El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es uno de los trastornos con mayor prevalencia a nivel mundial, se estima que afecta aproximadamente al 5 % de los niños en edad escolar (Fullen et al., 2020) y al 6.8 % de población adulta (Song et al., 2021). En Latinoamérica y África, se calcula que alrededor de 36 millones de personas padecen este trastorno, y menos de una cuarta parte recibe un tratamiento adecuado (Llanos et al., 2019). En Chile, la prevalencia promedio en la población infanto-juvenil alcanza el 10 % (Bello, 2022). El TDAH se caracteriza por tres dimensiones sintomáticas principales: inatención, hiperactividad e impulsividad (American Psychiatric Association, 2020). Estas alteraciones, tanto a nivel conductual como cognitivo, implican mecanismos de plasticidad neuronal y factores epigenéticos (Eiris-Puñal & Monteagudo-Saavedra, 2025), lo que repercute negativamente en el funcionamiento académico, ocupacional y social, lo que se traduce en un deterioro significativo de la vida cotidiana (Varma & Wiener, 2020). En relación con su continuidad en el ciclo vital, entre un 55 % y 66 % de los casos diagnosticados en la infancia mantienen los síntomas en la edad adulta (Yadav et al., 2021).
La evidencia científica en el TDAH se concentra en la etapa infanto-juvenil. En la infancia se han abordado principalmente las dificultades cognitivas y de funciones ejecutivas superiores, como regulación emocional y comportamental (Coello-Zambrano & Ramos-Galarza, 2022), indagando en su incidencia escolar (Aravena et al., 2025). En el ámbito social, este diagnóstico conlleva consecuencias negativas en la interacción con los pares, lo que conduce a que los escolares establezcan relaciones interpersonales inestables (Lee et al., 2021) y desarrollen una autoevaluación crítica, influida por las demandas sociales de compañeros y profesores (Labrador et al., 2019).
En la adolescencia, los estudios se han centrado en aspectos cognitivos y en el déficit de la cognición social (Ospina-Ospina et al., 2024), junto con alteraciones conductuales conducentes a consumo de sustancias, especialmente alcohol (Salazar et al., 2023). A su vez, existirían actitudes agresivas y transgresión de normas sociales como consecuencia de la desregulación emocional y el bajo control de impulsos (Soto & Solovieva, 2022). Sumado a ello, la evidencia científica indica que en la etapa infanto-juvenil existiría una propensión a desarrollar trastornos externalizantes como el trastorno oposicionista desafiante (Calderón et al., 2024) y el trastorno de la conducta (Smit et al., 2020), lo que incrementa el deterioro social (Fernández et al., 2020) y la frustración debido a las dificultades adaptativas (Grønneberg et al., 2023).
En adultos, las investigaciones han abordado la inestabilidad laboral, abuso de sustancias, problemas interpersonales, que deterioran la calidad de vida y son conducentes a cuadros ansiosos y depresivos (Mazurkiewicz & Marcano, 2021). Asimismo, se ha identificado la exposición a la discriminación social (Ginapp et al., 2023), por lo que se plantea la necesidad de impulsar estrategias que fortalezcan la autoestima y reduzcan el estigma social (Nordby et al., 2023). Por su parte, Varma y Wiener (2020) plantean que adultos con TDAH perciben sus propias conductas como molestas para otras personas, esto los lleva al retraimiento y aislamiento social. En este sentido, Wiener (2023) indica que el deterioro de la vida interpersonal en la adultez se relaciona con una disminución significativa de las habilidades sociales. Así, Björk et al. (2023) señalan que el sufrimiento principal de adultos con TDAH “es la experiencia de soledad. Se sienten solos en relaciones privadas y en relaciones de apoyo con cuidadores” (p. 172).
