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Revista Médica del Uruguay

versión impresa ISSN 0303-3295

Rev. Méd. Urug. vol.22 no.2 Montevideo mayo 2006

 

Agresión entre pares (Bullying) en un centro educativo de Montevideo: estudio de las frecuencias de los estudiantes de mayor riesgo

Dra. Nelda Cajigas de Segredo*, Lic. Evelina Kahan,

Lic. Mario Luzardo, Lic. Silvia Najson§, Mag. Carmen Ugo,

Lic. Gabriela Zamalvide§

Facultad de Psicología, Universidad de la República, Uruguay 

Resumen

Se estudian las frecuencias de los jóvenes con las puntuaciones superiores en la Escala de Agresión entre Pares, es decir, la población de mayor riesgo, escala traducida, adaptada, factorizada y validada en 607 estudiantes de enseñanza media de 11 a 17 años. Las respuestas a dicha escala han evidenciado las actitudes de los jóvenes y su entorno social con respecto a la agresión, así como sus conductas de burla, intimidación y pelea según género y edad.

Los resultados obtenidos son consistentes con la literatura pero también brindan nuevos "insights". Los varones presentan, más que las chicas, una actitud facilitadora de la violencia, comportamientos agresivos físicos y verbales, conjuntamente con un menor control de impulsos. Duplican a las jóvenes en pelear físicamente y hacer bromas a costa de los compañeros. En cuanto a las influencias externas, la actitud conciliadora de los adultos es más reconocida por las mujeres mientras que los varones tienden más que ellas a vincularse con compañeros transgresores.

Varias de las dimensiones identificadas aumentan con la edad dentro del rango etáreo estudiado: la tendencia a vincularse con amigos transgresores, la actitud que facilita la agresión, la falta de manejo para controlarla, la burla y, a la vez, las conductas solidarias. En cambio, los mayores de 15 años admiten menos que los más jóvenes los mensajes de moderación de los adultos.

Este estudio, el instrumento y los resultados obtenidos, aportan un amplio potencial de utilización en ámbitos sanitarios, educativos y a nivel individual, familiar y comunitario.

Palabras clave: CONDUCTA DEL ADOLESCENTE.

ESTUDIANTES.

AGRESIÓN – Psicología.

VIOLENCIA.

 

* Doctora en educación. Responsable de la presente investigación. Investigadora Asociada, Unidad de Apoyo a la Investigación, Facultad de Psicología.

† Licenciada en psicología. Prof. Asistente. Área de Diagnóstico e Intervención Psicológica y Servicio de Atención Psicólogico, Facultad de Psicología.

‡ Licenciado en matemáticas. Prof. Adjunto. Unidad de Apoyo a la Investigación, Facultad de Psicología.

§ Licenciadas en psicología. Colaboradoras Honorarias. Unidad de Apoyo a la Investigación, Facultad de Psicología.

¶ Magister en Ciencias Sociales. Colaboradora Honoraria. Unidad de Apoyo a la Investigación, Facultad de Psicología.

Presentado: 6/6/05 - Modificado: 22/11/05.

Aceptado: 24/4/06.

La investigación marco de cuya continuación surge este trabajo fue seleccionada para su financiación como Proyecto I+D en la Facultad de Psicología dentro del Área de Salud (2001-2002) por la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC, UDELAR).

Correspondencia: Dra. Nelda Cajigas de Segredo

Casilla Postal 18000, CP 11500, Montevideo, Uruguay.

E-mail: cajsegre@adinet.com.uy

En especial al lector interesado en una descripción semiológica más fina de las situaciones y desajustes de conducta comprendidos en el fenómeno agresión entre pares o en una ilustración más explícita del contexto institucional y socio comunitario, o ambas, del liceo estudiado, se le enviarán los manuscritos de los artículos previos que examinan estos aspectos.

