1. Introducción
América Latina es una región en la que la construcción partidaria presenta grandes dificultades: luego de cuatro décadas de democratización, de 255 nuevos partidos políticos creados entre 1978 y 2005, solo once echaron raíces (Levitsky, Loxton, Van Dyck y Domínguez, 2016). Distintos trabajos han mostrado que aquellos partidos que no logran construir estrategias electorales subnacionales y retener a los políticos locales muestran problemas importantes para sostenerse en el tiempo (Holland, 2016).
Esta dificultad parecía incluso mayor para los partidos de derecha de la región (Luna, 2010). Sin embargo, transcurrida una década de la publicación del ya clásico libro de Luna y Rovira Kaltwasser (2014) sobre las derechas latinoamericanas, el escenario cambió drásticamente: en los últimos años distintos partidos llegaron al poder e, incluso, nuevos partidos de derecha han logrado ser competitivos y ganar elecciones nacionales. En este contexto, una parte del interés académico está virando hacia el estudio de las derechas radicales en auge en América Latina (Rovira Kaltwasser, 2019) y el mundo (Hochschild, 2018; Ellinas y Lamprianou, 2017). En Argentina parece ser temprano todavía para entender la construcción partidaria de esta expresión política que obtuvo una victoria presidencial recientemente (2023) y presenta estructuras partidarias muy débiles.
En las últimas décadas también se han venido desarrollando y expandiendo en América Latina partidos de derecha o centro-derecha que lograron echar raíces y permanecer a lo largo del tiempo. Tal es el caso del partido Propuesta Republicana (PRO) en Argentina. Surgido en 2003, su triunfo en 2007 en la capital del país, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), le permitió consolidar un proceso de construcción de hegemonía política que hizo de ese distrito su bastión (Vommaro, Morresi y Belloti, 2015) en el que ha gobernado de manera ininterrumpida hasta la actualidad. Allí el partido se constituyó con retazos de otros partidos políticos -fundamentalmente dirigentes provenientes de la Unión Cívica Radical (UCR), del Partido Justicialista (PJ) y de la Unión del Centro Democrático- y con individuos con experiencia en el mundo empresarial y ONG afines (Vommaro, Morresi y Belloti, 2015).
Parte de su éxito se apoyó en conseguir crear una organización sólida, verticalista e informal, al tiempo que construyó una marca partidaria, esto es, lograr representar claramente a un tipo de elector (Lupu, 2016). Esto le permitió: a) diferenciarse de los partidos políticos tradicionales; b) definir un programa alejado de las reivindicaciones clásicas de la derecha, basado en el carácter pragmático y resolutivo del partido; y c) encontrar fuentes de cohesión en el liderazgo fundador de Mauricio Macri y en contextos nacionales especiales como el 2001 y el 2008 (Vommaro, Armelino, Longa, Grandinetti y Paladino, 2023, p. 46)1.
El presente artículo es un trabajo cualitativo que analiza los recursos desplegados por el PRO en dos municipios de la provincia de Buenos Aires, la más poblada del país: La Matanza, el distrito demográficamente más relevante del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) en el que el peronismo ha gobernado ininterrumpidamente desde 1983, y Bahía Blanca, una ciudad que fue gobernada entre 2015 y 2023 por un intendente del PRO y que cuenta con los atributos de una ciudad mediana del Interior de la provincia de Buenos Aires2. Estos distritos representan casos típicos de dos tramas urbanas que caracterizan a la provincia de Buenos Aires y que reúnen a la mayoría de su población: una ciudad grande del AMBA que cuenta con una vasta tradición obrera y organizativa, donde el peronismo y los movimientos sociales han tenido particular protagonismo; y una ciudad del Interior donde los partidos tradicionales (UCR y PJ) han sido históricamente fuertes.
El crecimiento del PRO por fuera de CABA fue errático hasta el año 2015. Ese año, el PRO conformó la coalición Cambiemos a través de la cual, en conjunto con los otros partidos que la integraban, alcanzó el triunfo en el nivel nacional y en distritos subnacionales claves como la Provincia de Buenos Aires3. Desde entonces, y pese a no volver a desempeñarse como gobierno a nivel nacional, el partido logró crecer por fuera de su bastión electoral y afianzarse como uno de los principales partidos del sistema político argentino4.
La consolidación del PRO en su bastión de origen (CABA) y su crecimiento hacia nuevos distritos se presentan como una oportunidad para comprender los recursos implicados en la vitalidad del partido. Esto cobra mayor relevancia si se considera lo referido anteriormente respecto a que tal consolidación tiene lugar en una región en la que la construcción partidaria presenta grandes dificultades (Levitsky et al., 2016), en particular para las nuevas expresiones de derecha (Luna y Rovira Kaltwasser, 2014).
Aun cuando pareciera cada vez más difícil lograrlo, la literatura regional subraya la relevancia que tiene para la resiliencia de los partidos políticos la capacidad para desarrollar activismo, agendas y recursos en el nivel subnacional (Cyr, 2017; Holland, 2016). Al respecto, Jenifer Cyr (2017) señala que la comprensión de los recursos partidarios permite abordar la vitalidad de los partidos políticos como entidades centrales del sistema democrático. En ese sentido, la tipología de recursos que elabora obedece a los diferentes objetivos que atraviesan a un partido -estructurar la competencia electoral, gobernar, representar e incidir en el debate público- (p. 46). El análisis de la autora distingue entre recursos de alto y bajo costo para pensar en la supervivencia y el renacimiento de los partidos después de atravesar una crisis nacional. Los primeros son aquellos que requieren una inversión de mediano y largo plazo, a los que denomina organizacionales e ideacionales (militantes y profesionales, ideología, expertise y una marca partidaria). Los segundos, por el contrario, comprenden aquellos que implican menos tiempo y energía para los partidos: los materiales y de élite (dinero, patronazgo y elites partidarias) (Cyr, 2017, p. 33). Su argumento es que son los primeros los que hacen a la perdurabilidad y renacimiento de los partidos porque, aunque impliquen mayor inversión, es esto también los que los hace resistentes a lo largo del tiempo.
