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Psicología, Conocimiento y Sociedad

versión On-line ISSN 1688-7026

Psicol. Conoc. Soc. vol.15 no.1 Montevideo  2025  Epub 01-Dic-2025

https://doi.org/10.26864/pcs.v15.n1.12 

Artículo de investigación

Diálogos entre psicología comunitaria y feminismo: experiencias situadas para tensionar las dicotomías

Dialogues Between Community Psychology and Feminism: Situated Experiences to Challenge Dichotomies

Diálogos entre Psicologia Comunitária e Feminismo: Experiências Situadas para Tensionar as Dicotomias

Fabiola Espinoza Veloso1 
http://orcid.org/0009-0000-8932-835X

Belén Tapia de la Fuente2 
http://orcid.org/0000-0003-2257-5924

1Universidad Autónoma de México, México

2Universitat Autónoma de Barcelona, España Autora referente: mariabelen.tapia@autonoma.cat


Resumen:

Por medio de esta investigación buscamos conocer los diálogos entre la Psicología Comunitaria y el feminismo relevando los sentires y saberes levantados desde las experiencias de cinco psicólogas comunitarias feministas situadas en diversos territorios de Chile durante el año 2022. Nuestro campo de conocimiento y línea de investigación se insertan dentro de las epistemologías feministas y la metodología cualitativa, proponiendo un método de producción de información propio denominado Círculo Digital de Conversación. En este ejercicio de indagación establecemos tres ejes o momentos: las experiencias laborales, los sentidos de comunidad y los sentipensares acerca del lugar del feminismo en la psicología comunitaria de las participantes, encontrando puntos en común, aportes, tensiones y potencialidades. En lo que respecta a la estructura del texto comenzamos con una pequeña síntesis acerca de la historia de la Psicología Comunitaria y su conceptualización teórica para posteriormente iniciar el diálogo entre esta disciplina y los feminismos exponiendo además los detalles de nuestra apuesta metodológica. A continuación, presentamos los resultados a través de los tres momentos anteriormente citados y cerramos con las principales conclusiones y hallazgos.

Palabras claves: Psicología comunitaria; feminismo; comunidad; lo común

Abstract:

Through this research, we aim to explore the dialogues between Community Psychology and feminism by highlighting the feelings and knowledge emerging from the experiences of five feminist community psychologists situated in various regions of Chile during the year 2022. Our field of knowledge and line of inquiry are grounded in feminist epistemologies and qualitative methodology, and we propose a unique method of information production called the Digital Conversation Circle.

In this investigative process, we establish three core axes or moments: work experiences, meanings of community, and the participants’ ways of feeling-thinking (sentipensares) about the place of feminism within community psychology. Through this, we identify commonalities, contributions, tensions, and potentialities.

As for the structure of the text, we begin with a brief overview of the history and theoretical conceptualization of Community Psychology, followed by the initiation of dialogue between this discipline and feminisms, along with a detailed explanation of our methodological approach. We then present the findings according to the three previously mentioned axes and conclude with the main insights and conclusions.

Keywords: Community psychology; feminism; community; the common

Resumo:

Por meio desta pesquisa, buscamos compreender os diálogos entre a Psicologia Comunitária e o feminismo, destacando os sentimentos e saberes emergentes das experiências de cinco psicólogas comunitárias feministas situadas em diferentes territórios do Chile durante o ano de 2022. Nosso campo de conhecimento e linha de investigação estão inseridos nas epistemologias feministas e na metodologia qualitativa, propondo um método próprio de produção de informações denominado Círculo Digital de Conversa.

Neste exercício investigativo, estabelecemos três eixos ou momentos centrais: as experiências de trabalho, os sentidos de comunidade e os sentipensares sobre o lugar do feminismo na psicologia comunitária, a partir das participantes. Através deles, identificamos pontos em comum, contribuições, tensões e potencialidades.

Em relação à estrutura do texto, começamos com uma breve síntese sobre a história da Psicologia Comunitária e sua conceituação teórica, para então iniciar o diálogo entre essa disciplina e os feminismos, apresentando também os detalhes da nossa proposta metodológica. Em seguida, apresentamos os resultados a partir dos três momentos mencionados anteriormente e encerramos com as principais conclusões e achados.

Palavras-chave: Psicologia comunitária; feminismo; comunidade; comum

Trayectoria de la Psicología Comunitaria

Según la historia oficial, los orígenes de la psicología comunitaria se remontan a principios del siglo XX, momento histórico en el que un grupo de profesionales de la Escuela de Chicago relacionaron el desorden mental con factores sociales; no obstante, el hito histórico que da inicio a la disciplina es la Conferencia de Swampscott en 1965, fruto del movimiento social existente en los años sesenta en Estados Unidos (Musitu, 2004).

En Latinoamérica, sus inicios se sitúan en los años sesenta con la transformación de algunas psicologías, que interpeladas por los movimientos sociales vuelcan su interés en los sectores populares, desarrollando una concepción distinta de la salud-enfermedad, concibiendo a las personas como seres activos y forjando una disciplina socialmente más sensible (Montero, 1994). Esta trayectoria se fortalece con referentes como la investigación-acción de Orlando Fals Borda, La pedagogía del oprimido de Paulo Freire o la perspectiva crítica de los pueblos marginados de Ignacio Martín-Baró.