 

Introducción

Este artículo está orientado al estudio de la agresión entre adolescentes en la institución educativa y forma parte de una investigación marco centrada en el estudio de los sentimientos de ira(1), de depresión(2), las conductas agresivas y las relaciones entre dichos sentimientos y conductas. En esta investigación de encare multicultural (en colaboración con investigadores de España y Estados Unidos) se ha examinado la aplicabilidad de instrumentos psicológicos desarrollados en otras culturas, adaptándolos y validándolos para Uruguay.

Se describirán y analizarán las actitudes de los adolescentes y de su entorno social con respecto a la agresión entre pares, así como sus conductas de burla, intimidación y pelea según género y edad a partir de los datos resultantes de la administración de la Escala Bullying, Fighting and Victimization de Bosworth, Espelage y Simon(3), traducida, adaptada, factorizada y validada en la población estudiada por estos autores. En efecto, en la región existen pocos instrumentos que evalúan la agresión entre pares y no se tiene conocimiento de ninguno con validación en población nacional. Los datos presentados aquí se basan en las frecuencias de los estudiantes con las puntuaciones superiores en dicha escala, es decir, la población de mayor riesgo. Los objetivos de este trabajo consisten en obtener una escala validada en población uruguaya e identificar y analizar (a) las conductas y actitudes personales relacionadas con la agresión; (b) las influencias de los adultos y de los pares, y (c) las diferencias de género y edad.

Revisión de la literatura

A partir de la declaración de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Ginebra en el año 1996, la violencia comienza a considerarse como uno de los principales problemas de la salud pública en todo el mundo.

Joy D. Osofsky plantea que la violencia ha crecido tan notoriamente en Estados Unidos que es considerada una epidemia desde el punto de vista de la salud pública, y destaca el impacto de la exposición a la misma en la comunidad, la familia y los medios(4). El Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud del año 2002(5) señala que la violencia es una de las principales causas de muerte entre los 15 y 44 años, siendo un fenómeno sumamente complejo en el cual interactúan múltiples factores.

El modelo socioecológico aporta un marco conceptual que permite analizar, individualizar y comprender la interacción de los factores que dan cuenta de la singular naturaleza de la violencia, distinguiendo cuatro niveles.

El nivel individual incluye aspectos relativos a la historia personal (agresión a edad temprana, deficiencias sociocognitivas, violencia familiar, uso de alcohol y drogas) y factores biológicos. Existe cierto consenso en aceptar que cambios hormonales y alteraciones en los neurotransmisores juegan un papel importante en ciertos tipos de agresión, aunque la identificación de específicos subsistemas se ve oscurecida por las complejas interacciones(6).

El segundo nivel se refiere a las relaciones más cercanas, siendo las más importantes la familia y la escuela. A nivel académico resaltamos las dificultades de aprendizaje, el fracaso y la deserción en los estudios.

El tercer nivel comprende el contexto comunitario y social abarcando el relacionamiento con pares que presentan conductas riesgosas y alteraciones en la organización de la comunidad.

Finalmente, el cuarto nivel alude a la estructura social (pobreza y escasez de oportunidades económicas, etcétera)(7).

En la literatura científica existe consenso en considerar que el modelo socioecológico ha de ser abordado en forma integral para poder intervenir y prevenir la violencia(8). En los últimos años el fenómeno de la violencia en las instituciones educativas ha cobrado gran relevancia, lo que ha llevado a ser investigado por varios autores.

Este artículo se refiere a un subtipo de agresión denominada agresión entre pares (conocida internacionalmente como bullying), cuyo principal ámbito es precisamente la institución educativa. Se trata de un fenómeno de violencia que tiene como actores y víctimas a los propios alumnos, caracterizado por la desproporción de fuerzas y poder, lo que dificulta a la persona intimidada defenderse(9). En Europa, el noruego D. Olweus, de la Universidad de Bergen, comenzó a estudiar este fenómeno y recién en 1982, después del suicidio de tres adolescentes, las autoridades escolares comenzaron a atender el bullying. Actualmente, el estudio y la prevención de dicho fenómeno se ha generalizado en la Unión Europea y luego en Estados Unidos. En la región hay escasos estudios del tema aunque la alarma y preocupación públicas se han incrementado por la visibilidad de episodios violentos con estas características.

