Introducción
La incorporación de la mujer en carreras terciarias, universitarias y en particular en la Medicina es cada vez más notoria y creciente.
La decisión de una mujer de adoptar una carrera quirúrgica continúa siendo vista con escepticismo dado que aún existe una percepción de la cirugía como una especialidad mayormente ejercida por hombres.1
Es por tanto que aun con una feminización de la matrícula y egreso en Facultad de Medicina, continúa existiendo a nivel mundial una menor proporción de mujeres en las carreras quirúrgicas. Esta diferencia es más evidente en el ámbito académico donde la representación femenina es claramente menor.2
Esta discrepancia es multifactorial y es atribuida a sesgos inconscientes, falta de modelos femeninos de referencia, como a la percepción de las mujeres de no lograr un balance acorde entre vida familiar y trabajo.3
Poco hay publicado en nuestro país sobre la situación particular de la mujer en la medicina, y menos en la cirugía. Por tanto, nos hemos propuesto analizar la situación en Uruguay sobre la presencia de la mujer en especialidades médicas y quirúrgicas y principalmente en Cirugía General (CG).
Rey y cols.4 en su artículo publicado en 2020 expresan que a fines del siglo XX las mujeres ya representan más del 60% de la matrícula en la Facultad de Medicina de la Universidad de la República (UDELAR), y constituían el 47% del total de profesionales en actividad. La UDELAR fue hasta el año 2006 la única Universidad en nuestro país en la que se podía cursar la carrera de Medicina.
Las mujeres representan aproximadamente el 70% de los ingresos y egresos a la facultad, son casi el 60% del plantel docente y casi 6 de cada 10 médicos en actividad son mujeres.4
Este cambio no se refleja en cargos de mayor jerarquía, profesional ni académico, y poco se evidencia en la incorporación femenina a las especialidades quirúrgicas.
No hay datos publicados anteriormente en Uruguay, por lo que no disponemos de indicadores previos a fin de comparar.
Los únicos trabajos nacionales publicados corresponden al referido de la Dra. Rey y cols. y al de la Dra. d’Oliveira y cols. en referencia a la situación de las mujeres en el campo de la cirugía plástica en Uruguay.5
Nuestro objetivo fue realizar un análisis, con perspectiva de género, sobre la elección de especialidades, y en particular en CG, en nuestro país.
Métodos
Realizamos un trabajo descriptivo sobre la situación de la mujer en Medicina en nuestro país en general y en las diferentes especialidades en particular. Focalizamos el análisis particularmente en la situación de las mujeres en cirugía general.
Utilizamos los registros de la Dirección General de Planeamiento de la UDELAR6 que publica los datos de estudiantes de grado y posgrado, discriminados por carrera, especialidad, año y sexo, que nos permitió aproximarnos a la realidad en nuestro país. Se consideraron los datos disponibles al momento de realización del estudio, del 2009 al 2022.
Analizamos también la situación actual de la mujer en el ámbito académico docente en CG, tomando los docentes en actividad en Facultad de Medicina de la UDELAR discriminados por escala jerárquica, según el balance anual, adicionando y corroborando datos faltantes con la situación real en diciembre de 2024.
Se analizaron variables cuantitativas de forma exclusiva, expresadas en frecuencia absoluta y porcentajes. Analizamos medidas de tendencia central (mediana).
Los datos de investigación no están disponibles.
Resultados
Para el año 2022 el egresaron un total de 472 alumnos de la Facultad de Medicina, con una distribución por sexo de 122 (26%) masculino y 350 (74%) femenino.
Esta tendencia se ha mantenido en los últimos 13 años (Gráfica 1).
Aun así, la incorporación de la mujer en las especialidades quirúrgicas no ha demostrado una tendencia similar, si no que, es notoriamente dominante la elección femenina de especialidades médicas (Médicas: 80% vs Quirúrgicas: 20%) mientras tiende a ser más homogénea en el género masculino (Médicas: 60% vs Quirúrgicas: 40%). (Gráfica 2)
Dentro de las especialidades quirúrgicas (Tabla 1,Gráfica 3) podemos ver que el género femenino predomina en aquellas definidas como médico-quirúrgicas, como la ginecotocología (78% femenino) y la oftalmología (66% femenino), o las especialidades más vinculadas con la delicadeza o lo estético, como es la cirugía plástica (53% femenino)
En las especialidades médicas podemos ver que predomina ampliamente el género femenino en aquellas vinculadas a los cuidados y la atención primaria, pediatría (86% femenino) medicina familiar y comunitaria (83% femenino) y neonatología (83% femenino) como las mayormente clínicas: endocrinología (83% femenino) y dermatología (90% femenino). (Gráfica 4).
En el análisis particular en relación a CG, debemos puntualizar que en nuestro país el ingreso a especialidades como Urología, Cirugía Vascular y Cirugía Pediátrica, se concentraba en una prueba de orientación quirúrgica con CG hasta el año 2014. La elección de cargo dependía del resultado de dicho examen. A partir del 2015 la prueba se dividió y cada subespecialidad pasó a tener su examen propio, por lo que la elección ya estaba determinada desde la inscripción.