En Chile, el surgimiento de la psicología comunitaria se relaciona con las prácticas médicas y no con la política, como en otras psicologías latinoamericanas de orientación similar (Piper, 2008), específicamente en la incursión de la medicina comunitaria en los sectores poblacionales a partir de la psiquiatría intracomunitaria y en forma paralela el Modelo de Salud Mental Poblacional de Luis Weinstein (Wiesenfeld, 2014).

A nivel histórico, la trayectoria contemporánea de la psicología comunitaria en Chile está marcada por la dictadura y la post dictadura. En el primer momento la disciplina se vuelve contestataria y alternativa, con una clara conciencia crítica y el compromiso de organizar a “la comunidad al margen de la institucionalidad oficial para resolver sus problemas de supervivencia y reconstruir el tejido social” (Piper, 2008. p.46). En la post dictadura, la psicología comunitaria se inserta nuevamente en el ámbito institucional y gubernamental como protagonista activo de un proyecto político, estableciendo lineamientos claros en beneficio de políticas y criterios de intervención (Piper, 2008). Esta institucionalización amparada por el aparato estatal podría ser interpretada como un logro respecto de su funcionamiento anterior, pero el horizonte ético y el modelo valórico implícito en la psicología comunitaria pareciese quedar postergado, coartado y restringido en la medida en que promueve valores contrarios a ella como individualismo, competitividad, consumo, etc. (Piper, 2008). Ambos momentos configuran esta rama de la psicología, viendo sus trazas en las acciones comunitarias contemporáneas.

En la actualidad, la psicología comunitaria se ve fuertemente tensionada por la crisis ecocida irreversible a la que estamos asistiendo, en la que la consolidación del neoliberalismo, el auge de los proyectos de muerte, la acumulación y concentración de la riqueza, el debilitamiento de los Estados de bienestar, los conflictos ambientales o el control de los medios de comunicación masivos fragilizan, fragmentan y debilitan los lazos comunitarios, tecnificando y burocratizando la intervención social y dificultando el surgimiento de lo común sobre el que se sostiene la acción colectiva (Montenegro, Rodríguez y Pujol, 2014). Este escenario pone en tensión el fundamento de la psicología comunitaria, motivo esencial para repensar el lugar de esta disciplina en la articulación de otros futuros posibles.

Conceptualización de la Psicología Comunitaria

Maritza Montero (2004) afirma que lo esencial es la participación de la comunidad como agenta activa, produciendo intervenciones sociales centradas en sus fortalezas y capacidades, desligándose por tanto de prácticas paternalistas, asistencialistas e individualistas. Esta perspectiva destaca la preocupación por la distribución del poder y por el cambio o la transformación social, por lo que sus técnicas y métodos son participativos, sensibles, reflexivos y situados.

Otro de los elementos fundamentales es la praxis centrada en la reflexión sobre el hacer, dando lugar a la creación de conocimiento a partir de las prácticas (Montero, 2004) accionadas por medio de técnicas de educación popular, procesos de concientización, formación de redes sociales de apoyo, intervenciones participativas, procesos de autonomía y cualquier acción que mantenga su voluntad crítica, transformadora, comprometida, disidente y emancipadora (Piper, 2008).

Según Marisela Montenegro (2004), la unidad por excelencia donde se desarrolla la acción de la psicología comunitaria es la comunidad. Mientras que Silvia Federici (2020) sostiene que la comunidad es un tipo de relación basada en los principios de cooperación y de responsabilidad entre unas personas y otras, y respecto a la tierra, los bosques, los mares y los animales; caracterización que se desliga de perspectivas androcéntricas para avanzar a concepciones que integran el cuerpo-territorio.

La cuestión comunitaria trae consigo la consideración sobre lo común. Recordar lo común en su relación con la psicología comunitaria nos permite situar el campo de acción en el que se instala la disciplina, dándole raíz, corazón y cuerpo a las motivaciones de lo comunitario. Porque el común es el actuar conjunto, los pensamientos, afectos, simbolismos y sentidos que se expresan en la tendencia al uso colectivo del entorno y se recrean en los procesos de producción y reproducción de la colectividad a la cual pertenecen la comunidad. Lo común propone una manera de pensar, una forma de organización, de relación con la tierra, con las plantas, implica responsabilidad por la vida de todos y todas las que habitan en un territorio, instalando una lógica asociativa que se actualiza de manera concreta y situada para reproducir la vida social.

Diálogo entre la Psicología Comunitaria y los feminismos.

Como explicitamos al inicio, la intención de esta investigación es hacer dialogar la psicología comunitaria con el feminismo, encontrar los puntos en común, los aportes, las tensiones y las potencias de los cruces. Para integrar una reflexión feminista nos nutrimos del trabajo y rebeldía de compañeras que, situadas desde propuestas autónomas, radicales, decoloniales y territoriales vienen hace tiempo articulando redes para fisurar el mirar ciclope del patriarcado. En ese contexto reconocemos como feminismo al movimiento político, teórico, práctico, ético y epistemológico que supera el orden patriarcal, para avanzar hacia una cultura libre de dominación, que trasciende lo binario, que aborta el contrato sexual, que favorece la integración, que recupera la genealogía femenina y que confronta al capitalismo, el extractivismo y a las democracias neoliberales. Abrazamos un movimiento político que pone el cuidado y sostenibilidad de la vida en el centro, que nos invita a producir conocimiento situado, a partir de sí, y a poner el cuerpo y los afectos como óptica y medida.