Nuestra investigación recupera el aporte teórico de Cyr (2017) en torno al análisis de los recursos para abordar la construcción partidaria más allá de un contexto de crisis. En este sentido, nuestros hallazgos permiten observar el vínculo entre los recursos de alto y bajo costo matizando la afirmación de que son aquellas inversiones de alto costo las que hacen a la supervivencia. Por el contrario, los casos abordados dan cuenta de cómo una actitud pragmática de los partidos habilita el despliegue de recursos de bajo costo que se revelan muy importantes para la construcción partidaria.
Algunas investigaciones recientes (Gené y Longa, 2021; Vommaro, et al., 2023) estudiaron lo que sucedió con el PRO en municipios bonaerenses (Quilmes y Pergamino) identificando tres rasgos característicos de su implantación local: la centralización del poder desde su bastión originario (CABA) -dando lugar a un proceso de expansión por penetración (Panebianco, 1995)-; el débil arraigo social del partido en esos nuevos niveles locales; y la selección de candidatos que garantizaran la consistencia de la marca partidaria (Vommaro et al., 2023, p. 61). Nuestra propuesta busca continuar la comprensión de este proceso de expansión territorial del partido en dos distritos no indagados. En este sentido, observamos la continuidad de los rasgos identificados en trabajos anteriores respecto a la expansión apoyada en recursos nacionales de alto costo, ideacionales y dirigenciales, condensados en su marca partidaria y en el rol del centro partidario. Sin embargo, en miras de construir arraigo subnacional, repitiendo el modelo implementado en CABA en los inicios del partido, el PRO adoptó una actitud pragmática apostando en los casos aquí analizados a recursos de bajo costo que supuso la adaptación de las estrategias centralizadas. Mientras que en Bahía Blanca la decisión de postular un candidato popular afín a la marca partidaria y avalado por el centro partidario culminó en el uso de recursos de bajo costo que proveía el paso por el gobierno municipal, en el caso de La Matanza intentó plegarse a recursos organizacionales preexistentes pertenecientes a otras fuerzas políticas en la búsqueda de consolidar su arraigo social.
El material empírico que sostiene nuestro argumento se basa en el relevamiento de información oficial, prensa local y nacional, junto con fuentes primarias con base en un trabajo empírico compuesto de aproximaciones etnográficas y entrevistas en profundidad. En La Matanza se llevó a cabo trabajo de campo desde mayo de 2022 hasta noviembre de 2023, que incluyó dieciocho meses de observación participante en una organización vecinal incorporada al armado territorial de PRO Cambiemos a partir de su paso por el gobierno. Estas observaciones implicaron la asistencia a reuniones y eventos de campaña, así como un registro del día a día de la organización. Para el caso de La Matanza, además, se utilizaron entrevistas realizadas en el marco de un proyecto de investigación compartido llevado a cabo durante el transcurso de 20165. En Bahía Blanca se realizaron diez entrevistas en profundidad con actores políticos centrales de la ciudad (un intendente, dos funcionarios del gobierno local, dos concejales de Cambiemos, dos exgobernantes de otros partidos y tres dirigentes de partidos opositores) entre marzo y junio de 2022.
2. Bajo costo, bajo arraigo: la búsqueda de consolidación del PRO en La Matanza
Así como CABA puede ser considerada el bastión del PRO, La Matanza suele ser considerada, desde la literatura y el sentido común, como uno de los bastiones del peronismo a nivel nacional. Las transformaciones que se sucedieron en Argentina en, por lo menos, los últimos cincuenta años, han encontrado en este municipio una caja de resonancia particular. Si a mediados del siglo XX sus niveles de producción industrial la ubicaban como el corazón del trabajo fabril del país, los efectos del desmantelamiento de este modelo económico durante la década de los 90 la convirtieron en el epicentro de las formas organizativas de los movimientos sociales y los trabajadores desocupados (Svampa y Pereyra, 2003; Manzano, 2008). Estos rasgos, junto con la continuidad del peronismo en el gobierno local, lo han convertido en un municipio especialmente esquivo para la construcción de una alternativa opositora a la identidad política prevaleciente y al despliegue territorial que la misma ha desarrollado.

Cuadro 1. Fuente: Porcentaje de votos obtenidos para intendente en La Matanza (2003-2023) base de datos de elaboración propia. Siglas: PJ: reúne al Frente para la Victoria en 2015 y al Frente de Todos en 2019; Frepobo: Alianza Frente Popular Bonaerense; ARI: Afirmación para una República Igualitaria; FAP: Frente Amplio Progresista; Udeso: Unión para el Desarrollo Social; NE: Nuevo Encuentro; UNA: Unidos por una Nueva Alternativa; JXC: reúne a Cambiemos y Juntos por el Cambio; LLA: La Libertad Avanza.
Los resultados electorales dan cuenta de cómo, hasta 2015, la oposición no sólo era poco competitiva, sino dispersa. En este sentido, el cuadro muestra que la aparición de una coalición como Cambiemos con el PRO a la cabeza sirvió para ordenar esa dispersión. Sin embargo, sostendremos que la dinámica política territorial del distrito supuso un límite para la estrategia delineada desde el centro partidario de expandirse mediante inversiones de bajo costo. En el caso de La Matanza, esta expansión estuvo atravesada por la tensión de seleccionar un candidato que guardara coherencia interna con la marca partidaria y cercanía con el centro partidario, u otro con un perfil más territorial que encarnara el arraigo social en el distrito.
2.1. Apelar al PRO peronismo: un candidato local para La Matanza
Las primeras iniciativas desplegadas por el PRO en La Matanza tenían que ver con una actividad clásica en el desarrollo organizacional y territorial de los partidos políticos en Argentina: la apertura de locales. Estos espacios amplificaban la experiencia del PRO en el municipio a través de charlas con funcionarios que se desempeñaban en la gestión de CABA o de personas ligadas al partido a través de la Fundación Pensar. Como indican otros trabajos (Vommaro et al., 2023), y como veremos para el caso de Bahía Blanca, la fundación que había sido la usina de pensamiento y de cuadros que formó parte de la creación del partido (Echt, 2016) estuvo presente en los incipientes procesos de desembarco del PRO en diferentes municipios de la provincia de Buenos Aires.
Así, una de las primeras figuras del PRO en el distrito fue Miguel Racanelli, un abogado cuya trayectoria, hasta 2012, había estado ligada al sector privado. Este perfil era coherente con la identidad que el partido había forjado en la Ciudad de Buenos Aires: una fuerza que convocaba al involucramiento de profesionales que decidieron «dar el salto» a la política (Vommaro, 2017), resguardando el valor de la novedad como elemento central de su marca partidaria (Vommaro, Morresi y Belloti, 2015).