Fueron revisados en un artículo anterior estudios realizados en América Latina(10), en especial aquellos que recogen datos empíricos. Se pone de relieve en este artículo el trabajo de Cherro y colaboradores(11) por exponer hallazgos comparables en diferente población adolescente de Montevideo.

Al bullying se lo conceptualiza como una subcategoría de la agresión y se considera que "una persona está siendo intimidada cuando está expuesta repetidamente, durante un tiempo, a acciones negativas por parte de uno o más estudiantes"(12). "Se está intimidando a un estudiante cuando le dicen cosas repugnantes y desagradables... cuando se le golpea, se le da patadas, se le amenaza, se le encierra con llave en un cuarto, se le envían cartas desagradables y cuando nadie le habla"(13).

Otro concepto complementario que permite comprender globalmente este fenómeno hace referencia a la victimización como "conducta de persecución física o psicológica, o ambas, que realiza un alumno contra otro, al que elige como víctima de repetidos ataques". Esta acción genera en las víctimas "descenso en su autoestima, estados de ansiedad e incluso cuadros depresivos, lo que dificulta su integración en el medio escolar y el desarrollo normal de los aprendizajes"(12). El bullying es también una de las causas de mayor deserción escolar. Este tipo de violencia suele ser mal conocida e inaudible para el personal escolar y cuenta con cierto grado de permisividad e indiferencia, desconociendo las consecuencias negativas que pueden dar lugar a conductas antisociales posteriores. La agresión entre pares puede consolidarse en las instituciones y, por lo tanto, debe prevenirse.

Material y método

La población estudiantil encuestada durante el año 2001 corresponde a un liceo público de una zona semirrural de Montevideo. Los jóvenes que concurren a dicho liceo provienen de zonas aledañas, presentando sus familias un perfil socioeconómico medio bajo y bajo. Se estudiaron 607 alumnos del ciclo básico de ambos sexos en un rango etáreo de 11 a 17 años, los que representaban 64% de la población total del liceo(14). Los criterios para determinar los estudiantes con altos puntajes en la escala fueron los percentiles 33 y 66, ya que las distribuciones no resultaron paramétricas. Al no contar con una validación local de referencia –sino que la muestra presente se propone como patrón temporario para comparar otras de cultura y edad similar– no se debe considerar que estos estudiantes con altos puntajes se desvían patológicamente de la normalidad, sino que por construcción, ellos constituyen aproximadamente el tercio de los puntajes superiores de la población estudiada. Sin embargo, a los efectos de la interpretación de los resultados y de utilizar los baremos resultantes de esta administración, se trata de una muestra con conductas y actitudes que podrían resultar de riesgo.

La agresión entre pares se evaluó con la Escala Bullying, Fighting and Victimization de Bosworth, Espelage y Simon, traducida y adaptada a población uruguaya por estos autores. En esta adaptación se desestimaron los ítems asociados con la victimización por exceder los límites de la investigación marco ya muy abarcativa. Se creó además la subescala conductas pro sociales, con ítems formulados ad-hoc, a los efectos de mejorar la confiabilidad del instrumento disimulando el objetivo evidente de la escala y evitando una posible automatización de las respuestas. La resultante Escala de Agresión entre Pares, usada y validada en nuestro país, cuenta con cuatro subescalas(15) que resultaron de la factorialización realizada mediante la técnica de análisis de componentes principales y la rotación Varimax con normalización de Kaiser para el análisis factorial de los ítems.

a) La subescala influencias externas investiga cómo influyen, con respecto a las actitudes y conductas de agresión, los comportamientos de los pares y las actitudes de los adultos del entorno.

b) La subescala actitud hacia la violencia evalúa la actitud personal de los estudiantes y su manejo de los impulsos agresivos.

c) En la subescala conductas pro sociales el análisis factorial confirmó la existencia de este factor. De todos modos, en busca de mejorar las cargas factoriales de la subescala de conductas agresivas se forzaron los ítems pro sociales en una subescala separada con sentido contrario de las demás.

d) Por último, la subescala principal de conductas agresivas investiga la frecuencia con que los encuestados incurren en comportamientos de pelea, intimidación y burla.

