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Revista Médica del Uruguay

versão impressa ISSN 0303-3295

Rev. Méd. Urug. vol.23 no.3 Montevideo set. 2007

 

Luis E. Folle Richard (1925-2007)

Dr. Antonio L. Turnes**

 

El viernes 24 de agosto de 2007 falleció el Prof. Emérito Dr. Luis E. Folle Richard. Había nacido el 22 de junio de 1925 en Montevideo.

Fue un médico destacado con honores, que mereció la Medalla de Plata otorgada por la Facultad de Medicina en 1955. Ese jalón inicial marcaría una trayectoria fecunda y prolongada, de continuos aportes a la medicina, la docencia y la investigación, amparados siempre en un marco de profundo humanismo.

Tempranamente integró el grupo de recordados maestros que en su juventud elaboraron el Manual del Externado, con el cual muchas generaciones de practicantes externos y luego internos hicieron su introducción a una serie de maniobras básicas††.  Consagró su vida al estudio y la investigación desde muy joven, ya como ayudante de Clase de Fisiología, Ayudante de Clase y ayudante de Investigación en Farmacología y Terapéutica, y otras posiciones en ciencias básicas tanto en Uruguay como en el exterior, culminando en este plano como investigador de primer nivel del PEDECIBA, desde 1988. En Clínica fue practicante externo e interno, asistente de la Clínica Médica del Prof. Julio C. García Otero, un gran Maestro de la Clínica, y asistente del Departamento de Cardiología, actuando junto al Prof. Jorge Dighiero. Desde 1957, cuando culminaba su "jefatura de Clínica", comenzó a trabajar como médico de zona y luego como médico de urgencia, cardiólogo y consultante del Centro de Asistencia del Sindicato Médico del Uruguay (CASMU). A partir de 1962 ejerció como full-time en la docencia e investigación en Farmacología y más tarde en Cardiología. Siguió dos vertientes de la Medicina con igual brillo y pasión: la Clínica Médica y la Cardiología, de la que llegó a ser profesor director, y la docencia e investigación farmacológica, de la que alcanzó también destacada posición en la Cátedra de Farmacología, con anterioridad. Fue becario en Francia, Estados Unidos, Italia, Brasil y Canadá, en importantes universidades (la Facultad de Medicina de París, la Universidad de Pensylvania y los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, la Facultad de Medicina de Sherbrooke, donde fue profesor agregado, y la Facultad de Medicina de Riberao Preto, São Paulo). Allí trabajó con figuras de primer nivel en la investigación como los profesores René Hazard, Jeanne Lévy, Daniel Bovet o Domingo Aviado, con quienes incorporó metodología y técnicas que luego trajo a su país para formar investigadores y docentes.

Durante la dictadura acompañó al Prof. Jorge Dighiero Urioste en la fundación de un instituto de cardiología que funcionó con muy pocos colaboradores en la sede de la ex MIDU, en la Avda. Garibaldi casi Juan Ramón Gómez. Allí por muchos años dio su consulta privada, siendo el consultante de infinidad de colegas de todo el país, muchas veces siendo ellos mismos sus pacientes porque le reconocían su pericia y su notable calidad humana. Fue a la vez consultante de numerosas cooperativas médicas del interior.

Fue un universitario ejemplar, asambleísta del Claustro y consejero de la Facultad. Miembro de numerosas sociedades científicas del país y del exterior, que le distinguieron con honores. Se hizo acreedor por sus méritos a becas y premios nacionales, con los que se distinguía en su época a los mejores.