Sin embargo, esta penetración apoyada en recursos organizacionales estuvo menos orientada a la generación de propios, que a la incorporación de los de otros partidos que ya habitaban el territorio. De esta manera, el partido reclutó referentes y políticos peronistas opositores al kirchnerismo6, con disponibilidad para integrar esta nueva opción partidaria. Como señalan otros trabajos, los políticos de origen peronista constituyeron una de las vertientes que nutrió la conformación del PRO en sus comienzos en CABA (Vommaro, Morresi y Belloti, 2015) y en otras provincias (Mauro y Brusco, 2016; Ramos, 2023). Hasta el armado nacional de Cambiemos en 2015 y la conformación de una coalición que incorporó otros partidos, las articulaciones del PRO local se centraron en este eje.
De hecho, pese al esfuerzo de convocar a figuras ajenas a lo político partidario, el primer candidato a la intendencia presentado por el PRO en 2015 tenía una trayectoria ligada al peronismo bonaerense. Miguel Saredi era un productor agropecuario oriundo de un municipio del interior de la provincia de Buenos Aires, cuyo primer acercamiento a La Matanza se dio en 2008 cuando fue elegido por Mauricio Macri, entonces Jefe de Gobierno de CABA, como representante de la ciudad en el triunvirato que gobernaba el Mercado Central, mayorista del Estado que comercializa productos alimentarios en el AMBA.
Esta primera candidatura da cuenta de la tensión que recorrerá al PRO en el municipio: la búsqueda por alcanzar arraigo social sin invertir en recursos organizacionales de alto costo. Como en otros distritos, el PRO consideró la presentación de un outsider para la disputa a la intendencia, esto es: un candidato conocido por su recorrido en otro ámbito profesional diferente a la política. Sin embargo, el rechazo de los armadores locales supuso un límite a esta alternativa que el partido había priorizado de manera centralizada para su expansión subnacional en la Provincia de Buenos Aires (Vommaro et al., 2023).
Las internas locales de Cambiemos se dirimieron, entonces, entre dos candidatos afines a armados locales preexistentes: Saredi, como representante del PRO, y un dirigente histórico del radicalismo matancero. El triunfo de Saredi expresaba la imposición de un candidato que representaba la identidad política predominante de La Matanza, el peronismo, con llegada a zonas de disputa del control político y económico como el Mercado Central. En miras de afianzarse territorialmente en este municipio, políticamente adverso y electoralmente significativo por la cantidad de electores, la estrategia prevaleciente fue el reclutamiento de un candidato proveniente del mundo de la política y con vínculos previos a nivel local.
La candidatura de Saredi expresaba las tensiones que la concepción de la expansión territorial del PRO encontraba en La Matanza. En palabras de un dirigente local, las limitaciones de Cambiemos tenían que ver con su apuesta a lo «nuevo» y con la búsqueda de instalación de una «marca» en un distrito donde «la gente vota al dirigente territorial» (Entrevista a dirigente local, 11/12/2017). Si bien esto contrastaba con las estrategias que había elegido el centro partidario para proyectar su marca partidaria (Vommaro et al., 2023), no quería decir que la elección del candidato prescindiera del aval de los principales líderes del partido. Según el testimonio de miembros del partido, más allá de su construcción local, la elección de la candidatura de Saredi se produjo porque «medía en las encuestas» (Entrevista a dirigente local, 11/12/2017)7.
2.2. Los recursos nacionales y provinciales del partido para la construcción local
La llegada de Cambiemos a los ejecutivos nacional y provincial en 2015 supuso para el PRO una disponibilidad de recursos estatales de los que no había gozado en su vida partidaria. En el caso de La Matanza, este acceso le permitió acercar a referentes y organizaciones territoriales locales que precisan de la transferencia de recursos para su consolidación y expansión en miras de continuar con sus actividades de resolución de problemas de la comunidad con la que trabajan (Vommaro, 2019).
Desde el gobierno se vehiculizó el acercamiento a referentes que expresaran un arraigo social local distinto al que el partido había priorizado hasta entonces. Frente a la estrategia anterior de convocar a referentes con trayectorias ligadas al peronismo, los recursos materiales provenientes de la llegada al Estado fueron orientados al fortalecimiento de dirigentes cuyo recorrido los vinculaban a los movimientos sociales (Bonazzi, Vommaro y Malagamba, 2023), dando cuenta del pragmatismo del PRO.
Uno de los referentes incorporado a esta trama fue el dirigente social Eduardo «Lalo» Creus. Lalo era un referente local que contaba con una trayectoria atípica: de origen trotskista, la crisis argentina de 2001 lo llevó a vivir a La Matanza y a participar de un comedor popular a cargo de un movimiento social de raigambre maoísta. El principal quiebre en su trayectoria se produjo en 2008, en el marco del enfrentamiento que mantuvo el gobierno de Cristina Kirchner con los sectores agropecuarios por la modificación de las retenciones a este sector. Durante este conflicto, el movimiento social que integraba asumió una postura opositora al gobierno. En ese contexto, construyó un vínculo personal con algunos productores agropecuarios y consolidó su liderazgo personal. Tras alejarse del movimiento social al que pertenecía, decidió apoyarse en los recursos de estos productores y de fundaciones sin fines de lucro que le brindaron ayuda material y una amplia red de contactos para armar su propia organización.
Con la llegada de Cambiemos al poder sucedería que estos circuitos compuestos por actores del mundo privado y del mundo de las fundaciones críticos del proyecto kirchnerista se inscribirían dentro de la órbita de círculos y actores afines al proyecto del PRO y serían directamente convocados a formar parte del gobierno (Gené y Vommaro, 2023; Salerno, 2020). En este sentido, aquellos dirigentes sociales que habían privilegiado la obtención de recursos a través de estos canales -y no del Estado- durante el periodo kirchnerista, se vieron beneficiados por su cercanía a la nueva gestión.