En dicho contexto, el TDAH implica un importante deterioro social en las distintas etapas del ciclo vital, con implicancias psicológicas relativas a la experiencia de soledad (Jong et al., 2024), que no significa necesariamente estar físicamente solo, sino sentirse solo. Esta sensación se experimenta como algo negativo y debe diferenciarse de la “soledad elegida”, un estado voluntario y tranquilo de estar solo, y del “aislamiento social”, que se refiere a una condición objetiva caracterizada por la ausencia o escasez de vínculos significativos (Barjaková et al., 2023). En este sentido, la soledad implica la insatisfacción de necesidades sociales, como la indisponibilidad de redes de apoyo y ayuda, así como la carencia de un espacio solidario en el cual la persona pueda percibirse como sostenida y respaldada (Sánchez & Fouce, 2024). En la medida en que las personas experimentan soledad, perciben su entorno como riesgoso, lo que las lleva a anticiparse negativamente en el ámbito interpersonal, lo que las predispone al retraimiento y aislamiento (Rodríguez et al., 2020). Del mismo modo, Smit et al. (2020) destacan que cuando las personas se sienten solas pueden presentar alteraciones en lo afectivo, como cuadros depresivos, ansiosos, entre otros.
Los estudios sugieren que adultos con TDAH podrían experimentar una percepción de soledad que incremente el riesgo de malestar psicológico y afecte su salud mental (Quenneville et al., 2022). Sin embargo, existen escasos estudios que aborden la etapa adulta, lo que lleva a plantear la necesidad de ampliar la investigación del TDAH en esta etapa del ciclo vital (Amaral et al., 2021; Lopes & Baião, 2022; Torres, 2022). En particular, Dobrosavljevic et al. (2023) subrayan la ausencia de criterios específicos en los manuales diagnósticos actuales que permitan abordar la presentación del TDAH en la adultez, esto priva a una parte importante de esta población de un diagnóstico adecuado.
Teniendo en cuenta que la soledad refiere a un aspecto vincular de los seres humanos, el Modelo Dinámico-Maduracional (MDM; Crittenden & Ainswoorth, 1989) permite comprenderla como un deterioro de las relaciones interpersonales debido a estilos vinculares desadaptativos. El MDM describe tres tipos de relaciones de apego: el estilo de apego evitativo (Tipo A), el estilo de apego seguro (Tipo B) y el estilo de apego coercitivo (Tipo C; Zagmutt, 2014). Cada uno de estos son vínculos afectivos que la persona establece con sus primeros cuidadores y que darán paso a estilos interpersonales que se extenderán, durante el desarrollo evolutivo, hacia esferas sociales más amplias (escuela, amistades, trabajo, parejas o familia; Lecannelier, 2020).
Crittenden et al. (2014) exponen que el estilo de apego coercitivo daría explicación a las tres dimensiones sintomáticas del TDAH e incluso a los trastornos comórbidos, de carácter externalizante, que conllevan consecuencias sociales negativas (Milozzi, 2022). La inatención es descrita por el MDM como una estrategia adaptativa según la cual el individuo, sintiéndose amenazado por algún peligro no identificable en su entorno, se retrae atencionalmente hacia su sensación de malestar afectivo interno, como un intento de desconexión de la incertidumbre ambiental (Crittenden et al., 2024).
Por su parte, la hiperactividad e impulsividad son comprendidas como disposiciones conductuales interpersonales altamente reactivas a las circunstancias particulares de las personas cuya discriminación emocional se encuentra obstaculizada (Crittenden et al., 2014). En esta línea, Fernández et al. (2020) indican que niños con este trastorno presentan conductas impulsivas y excesiva actividad motora, como levantarse del asiento sin autorización, interrumpir a compañeros con actitudes impulsivas, obstaculizando su integración social. Asimismo, Laslo-Roth et al. (2021) indican que padres y maestros describen a estos niños como personas aisladas, eventuales adultos solitarios, con una alta propensión a padecer malestar psicológico. En el caso de adolescentes, estos pueden llegar a experimentar un débil apoyo social con sus pares al no ser capaces de tolerar la frustración, lo que dificultaría su capacidad de establecer relaciones interpersonales (Bachur et al., 2020).
En el caso de adultos con TDAH, el patrón vincular desadaptativo se mantendría, lo cual sería un obstáculo para brindar apoyo emocional y comprender las necesidades de los otros, esto puede llevar a ser percibidos como personas distantes y desinteresadas (Rokeach & Wiener, 2020). Asimismo, los vínculos afectivos son de menor duración, debido a que tenderían a experimentar insatisfacción por sus parejas (Ben-Naim et al., 2017). En lo laboral, también se advierten dificultades en la gestión del tiempo, en la organización y priorización de tareas, esto implica un deterioro interpersonal con compañeros de trabajo y jefatura (Feuermaier et al., 2021).