Las propiedades psicométricas de la escala han resultado satisfactorias. El "constructo" de la agresión entre pares se ha comportado de manera consistente reflejando su validez. Se han constatado cambios en la agresión de los jóvenes de acuerdo a la edad. Las puntuaciones son consistentes con un comportamiento diferencial entre los grupos de jóvenes con altas y bajas puntuaciones. Por otra parte, las correlaciones entre las subescalas del instrumento resultaron lógicamente esperables, lo que ha puesto en evidencia la validez de su estructura factorial(10). Asimismo, los datos resultantes a partir del análisis factorial son consistentes con los obtenidos por Espelage(3), en una muestra de 422 adolescentes tempranos en Estados Unidos.

La confiabilidad de la escala es satisfactoria. Los Alpha de Cronbach son adecuados para las subescalas principales –pelea (0,83), intimidación (0,69) y burla (0,76)– siendo los más débiles los referentes a la actitud facilitadora y a la de falta de manejo para resolver conflictos. En las correlaciones test-retest las tres subescalas de pelea, intimidación y burla y la actitud facilitadora de violencia de los propios estudiantes –0,64, 0,67, 0,66 y 0,72, respectivamente– resultan las subescalas más estables.

En lo relativo a los aspectos éticos, el permiso para la implementación de la investigación se solicitó formalmente a las autoridades centrales (CODICEN) así como a la dirección de la institución. Asimismo, se solicitó un consentimiento escrito a los padres de los estudiantes. Los jóvenes participaron voluntariamente luego de ser informados sobre la investigación y la importancia de su cooperación en la misma.

En cuanto a la confidencialidad del material, se aclaró a los jóvenes que el mismo sería manejado exclusivamente por los investigadores. Los participantes fueron identificados por fecha de nacimiento, lo cual posibilitó proponer a los estudiantes con altos puntajes en las escalas o con experiencias vitales estresantes, grupos de apoyo con profesionales externos o se los refirió al equipo multidisciplinario del liceo, o ambos, con el fin de orientarlos.

En el plano institucional se realizó una devolución a la dirección y al equipo de docentes donde se expusieron los resultados obtenidos.

Resultados

Efecto del género

En cuanto a las influencias externas, la actitud conciliadora de los adultos sobre la violencia es reconocida en mayor grado por las mujeres (40% versus 19% en los varones). Ellas admiten con mayor frecuencia que los adultos les aconsejan una solución pacífica a los conflictos y les recomiendan no pelear (p<0,001). Con respecto al relacionamiento con amigos que tienden a desviarse de las normas sociales y a actuar de forma agresiva, los varones admiten en mayor grado que las chicas tener amigos con conductas transgresoras, sin alcanzar 5% de significación.

En cuanto a las actitudes personales, los varones evidencian más frecuentemente que las chicas (32% versus 19%) una actitud facilitadora de conductas violentas (p<0,001). En efecto, es mayor la frecuencia en los muchachos al considerar que: 1) si se apartan de una pelea se descalifican delante de sus pares; 2) que está bien golpear a alguien que golpeó primero, y 3) que la única forma de detener a un "bully" es violentarlo primero. En lo que respecta al control de los impulsos agresivos, 35% de los varones tienden a admitir una falta de manejo de los mismos en mayor grado que las chicas (23%), aunque no se alcanza significación estadística.

En lo atinente a las conductas agresivas, más del doble de los varones recurre a la pelea como modalidad de resolución de conflictos o cuando se siente enojado (43% versus 17% de las chicas, p<0,001). Los varones también apelan a la burla de manera altamente significativa (p<0,001), duplicando la frecuencia alcanzada por las chicas (45% frente a 23%).