En el caso de Lalo, esto significó un cambio de escala en las posibilidades de su hacer. Durante este periodo, la organización fue benefactora y administradora de un conjunto de prestaciones y programas sociales (Ferrari Mango, 2020) que fortalecieron su inserción local:
En el 2015 con el cambio político, algunos amigos de ese recorrido terminan o siendo parte de la gestión del Estado o muy cerca a los que ocupaban esos lugares. Y no necesariamente porque tuvieran una participación partidaria en Cambiemos, sino más que nada por sus relaciones sociales. Entonces llegan ministros y personajes que no habían militado ni hecho política nunca y que eran amigos, parientes o algo de otros amigos. Entonces rápidamente se empiezan a dar las relaciones con gente que está en la gestión de gobierno (…). Y empieza todo un trabajo muy intenso en el que nosotros fuimos referenciados como una organización social cercana a la gestión. (Entrevista a Lalo Creus, 21/6/2018)8.
La disponibilidad de recursos estatales permitió la expansión de sus capacidades y, con esto, la posibilidad para Cambiemos de arrimar experiencias territoriales cercanas a sectores sociales esquivos a su esquema organizacional como eran los sectores populares. Sin embargo, lo hacía a través de referentes cuyos vínculos eran fuertes fuera del municipio. El cruce entre Lalo y Cambiemos se produce a través de actores de la élite de la sociedad civil (Arcidiácono y Luci, 2021) y empresarios que habían construido relaciones con ambas partes.
Pese al intento del PRO de apoyarse en referentes oriundos del municipio para su construcción territorial, las decisiones políticas en general y respecto a las candidaturas en particular parecían impuestas por fuera del municipio. En 2019, el candidato elegido por el partido para disputar la intendencia fue Alejandro Finnochiaro. Su caso responde a aquellos cuadros que, tras su paso por un partido de derecha9 en la década de los 90, tempranamente se sumaron al PRO (Arriondo, 2015). Tras desempeñarse como funcionario en CABA, en 2015 asumió la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires, cargo que dejó para asumir la conducción del Ministerio de Educación a nivel nacional en 2017.
La elección de Finnochiaro, en este punto, evidenciaba diferencias con la conducción local del partido en manos de Saredi. Pese a ser oriundo de La Matanza, su perfil contribuía a la conservación de la marca partidaria y contaba con el apoyo de los principales referentes del partido a nivel nacional. En este aspecto, las prácticas del quehacer político militante también se proyectaban desde el centro partidario, las cuales se imponían a las lógicas aprendidas por los referentes locales cuya trayectoria política había iniciado en otros espacios políticos. En palabras de un referente local, en el PRO
son mucho más estrictos y mucho más duros que el peronismo, son muy tipo compañía multinacional (…), ellos quieren empleados (…). Aquel que no va el timbreo el sábado, aunque le parezca ridículo, el que no pone la mesa con la sombrilla, aquel que subestima eso se equivoca, es exacto el sistema, viste. (Entrevista a dirigente local, 11/12/2017)10.
Además de las decisiones, el PRO también proyectaba desde el centro partidario una forma de hacer política que le había resultado exitosa en CABA, pero que en municipios como La Matanza tenía dificultades para adaptarse a la dinámica política local y a las trayectorias de los referentes que conseguía reclutar. En este punto, la derrota electoral en el plano nacional, provincial y local acontecida en el 2019 inauguró un periodo de dispersión del entramado cambiemita en La Matanza. A partir de allí, la alianza otorgó mayor centralidad a figuras cuyo trabajo organizativo se anclaba en las localidades más populares del distrito, como eran algunos de los referentes que se habían fortalecido tras el paso del PRO por el gobierno en el periodo 2015-2019. El objetivo parecía ser que pudieran expresar un arraigo social local distinto al que se había priorizado hasta entonces, aunque eso implicaba darle más espacio a referentes que no representaban la marca partidaria.
Como plantea Cyr (2017), los contextos de derrota nacional permiten evaluar a nivel subnacional los recursos de alto y bajo costo que han hecho al funcionamiento del partido. Hasta entonces, el PRO contaba con recursos ideacionales fuertes que sostenía y nutría desde el centro partidario, pero era esquivo a la construcción de recursos organizacionales propios que le permitieran consolidar un arraigo local. Sin embargo, luego de las derrotas de 2019 Lalo cobró centralidad. Optar por el acompañamiento a un referente político con arraigo social local tampoco implicó una inversión de alto costo referida a lo organizacional. Interrumpidos los recursos materiales provenientes de la gestión, la organización de Lalo tuvo que replegarse a las redes privadas y sin fines de lucro que habían apoyado su trabajo previo a la gestión cambiemita. En este sentido, para culminar siendo el candidato a intendente de la alianza Juntos por el Cambio en 2023, Lalo desplegó sus propios recursos organizacionales, aunque con el aval del centro partidario. Durante el periodo que comprendió el año anterior a su candidatura, el referente organizó reuniones con miembros del sector agropecuario, eventos de recaudación de fondos con personas del sector privado y actividades de campaña junto con otras agrupaciones que apoyaban su candidatura en la coalición. Por un lado, contaba con un sello vecinal propio con el que intentó una expansión territorial clásica, amparada en la apertura de locales y la convocatoria a pequeños referentes barriales. Por el otro, buscó instalar en La Matanza las agendas de sus contactos del mundo privado y de las ONG, afines también, como vimos, al PRO.
Como vemos, la tensión entre una estrategia de crecimiento apoyada en candidatos afines a la marca partidaria y cercanos al centro partidario y otra orientada a la inversión en recursos de alto costo orientados a afianzar el aspecto organizacional local, se resolvió a través de una actitud pragmática que, sin realizar este tipo de inversiones, buscó en recursos organizacionales existentes construir su arraigo social. La derrota electoral en 2023, no solo detrás del peronismo, sino también de la fuerza de derecha radical, La Libertad Avanza, abre un interrogante respecto a la etapa venidera y el rol de los recursos partidarios para la viabilidad de una fuerza como el PRO en el distrito.
3. Los inicios del armado territorial del PRO en la ciudad de Bahía Blanca: dispersión dirigencial y falta de competitividad
A diferencia de La Matanza, donde el PRO desarrolló recursos de bajo costo orientados desde el centro partidario que encontraron un límite en la dinámica territorial del municipio, en Bahía Blanca esta fuerte intervención del centro llevó al partido a imponerse en las elecciones locales en el 2015. El escenario era muy diferente al de La Matanza: desde 1983 hasta 2015 la ciudad de Bahía Blanca fue gobernada tanto por intendentes de la UCR (1983-2003), como del PJ (2003-2015). Sin embargo, estos partidos llegaron al 2015 con serios problemas para representar al electorado bahiense: mientras que la UCR no pudo recuperarse de la crisis del 2001, el peronismo se mostró fragmentado tras la destitución de un intendente propio en 2006, la partida de otro hacia el gobierno provincial en 2011 y un escenario que presentaba en 2015 la promoción de dos listas separadas.