La entrada de las teorías feministas en la psicología ha sido tímida y dificultosa, a diferencia de lo que ha ocurrido en otras disciplinas como la antropología o la sociología (Eagly y Wood, 2012). La presencia feminista incomoda a la psicología tradicional porque le propone una deconstrucción radical y la invita a despojarse de modos y estructuras añejas, invitándola a abrirse a cambios paradigmáticos y a soltar antiguas connotaciones patriarcales. A pesar de las resistencias, surge una psicología feminista, la cual, por su puesto está tensionada por importantes diferencias.

En lo que respecta a la psicología comunitaria y su encuentro con las teorías y metodologías feministas sostenemos que, si bien existen investigaciones y que a nivel institucional ha habido apuestas importantes como la inclusión de estos debates en congresos y simposios y como parte en algunos planes de estudio universitarios, estas aportaciones aún siguen siendo menores que en otras disciplinas de las ciencias sociales, las humanidades y las artes. Sin embargo, más allá de aventurar que esta llegada tarde o escasez obedece a un desinterés o resistencia creemos que precisamente debemos examinar los contextos situados de nuestra disciplina y más aún ahondar en las prácticas y la propia autoreflexividad de lxs psicologxs comunitarxs para así encontrar posibles alianzas o mixturas.

Al pensar, en la academia chilena, por ejemplo, podemos encontrar espacios críticos a la colonización y a las asimetrías norte/sur, pero con un insipiente desarrollo feminista, o a su vez espacios libertarios de reflexión profunda sobre las consecuencias de opresión de clase, pero aún silenciosas frente a la perpetuación de las violencias hacia las mujeres proletarias.

Si bien existen un mayor número de experiencias en las que el encuentro con el feminismo se ha producido más por proximidad que por colisión (Lenta, Estrada, Longo y Zaldúa, 2021). Cada vez son más las comunidades que incorporan en sus procesos de articulación interna una perspectiva crítica que evidencia la urgencia de desarmar estructuras de dominación, buscando levantar prácticas de producción de lo común y de despatriarcalizar sus lógicas internas. La psicología comunitaria no puede quedar ajena a estos procesos de transformación, si su intención es favorecer procesos de acción comunitaria debe incorporar y considerar los modos en que las comunidades se están organizando. Por otra parte, si la comunidad no posee una perspectiva crítica a las lógicas patriarcales presentes en sus modos de articulación, se hace necesario que la psicología comunitaria se posicione firmemente ante cualquier rasgo de violencia patriarcal.

Desde nuestra experiencia, el diálogo entre psicología comunitaria y feminismo es sencillo pues la praxis de ambos territorios epistemológicos converge en cauces comunes: crítica, desnaturalización, poder y transformación social (Lenta et al., 2021). En esta convergencia germinan preguntas inaplazables que buscamos junto a otras psicólogas comunitarias feministas: ¿Cómo se hace comunidad desde el feminismo?, ¿Cuáles son los aportes/críticas del feminismo hacia la psicología comunitaria? ¿Qué constituye una práctica comunitaria feminista desde la psicología comunitaria?

Método

Esta investigación fue realizada durante el año 2022 tomando como marco temporal las mismas experiencias de sus protagonistas, por lo que abarcamos un espacio/tiempo que se extiende desde el periodo dictatorial chileno hasta el año en que sostuvimos los diálogos. Contemplamos además una metodología cualitativa, una epistemología feminista y el enfoque narrativo, reconocimiento la parcialidad de miradas.

Investigar feministamente nos permitió cuestionar la visión masculina, occidental, blanca y burguesa de la ciencia, relevar la genealogía del pensamiento producido desde los márgenes por feministas, mujeres, lesbianas y personas racializadas, dialogar con los conocimientos generados por intelectuales y activistas comprometidas con desmantelar la matriz de dominación (Hill Collins, 1998) y considerar principalmente autoras mujeres y personas sexogenérico diversas, superando el binarismo entre teoría y práctica para generar teorizaciones distintas, particulares, significativas (Curiel, 2009).

Para esto, establecimos como objetivo general conocer el diálogo entre la psicología comunitaria y el feminismo a partir de la experiencia de psicólogas comunitarias feministas y como objetivos específicos conocer las experiencias laborales de las participantes, identificar los sentidos de comunidad que poseen y conocer sus sentipensares acerca del lugar del feminismo en la psicología comunitaria. Para esto, utilizamos el tipo de muestreo por juicio, por lo que los criterios muestrales fueron: conocimientos teóricos-prácticos sobre la psicología comunitaria, activismo feminista y diversidad territorial. Todas las entrevistadas participaron voluntariamente luego de aceptar el consentimiento informado, en el que se acordó junto a ellas incluir sus planteos, relevando la autoría propia en la elaboración de una narración colectiva. Sus opiniones están incorporadas en este relato por medio de citas textuales, incorporando sus nombres reales.