Desde el MDM, las dimensiones sintomáticas se entienden como parte de un estilo vincular predominado por la emoción, capaz de generar trayectorias interpersonales deterioradas hasta la adultez. En este marco, la soledad percibida en adultos con TDAH refleja carencias en seguridad, protección, regulación emocional y satisfacción de necesidades básicas, derivadas de estrategias conductuales disruptivas que debilitan el apego (González, 2022). Por ello, investigar su trayectoria vital permitiría comprender cómo el deterioro relacional y la soledad incrementan el riesgo de malestar psicológico en esta población (Kordahji et al., 2021).
Con base en las ideas expuestas, el objetivo de este estudio es explorar la percepción de soledad y la vivencia del bienestar y malestar psicológico de adultos chilenos diagnosticados con TDAH, a través de un enfoque cualitativo, en cada una de las etapas de su ciclo de vida (infancia, adolescencia y adultez).
Método
Este estudio siguió un enfoque cualitativo, con diseño fenomenológico, que consiste en “determinar qué significa una experiencia para las personas que la tienen y si son capaces de hacer una descripción comprensiva de la misma” (Creswell, 2017, p. 39).
Participantes
Dado que se trata de un estudio cualitativo de tradición fenomenológica, se utilizó un muestreo intencional por criterio, de modo que las personas participantes representaran a quienes han vivido el fenómeno de interés y pudieran describirlo desde su experiencia (Creswell, 2017; Creswell & Poth, 2024). La población objetivo estuvo constituida por personas adultas residentes en Temuco con diagnóstico de TDAH. En Chile, no se dispone de un registro nacional único y actualizado que permita estimar con precisión el número exacto de personas adultas diagnosticadas con TDAH, particularmente a nivel comunal o regional, debido a la diversidad de vías de atención y diagnóstico (sector público y privado), la ausencia de notificación obligatoria y la variabilidad de prácticas diagnósticas. En consecuencia, el universo poblacional no se definió mediante un marco muestral cuantificable, sino mediante una delimitación operacional basada en criterios de inclusión y exclusión, coherente con el propósito comprensivo del enfoque fenomenológico. Como criterios de inclusión se consideró: tener entre 25 y 40 años, contar con diagnóstico de TDAH y presentar un manejo adecuado del idioma para asegurar la comprensión de las preguntas y la expresión de la vivencia subjetiva durante la entrevista.
En cuanto a los criterios de exclusión, se definió excluir a personas con condiciones que pudieran introducir fuentes de malestar psicológico no atribuibles principalmente a la experiencia vinculada al TDAH, tales como la presencia de otros diagnósticos de salud mental no relacionados con dicho trastorno (por ejemplo, esquizofrenia, trastorno bipolar, discapacidad intelectual u otros cuadros severos), con el propósito de focalizar el análisis en experiencias de soledad asociadas específicamente al TDAH. En coherencia con estos criterios, la selección de participantes se realizó mediante un proceso de contacto y preselección orientado a verificar el cumplimiento de los requisitos de inclusión y exclusión y a resguardar que las personas efectivamente pudieran aportar descripciones ricas y pertinentes para el análisis fenomenológico. La convocatoria se realizó mediante redes sociales y afiches públicos. A cada participante se le solicitó el consentimiento informado, que garantizaba anonimato y voluntariedad.
La muestra final estuvo compuesta por 8 personas adultas diagnosticadas con TDAH, residentes en Temuco, con distribución equilibrada por género (4 hombres y 4 mujeres) y edades comprendidas entre 25 y 40 años. Esta caracterización fue considerada relevante para el objetivo del estudio, dado que permitió recoger relatos en torno a la vivencia de soledad y sus manifestaciones de bienestar y malestar psicológico, lo que permitió incorporar retrospectivamente experiencias atribuidas a distintas etapas del ciclo vital (infancia, adolescencia y adultez) desde la perspectiva actual de los participantes.
