ha dirigido a la articulación del managerialismo académico con una masculinidad hegemónica, caracterizada por ciertos aspectos que la hacen converger con una economía desarrollista. No obstante, estamos lejos de haber ofrecido un análisis exhaustivo, más bien se trata de una primera tentativa encaminada a profundizar la historia de la academia nacional, con el fin de comprender la ideología managerial masculina que pervive hasta hoy en día. El examen de las figuras de Manuel Foster y Pedro Aguirre Cerda no tiene por finalidad llevarnos a reflexionar sobre aquellas personalidades concretas sino, más bien, a darnos luces sobre los discursos involucrados en la construcción de una masculinidad managerial que inicia su articulación con la disciplina de la ingeniería comercial en Chile. La masculinidad en este primer período se caracteriza por autodefinirse desde una superioridad, apoliticidad, cientificidad, juventud, fuerza y vanguardismo, sumando a ello jerarquías de tipo profesional, económico y religioso, y una misión de colonización epistémico - cultural. Esta caracterización puede ser relevante a la hora de preguntarnos por las continuidades y discontinuidades que han operado hasta la actualidad en la managerialización de las universidades chilenas. ¿Qué tan lejos o cerca estamos de aquel contexto?

Cuando colocamos nuestra atención en la frase de Aguirre Cerda, “educar es gobernar”, intentamos destacar la centralidad y la relevancia que han tenido los derroteros de la educación superior en Chile para construir, sostener y reproducir un orden que no solo impacta y da forma a su propio quehacer. Se trata más bien de un orden que ha logrado imponerse en la sociedad, colonizando la mayor parte de sus esferas en la medida en que aquellos educados en los principios de la ciencia positivista pragmática y masculina aplican y reproducen dichos principios en todas y cada una de las prácticas en las cuales han logrado insertarse. El managerialismo que regula hoy la universidad en Chile ha logrado transformar la educación, desde principios del siglo pasado, en un instrumento para el ejercicio del gobierno, un ejercicio mecánico orientado al control social, y, posteriormente, en un bien de mercado que se compra y se paga de manera privada e individual. Tal vez sea por eso que aquellos que han podido comprar y pagar la oferta más onerosa de este mercado sean hoy quienes logran gobernar: gobernar para seguir educando, educando para seguir gobernando.

El carácter preliminar de nuestros análisis deja entrever los variados desafíos actuales en el contexto de la presente investigación. En primer lugar, debemos continuar profundizando en la comprensión del managerialismo masculino hegemónico específico para el primer período. En segundo lugar, es necesario conocer los efectos que esta masculinidad hegemónica ejerció sobre los modos de organizar las facultades y la universidad de la época. Esto último podría ser analizado a través del currículo explícito de las asignaturas impartidas, y luego a través del currículo oculto que nos acerca al modo de gestionar tales facultades. Un tercer desafío será dar cuenta de cómo el managerialismo que se configura en este primer período posee consecuencias para los demás períodos propuestos, especialmente para el segundo, de modo tal que puedan ser evidenciadas las continuidades y discontinuidades del managerialismo masculino en la historia de la academia chilena. Por último, es imprescindible visibilizar paralelamente no solo la reproducción de un orden hegemónico masculino, sino además las fracturas o fallas de dicho régimen, entendiendo esta historia no solo como un recuento acumulativo de hechos, ni como una narración neutral de acontecimientos, sino más bien como un proceso inherentemente político y orientado a una liberación. No obstante, el carácter exploratorio de esta investigación, por el momento, nos obliga a dar énfasis a la comprensión de la sedimentación histórica de un poder managerial masculino en la academia, y recién desde allí explorar las fracturas, contradicciones o resistencias implicadas.

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1Proyecto de investigación: “Masculinidades en la academia: la práctica de la gestión en Chile (2017-2018)”, financiado por la Universidad Alberto Hurtado. Investigadora responsable: Marcela Mandiola, coinvestigador: Alejandro Varas.

2Ver el trabajo del Observatorio de Educación Superior (obesup); el Centro de Investigación Avanzada en Educación (ciae); el Programa de Investigación en Equidad en la Educación Superior (piees); las publicaciones Revista Calidad en la Educación, Pensamiento Educativo: Revista de Investigación Educacional Latinoamericana (pel) de la puc; entre otros.

3Todo ello es coherente con las exigencias del llamado capitalismo académico (Slaughter y Leslie, 1999; Fernández Albornoz, 2011), el paradigma de la universidad - empresa (López y Rodés, citadas en Samaniego, 2001) y la avanzada del new public management (Carnoy y McEwan, citados en Sisto, 2011; Sisto y Fardella, 2014), siendo esta última una lógica de administración empresarial insertada en el ámbito de lo estatal mediante el llamado Consenso de Washington (Gentili, 1998).

4Como menciona Zaldívar a propósito de los profesionales de estas facultades: “… fueron los ingenieros los que principalmente asumieron un papel destacado en la puesta en práctica de los nuevos paradigmas económicos, donde convergían corrientes de marcado carácter nacionalista y proteccionista, las que prestigiaban —tras un siglo de consenso libremercadista— el rol del Estado.” (Zaldívar, 2009, p. 25).

5Manuel Foster Recabarren (1864-1946) fue un abogado y diputado chileno, conocido por defender a Chile en el Caso Alsop, en el cual la firma norteamericana Alsop reclamó una deuda contraída por Chile en la Guerra del Pacífico (Baros, 2008).

6Foster compró un observatorio astronómico construido por una misión científica estadounidense en el Cerro San Cristóbal y lo donó a la puc (Baros, 2008).

7Foster financió reparaciones en la Basílica El Salvador de Santiago (Baros, 2008).

8Pedro Aguirre Cerda (1879-1941) fue presidente de Chile de 1938 a 1941 y, previamente, el fundador y primer decano de la Facultad de Industria y Comercio de la uchile (Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, 2018).

9Pedro Aguirre Cerda viajó a estudiar a Europa entre 1910 y 1914 (Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, 2018). Es probable que en aquel viaje haya conocido el título de ingeniero comercial de la Universidad de Nancy (Escuela de Economía y Comercio, 1939b, p. 24) y de la Universidad Libre de Bruselas (Larroulet y Domper, 2006, p. 6).

10Véase Pedro Aguirre Cerda, El problema industrial, Prensas de la Universidad, 1933.

11Terremoto de Chillán de 1939 (Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, 2018).

12Fue profesor de castellano y filosofía (Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, 2018).

Recibido: 12 de Abril de 2018; Aprobado: 26 de Mayo de 2018

Nota:

Marcela Mandiola: Doctora en Management Learning por la Universidad de Lancaster, Inglaterra. Académica de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Alberto Hurtado, Santiago de Chile. Áreas de interés: género y organizaciones, educación en negocios y estudios organizacionales. Alejandro Varas: Psicólogo y magíster en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile. Docente del Departamento de Psicología de la Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación, Chile. Áreas de interés: psicología educacional, estudios del discurso y estudios de género

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