Las conductas solidarias y de ayuda entre compañeros, así como la intimidación –conductas agresivas verbales o reactivas al enojo– no evidenciaron diferencias de género.

Efecto de la edad

En la tabla 2 se muestra la comparación estadística de (a) la totalidad de los estudiantes por grupo etáreo en cada subescala, y (b) la evolución por edad de los estudiantes discriminados por género en cada subescala (ver próximo apartado, género y edad).

La tendencia a vincularse con amigos transgresores crece regularmente con la edad alcanzando entre los 15 y 17 años un valor próximo a 40%, frecuencia que casi duplica a la observada a los 11-12 años (p<0,04). Los jóvenes admiten las influencias conciliadoras de los adultos entre los 11 y los 14 años (con un pico en esta última edad) para luego de los 15 años admitir con menos frecuencia dichas influencias (p<0,001).

La actitud personal que facilita el pasaje al acto agresivo aumenta paulatinamente con la edad, desde 20% a los 11-12 años hasta aproximadamente 29% en los dos grupos mayores (p<0,02). La falta de manejo para controlar las conductas violentas aumenta con la edad alcanzando un valor máximo a los 13 años, manteniéndose relativamente alta en los dos grupos mayores (p<0,001).

Las conductas solidarias y de ayuda aumentan regularmente con la edad de 25% en el grupo de los más jóvenes a casi 40% en el de los mayores (p<0,01).

En cuanto a las conductas agresivas, la burla crece regular y notoriamente con la edad alcanzando una frecuencia de 42% en el grupo de 15 años o mayores, desde una base de 24% en los más jóvenes (p<0,001). La pelea muestra también un incremento con la edad –gradual en los primeros grupos de edades– llegando a una frecuencia que duplica, en el grupo de mayores, el valor de los más jóvenes, aunque no alcanza significación estadística. La intimidación sugiere también una tendencia creciente, aunque no significativa.

Género y edad

La influencia conciliadora de los adultos es admitida por las chicas con tendencia creciente hasta los 14 años, descendiendo abruptamente en las mayores (p<0,01). Los varones tienen una evolución más lenta con un pico también en los 14 años y una disminución menos pronunciada que en las chicas en el grupo de los mayores, aunque en ellos, las diferencias por edad no alcanzan significación.

En cuanto al manejo de los impulsos, los hombres a los 13-14 años muestran un pico abrupto de falta de control que va descendiendo gradualmente con la edad, aunque manteniendo niveles considerables (p<0,01). Las chicas de altos puntajes tienen niveles relativamente altos desde los 12 años, ascendiendo gradualmente en los 13 y 14 años, para descender luego a aproximadamente la mitad en el grupo de las mayores (p<0,05).

En referencia con las conductas agresivas –pelea, intimidación y burla– se evidencia un patrón diferencial por género. Los varones exhiben un aumento de dichas conductas con la edad siendo los mayores los más agresivos y alcanzando significación estadística en la intimidación y burla (p<0,05). Las mujeres, en cambio, evidencian este tipo de conductas a más temprana edad mostrando una tendencia creciente luego con un pico a los 14 y un descenso abrupto en las mayores.

En lo referente a las mujeres, se observa un patrón de conductas y actitudes más homogéneo que el de los varones. En las chicas se evidencian frecuencias más elevadas que en los varones a los 11-12 años, con una elevación a los 14 años y luego una tendencia decreciente en el grupo de las mayores.

En los varones, en cambio, las subescalas se comportan de manera relativamente distinta entre ellas y es difícil describir un patrón general. Las actitudes y conductas agresivas se incrementan algo más tarde que en las mujeres (13 años), marcando también un ascenso a los 14 años que, en el caso de las conductas agresivas, continúan con tendencia creciente. En cuanto a las actitudes personales, la falta de manejo desciende en los mayores, lo que va en la dirección del aumento de las conductas agresivas. Es de notar, sin embargo, que la actitud de facilitación de la violencia también desciende, implicando que en el plano cognitivo los mayores de ambos sexos son más conscientes de que la agresión no arregla los conflictos pero, a nivel conductual, en los varones esto no conlleva la reducción de la violencia que se esperaría.