Focalizamos el análisis en CG entre el año 2009 y 2022. En Uruguay el promedio anual de ingreso a CG es de 12,4. El ingreso de mujeres ha sido constante en los últimos 10 años.
El promedio porcentual de ingreso de mujeres a la residencia de CG entre el año 2009 y 2014 era de 38,5%, aumentando esta tendencia en los últimos años (2015-2022) a 64,4%. (Gráfica 5)
Manteniéndose una predominancia de género masculino en cuanto a los recibidos, aunque con un reciente cambio en el último año de registro (2022), con un promedio de recibidos en CG de género masculino de 66%. (Tabla 2)
En cuanto a la situación académica de las mujeres en CG en nuestro país, analizamos la participación en cargos docentes de las Clínicas Quirúrgicas de la UDELAR.
La escala jerárquica docente en la UDELAR está nivelada por grados, siendo el grado 2 en caso de CG (por ser materia clínica) el primer grado docente al que se accede por concurso de oposición y méritos. Los grados subsiguientes significan mayor jerarquía y se accede por concurso de méritos, siendo el Grado 5 el cargo de Profesor Titular con mayor nivel jerárquico.
Se muestra la situación académica en cuanto a los cargos docentes en CG en Facultad de Medicina de la UDELAR (Tabla 3,Gráfica 6).
Las mujeres corresponden al 31% de las docentes, siendo su distribución sólo entre los cargos de grado 2 y 3 y principalmente como Grado 2. No hay ninguna mujer grado 4 o 5 en este momento en las clínicas quirúrgicas.
Discusión
Nuestro análisis de la situación actual de las médicas en Uruguay, su egreso, su elección de especialidades y en particular el análisis de la situación en CG no dista de lo que la literatura internacional ha mostrado.
Las mujeres predominan en la matrícula y representan más del 70% del egreso de la carrera de Medicina en nuestro país, pero nos planteamos: ¿Cómo triunfan las mujeres en medicina? ¿Qué logros académicos alcanzan?
Abassi7 plantea que a pesar de que cada vez hay más mujeres atraídas por la carrera de medicina y más calificadas, la progresión en la carrera continúa siendo difícil y se evidencia mayormente en las carreras quirúrgicas.
Reconocemos una tendencia en las mujeres a elegir especialidades con relación a los cuidados, como pediatría y al primer nivel de atención, como medicina familiar y comunitaria, y especialidades con mejor calidad de vida, como endocrinología y dermatología, sin guardias, y particularmente guardias internas, con horarios y actividades más estables y menos extensos.
Dentro de las especialidades quirúrgicas, se observa una inclinación de las mujeres por aquellas consideradas médico-quirúrgicas como la ginecotocología, que particularmente, como expresa Pozzio8 permite la idea de que ser mujer sería una ventaja para comprender y atender los padecimientos de otra mujer, favoreciendo la empatía, o como también pasa en las especialidades relacionadas con lo estético o que requieren determinada delicadeza como es la cirugía plástica.
A nivel mundial, se observa una disminución en la elección de especialidades quirúrgicas, especialmente en CG, según estudios en España9 y Reino Unido.10 Estas especialidades han sido tradicionalmente asociadas con entornos competitivos y una alta demanda de tiempo, ya que el desarrollo de habilidades motrices requiere una dedicación intensiva.11
Walker y cols.10 refieren que disfrutar de la práctica y las habilidades manuales de una carrera quirúrgica fue el factor más reportado como altamente positivo para elegirla, disfrutar del ambiente del quirófano y tener referentes se identificaron como fuertes factores motivadores.
Los modelos a seguir y la participación temprana y formativa en cirugía en años de pregrado son clave para fomentar que los estudiantes elijan cirugía.10
Se resalta la importancia de los modelos a seguir, especialmente para las mujeres, y esta responsabilidad involucra a toda la comunidad quirúrgica. Históricamente, la cirugía ha estado marcada por una cultura de menosprecio y acoso, siendo esencial fomentar un ambiente seguro y de apoyo para garantizar tanto la seguridad del paciente como una mentoría efectiva para estudiantes y residentes.10
Linscheid y cols.2 expresan que a la falta de mentoras quirúrgicas se le adiciona la percepción de una mala calidad de vida respecto al trabajo, estereotipos de género y acoso. Son cruciales los referentes positivos, pero hay varios factores que afectan el acceso a mentoras mujeres.
Un estudio nacional publicado en 2019 dentro del Departamento de Instituciones para el Desarrollo12 evidencia un techo de cristal para las investigadoras en Uruguay, analizando las disparidades de género en la aceptación y progresión jerárquica dentro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), el programa nacional de apoyo a la investigación más grande del país.