Instrumentos
La herramienta de investigación fue la entrevista en profundidad, una entrevista semiestructurada con preguntas abiertas, que facilitó la exploración de experiencias individuales y la percepción subjetiva del fenómeno estudiado. Las preguntas abordaron temáticas acerca de percepción de soledad, malestar psicológico y preguntas relativas al bienestar psicológico. Algunos ejemplos de preguntas fueron: “¿Podría contarme sobre alguna experiencia importante en su vida que usted vincule con el TDAH?”, “¿Cómo describiría su experiencia de soledad en las diferentes etapas de su vida?”, “¿Le ha resultado difícil establecer o mantener relaciones estables con los demás?”, “¿En qué contextos sociales le resulta especialmente difícil manejar situaciones adversas?”.
La validación del instrumento se realizó sometiéndolo a la evaluación de tres jueces expertos con grado de doctorado en Psicología, quienes completaron una pauta de evaluación de las preguntas de la entrevista para indicar la pertinencia y brindar sugerencias de mejora. Asimismo, se tuvo la precaución de plantear preguntas que no asumieran malestar psicológico en las experiencias de soledad de los participantes.
Procedimiento
La investigación contó con la aprobación del Comité Ético Científico de la Universidad (Carta 42 - MZS del CEC de la Universidad Santo Tomás, Chile). Asimismo, este estudio se realizó de acuerdo con las recomendaciones de la American Psychological Association (2010) y se suscribe en los principios éticos de la Declaración de Helsinki (World Medical Association, 2013). Se realizó una entrevista en profundidad de 45 minutos a cada participante para explorar la percepción de soledad y malestar psicológico, según el marco teórico de este estudio. Las entrevistas fueron grabadas, transcritas íntegramente y almacenadas de forma anónima para asegurar la confidencialidad de los participantes.
Análisis de datos
El análisis siguió un enfoque de análisis temático, orientado a identificar y organizar patrones de sentido en los relatos (Braun & Clarke, 2022). La herramienta utilizada para apoyar el análisis fue ChatGPT 3.5 (OpenAI), empleada como asistente analítico para: (a) proponer y refinar etiquetas iniciales durante la codificación abierta; (b) sugerir agrupaciones de códigos en categorías y subcategorías en la codificación axial; y (c) apoyar la nominación y ajuste semántico de categorías axiales y su integración interpretativa durante la codificación selectiva. Este modo de uso de modelos de lenguaje en investigación cualitativa ha sido descrito en la literatura metodológica reciente como una estrategia viable para apoyar tareas de codificación y desarrollo temático, siempre que se explicite su rol ético e instrumental, se resguarde la trazabilidad del proceso y se preserve la interpretación humana como criterio final (Bijker et al., 2024; Morgan, 2023). Los resultados finales fueron evaluados estrictamente por la familiarización de los datos y el conocimiento del marco teórico de los investigadores, tal como se señala en orientaciones sobre análisis de datos cualitativos (Reyes & Mejía, 2024). Este proceso facilitó la interpretación del deterioro del bienestar psicológico desde la percepción de soledad en adultos con TDAH.
Resultados
Los resultados se presentan por etapa del ciclo vital (infancia, adolescencia y adultez) y se organizan en dos dimensiones interrelacionadas: soledad y bienestar/malestar psicológico. Como se muestra en la Tabla 1, la soledad se configura a partir de comportamiento disruptivo y dificultades de ajuste social, diferenciación de pares y un uso ambivalente de la soledad como refugio autorregulatorio en la infancia. Estas categorías se articulan con indicadores de bienestar/malestar como labilidad atencional, no pertenencia y autoevaluación crítica, lo que configura una experiencia temprana de diferencia e incomprensión que tiende a instalar un marco de vulnerabilidad afectiva.
Como se sintetiza en la Tabla 2, la soledad se vuelve más consciente y se integra a la construcción de identidad, especialmente en la comparación con pares y en la interpretación de la propia diferencia. En esta etapa destacan la regulación emocional obstaculizada, la soledad emocional y la soledad como refugio, junto con una ambivalencia interpersonal que tensiona los vínculos. En paralelo, se observan indicadores de bienestar/malestar como autonomía restringida, persistencia de no pertenencia, búsqueda de validación y mayor labilidad emocional, lo que sugiere un incremento del riesgo de malestar psicológico asociado a la frustración y la sintomatología internalizante.