Discusión

En referencia con los resultados obtenidos, éstos son en general consistentes con la literatura y también brindan nuevos aportes sobre las diferentes formas de expresión de la agresión entre pares por género y edad.

Los varones presentan en mayor medida que las chicas una actitud facilitadora de la violencia, comportamientos agresivos físicos y verbales, conjuntamente con un menor control de los impulsos. Recurren más frecuentemente que sus pares femeninos a molestar a otros y a hacer bromas a costa de los compañeros. Estos datos son coincidentes con los hallazgos obtenidos por Cherro y colaboradores(11) en el sentido de que las chicas usan la violencia física y verbal menos que los varones en las edades que esos investigadores estudian.

La literatura, evidenciando la multicausalidad del fenómeno en el que confluyen vertientes bio-psico-sociales, ha considerado que los varones son más agresivos que las chicas aunque indagando principalmente la agresión directa y abierta. "La preponderancia de la agresión en el hombre tiene sus raíces, en parte, en diferencias endocrinológicas entre los sexos"(16). Estas diferencias entre los sexos podrían determinar el uso de una mayor fuerza física en los varones cuando están involucrados en comportamientos violentos, especialmente si es un comportamiento habitual(17). Las chicas expresan y manejan sus impulsos agresivos en forma más adaptativa, lo que no quiere decir que sean menos agresivas(18). La explicación diferencial por género se ve limitada por la complejidad de los diversos niveles intervinientes y por el desconocimiento que se tiene aún de la interacción de los mismos.

Otras modalidades de la agresión han sido estudiadas recientemente, y Crick & Grotpeter plantean que en lo relativo a las dimensiones indirectas y encubiertas de las conductas agresivas que otros autores denominan agresión relacional(19), las diferencias por género no serían tan claras (por ejemplo, los chismes, el daño a las amistades, el expandir rumores o excluir a los pares de sus grupos sociales, o ambos, etcétera). De acuerdo con esto, los hallazgos del presente estudio muestran que las conductas de intimidación (ítems de agresión indirecta o indeterminada) no diferencian a los estudiantes por género, mientras sí lo hacen las conductas de burla y pelea en las que los varones muestran mayores niveles(20).

Resulta importante destacar al momento de analizar el comportamiento agresivo de estos adolescentes de ambos sexos con altos índices de conductas violentas, la relevancia de las influencias externas.

En cuanto a la influencia de los adultos que rodean a los jóvenes en relación con la violencia, las mujeres admiten más las influencias conciliadoras de éstos, ya sea debido a que toman más en cuenta lo que sus mayores les dicen o que, culturalmente, se les exige que se controlen más, o ambas. Entre los resultados descriptos por Cherro y colaboradores(11) se indica que las chicas manifiestan más arrepentimiento que los varones así como más motivación para cambiar hacia alternativas no violentas de resolución de conflictos. Los varones del liceo estudiado aquí se muestran más independientes de las opiniones de los adultos. Otra explicación posible refleja las actitudes diferenciales entre los adultos que toleran, estimulan o incluso enseñan a los varones –más que a las mujeres– a defenderse de la agresión o a responder a ella con acciones físicas.

La influencia del comportamiento transgresor de los pares es importante como factor de riesgo en la integración de pandillas. Los varones tienden a admitir más que las chicas el hecho de tener amigos con conductas violentas, resultado acorde con la literatura(21). En la misma línea, Cherro y colaboradores(11) plantean que las chicas se sienten menos forzadas por sus pares a ser violentas. Espelage y Swearer explican este fenómeno de la influencia hacia la violencia ejercida por los pares por medio de tres principales teorías: la tendencia a formar parte de un grupo parecido a sí mismo; la dominación para alcanzar el poder entre los pares, y la atracción por otros jóvenes para independizarse de la influencia familiar. También la literatura menciona "el contagio social, la falta de control de inhibiciones, y la difuminación de la responsabilidad individual..."(22). Estudios nacionales destacan que el sentimiento de inestabilidad individual junto a un entorno familiar y social poco seguro, llevan a los adolescentes a pertenecer a grupos que les brinden cierta protección y un lugar reconocido. En efecto, Kaztman y Filgueira(23) subrayan que la vulnerabilidad social de las familias de los jóvenes aumentaría la sensibilidad a la influencia del entorno.