Como veremos a continuación, desde el año 2003 hasta el 2015 la propuesta de Macri buscó hacer pie en la ciudad de Bahía Blanca presentándose en todas las elecciones a intendente, aunque con muy magros resultados: 2% en 2003, 4% en 2007 y 3% en 2011. Sin embargo, en estos años la ciudad contaría con la presencia de un nuevo conjunto de políticos críticos del kirchnerismo que, pese a realizar sus primeros pasos en política en diferentes sellos partidarios, pasaron desde 2015 a ocupar lugares claves en el armado del PRO bahiense.

Cuadro 2. Fuente: Porcentaje de votos obtenidos para intendente en Bahía Blanca (2003-2023) base de datos de elaboración propia. Siglas: PJ: reúne al Frente para la Victoria en 2015 y al Frente de Todos en 2019; ARI: Afirmación para una República Igualitaria; UNA: Unidos por una Nueva Alternativa; Udeso: Unión para el Desarrollo Social; FAP: Frente Amplio Progresista; JXC: reúne a Cambiemos y Juntos por el Cambio; IC: Integración Ciudadana; LLA: La Libertad Avanza.
Integrado por figuras locales como Leandro Ginobili (hermano del basquetbolista Emanuel Ginobili), Miguel Donadío (abogado de la concesionaria de Dietrich en la ciudad)11 y Constanza Rivas Godio (dirigente local que fue concejal por el PRO en 2009) el PRO no presentaba hasta el año 2015 coordinación entre sus dirigentes distritales, resultados electorales favorables ni presencia territorial en barrios de la ciudad.
El PRO en Bahía prácticamente no existía en 2009. Miento, no quiero ofender a nadie: si existía pero no con la estructura política partidaria ni con referentes fuertes, ni con un proyecto que ambicionara el poder en el buen sentido de querer detentar el poder, de querer presentarse a una elección y ganar, meter concejales o ganar la intendencia. (Funcionario local PRO, entrevista propia, 7/3/2022, Bahía Blanca)
El partido, poco competitivo y sin coordinación, se nutriría más delante de un conjunto de dirigentes que provendrían de alternativas críticas del kirchnerismo. En este sentido, se destacaron tres individuos que fueron asumiendo mucho protagonismo en la política local entre 2008 y 2014. Como vimos, el conflicto entre el gobierno y las patronales agropecuarias por la resolución 125 en 2008 se presentó como el telón de fondo de procesos de politización que incentivaron a distintos individuos a «meterse» en política (Vommaro, 2017). Este fenómeno también se observó en una ciudad como Bahía Blanca que, pese a ser comercial e industrial, tiene una clara influencia, simbólica y material, de las actividades agropecuarias:
Había pasado todo lo de la 125… la 125 fue algo que me movilizó mucho digamos, yo veía algo muy injusto, mi familia tiene vínculo con el campo, mi abuelo tenía campo, pocas hectáreas digamos, pero bueno. (Concejal PRO, entrevista propia, 22/6/2022, Bahía Blanca).
3.1. Los orígenes del PRO bahiense por fuera del partido: procesos de politización distrital en dirigentes opositores
Tras el conflicto por la 125, se dio en Bahía Blanca un proceso de politización de un núcleo de dirigentes que no los llevó a sumarse a las filas del PRO, sino a integrar un armado provincial alineado al peronismo opositor al kirchnerismo, encabezado por el empresario político Francisco De Narváez12.
Me acerqué como voluntario para fiscalizar allá por mayo de 2009 y nunca más salí de ahí adentro. Así empecé, obviamente que después me gustó el entorno político-partidario, seguí participando de reuniones, de actividades, hasta que un día Nidia Moirano, que es quien había abierto ese local, que es quien había organizado la fiscalización (de esa manera ella también empezó en política), me preguntó si quería trabajar con ella en la campaña de 2011 que es cuando ella se postula a senadora provincial y obviamente acepté y aquí estoy. (Funcionario local PRO, entrevista propia, 7/3/2022, Bahía Blanca).
Más allá del derrotero de este espacio político -que se diluyó al compás de derrotas electorales-, en Bahía Blanca ese período que se inicia en 2008 fue muy relevante en las trayectorias de varios individuos que realizaron por primera vez un salto a la política institucional. Poco atraídos por las posibilidades que brindaban los partidos tradicionales, y críticos de algunas acciones que realizaba el gobierno nacional por entonces, un «tridente» de individuos vinculados a instituciones importantes de la ciudad conformado por Héctor Gay, Nidia Moirano y Santiago Nardelli comenzaría a nuclear militantes y demandas de distintos actores de la sociedad bahiense.
Nidia Moirano, desde su trabajo en el Colegio de Abogados y en un hogar de ancianos de Bahía Blanca, desempeñó un rol clave en el armado local del peronismo opositor accediendo en 2011, a los sesenta años y en su primer cargo público, a una banca en la Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires. Por su parte, Gay fue periodista político y económico en los principales medios de comunicación de la ciudad por más de treinta años, desempeñándose al frente de un programa político televisivo llamado «Por Bahía», emitido por una repetidora local de un canal nacional. Por este motivo, se trataba de alguien altamente popular en la ciudad.
En 2013, Gay se sumó a la propuesta de De Narváez y asumió como diputado provincial en una elección en la que al partido le fue mal en la totalidad de la provincia (sacó un 5 % de los votos), pero bien en el distrito: con este reconocido periodista al frente de la lista obtuvo el 18 % de los votos. Además, en esa elección ingresó otro diputado provincial por ese sello: Santiago Nardelli. De origen peronista y con mayor experiencia en la gestión pública, Nardelli había ocupado tres cargos públicos entre 2004 y 2011 como representante del peronismo.