Fue un sindicalista silencioso y disciplinado, trabajador incansable, que fue convocado puntualmente por temas trascendentes y siempre respondió como el mejor que era. En 1970, épocas difíciles, el Comité Ejecutivo integró una comisión para elaborar un pronunciamiento acerca del "narcoanálisis" (el llamado "suero de la verdad") que pretendían utilizar algunos investigadores policiales en el interrogatorio de prisioneros políticos. Emitieron un informe histórico actuando junto a otras figuras muy recordadas*. Aportó su trabajo desde el primer número de la Revista Médica del Uruguay, en 1974, con un artículo sobre "Digitalización en la Práctica Clínica", que reunía la sencillez, la fortaleza teórica y la practicidad para el médico y el estudiante avanzado. Ese primer número de la Revista Médica del Uruguay (RMU), aparecido en tiempos oscuros, fue el producto de un cuarteto joven y entusiasta integrado por Homero Bagnulo, Barrett Díaz Pose, Hugo Dibarboure Icasuriaga y Juan Carlos Macedo. De ellos, Dibarboure había hecho su primer trabajo científico con Folle en el Departamento de Farmacología, y tuvo la feliz idea de proponer tema y autor. Desde 1985, Folle integró el Comité de Redacción de la revista hasta el día de su accidente. Durante más de 20 años. Realizó cientos de trabajos científicos, orientó tesis de doctorado y guió a muchos colegas en su carrera como investigadores y docentes. Publicó libros y capítulos de libros nacionales y extranjeros. Escribió editoriales y trajo su criterio exigente a una revista médica que prestigia a los médicos uruguayos en el concierto internacional, estimulando, junto a otros queridos colegas, que fuera una revista arbitrada de excelente nivel. En una experiencia cosechada en muchas otras revistas médicas de calidad que había dirigido o contribuido a realizar anteriormente y a la frecuentación de ambientes académicos de alto nivel de exigencia. Son memorables sus editoriales y la atención a las normas internacionales que deben regular éticamente las publicaciones médicas, evitando el fraude y la duplicación de artículos. Introdujo entre nosotros el Consenso del Grupo de Vancouver (Comité Internacional de Editores de Revistas Médicas), que conviene releer. 

Fue igualmente miembro de los comités editoriales de la revista Compendio, de la Revista Uruguaya de Cardiología y de la de Hipertensión Arterial. En todas volcó su sabiduría, su consejo y su trabajo sostenido.

Recibió la Distinción Sindical por sus méritos científicos, docentes, gremiales y en el ejercicio profesional. Desde su juventud, y cualquiera fuera su altura académica, mantuvo una terrible sencillez, una modestia que lo hacía pasar casi desapercibido; de andar rápido y hablar con mucha suavidad y simpatía, siempre sonriente, sugiriendo opiniones, realizando comentarios que eran pequeñas lecciones con apariencia de intrascendentes, pero profundamente útiles para todos. Todo ello acompañado por un permanente buen humor.