En relación con la técnica de producción de información, utilizamos el Círculo Digital de Conversación, método de producción propio, en el que por medio de diálogo profundizamos en temáticas establecidas de acuerdo a los objetivos de investigación, apoyándonos en preguntas previamente operacionalizadas.

Finalmente, analizamos la información inspirada en la propuesta de Análisis Narrativo Dialógico-performativo de Katherine Riessman, para lo que ordenamos el material en una matriz de análisis, identificando las temáticas y dándole un orden interpretativo a partir de criterios y subcriterios, para luego elaborar una narrativa escrita a dos voces, que fue leída, retroalimentada y aprobada por las cinco psicólogas participantes. La narrativa de resultados fue organizada en tres grandes temáticas precedidas por los objetivos específicos.

En relación con las consideraciones éticas, esta investigación se organizó desde el respeto por la agencia y autonomía de las mujeres con las que se trabajó, por lo que la producción de información se llevó a cabo por medio de un consentimiento informado que garantizó su participación voluntaria. Toda la información producida fue almacenada en dispositivos seguros y se utilizaron únicamente con fines académicos. Los resultados de la investigación serán compartidos con las participantes por medio del envío del artículo una vez esté publicado.

Resultados

La organización de los resultados se presenta en tres momentos, el primero profundiza en las experiencias laborales de las participantes, la segunda profundiza en sus sentidos de comunidad, para finalizar presentando sus sentipensares acerca del lugar del feminismo en la psicología comunitaria.

La Psicología comunitaria en tanto práctica y trabajo comunitario

A partir de los relatos acerca de las prácticas comunitarias y los sentidos de comunidad desde un posicionamiento feminista que las participantes compartieron en el encuentro, pudimos distinguir un doble registro experiencial en relación con sus trayectorias laborales en el trabajo con comunidades. El primero se refiere a la psicología comunitaria en tanto práctica y trabajo que denota un tipo de saber y ejercicio específico y profesional (académico y/o trabajo en programas o “intervenciones” de gestión social/comunitaria) y el trabajo con comunidades en tanto trabajo comunitario, un trabajo reproductivo, citando a Federici (2020). Centrar la discusión en torno al trabajo comunitario nos parece una apuesta interesante ya que nos proporciona un marco crítico para analizar la psicología comunitaria en tanto trabajo y orientar las discusiones hacia los puentes entre lo público y lo doméstico, lo no remunerado y lo remunerado.

De esta forma, ampliar las comprensiones acerca de lo que está implícito en el trabajo con comunidades nos permite, en primer lugar, tensionar los diversos territorios de enunciación desde donde emerge o se posibilita una práctica psicológica comunitaria desde el feminismo y, además, abordar cuestiones fundamentales para la economía feminista tales como la ética del cuidado y la división sexual de trabajo.

En lo referente a la profesionalización de la psicología comunitaria, uno de los puntos de convergencia entre los relatos de las psicólogas participantes es la encarnación de la experiencia migratoria. En este sentido, nos parece necesario advertir que en el sentido lato del concepto toda migración es siempre un movimiento. De esta forma la acción de migrar no sólo constituye un cambio de lugar geográfico, sino que involucra igualmente cambios en el ambiente social y afectivo que modifican los vínculos comunitarios (originales y potenciales), la subjetividad y las formas de comprensión y encarnación de aquello que se moviliza, que se pausa y que se detiene. Destacamos la propuesta de “vuelta o retorno” formulada por las participantes en tanto posibilidad de movimiento no lineal que reclama el carácter curvo de todo territorio y cuerpo, como afirma Carol Amaral, “mucha gente pregunta de dónde soy. Yo soy de mi devenir, porque yo nací en una ciudad, crecí en otra, después de estudiar en otra” (comunicación personal, 7 de noviembre 2022).

Otro retorno planteado por las participantes hace referencia a la vuelta al trabajo institucional después de largos periodos de práctica comunitaria en diversos territorios y cómo esto problematiza las formas de entender y ejercer la psicología comunitaria, como afirma Jimena Silva

es muy importante ese vínculo constante entre el terreno, el territorio hacia la academia, la oficina digamos, la institucionalidad, entonces yo hice ese esa vuelta… y volví a la academia a compartir lo que había aprendido y mi propia deconstrucción (comunicación personal, 7 de noviembre 2022).

Por su parte, la problematización acerca del trabajo con comunidades como trabajo comunitario nos condujo a pensar, en primer lugar, a la psicología comunitaria en tanto posibilidad epistémica y ética, y en consecuencia acercarnos a los planteamientos de Montero (1984), quien sostiene que el principio básico de esta disciplina es el desarrollo de una praxis que implica la reflexión sobre el hacer, dando lugar a la creación de conocimiento a partir de las prácticas, prácticas que se vinculan con un cotidiano y una forma distinta de habitar la comunidad. Asimismo, las asimetrías y diferenciaciones entre agentes externos e internos (Montero, 2004; 2006) presentes en las líneas institucionales y teóricas tradicionales son tensionadas tal como ocurre en la crítica feminista al dualismo sujeto/objeto y al establecimiento de las categorías investigadorx/informante. Un “trabajo comunitario, pero no sigue como todas las líneas que podría ser una intervención comunitaria, es como más en equidad de compañera a compañera, y en ese sentido los temas que se van tratando” (Carla Ramírez, comunicación personal, 7 de noviembre, 2022).