Estos tres dirigentes comenzaron a partir de 2013 a conformar un acuerdo político que los ubicaba en la mesa de decisiones y que, de a poco, buscaba construir puentes con distintos actores críticos del kirchnerismo que venían haciendo política en el distrito: «Yo venía trabajando desde 2013 en un acuerdo que tenía una cúpula de tres dirigentes que era Nidia Moirano, Santiago Nardelli y yo, que seguimos hasta el día de hoy juntos. Y empezamos a nuclear gente» (Intendente, entrevista propia, 17/6/2022, Bahía Blanca).
3.2. La relevancia de una marca partidaria nacional atractiva en 2015 y la centralización nacional de las decisiones partidarias
Hasta 2014, esta mesa de tres dirigentes todavía no pertenecía al PRO local que estaba integrado por referentes más bien dispersos y poco coordinados. Sin embargo, una decisión tomada desde el centro partidario del PRO nacional modificó esta situación: Mauricio Macri le ofreció en 2015 ser el candidato del PRO a Héctor Gay relegando a otras figuras que venían participando del partido a nivel local como Rivas Godio y Ginobili. De esa manera, desde el centro partidario se impuso en 2015 un candidato conocido por la ciudadanía a partir de su rol en medios de comunicación locales. Esta estrategia coincidía con la decisión del PRO en otros municipios de la provincia (Gené y Longa, 2021), donde el partido invertía en un recurso de bajo costo en un contexto de conformación de una coalición como Cambiemos que mejoraba las chances electorales de todos sus candidatos. Al mismo tiempo, Gay le otorgaba al PRO visibilidad pública y redefinía la dinámica previa del partido, y sus jerarquías internas, rearmando el mismo en Bahía Blanca con los retazos de lo que fue construyendo De Narváez en el nivel local. Como nos explicaba el exintendente en relación al contexto previo a las elecciones de 2015:
Me llama Mauricio Macri, que ya empezaba a armar para 2015 y me dijo: venite a tomar un café y qué se yo y al otro día estaba desayunando en donde era Jefe de Gobierno. Y ahí empecé mi pase. De los cinco que éramos, tres se recostaron en Massa y los otros dos nos acercamos al PRO. Y bueno, en 2015, Mauricio me propone ser candidato a intendente en Bahía. Estaba armando en todo el país y ganamos la elección de 2015. (Intendente, entrevista propia, 17/6/2022, Bahía Blanca)
Gay se impuso en las elecciones primarias de 2015 dentro de la alianza Cambiemos con más del 90 % de los votos frente al candidato que llevó la UCR, mostrando el éxito de elegir «por arriba» un candidato conocido. Tanto la cita como los resultados dan cuenta de la facilidad de construcción de los recursos de las élites cuando hay posibilidades electorales, aunque eso no se condiga con un armado profundo que otorgue arraigo en el largo plazo. En las elecciones generales, y frente a un peronismo dividido, el PRO local logró la victoria con el apoyo de Vidal y Macri que, según los propios entrevistados, fueron muy importantes para comprender el voto mayoritario de los bahienses al partido en una coyuntura en la que el armado local era incipiente y cuyo principal capital era la presentación de una figura reconocida en la ciudad:
La verdad, después de 12 años de gobierno del peronismo en Bahía hicieron que… digamos, fue un desastre institucional. Destitución de un intendente, asume otro, gana y a los 15 días se va, asume su primer candidato a concejal y a la mitad de período se cambia de partido político y no aparecía por ningún lado. Una persona conocida como Héctor, querida como Héctor, no había chances de que le gane alguien, de verdad, se sentía, se vivía, digamos… y más con una ola que venía de provincia, de nación digamos, y si ganó Macri en el país, si ganó María Eugenia Vidal en la Provincia de Buenos Aires, ¿cómo no iba a ganar Héctor acá? No había forma, no había forma. Le sacó 12 puntos más o menos. (Concejal local PRO, entrevista propia, 22/6/2022, Bahía Blanca).
A partir de allí, la mesa chica del PRO bahiense estuvo conformada por el «tridente» conformado por Gay, Moirano y Nardelli. Además, entre 2015 y 2019, el respaldo de las autoridades nacionales y provinciales les permitió ordenar disputas internas desarrollando un funcionamiento organizativo que integró, en algunos casos, a dirigentes históricos del PRO en el distrito. Como nos explicaba un concejal del PRO en relación a este proceso:
De hecho, Constanza Rivas Godio fue la segunda candidata a concejal de Héctor… y la integró (…), a ver, no había un partido muy formado, no te creas que era un comité radical digamos, o sea sí conformado por autoridades y eso, sino que éramos los que estábamos. Y creo que lo más inteligente en esos casos es sumarte y ayudar, dar una mano y formar parte, no hay mucha vuelta con eso; plantearte desde una oposición partidaria al intendente no tenía sentido alguno. Y aparte si lo bancó el presidente, lo banca la gobernadora, ¿qué vas a ir a plantear? (Concejal PRO, entrevista propia, 22/6/2022, Bahía Blanca)
En el marco de un partido local como el PRO que no mostraba hasta entonces un tipo de organización consolidada ni autoridades establecidas, la elección por parte del centro partidario de un candidato que resultó ganador en Bahía Blanca reordenó la dinámica del partido a nivel local. A su vez, la victoria local conseguida en 2015 les brindó a los dirigentes del PRO local recursos, fundamentalmente de bajo costo, que permitieron la construcción de autoridad al interior del partido, la profesionalización política de distintos perfiles y la construcción de un despliegue territorial apoyado en acciones gubernamentales de diferente tipo.
En primer lugar, el partido consolidó a partir de allí una dinámica interna en torno a estas tres figuras centrales que concentraron la autoridad en el nivel local. Esta jerarquización no fue producto de la «antigüedad», sino de un proceso que incluyó contar con el apoyo de las autoridades partidarias nacionales, y ocupar cargos públicos locales y provinciales de relevancia.
Yo creo que al tener la intendencia Héctor, la senadora Moirano también es un rol importante y quien era diputado Santiago Nardelli también, en el tridente, y creo que, ordena. A nadie le discuten el poder, nadie discute digamos, se puede tener un cambio de opiniones o pensar distinto pero nadie le discute poder a ninguno de los tres y creo que porque naturalmente son los líderes del espacio. (Concejal PRO, entrevista propia, 22/6/2022, Bahía Blanca)
En segundo lugar, el gobierno local le permitió al PRO bahiense desarrollar recursos de bajo costo vinculados a la incorporación en la gestión pública de un conjunto de individuos que venían de trabajar en el ámbito público provincial o nacional o que, directamente, provenían del sector privado. En ese proceso de reclutamiento e incipiente profesionalización política, distintos perfiles comenzaron a asumir posiciones jerárquicas en el gobierno, ya no solo en función de su acercamiento a las figuras que conforman el «tridente» de la mesa chica del PRO local sino también en relación a agendas de gestión pública local.