* * *

Basten algunos testimonios de viejos colaboradores, compañeros o discípulos, desde el país o a la distancia, que expresaron con sentidas palabras su recuerdo, para permitirnos conocer diferentes facetas de este grande hombre: "Un recuerdo de gratitud para un colega Maestro; fui alumno y disfruté su amistad; corría el segundo semestre de 1971, arrancaba con todo vigor el CTI del Piso 14 del Hospital de Clínicas; fue con Folle, y con él con Farmacología, con quien establecimos uno de los primeros vínculos fuertes de colaboración académica; encontramos en Folle un apoyo privilegiado para recorrer el camino que iniciábamos; fue un entusiasta puntal universitario... para el mejor recuerdo, siempre". (Rodolfo Panizza). "Mucha tristeza me causó la noticia de 'Follito', como lo llamábamos, a cuya guardia pertenecí y nos hicimos muy amigos". (Jaime Sznajder, desde Los Ángeles, EEUU). "Los que tuvimos la suerte de haber sido tus discípulos y amigos debemos mantener la llama de tu ejemplo como hombre y científico, siempre digno, sabio humilde y solidario. Hombres como tú nunca mueren, viven y palpitan, porque son la antítesis de la mediocridad y el egoísmo de los tiempos en que vivimos." (Fernando Ginés). "Constituye una importante pérdida para la medicina y especialmente para la cardiología del Uruguay. Es resaltable su calidez humana, su humildad, la profunda entrega a la investigación, así como sus cualidades de docente. Todas las palabras resultan escasas frente a lo que ha significado el Dr. Folle." (Enrique Soto Durán). "Gran pena me causó la noticia del fallecimiento de Folle, que fuera compañero de clase en Facultad y siempre recordaré su bonhomía y la de su hermano†† , fallecido hace ya muchos años, de quienes recibí enseñanzas de medicina y de compañerismo. Gracias a ellos puede salvar mi primer examen de anatomía patológica. Luego el tiempo, solo el tiempo, me fue separando y sólo nos encontrábamos ocasionalmente en el SMU." (Ricardo Topolanski Sierra). "El entusiasmo contagioso por descubrir los secretos de la biología. El respeto por el otro, paciente que acude a la consulta o el participante de un ensayo clínico. Juntos vivimos el impacto (!) de la introducción de los betabloqueantes en la práctica clínica. El inolvidable cicloergómetro." (Carlos Peluffo Nazzari, desde Estocolmo, Suecia). "Trabajé varios años con Folle. Aprendí mucho de él. Pero no encontré nunca más esa rara combinación en una persona. Formidable médico e investigador, conocedor de las condiciones sociales, sus causas y sus víctimas, como el que más. Avezado docente. Compañero sin límites. Y todo dentro de una pasmosa sencillez, un cálido y dulce hablar y una personalidad, con la cual el enojo o la fuerte discusión eran tan disonantes, que no tenían cabida. La riqueza espiritual de Folle, rara en aquellos tiempos, era uno de sus tesoros que la comunidad médica tenía en cuenta cada vez que requerían de su experiencia. Como Maestro y compañero de trabajo de años aprendí mucho de él. Cuando nos juntábamos con Jorge Dighiero a analizar trabajos y luego publicar, eran momentos de felicidad. La altura en el lenguaje y el respeto por la opinión contraria... las horas no pasaban y muchas veces se nos venía la noche encima!" (Mendel Wolywovics, desde Tel Aviv, Israel).

* * *

Tuvo una enorme vocación de servicio, que le permitía socorrer a sus colegas en las circunstancias más difíciles, aportarles un examen que era capaz de realizar personalmente cuando no era disponible entre las rutinas del laboratorio, actuando con una generosidad sin límites. Nos deja el recuerdo de su presencia, de sus ricos aportes, de su ejemplo de vida dedicada al bien común. Esposo y padre de una familia ejemplar, sembró discípulos y amigos en todos los círculos en los que desarrolló su actividad. Nos ha dejado una herencia muy rica revestida con su ejemplo de vida y sus virtudes. Fue un médico y hombre ejemplar. Con su modestia y notoria dignidad. Fue una rara combinación de sabiduría, humildad y humanismo. Pasó a la eternidad en la víspera de la celebración de la Independencia. Él fue un cultor de la independencia cultural y un constructor del desarrollo científico independiente. El recuerdo que imprimió en todos cuantos trabajaron con él, que atesoran en sus espíritus las enseñanzas y ejemplos que el Prof. Folle les legó, es la mejor forma de recordarlo. Como sucede cada vez con menos frecuencia, dejó un recuerdo imborrable en todos quienes le conocieron, siendo un auténtico Maestro. Él fue de los imprescindibles. Uno de los grandes, un símbolo para no olvidar, con la autenticidad de los Maestros que dejan enseñanzas intangibles. Un auténtico ser entrañable. Ahora ya entró en la Historia de la Medicina Uruguaya de los últimos 60 años del siglo XX y el inicio del XXI. La Revista Médica del Uruguay sentirá por siempre su ausencia. Pero guardará la fuerza de su espíritu y de su ejemplo; un eterno agradecimiento por sus permanentes aportes que le permitieron crecer.