Si consideramos la Psicología comunitaria en tanto praxis reflexiva donde se problematizan las lógicas de poder verticales, adquiere relevancia la pregunta en torno a sus particularidades, límites y desafíos desde posicionamiento feminista. Creemos conveniente entonces problematizar el concepto de cuidado para así entrever las dificultades que existen al momento de separar la práctica laboral de la práctica comunitaria en las trayectorias de las psicólogas comunitarias participantes.

Si bien el análisis feminista del cuidado es diverso en abordajes y problematizaciones, para fines de este estudio nos hemos orientado hacia aquel que lo vincula con la preservación de la vida y la comunidad, correspondiendo a todas aquellas actividades orientadas a sostener el “mundo común” tales como la alimentación, la salud, el cuidado de los niños y niñas, en el marco de las estrategias desplegadas por las familias, en pos de la reproducción de la vida cotidiana en el espacio barrial (Magliano y Zenklusen, 2021). De esta forma el cuidado es entendido no sólo como una disposición o una ética, sino ante todo como un trabajo. En particular, un trabajo que contiene aquellas actividades orientadas al sostenimiento cotidiano de la vida humana (Magliano y Zenklusen, 2021).

Aquellas vivencias cotidianas donde suelen darse “tareas de cuidado en ocasiones muy ligadas a lo doméstico pues refieren al tipo de actividades que no tienen un impacto inmediato en lo productivo, sino aquellas que permiten que se dé la producción en el ámbito social” (Lenta et al., 2021, p.9).

Ahora bien, si consideramos al cuidado en tanto trabajo debemos a su vez tener un posicionamiento crítico en relación a cómo las prácticas de reproducción de la vida han sido una parte fundamental del funcionamiento de la economía y el principal sustento sobre el cual se erige el trabajo productivo (Federici, 2020), y, por tanto, un problema de la esfera pública y no de los hogares. De esta forma el análisis histórico y presente del cuidado en tanto trabajo nos revela la profundidad de las desigualdades que caracterizan su distribución social (Borgeaud-Garciandía, 2016) y familiar, la naturalización de sus prácticas en las mujeres y la invisibilización de su cualidad de trabajo inmaterial (Lenta et al., 2021). Todos estos aspectos han contribuido a su desconocimiento y a la escasa valoración de las competencias, saberes, y habilidades incorporadas por quienes realizan estas actividades (Magliano, 2017).

Siguiendo con este análisis acerca de las prácticas de cuidado y la comunidad es necesario problematizar que, así como sucede con el trabajo de cuidado, el trabajo comunitario también ha sido considerado como un trabajo que no conlleva un saber especializado y que ha estado ligado a las tareas que son tradicionalmente asociadas a las mujeres en función de la división sexual- patriarcal del trabajo (Lenta et al., 2021). Esta división, que no es estática ni rígida, se asienta en los estereotipos de género presentes en la organización social. Es a partir de estos estereotipos y roles de género donde se gestiona un trabajo comunitario que junto con hacer visibles los sentidos de las luchas y (resistencias) cotidianas de hombres y mujeres reproduce a su vez formas de jerarquización social fundadas en la división sexual del trabajo (Magliano, 2017).

Trasladar estas reflexiones a la praxis de la psicología comunitaria desde el relato de las participantes nos lleva a cuestionarnos acerca de la cotidianidad del trabajo y de las formas de habitar la comunidad y los dilemas que emergen en ella, como se pregunta Carla Ramírez: “¿Qué pasa con los hijos, los maridos? ¿Cómo está el tema de los cuidados y el hacer la comida? ¿Por qué si hay tantos vehículos en la casa, por qué ellas no manejan?” (comunicación personal, 7 de noviembre de 2022).

Otro de los aspectos a destacar dentro de este análisis es el carácter relacional de lo comunitario y por tanto advertimos acerca de la imposibilidad de pensar el trabajo comunitario de manera aislada, atribuirle características esencialistas o incluso romantizarle. Tal como se desprende del planteamiento de Vega, Martínez-Buján y Paredes (2018), lo comunitario no puede ser escindido del Estado, del mercado y de las familias, pues son instituciones que estructuran la vida social. Las prácticas comunitarias entonces corresponden a procesos híbridos que organizan lo común y lo vinculan con instancias públicas, economías monetarias o relaciones de parentesco. Sin embargo, tal como lo señalan Mezzadra y Neilson (2016) destacamos que muchas de las experiencias de trabajo y articulación comunitaria emergen tras una ausencia de responsabilidad estatal, actuando en las comunidades como una forma de resistencia a procesos de inclusión diferencial y que además esta falta de presencia estatal o incluso la opción por abstraerse de trabajos con comunidades en el ámbito institucional conllevan serios desafíos y dificultades a las prácticas de trabajo de cuidado comunitario. Como afirma Carla Ramírez, “hay meses que por no institucionalizarse no tengo remuneración, por ejemplo, pero siempre hay trabajo que dar, siempre hay algo que hacer, siempre hay alguien a quien cuidar, porque siempre hay necesidades, ¿no?” (comunicación personal, 7 de noviembre de 2022).