En tercer lugar, el gobierno local le permitió al PRO desplegar un conjunto de prácticas para darle visibilidad y cercanía al partido desde la acción gubernamental, generando nuevos canales de comunicación con la ciudadanía y disputando la capilaridad de otros partidos políticos.
Han sido seis años de muchísima obra pública en la ciudad, de (romper) algunos paradigmas también. El famoso paradigma de que el barrio es del peronismo y que nosotros no tenemos nada que hacer ahí. Y hoy vamos a hacer alguna reunión de gabinete abierta a cualquier barrio y obviamente que hay gente que te da vuelta la cara y no le gusta, pero no tenemos problema, podemos ir y gestionar igual o mejor. Me parece que hemos ido captando electorado, que no quiere decir que sea rehén nuestro ni mucho menos, pero rompiendo algunas barreras y algunos mitos. Eso fue algo importante en la gestión. (Funcionario local, entrevista propia, 7/3/2022, Bahía Blanca).
Incorporando dinámicas desarrolladas por el partido en la ciudad de Buenos Aires, pero también implementadas por otros partidos que gobiernan el nivel municipal, el PRO bahiense fue desplegando recursos de bajo costo menos vinculados al desarrollo de recursos organizacionales clásicos como el reclutamiento de militantes o la apertura de locales partidarios pero sí relacionadas con un repertorio que forma parte de una concepción propia de cercanía que el partido ha desarrollado desde los inicios en CABA: timbreos, reuniones con vecinos, gabinetes abiertos, fueron algunas de las propuestas que llevaron adelante sus funcionarios municipales en barrios de la ciudad.
En los primeros cuatro años de gobierno local (2015 a 2019) el partido se nutrió de nuevos dirigentes, prácticas y relaciones que existían muy incipientemente hacía una década en el PRO de Bahía Blanca. Las críticas a la «falta de institucionalidad» que elaboran algunos de sus socios de la coalición o perfiles relegados en el armado partidario tuvo como contracara el desarrollo de un party in public office (Katz y Mair, 1994) que desplegó un conjunto de prácticas y discursos para construir cercanía y que consolidó un «tridente» en la cima con una figura de peso como el intendente. A diferencia de La Matanza, y en línea con lo que muestra la bibliografía sobre el PRO en CABA, la posibilidad de ser gobierno en la ciudad le permitió al partido construir arraigo desde una concepción de territorialidad propia: reclutando profesionales para el gobierno, mostrando proximidad gubernamental y consolidando una distribución de poder interno anclada en los apoyos nacionales, pero también en la consolidación de liderazgos locales vinculados a cargos públicos específicos.
3.3. El desafío pos-2019: disputas en el armado nacional (y provincial) y crecimiento de la autonomía partidaria local
Las elecciones de 2019 tuvieron un capítulo particular en Bahía Blanca donde el PRO hizo una muy buena elección en todas las escalas. Pese a que en la ciudad Macri y Vidal fueron los más votados, el PRO perdió a nivel nacional y provincial pero retuvo la intendencia de Bahía Blanca y Héctor Gay fue reelecto. La derrota nacional y provincial profundizó la importancia en el armado local de lo que sucedía en el gobierno municipal y de lo que decidía el «tridente» conformado por Héctor Gay, Nidia Moirano y Santiago Nardelli. La pérdida de una conducción unificada a nivel nacional y provincial habilitó nuevas dinámicas locales que llevaron al tridente a asumir un mayor peso empujando, incluso, estrategias políticas hacia afuera del distrito.
Ahora, cuando María Eugenia, y avanzado bastante en el tiempo, toma la decisión de irse a CABA (en 2021) genera un cisma en la provincia. Porque nos quedamos sin liderazgo, claramente no había quien reemplace a ese liderazgo (…). Hoy nos plantamos distinto (los intendentes), y tenemos una fuerza distinta. Por ejemplo, a ver, tuvimos mucha influencia ahora en la designación de las autoridades legislativas de las provincias, es decir, los jefes de bloques y demás responden a los intendentes (…). Hemos crecido en peso porque somos los que tenemos territorio, los que tenemos los votos en la provincia (…). Después de 2019 se horizontalizó bastante y eso genera algunos de los ruidos, algunas de las tensiones. (Intendente PRO, entrevista propia, 17/6/2022, Bahía Blanca)
Frente a las fisuras abiertas en la conducción partidaria por la derrota nacional, Gay y otros intendentes asumieron más protagónicamente el liderazgo de sus partidos a nivel local y comenzaron a designar militantes cercanos a sus figuras en cargos partidarios provinciales. A nivel local, distintos dirigentes fueron ocupando posiciones de gobierno y desarrollaron perfiles de mayor exposición pública. Sin embargo, esto no trajo aparejada una inversión en recursos de alto costo y continuó apoyándose en una institucionalidad extragubernamental muy débil que no conseguía superar los recursos de las élites.
Deberíamos organizar a nivel local el partido. Armarlo. Como se hace a nivel nacional. (…) Darle institucionalidad al partido, que venga una persona y diga, quiero afiliarme al PRO, pasa por ahí, el tema afiliar. Fue algo que siempre lo sostengo y lo digo: el PRO al haber sido Macri quien ganó en 2015, y al no tener experiencia nacional como sí la tenía el radicalismo, fuimos muy culposos. Hacemos alguna actividad y siempre invitamos al radicalismo, a la coalición, y a veces me lo planteo: ¿Cuándo vamos a hacer algo del PRO? (…) Yo creo que la gestión hace que la política la dejes de lado. (Concejal PRO, entrevista propia, 22/6/2022, Bahía Blanca).
En estos años, en Bahía Blanca el partido reclutó funcionarios, consolidó un tridente en el poder y construyó prácticas territoriales en torno a prácticas gubernamentales de distinto tipo. A diferencia de La Matanza, donde el partido buscó arraigo en organizaciones populares del territorio pertenecientes a dirigentes de otros partidos, en Bahía Blanca mostró el desarrollo de un partido en el gobierno sin prácticas y militantes partidarios por fuera del esquema de gobierno local.