El “techo de cristal” es una metáfora que representa barreras invisibles que dificultan el acceso de las mujeres (y grupos minoritarios) a cargos de liderazgo, pese a su experiencia y calificaciones. No son explícitas, provienen de prejuicios, estereotipos de género, cultura organizacional y prácticas laborales que limitan su crecimiento, pudiendo crearse así un sistema oculto de discriminación.
El estudio revela que las investigadoras tienen 7.1 puntos porcentuales menos de probabilidad de ser aceptadas en el SNI que sus colegas hombres. Además, presentan una menor productividad y una mayor brecha de género en los rangos superiores, confirmando la existencia del techo de cristal. Siendo este más evidente en campos con alta presencia femenina, como las ciencias médicas, naturales y humanidades.12
La subrepresentación de las mujeres en los niveles más altos afecta su rol en el liderazgo, el mentoreo y la agenda futura de investigación12 un fenómeno también visible en CG.
En nuestro país las mujeres ocupan el 30% de los cargos docentes en cirugía, concentrados en los de menor jerarquía. El acceso a mentoras de sexo femenino en CG es menos frecuente y esto puede ser desestimulante para quienes tengan interés quirúrgico.
Zhuge y cols.13 señalan que, pese al aumento de mujeres en cirugía, su presencia en roles de liderazgo en los departamentos de cirugía sigue siendo baja.
Cote14 en su publicación agrega que, a menos que exista un cambio drástico, para que la cirujana académica logre la paridad se requerirían 121 años.
Según Cote14 el mentor es una figura que apuntala la formación y desarrollo del cirujano. Los modelos femeninos son esenciales para alentar a las estudiantes no solo a ingresar en la cirugía, sino también a asumir roles académicos más altos y con un liderazgo representativo en este campo.14 Son vitales las mentorías activas que nutran los caminos para llegar a una carrera exitosa.15,16
Surroca,17 en un reciente estudio nacional que analiza las denuncias, en una red social, de situaciones de violencia contra mujeres en la medicina, evidencia cómo el sistema busca excluirlas de especializaciones mejor remuneradas y de prestigio.
Dos tópicos evidencian estas formas de violencia: la maternidad, presentada como obstáculo para el desarrollo de las mujeres en las áreas anestésico-quirúrgicas, y la presentación de especializaciones referidas como “zonas de hombres”, como estrategia discursiva de persuasión, buscando desmotivar a las mujeres a ingresar.
Estos discursos asocian la maternidad a un deber ser de las mujeres, reforzando estereotipos sobre su rol como principales responsables de los cuidados y subestimando sus capacidades para ejercer ciertas especializaciones.17
Las mujeres han sorteado las dificultades que significaban una casi nula representación femenina en los ambientes quirúrgicos. Hoy en día, en particular en CG, hay un marcado aumento en el ingreso, que promediaba 38,5% hasta el 2014 y hoy en día significa más del 60% promedio. Países de la región han mostrado cifras similares en cuanto a lo evidenciado inicialmente, como Chile, con un ingreso del 23,7% en 200918 y Argentina un 23,3% en 2006.19 No contamos con datos de la situación actual en estos países.
Compleja y multifactorial, la decisión de las mujeres de seguir una carrera de esta índole no es sencilla. Los estudios muestran que de los factores más reconocidos como barrera para una especialidad quirúrgica es su incongruencia con la maternidad y el compromiso de cuidados.20 Esta es la barrera más aceptada (50%), según Bellini y cols, entre las cirujanas del Reino Unido.21
Dado que aún muchas mujeres tienden a ser las responsables de las tareas del hogar y de los cuidados, es muy frecuente que retrasen la decisión de ser madres, con las implicancias que esto determina (dificultades para la concepción) o directamente decidan no serlo. La falta de políticas formales durante la residencia de licencia por maternidad y medio horario y el estigma asociado con el embarazo en la residencia son mencionados por Rangel y cols.22 como factores de riesgo para la disatisfacción profesional entre las residentes.
Cote14 señala que, mientras no se reconozcan los obstáculos de género en la práctica profesional, será difícil implementar soluciones efectivas para fortalecer la cirugía y abordar otros desafíos que requieren atención y acción.
Entendemos fundamental la integración de las mujeres cirujanas entre sí y como referentes para quienes tienen interés por la especialidad.
El crecimiento profesional de la mujer en cirugía y el acceso a cargos de mayor jerarquía se deberían dar ante la situación que hemos analizado, pero debemos prestar atención a estas temáticas para que así sea.
Conclusiones
Importantes avances se han visto en la presencia de la mujer en la medicina. Pero aún queda mucho por lograr en cuanto a su crecimiento profesional y personal sin ser estos factores contrarios.
Nuestro trabajo muestra la realidad en nuestro país, como primera referencia estadística de situación de la preferencia de especialidad en medicina y la realidad de la CG con perspectiva de género. Es fundamental el acceso a mentoras, como la evaluación del funcionamiento actual del sistema a fin de estimular el ingreso de mujeres con interés quirúrgico. Este diagnóstico de situación nos permitirá evaluar avances en los próximos años.