Finalmente, una práctica feminista de la psicología comunitaria en tanto trabajo comunitario permite problematizar la visibilidad de un feminismo hegemónico que al tener su locus privilegiado en la articulación academia/institucionalidad se desvincula del cotidiano. Es en este espacio donde las participantes afirman que integrar el feminismo al trabajo es una dificultad y que de hecho el no hacerlo es lo más feminista que se puede hacer. Esta aseveración se desprende de la creencia de que el feminismo institucional y parte de los postulados teóricos del feminismo muchas veces no son llevados a la práctica de una forma situada y afectiva. Más aún, como se advirtió anteriormente acerca de la diferenciación y jerarquización de saberes y personas (agentes externos internos, investigadora e informante), muchas veces ignora que la comunidad posee otros tiempos, límites y posibilidades (Carla Ramírez, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022) de encuentro y diálogo y que el feminismo no se encuentra en la academia sino entre nosotras (Carol Amaral, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022), entre los afectos y el cuidado que se tejen mediante el trabajo comunitario.

¿Qué es la comunidad desde una perspectiva feminista?

Identificamos cuatro elementos fundamentales. El primero fue el modo de proceder, de actuar, elemento que permite destacar que la comunidad desde una perspectiva feminista contiene una praxis colectiva particular, un método que se pliega y despliega a partir del trabajo concreto y cooperativo de colectividades autoorganizadas que articulan estrategias para enfrentar necesidades comunes y garantizar la reproducción y el cuidado de la vida. Este método se centra en “resolver la vida juntas, desde cosas esenciales de la subsistencia, del vivir cotidiano (…) hasta temas complejos, de orden estético, del ocio, artísticas” (Zicri Orellana, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022). De esta manera, la propuesta metodológica de la comunidad es “el vivir en lo colectivo, donde todos los saberes se comparten y tu compartes con la naturaleza” (Jimena Silva, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022), “generando una dinámica de cuidados interna que esté por sobre lo material” (Carla Ramírez, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022), que permita “pensar en otras formas” (Carol Amaral, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022), desde “la conformación de grupos (…) desde la horizontalidad, desde una perspectiva feminista, anticapitalista, ojalá no extractivista, no colonialista” (Ana María Vera, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022).

El segundo elemento es la ética del cuidado, el que considera que en la comunidad el cuidado debe ser asunto colectivo, superando la ética moderna propia de las sociedades patriarcales (Carosio, 2009). Las psicólogas entrevistadas afirman que serían fundamentales los sentires compartidos “de reciprocidad, cuidado, cariño, de esta consideración por la otredad y por respetar que venimos de mundos distintos y que nuestras experiencias van a ser distintas y podemos problematizarlas” (Carla Ramírez, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022), porque desde una ética de cuidado la “comunidad tiene que ver con la afectividad, con la identidad, con el sentirse parte, iguales, (…) o sea cómo colectivizamos la vida” (Carla Ramírez, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022).

El tercer elemento en la comprensión de comunidad es el cuerpo, la experiencia situada corporalmente. El cuerpo de las mujeres es un elemento central de la reivindicación feminista, recuperándolo del lugar de objeto reproductivo en el que lo instala el patriarcado para relevar su dimensión histórica, simbólica y política. En esta línea, las entrevistadas destacan el lugar del cuerpo en la definición de comunidad, afirmando que

el cuerpo se ha convertido en una forma de acercamiento y de buscar la voz de la comunidad a través de la voz de los cuerpos (…) a través del cuerpo en el territorio, el discurso de la comunidad se va encarnado (Jimena Silva, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022).

Porque el “vínculo con la comunidad es corporal” (Jimena Silva, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022), porque “es importante aprender a acuerparse y a generar estructuras organizacionales para generar poder, cierta incidencia a nivel político” (Jimena Silva, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022), y por lo que ante cualquier intervención comunitaria es fundamental considerar el propio cuerpo, “tener la piel clara, mi estructura corporal, tener un modo occidental de emocionarse y sentir ante comunidades que tiene un modo cultural andino, es un aprendizaje encarnado” (Jimena Silva, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022).

Por último, desde una perspectiva feminista la comunidad debe ser comprendida a partir del contexto en el que es emplazada y de la subjetividad de quien la define. La propuesta epistemológica de conocimiento situado (Haraway, 1988), considera que toda perspectiva está influenciada por el contexto cultural, social y político en el que se adquiere y se utiliza, por lo que hacer comunidad desde el feminismo siempre implica un posicionamiento político situado.

Las entrevistadas al definir la comunidad incorporan una lectura crítica de los contextos donde se sitúan, reconociendo estructuras que hacen más difícil la articulación comunitaria. Carla Ramírez, por ejemplo afirma que “estamos en un país no sólo capitalista, sino que neoliberal (…) nuestra subjetividad está cooptada por el neoliberalismo” (comunicación personal, 7 de noviembre de 2022), lo que es secundado por Zicri Orellana cuando afirma que vivimos en una “cultura capitalista e individualista que gira en torno al trabajo y cuando no estás trabajando la mayoría de las personas quiere descansar o evadirse, no hacer comunidad” (comunicación personal, 7 de noviembre de 2022), esto se condice con la afirmación de Jimena Silva, “hay subjetividad muy fuerte acerca de lo que es ser cliente o consumidora entonces las personas tienen un trato contigo empresarial pero tú estás queriendo tener otro tipo de trato y es difícil”, entonces “lo comunitario queda en los bordes, en los extramuros” (comunicación personal, 7 de noviembre de 2022).