En ese contexto, las elecciones de 2023 presentaban para el partido dos desafíos importantes: la necesidad de elegir entre diferentes individuos un candidato nuevo tras la decisión de Gay de no presentarse a un tercer mandato y el surgimiento de un candidato local de un nuevo partido de derecha que representaba la opción de Milei en la ciudad.
Así, en 2023 el PRO logró imponer el liderazgo de Nidia Moirano al interior de la alianza Cambiemos mostrando la autonomía construida por los dirigentes locales en estos años y una dinámica partidaria municipal que no tuvo esta vez la injerencia del centro partidario. Sin embargo, los resultados de octubre no fueron los esperados: se impuso el candidato del peronismo, seguido del representante de Milei y de la candidata del PRO. La inversión que el partido había realizado fundamentalmente en recursos de bajo costo comenzaba a mostrar algunos problemas: la decisión del intendente de no presentarse como candidato y la relevancia que tenía para el partido su figura debilitaron al PRO local pese a que el contexto marcaba fuertes críticas al peronismo por los magros resultados de la gestión nacional. A su vez, la centralidad que tenían los recursos que brindaba el gobierno municipal para el desarrollo reciente del partido abre un interrogante respecto del devenir del armado partidario distrital.
4. Reflexiones finales
La literatura regional y nacional sobre construcción partidaria coincide en señalar la relevancia de desarrollar militancias, identidades partidarias fuertes, organización en diferentes escalas y cohesión organizacional (Levitsky et al., 2016), al tiempo que muestra la complejidad de los partidos políticos que suelen desarrollar una multiplicidad de estrategias para sobrevivir y mantenerse a lo largo del tiempo (Cyr, 2017). El caso del PRO en dos municipios claves de la provincia de Buenos Aires mostró que, ante los distintos desafíos que presentaban estos territorios (con diferentes tradiciones políticas, economías y actores sociales), el partido formuló estrategias diversas que, centradas en la inversión en recursos de bajo costo, reflejaron el pragmatismo de esta fuerza política para crecer en estos distritos. Nuestros hallazgos plantean continuidades con los de otros estudios sobre el partido (Vommaro et al., 2023), afirmando una forma que caracteriza la construcción partidaria del PRO y su expansión territorial a nivel local centrada en recursos de bajo costo.
El recorrido del PRO en La Matanza permite identificar distintos momentos en esa construcción que se expresan en las diferentes evaluaciones realizadas en las coyunturas electorales. En un municipio caracterizado por la hegemonía peronista a lo largo de los últimos cuarenta años y con una dinámica de politización popular activa a través de las prácticas territoriales, las formas de expansión predominantes en otros distritos encontraron límites y el pragmatismo del partido se observó en la búsqueda de construir referencias locales que pudieran darle otro arraigo al espacio. Aunque el centro partidario se reveló influyente en la toma de decisiones, la búsqueda no se orientó únicamente al reclutamiento de un candidato conocido como en el caso bahiense, en Quilmes o en CABA. La informalidad que caracteriza al partido fue fundamental, a la luz de un crecimiento que se apoyó en los circuitos habilitados por los mundos sociales de pertenencia del PRO, así como de los recursos disponibles tras su paso por el Estado.
Por su parte, en Bahía Blanca la construcción partidaria fue débil hasta el año 2015, momento en el que desde el centro partidario se tomó una decisión estratégica: Mauricio Macri decidió apoyar a un experiodista reconocido a nivel local realizando una inversión de bajo costo, pero muy efectiva. Capitalizando procesos de politización que se activaron a nivel local en coyunturas claves como la de 2008, el PRO consolidó desde 2015 un tridente de poder que reordenó la autoridad partidaria local. A partir de los recursos que proveía el gobierno local, provincial y nacional el partido se fortaleció. En este caso, el pragmatismo se vinculó a la búsqueda de figuras nuevas con arraigo en instituciones claves de la ciudad, como los medios de comunicación y el peronismo local, a quienes se les facilitó lugares de poder en el partido a nivel municipal relegando figuras que venían militando el distrito. Luego del 2019 los dirigentes locales mostraron una mayor autonomía respecto de las autoridades centrales, disputando incluso cargos de nivel provincial y definiendo candidaturas locales en función de dinámicas y liderazgos municipales lo que se presentó como un desafío para el partido a nivel local.
Con mayor éxito en Bahía Blanca, donde pudo ser gobierno entre 2015 y 2023, y con algunos problemas en La Matanza, corazón del poder del peronismo en la provincia de Buenos Aires, la construcción territorial del PRO por estos municipios mostró algunas características comunes como la inversión en recursos de bajo costo, la relevancia del centro partidario, el crecimiento de la autonomía partidaria local pos-2019 y el reclutamiento de individuos politizados en el contexto de 2008. La importancia y solidez del centro partidario hasta el 2019 mostraron la relevancia del mismo en su crecimiento, aunque la derrota de 2019 y las disputas internas del PRO a nivel nacional se presentaron como una oportunidad para las élites locales quienes ganaron autonomía y, en algunos casos, disputaron cargos de nivel provincial y nacional.
Al mismo tiempo, se observaron particularidades en cada caso: La Matanza reveló la construcción de arraigos locales relacionados con los sectores populares, mientras que en Bahía Blanca el crecimiento del partido (en recursos, individuos y prácticas) estuvo muy vinculado al manejo del Estado local.
En un contexto como el actual, donde crecen en la región partidos de derechas radicales -que parecieran conseguir resultados electorales significativos sin inversiones de alto costo-, pero también se revelan competitivos los espacios de derecha mainstream, la comprensión de los procesos de construcción de recursos partidarios a nivel subnacional cobra especial relevancia. En línea con lo que plantea Cyr (2017), este escenario podría inaugurar una nueva evaluación de cómo los recursos identificados inciden en la vida partidaria. ¿Seguirán teniendo tanta importancia los recursos de alto costo? ¿Habrá que considerar nuevos recursos para evaluar la vitalidad de los partidos? Porque consideramos que los partidos políticos siguen siendo, pese a las transformaciones, actores centrales de las democracias liberales, entendemos que el estudio de los recursos es una agenda central para comprender su devenir en América Latina.