Tal como muestra la Tabla 3 ., la soledad tiende a consolidarse como una experiencia más estructural, integrada a la autocomprensión del individuo, coexistiendo con un déficit de regulación y con ambivalencia interpersonal y afectiva. En términos de bienestar/malestar, emergen con mayor nitidez la frustración vital y la persistencia de labilidad emocional, aunque también se identifican procesos de resignificación vincular (vínculos selectivos) y resignificación identitaria (mayor autoaceptación), que operan como recursos de ajuste psicológico. En conjunto, la adultez muestra una coexistencia entre estabilización selectiva de vínculos y persistencia de malestar, particularmente en forma de ansiedad, tristeza y frustración.
En la Figura 1 se presenta una síntesis visual del modo en que la experiencia de soledad y el bienestar/malestar psicológico se configuran y retroalimentan a lo largo del ciclo vital en adultos con TDAH, se muestran los resultados por etapas (infancia, adolescencia y adultez) y se presentan las categorías que describen la vivencia de soledad, y, por otro lado, aquellas que representan el deterioro o ajuste del bienestar psicológico. La relación central entre ambos dominios se representa como un vínculo bidireccional, esto sugiere que la soledad no solo emerge como consecuencia de trayectorias interpersonales complejas, sino que también se convierte en un factor que intensifica estados de malestar, al mismo tiempo que ciertas manifestaciones de malestar incrementan el retraimiento y la vivencia de aislamiento.
Esta representación facilita comprender cómo, en la experiencia reportada por los participantes, la soledad y el bienestar/malestar psicológico se relacionan categorialmente y se expresan de manera diferencial según el momento del ciclo vital, en coherencia con lo expuesto en las Tablas 1, 2 y 3.
Discusión
Los resultados coinciden con los postulados del MDM (Crittenden et al., 2024), ya que se observa que las relaciones interpersonales de los participantes se articulan según el estilo de apego tipo C coercitivo (Zagmutt, 2014), caracterizado por un predominio de la información emocional en desmedro de la verbal (normas o reglas), y también por un retraimiento atencional en contextos vividos como riesgosos, relacionado con ambientes percibidos como amenazantes (familias inestables o exigentes, ambiente escolar adverso, etc.) (Crittenden et al., 2014). De este modo, se advierte una trayectoria de vida coherente con dicho estilo vincular, esto implica el deterioro de las relaciones interpersonales y vuelve al adulto vulnerable a experimentar niveles significativos de soledad, manifestaciones de tristeza y ansiedad (Rodríguez et al., 2020).
Respecto de las etapas del ciclo vital en los participantes, el estilo vincular coercitivo en la infancia se expresa mediante conductas impulsivas, que deterioran las relaciones con los pares (Fernández et al., 2020) y generan retraimiento social. En consonancia con Laslo-Roth et al. (2021), la infancia de los participantes enseña la existencia de un retraimiento social acompañado por la percepción de una diferencia con los pares, junto a un interés de relacionarse con ellos; no obstante, se privilegian los intereses propios. Asimismo, como indican Lecannelier et al. (2021), se advierte la tendencia en la niñez a dar énfasis a las críticas negativas, lo cual refuerza su vivencia de riesgo del entorno y su retraimiento social. Ciertamente, esto enseña un deterioro del bienestar psicológico advertido en sentimientos de no pertenencia, destacándose, como lo indican Labrador et al. (2019), en una incipiente autoevaluación crítica, producto de las exigencias vividas por parte de compañeros y profesores.
En cuanto a la adolescencia, se advierte la continuidad de la estrategia de apego coercitiva en aquella baja proximidad emocional, destacada por Rokeach y Wiener (2020), expresada en una distancia con los pares. Asimismo, las entrevistas enseñan que existen respuestas emocionalmente reactivas y rupturistas. Estas parecen explicarse tanto desde intolerancia a la frustración, señalada por Bachur et al. (2020), como desde la tendencia a actitudes impulsivas propias en adolescentes con TDAH descritas por Soto y Solovieva (2022). Igualmente, respecto de lo que afirman Sánchez y Fouce (2024), a saber, que adolescentes con TDAH tienden a sentirse insatisfechos en sus necesidades sociales debido a la baja disposición de espacios de respaldo y contención, esto puede dar pie a una percepción cada vez más explícita de la soledad con tonos emocionales de tristeza. Por otra parte, Ginapp et al. (2023) destacan una propensión al cumplimiento de expectativas sociales que es manifestada por los entrevistados, lo cual disminuye su capacidad de tomar decisiones propias, lo que los lleva a la percepción de frustración respecto de sus dificultades adaptativas (Grønneberg et al., 2023), acompañada de sentimientos de tristeza y ansiedad.