Sentipensares del lugar del feminismo en la psicología comunitaria

Identificamos tres hitos, el primero son los aportes de la psicología comunitaria al feminismo. La primera contribución que reconocen las psicólogas son las perspectivas “metodológicas y técnicas de la psicología comunitaria” (Zicri Orellana, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022), que apuntan a un “modelo de trabajo” (Jimena Silva, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022) enfocado en “ideas, formas, modos de relacionarnos distinto” (Zicri Orellana, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022), desde “diálogos horizontales que nos permitan acompañarnos y desarmarnos juntas” (Carol Amaral, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022), ya que reconocen que “en algunas oportunidades las feministas, a pesar de tener buenas intenciones tienen prácticas avasalladoras que no favorecen la integración” (Carol Amaral, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022). Este elemento se relaciona con lo que Zambrano y Berroeta (2012) llama “acción comunitaria como el modo de proceder en el que se favorece explícitamente el diálogo entre quienes intervienen y las personas de la comunidad involucradas en la solución de situaciones que les interesa, favoreciendo la articulación de las diferencias y potenciando aquellas actividades transversales que permitan favorecer otras lógicas de poder.

El segundo aporte es el relacionado al énfasis que la psicología comunitaria le otorga al sistema de vínculos, lo que le muestra al feminismo las relaciones, entramados, redes y lazos que establecen las personas; como lo que afirma Carla Ramírez (comunicación personal, 7 de noviembre de 2022) al reconocer que, si bien trabaja con mujeres, es fundamental conocer los vínculos que ellas establecen con sus familias y comunidades, problematizando los límites y posibilidades de este tipo de relaciones.

Otro de los aportes es el “pensamiento rebelde, transformador y crítico de la psicología comunitaria” (Zicri Orellana, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022). Porque, si bien el movimiento feminista tiene una propuesta transformadora del mundo patriarcal (Hooks, 2017), las participantes afirman que, en el trabajo con comunidades, “el feminismo puede llegar colonizador (…) invisibilizando las prácticas de cuidado y resistencia colectiva, prácticas feministas que no han sido nombradas como feministas, pero que las compañeras han hecho históricamente” (Carol Amaral, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022).

Este segundo hito apunta a visibilizar los desafíos que tiene la psicología comunitaria cuando dialoga con el feminismo. El primero de ellos es lo que Lerner (1990) llama toma de conciencia de las mujeres de su posición subordinada dentro de la sociedad, acción colectiva que les permite reconocer las intersecciones que las habitan. La toma de conciencia feminista en las psicólogas entrevistadas les permitió observar las repercusiones que tiene su presencia en tanto mujeres en las comunidades en las que trabajan, ejemplo de esto es lo que refiere Jimena Silva cuando comenta: “ser mujer, ser blanca y ser occidental fue todo un peso para poder ingresar en la comunidad y poder ser respetada, escuchada o integrada” (comunicación personal, 7 de noviembre de 2022), porque “el ser mujer es que tu voz no vale nada (…) ser mujer metida en un mundo de las organizaciones sindicales masculinas era que tú tienes que escuchar calladita y recoger lo que te sirve” (comunicación personal, 7 de noviembre de 2022). Este es un desafío para la disciplina, ya que el feminismo está revelando la presencia de prácticas patriarcales dentro de las comunidades que deben ser consideradas para comprender el lugar de la profesional de lo comunitario en esa acción.

Otro de los desafíos queda reflejado en la actitud crítica que aportan las psicólogas comunitarias feministas ante las instituciones en tanto organizaciones hegemónicas con lógicas de dominio patriarcal. Porque, si bien la psicología comunitaria tiene sus inicios en la autonomía, hoy en Chile se articula condicionada desde la institucionalidad. Ejemplo de esto es lo que refiere Ana María Vera (comunicación personal, 7 de noviembre de 2022) al afirmar que “se utiliza la tecnología social para llevar a cabo proyectos millonarios, ya sea para instituciones, ONG o universidades, que tienen objetivos de orden comunitario, pero finalmente esos dineros sirven para sostener esta institucionalidad más que para tener resultados profundos”. En la misma línea Zicri Orellana afirma que “la psicología comunitaria se amigó demasiado de la institución (…) prestando servicios a las políticas públicas de Piñera, de Bachelet o de cualquier presidente genocida” (comunicación personal, 7 de noviembre de 2022), “instalando lógicas ordenadoras de la comunidad que dificultan el trabajo de las psicólogas comunitarias que quieren hacer cambios y transformaciones profundas” (Zicri Orellana, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022). El desafío sería “pensar en otro tipo de objetivos más que en las políticas públicas (…) pensar en educación popular, en las cooperativas o cómo nos sanamos nosotras mismas (…) de maneras más independientes, más autónomas y fuera de la academia” (Zicri Orellana, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022).