En cuanto a la evolución de la agresión entre pares en relación con la edad, se encontró que el grupo de mayores admite un menor papel moderador de los adultos que el grupo de los más jóvenes. Probablemente no se trate de una diferencia en el rol conciliante del adulto, sino de una tendencia de la adolescencia tardía de desestimar las orientaciones de los adultos para afirmar la propia autonomía.

Los resultados de este estudio en cuanto a las conductas agresivas, la pelea y sobre todo la burla, se alinean con las investigaciones internacionales que evidencian una trayectoria típica: aumento progresivo, un pico en la adolescencia temprana y una disminución en los adolescentes mayores(21). El descenso de la agresión entre pares en los tres años superiores de la enseñanza media es un aspecto a investigar en la población nacional.

Respecto a la agresividad, en la adolescencia temprana se observa el mismo patrón característico de evolución tanto biológica como de adquisición de habilidades, en el sentido de que las mujeres maduran más precozmente que los varones. En esta población las chicas con altos puntajes en las distintas subescalas, en contraste con los varones, muestran una tendencia decreciente luego de la crisis adolescente, entre los 13 y particularmente a los 14 años. En los varones se evidencia con la edad un aumento de las conductas agresivas y un descenso de la actitud facilitadora, lo cual hace reflexionar sobre las dificultades de integración de las opiniones y creencias personales con lo comportamental. Ellos parecen crecer en la toma de conciencia de lo que es aprobado socialmente, pero a nivel de las conductas siguen comportándose violentamente, primando en los adolescentes mayores la falta de control de los impulsos.

Algunos aspectos merecen atención y deberán ser objeto de mayor investigación. Como ya fue expuesto, no se integraron en el cuestionario los ítems de victimización del cuestionario original, en razón de la amplitud de la investigación marco.

Cabe destacar que la aplicación infrecuente de cuestionarios autoadministrados en nuestro medio, en particular cuestionarios que interrogan en forma directa acerca de sentimientos y conductas socialmente desaprobados, pudo generar ciertas resistencias en los adolescentes. En previsión de ello se incorporaron ítems sobre las tendencias pro sociales. De todos modos, en opinión de estos autores, las características mencionadas no parecieron incidir en las respuestas, exceptuando lo esperado en cuanto a conductas ilícitas o altamente reprobadas socialmente.

Este estudio, realizado en una población de nivel socioeconómico medio bajo, no permite individualizar la incidencia de lo económico en la agresión. En general, es un factor que a partir de los resultados de Olweus(12) no correlaciona con la agresividad de los jóvenes, sino que para un grupo importante de investigadores es percibido como un comportamiento que atraviesa las clases sociales(24). Sin embargo, más recientemente, en varios países europeos se ha encontrado que niños de clases de nivel socio-económico bajo tienen más probabilidad de ejercer actos agresivos(25), y que las escuelas con alta violencia se relacionan con áreas urbanas donde el desempleo, la pobreza, drogas y familias con problemas son frecuentes, lo que investigadores en Canadá y en Inglaterra confirmaron(26). En los países en desarrollo(27), en cambio, existen muy pocos estudios, las culturas son muy diferentes o algunos contextos sociales son de violencia y guerrilla generalizados. Aunque Cherro y colaboradores(11) estudiaron adolescentes de una institución privada que ha sido precursora de innovaciones en materia educativa y está situada en una zona de ingresos altos de la capital del país, la forma diferente de recoger los datos no permite comparar sistemáticamente las dos poblaciones.

Ante la escasez de instrumentos de evaluación de la agresión entre pares en la región, un logro de este estudio consiste en proporcionar una escala adecuada para este contexto que permite disponer de baremos y normas atendiendo a la especificidad cultural.

