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Archivos de Pediatría del Uruguay

versión impresa ISSN 0004-0584

Arch. Pediatr. Urug. vol.75 no.2 Montevideo jun. 2004

 

El vuelo de un maestro



ACABA DE DESPEDIRSE el Profesor Emérito Luis Enrique Prego Silva.

Con ese penoso motivo escribo estas líneas y siento que sobre mi hombro él las está leyendo con ojos inteligentes y pícaros, con sonrisa irónica y tierna, mientras asiente imperceptiblemente y me acompaña en esta evocación nostálgica, alegre y dolorida a la vez.

Alegre por la diversidad de imborrables momentos compartidos, dolorida por el sentimiento inevitable de la pérdida.

Descuento, y esa certeza en este momento de tribulación y pesadumbre es un rescoldo de consuelo, que su presencia activa no se extinguirá jamás y como una antorcha nos acompañará siempre.

No hablaré sólo de él, eso formaría parte de la reseña biográfica que como todos sabemos está, en su caso, repleta de logros, triunfos y méritos, hablaré de él en gran medida a través de los vínculos que mantuvimos, de las profundas vivencias que el prolongado contacto con su persona produjo en mí e inevitablemente teñiré las palabras que escriba con el deseable e insalvable subjetivismo de los sentimientos.

Para bien y para mal, pues no existen facetas unipolares en la vida, muchos de nosotros llevamos en nuestra identidad profesional la impronta Prego.

Más de una vez circuló en corrillos de colegas del ámbito Psi del Uruguay y de otros lados, el comentario que Prego había logrado una siembra pródiga de hijos a través de la sostenida docencia y uno comprueba, en efecto, que eso es cierto si se consideran la extensión y el reconocimiento de su magisterio en diversos grupos y personas.

Esto; que es consecuencia directa de la sostenida y probada capacidad que siempre tuvo para encarar, con enorme solvencia, diversidad de situaciones, casi nos obliga a enumerar aunque más no sea algunas de sus grandes virtudes.

Allá por la década del 50 cumplió su período formativo en Estados Unidos con el Profesor Leo Kanner y años después, en un congreso, tuvo que presentar una comunicación cuyo contenido conceptual mostraba a las claras que se había independizado de las ideas del maestro y seguía rumbos de pensamiento propios y distintos.

Le significó un gran esfuerzo personal pero, fiel a sí mismo, no dudó en presentar lo que representaba su auténtica postura conceptual de entonces, aunque al hacerlo contrariara posiblemente con ello a Kanner, su Maestro.

Posteriormente él mismo, como Maestro, generó en sus estudiantes fuertes e indudables identificaciones pero, sin embargo, siempre se preocupó por conceder al alumno el margen para que expresara sus propias convicciones y desplegara su auténtica iniciativa.

Alentado por el Pediatra Profesor Julio Marcos fundó la Psiquiatría de Niños y Adolescentes en el Uruguay y, posteriormente, ya respaldado por un grupo de colaboradores pioneros, logró crear en la Facultad de Medicina el Postgrado de la Especialidad.

Quizás por naturaleza fue Winnicottiano desde antes de saber que lo era, ya que se caracterizó por promover la independencia e incentivó con énfasis denodado, en sus discípulos, en tanto docente-guía, el pasaje estricto de la dependencia absoluta a la independencia y el descubrimiento del gesto espontáneo en todos ellos.

Tuvo además una inveterada capacidad gregaria para conformar grupos. Cuántas veces debimos reconocer y admirar el mérito inigualable de armar una Clínica que, al cabo de los años y más allá de los inevitables conflictos que el funcionamiento de los equipos humanos genera, logró despertar entre sus integrantes un vínculo intenso familiar y cohesivo.

Lector infatigable, inquieto, hurgador, reflexivo y pródigo a la hora de compartir primicias. Incansable explorador de novedades científicas, motivador de cuestionamientos y alentador de investigaciones, fue difusor decidido de nuevas aperturas conceptuales aun a riesgo, algunas veces, de caer en desgracia por contravenir con sus contribuciones verdades admitidas por muchos.

Promovió en el Hospital, por supuesto de manera absolutamente gratuita como correspondía a un nivel universitario, grupos de estudio sobre Klein, Freud y Winnicott. Este hecho que puede parecer menor, da cuenta sin embargo de un espíritu generoso y a la vez comprensivo de las dificultades de quienes en ese momento como Postgrados no siempre estábamos en condiciones de encarar la erogación que suponía ingresar a grupos de estudio privados.

Excelente y sensitivo clínico, se formó al tiempo que nos formaba y buscó, con denuedo para la praxis diaria, el respaldo teórico que la fundamentara.