El tercer desafío identificado es el que, desde el feminismo decolonial, como afirma Ana María Vera (comunicación personal, 7 de noviembre de 2022), invita a la psicología comunitaria a cuestionar el paradigma occidental, extractivista e imperialista que genera desconexión de las comunidades y centra sus acciones en la publicación de sus investigaciones y en la generación de un mayor estatus, mas no en la creación de metodologías liberadoras o en “el vivir, hacer o intentar hacer comunidad” (Zicri Orellana, comunicación personal, 7 de noviembre de 2022).

El tercer hito propone relevar los diálogos, relaciones, vínculos o conversaciones entre la psicología comunitaria y el feminismo. El primer ejercicio de diálogo reconocido por las psicologías comunitarias feministas entrevistadas es el ocurrido en el espacio académico, en el que reconocen que en la universidad han encontrado la plataforma en la que confluir ambas perspectivas. Jimena Silva, por su parte afirma “es muy importante ese vínculo constante entre el terreno, el territorio y la academia, la oficina, la institucionalidad” (comunicación personal, 7 de noviembre de 2022). Carol Amaral (comunicación personal, 7 de noviembre de 2022) trabaja como funcionaria municipal en la oficina de diversidades sexuales fomentando la participación de las organizaciones.

El segundo ejercicio dialógico es el que propone Carla Ramírez (comunicación personal, 7 de noviembre de 2022) en relación con el uso de metodologías de articulación comunitaria tanto de la psicología comunitaria como del feminismo, reconociendo por ejemplo la implementación de escuelas de formación comunitaria o mapeos territoriales de cuerpo-territorio, como modos de proceder que poseen características de ambas perspectivas.

De esta manera, concluimos la revisión de los resultados surgidos a partir de esta investigación, para dar paso a las conclusiones.

Conclusiones

A partir de los resultados presentados, se hace evidente la complejidad del diálogo entre la psicología comunitaria y el feminismo y, sin duda, este ejercicio se vuelve solo un primer y pequeño intento por registrar y organizar los cruces surgidos entre estos dos mundos, teniendo claro que estas perspectivas son tan diversas como versátiles.

En un aspecto central, estos resultados son consistentes con los antecedentes teóricos y conceptuales de la psicología comunitaria y a su cruce con el feminismo. En relación con la psicología comunitaria, hay precedentes que cuestionan la excesiva institucionalización, tecnificación y burocratización de la intervención social, lo que es respaldado por las participantes al asegurar, con actitud crítica, que la psicología comunitaria hoy en Chile se utiliza como tecnología social ordenadora de las comunidades y disponible para el beneficio de sostener la institucionalidad neoliberal más que favorecer transformaciones profundas. En relación a los feminismos, un elemento común con la revisión teórica es la presencia de la división sexual del trabajo y de las lógicas de cuidado dentro del quehacer de las profesionales, temáticas que las psicólogas comunitarias feministas problematizan en relación al trabajo comunitario, toda vez que este también es considerado un trabajo de cuidados, y al igual que todo trabajo feminizado no es considerado un saber especializado, ligándose a tareas que son tradicionalmente asociadas a las mujeres en función de la división sexual-patriarcal del trabajo.

Junto con la existencia de resultados consistentes en relación a antecedentes teóricos previos, destaca el aporte que las psicólogas comunitarias feministas hacen al concepto de comunidad, comprendiéndola como una metodología que permite pensar en otras formas de creación colectiva, más horizontales, situadas, críticas de las estructuras de dominación y sumisión, interdependientes, responsable de las necesidades del otro humano y no humano, donde los cuerpos y los afectos son elementos mediadores de las relaciones sociales y la compañía y el cuidado se vuelve asunto colectivo. En esta conceptualización destaca el lugar del cuerpo, asegurando que el vínculo comunitario es corporal, que el trabajo comunitario requiere del acuerpamiento y que en cualquier acción comunitaria es fundamental considerar el propio cuerpo.

En relación con el diálogo entre ambas perspectivas es posible afirmar que existen aportes significativos, por lo que se sugiere continuar tejiendo puentes y trazando caminos que fortalezcan el intercambio y el reconocimiento mutuo de ambos campos del saber-hacer. Avanzar hacia la transdisciplina y metamorfosear paradigmas colabora radicalmente con la construcción de un horizonte de vida colectiva, por lo que es fundamental favorecer la coexistencia y la mutua afectación, el encuentro entre campos del saber diversos, flexibilizar nuestros límites, derribar los muros, salir de las jaulas disciplinarias, abrirse a la autocrítica y reconocernos profundamente interdependientes.

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Declaración de contribución de los/as autores/as Ambas autoras contribuyeron al diseño e implementación de la investigación, al análisis de los resultados, a la escritura del manuscrito, a la discusión de los resultados y contribuyeron a la versión final del manuscrito.

Disponibilidad de datos El conjunto de datos que apoya los resultados de este estudio no se encuentra disponible.

Editora de sección La editora de sección de este artículo fue Pilar Bacci. ORCID ID: 0000-0002-6611-1905

Recibido: 20 de Septiembre de 2024; Aprobado: 10 de Junio de 2025

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