Conclusiones

Este estudio, el instrumento y los resultados obtenidos aportan un amplio potencial de utilización en ámbitos sanitarios, educativos y a nivel individual, familiar y comunitario. Centrado en la utilización de una escala innovadora para la investigación y detección de las actitudes y conductas agresivas en los adolescentes, así como las influencias externas que las afectan, permitió la identificación y el análisis por género y edad de las mismas. La Escala de Agresión entre Pares constituye un instrumento confiable, válido y adecuado para la comprensión y evaluación de fenómenos de violencia en los adolescentes uruguayos. Resulta un aporte importante que permite la utilización del mismo en los diferentes niveles de atención de la salud. En lo asistencial, se destaca la detección temprana de la población de riesgo, la evaluación de resultados de intervenciones para trabajar con jóvenes violentos y ciertos trastornos de personalidad. Asimismo, a nivel programático, estos resultados pueden contribuir en la elaboración y evaluación de programas de prevención de violencia diferenciales por edad y con perspectiva de género. Esta investigación adicionalmente contribuye a repensar y seguir profundizando en la comprensión del fenómeno a través de los resultados expuestos.

La agresión entre pares implica una violación a los derechos de niños y adolescentes, por lo tanto es un tema prioritario en la agenda sociopolítica y es concebido como área prioritaria a nivel sanitario y educativo.

Summary

Frequencies of young people with upper scores in the peer aggression scale, that means a population at high risk, using an adapted, factorized and validated scale, were studied. The population study includes 607 highschool students from 11 to 17 years old. Responses to the scale have shown youth attitudes and their social environment related to aggression as well as their mocking, intimidating and fighting behaviors according to sex and age.

The findings are consistent to iterature but also give new insights. Boys show a higher tendency to fisical and verbal aggressive behavior and lower impulse control comparing to girls. They double girls in physical fights and mocking their peers. In terms of external influences, conciliatory attitudes of adults are more accepted by girls while boys tend to establish relationships with transgressors.

Many identified dimensions increase according to age: tendency to establish relationships with transgressors, facilitating attitude towards aggression, lack to manage aggression, mocking, and at the same time, solidarity behaviors. Youths older than 15 years are less open to moderative calls from adults.

The study contributes to use a wide range of tools in the health and education fields as well as the individual, familiar and community levels.

Résumé

On étudie la fréquence chez les jeunes ayant des valeurs supérieures à l’Échelle d’Agression entre Paires, c’est-à-dire, la population à risque, échelle traduite, adaptée, factorisée et validée chez 607 étudiants de collège et de lycée (de 11 à 17 ans). Les réponses à cette échelle ont mis en évidence les attitudes des jeunes et de leur entourage social face à l’agression, ainsi que leur conduites de moqueries, d’intimidation et de querelle selon le sexe et l’âge. Les résultats obtenus correspondent avec la littérature mais ils fournissent aussi de nouveaux éléments. Les garçons présentent, plus que les filles, une attitude qui facilite la violence, des comportements agressifs physiques et verbaux, accompagnés d’un contrôle des impulsions plus bas. Ils doublent les filles en ce qui concerne les querelles physiques et les humiliations envers des camarades. Pour ce qui est des influences externes, l’attitude conciliatoire des adultes est plus reconnue par les femmes tandis que les garçons ont une tendance plus marquée à établir des relations avec des camarades transgresseurs.

Parmi les dimensions identifiées. Plusieurs augmentent avec l’âge: la tendance à établir des liens avec des copains transgresseurs, l’attitude qui favorise l’agression, le manque de contrôle, les moqueries, ainsi que les conduites solidaires qui accompagnent. Or, les jeunes de plus de 15 ans ont plus de difficultés à accepter les messages de modération des adultes que les plus jeunes.

Ce travail, l’instrument et les résultats obtenus, peuvent être très utiles dans des milieux sanitaires, éducatifs, familiaux et communautaires.

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