En la adultez, parece consolidarse el estilo coercitivo y la percepción de soledad. Siguiendo a Jong et al. (2024), se advierte que en esta etapa del ciclo vital dicho estilo de apego ya se ha integrado identitariamente. Asimismo, siguiendo a Björk et al. (2023), la percepción de soledad, propiciada por el estilo coercitivo, comienza también a ser integrada por el adulto como parte de su estilo de vida, aunque de manera sufriente. Asimismo, las entrevistas confirman la dificultad de brindar apoyo emocional y comprender las necesidades de los pares, destacada por Rokeach y Wiener (2020), que puede ser entendida como una ambivalencia afectiva, en la cual el adulto con TDAH establece vínculos interpersonales; no obstante, desde un retraimiento afectivo mediante el cual se obstaculiza la consolidación de vínculos profundos. En este contexto, se advierte en adultos un bienestar psicológico deteriorado, con manifestaciones de malestar psicológico expresado en cuadros de depresión y ansiedad (Mazurkiewicz & Marcano, 2021). Esta desregulación emocional aparece en los entrevistados como respuesta a la anticipación negativa en la interacción interpersonal, señalada por Rodríguez et al. (2020), desde la cual la persona busca espacios de soledad, sintiendo tristeza, pero hallando en tales espacios la regulación emocional requerida frente a los sentimientos de ansiedad que pueda experimentar en sus relaciones interpersonales.
En términos clínicos, los resultados indican que la soledad en adultos con TDAH no opera como un estado aislado, sino como una trayectoria que se va consolidando desde experiencias tempranas de etiquetación, no pertenencia y autocrítica, y que se intensifica en la adolescencia con autonomía restringida, búsqueda de validación y labilidad emocional, hasta expresarse en la adultez como frustración vital y reconfiguraciones identitarias y vinculares. Esto sugiere que la intervención debiera incorporar, además del abordaje sintomático, componentes específicos orientados a regular afecto, reducir autocrítica y reparar patrones relacionales asociados a la no pertenencia, que promuevan vínculos protectores y estrategias de afrontamiento social.
Es importante destacar algunas limitaciones de este estudio. En primer lugar, debe destacarse que se ha tratado de una muestra reducida, en este sentido, los resultados obtenidos no pueden ser generalizables o ampliables a una población de mayor alcance. Además, este estudio se apoya en recuerdos que las personas hacen de su vida, lo cual puede implicar sesgos en la reconstrucción de las experiencias vitales respecto de sí mismos y de su experiencia de soledad. No obstante, el reconocimiento de estas limitaciones no perjudica la relevancia de los hallazgos obtenidos. A su vez, se trata de la aplicación inédita a una muestra chilena del MDM, en lo que respecta al abordaje vincular del TDAH. Por lo tanto, la detección del estilo vincular en adultos con TDAH sugiere orientaciones psicoterapéuticas que se centren en aspectos relevantes para el MDM, como son la regulación emocional y la mentalización (Lecannelier et al., 2021).
Este estudio puede incentivar investigaciones futuras enfocadas en las diferencias de la vivencia de soledad en adultos desde un enfoque de género, que permita identificar trayectorias diferenciadas de dicho fenómeno. Igualmente, sería importante realizar investigaciones cuantitativas de diseño longitudinal que evalúen el desarrollo del estilo de apego coercitivo y la experiencia de soledad con el fin de detectar predictores tempranos que posibiliten intervenciones psicológicas preventivas. Finalmente, un último desafío es llevar a la práctica esta investigación mediante talleres de sensibilización que favorezcan una comprensión de la sintomatología neurodivergente y su correspondiente patrón de apego, que contribuyan a la prevención y abordaje de experiencias de soledad que deterioren el bienestar psicológico de adultos con TDAH.










texto en 