Pero es necesario destacar ahora que todo este conjunto tan selecto de virtudes, escogido arbitrariamente, se entrama y sostiene en la que seguramente es la mayor de sus bondades y en la que, como paradigma, más debemos hacer hincapié: el sentido de la ética. Pero no el sentido de la ética que deriva de un superyó punitivo y rígido, sino el que procede de un logro del desarrollo moral maduro, como un valor personal asumido e incorporado que se ejerce, actualiza y encarna de forma natural en cada acto profesional, por solitario que sea y por más lejos del alcance de los ojos críticos que esté.

Al mencionar todas estas cosas es inevitable recordarlo en acción y rememorar la particular forma de mostrar algunos aspectos complementarios personales e irrepetibles que lo caracterizaban. Así por ejemplo, detrás de las púas incisivas que a veces podían surgir, aparecía la ternura redentora, detrás de la ironía mordaz, sutil e hilarante, la profunda comprensión humana, detrás de la crítica enérgica, la empatía continente.

Es imposible, además, no recordarlo presentándonos, puntual y riguroso, la comunicación que había preparado para llevar a tal o cual congreso de Sydney o de Filadelfia, para trasmitirnos después al regreso, con la intención de actualizarnos, las novedades que allí había recogido.

Tampoco podemos olvidar sus frecuentes vuelos internacionales que hacía para atender jornadas o seminarios en el exterior y a los cuales nos fue acostumbrando como un hecho corriente.

O cuando retornó de un seminario en Londres realizado con Ana Freud y se abocó con el grupo, durante un año, a traducir y estudiar el Índice de la Hampstead

Es necesario, además, reconocer su vasta vinculación y su prestigio a nivel internacional, su valioso periplo en la International Association of Child and Adolescent Psychiatry and Allied Professions (IACAPAP) de la que fue Vicepresidente Regional y la cual en 1998, en Estocolmo, en el Instituto Karolinska, en uno de los salones en que se entrega uno de los premios Nobel, ante un público exacto de cien personas, lo homenajeó cálidamente otorgándole una medalla de oro.

Lo vemos a la vez, multifacético, enérgico y dinámico en varios registros: Prego excelente compañero de viaje; Prego generador y estimulador de iniciativas; Prego receptivo a los planteos personales, aunque fueran hechos un domingo de mañana e impusieran el inevitable condimento de una copita de cognac, que él siempre tenía a mano para ofrecer, sacada de algún escondite misterioso de su escritorio; Prego infatigable, no reiterado y entretenido contador de anécdotas; Prego capaz de arriesgarse, en épocas difíciles del país, a invitar como colaborador en su Clínica a alguien destituido de la Universidad; Prego entusiasmado y entusiasmante discutidor de puestas teatrales; Prego ganador de concursos internacionales de fotografía; Prego familiero, anfitrión junto a Vida de veladas inolvidables; Prego inabarcable, inagotable, en fin; Prego torrente creativo incontenible arrasador de diques.

En este momento de congoja me conforta y alivia reconocer en mi interior el surgimiento de lo que tantas veces Vida Prego nos trasmitió como enseñanza, acerca de la permanencia en nosotros de los seres queridos, más allá de la muerte, en la forma de recuerdos intensos y vívidos ligados al pasado emocional compartido con ellos.

Es cierto; ahí está Prego: intacto, indeleble, vital como siempre, familiar y querido.

Es probable que, finalmente, lo del vuelo que escribí al comienzo para referirme a la partida de Prego merezca una explicación.

En parte lo del vuelo es porque partió como para uno de esos congresos o seminarios a los que siempre iba y de los que, conocedores de su afán de retorno, sabemos, sin el menor atisbo de duda y con la mayor certeza, volverá presuroso a contarnos las novedades y a hacernos disfrutar con esa realidad que contada por él se convierte en otra realidad absolutamente original y distinta…

Pero, por otra parte, lo del vuelo vale también por su gran nivel como ser humano, como marido, como padre, como profesional, como docente, como jefe, como conductor, como Maestro, como amigo, que lo hizo acreedor a esa jerarquía indiscutible que sólo alcanzan los grandes.

Una voz, que parafraseó tal vez lo que a él le gustaba decir con humor disfrutable cuando quería que alguien saliera de un lugar, le pidió hoy: "Profesor, por favor, cierre la puerta del lado de afuera". Pero claro, Prego podrá irse, podrá salir de escena en un dignísimo mutis, porque es morible, como lo somos todos, pero sin embargo quedará por siempre ahí, en nosotros, porque, como con gran sentido del humor le contestó a un colega cierta vez: Prego es inmatable.

Y porque es inmatable permanecerá vivo y su vuelo ocasional despertará en nosotros la confianza segura del renovado encuentro, porque cuando vuelva lo recuperaremos con sus ojos inteligentes y pícaros, con su sonrisa irónica y tierna, mostrándonos el camino sin sugerirlo y divirtiéndonos mientras nos enseña, como un ejemplo entrañable, digno de ser seguido y una invitación continua a disfrutar intensamente el compromiso con la vida.

Gracias Prego, gracias al Maestro y al amigo. Buen viaje, hasta la vuelta…




Miguel A. Cherro Aguerre
Abril de 2004