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Revista de Ciencias Sociales

versión impresa ISSN 0797-5538versión On-line ISSN 1688-4981

Rev. Cien. Soc. vol.38 no.57 Montevideo  2025  Epub 01-Dic-2025

https://doi.org/10.26489/rvs.v38i57.9 

Artículo

Tramas feministas en el activismo ambiental juvenil: género y ambiente en Argentina

The Feminist Weave of Youth Environmental Activism: Gender and Environment in Argentina

Tramas feministas no ativismo ambiental juvenil: gênero e ambiente na Argentina

1 Instituto de Investigaciones Gino Germani, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Email: noemanso@gmail.com


Resumen

Este artículo analiza cómo emergen las cuestiones de género en el activismo ambiental juvenil en Argentina, a partir de entrevistas con integrantes de cuatro organizaciones constituidas a partir de 2019. Se abordan dimensiones como el feminismo como práctica militante y experiencia formativa, la feminización de la militancia, la incorporación del calendario feminista en las acciones colectivas, las disputas y apropiaciones sobre los ecofeminismos y los impactos diferenciados de la crisis climática. Este trabajo identifica tanto las articulaciones entre ambas perspectivas en el marco de las organizaciones analizadas como los obstáculos y tensiones presentes, reflejando las formas en que las juventudes resignifican y movilizan perspectivas feministas y ambientales.

Palabras clave: activismos ambientales; juventudes; ambiente; feminismos; ecofeminismo

Abstract

This article analyzes how gender issues emerge in youth environmental activism in Argentina, based on interviews with members of four organizations that have emerged since 2019. It addresses dimensions such as feminism as a militant practice and formative experience, the feminization of activism, the incorporation of the feminist calendar into collective actions, ecofeminist disputes and appropriations, and the differentiated impacts of the climate crisis. This study identifies both the articulations between feminist and environmental perspectives within the organizations analyzed and the obstacles and tensions present, highlighting the ways in which young activists reframe and mobilize feminist and environmental perspectives.

Keywords: environmental activism; youth; environment; feminism; ecofeminism

Resumo

Este artigo analisa como as questões de gênero emergem no ativismo ambiental juvenil na Argentina, a partir de entrevistas com integrantes de quatro organizações surgidas desde 2019. São abordadas dimensões como o feminismo enquanto prática militante e experiência formativa, a feminização da militância, a incorporação do calendário feminista nas ações coletivas, as disputas e apropriações ecofeministas e os impactos diferenciados da crise climática. Este trabalho identifica tanto as articulações entre ambas as perspectivas no âmbito das organizações analisadas quanto os obstáculos e tensões presentes, refletindo as formas pelas quais as juventudes ressignificam e mobilizam perspectivas feministas e ambientais.

Palavras-chave: ativismos ambientais; juventudes; meio ambiente; feminismos; ecofeminismo

Introducción

El entramado que une al feminismo y el ambientalismo tiene una trayectoria histórica de varias décadas. Las primeras teorizaciones ecofeministas, que más tarde darían forma a un campo de estudios propio, emergieron en la década de 1970. A lo largo del tiempo, los ecofeminismos han desarrollado diversas corrientes teóricas, enriqueciendo y complejizando las articulaciones entre ambos movimientos. Esta confluencia trasciende el plano teórico y se expresa en la praxis, a través de la participación diferenciada de colectivos de mujeres e identidades feminizadas en problemáticas ecológicas. Aunque no siempre se reconozcan explícitamente dentro de marcos feministas o ambientalistas, sus luchas configuran una praxis específica y situada (Alvárez Sola, 2022).

El surgimiento de nuevos colectivos ambientales juveniles en Argentina constituye un fenómeno significativo para analizar la evolución reciente del activismo ecológico y, en particular, las formas en que las cuestiones de género se ponen en práctica, se incorporan, se resignifican y se movilizan en el marco de sus experiencias, en diálogo -aunque no siempre de manera explícita- con debates y categorías ecofeministas. Asimismo, diversos trabajos y producciones de los propios colectivos muestran que estas organizaciones expresan posicionamientos que dialogan con las problemáticas de género y feministas, ya sea a través de la incorporación de consignas en sus intervenciones públicas, de debates internos sobre la transversalización de género o de la influencia de experiencias feministas previas en las trayectorias de sus integrantes (Eggel y Ávila, 2023; Jóvenes por el Clima, 2022; Rodríguez y Weintraub, 2021).

A su vez, esta dinámica forma parte de un proceso más amplio de movilización juvenil en torno a la crisis climática, con expresiones a escala global. En 2019, Fridays For Future, organización internacional fundada por Greta Thunberg, convocó la primera Movilización Internacional contra la Crisis Climática, que reunió a aproximadamente 1,6 millones de personas en 125 países. Según Svampa y Viale (2020), el protagonismo de las juventudes en Argentina «marca un punto de inflexión», ya que «renueva y oxigena el movimiento ecologista» (p. 14), al mismo tiempo que configura un nuevo activismo climático (Svampa, 2020). Este proceso se inscribe en un momento de creciente participación juvenil, caracterizado por la irrupción de los feminismos con Ni Una Menos en 2015 y, más tarde, por el surgimiento del ambientalismo juvenil a partir de 2019, impulsado por las huelgas climáticas globales y la conformación de colectivos con creciente visibilidad pública e incidencia política (Montali, 2023).

En este sentido, el presente trabajo se propone describir y analizar cómo emergen las cuestiones de género y feministas en el activismo de cuatro organizaciones ambientales juveniles surgidas en Argentina a partir de 2019 -Jóvenes por el Clima, Fridays for Future Argentina, Consciente Colectivo y Econotes-, herederas del llamado fenómeno Greta. El análisis se organiza en torno a un conjunto de dimensiones empíricas que permiten rastrear cómo lo feminista se expresa en estos colectivos: la pedagogía feminista y el feminismo como experiencia formativa; la feminización de la participación juvenil; la incorporación del calendario feminista en sus repertorios de acción; los debates y apropiaciones en torno a los ecofeminismos; y la problematización de los impactos diferenciados de la crisis climática desde una perspectiva de género. Estas dimensiones no pretenden agotar el campo de posibles vínculos entre feminismo y ambientalismo, sino iluminar de forma empírica diferentes formas de emergencia de lo feminista en lo ambiental. A partir de estas luces parciales y situadas, el artículo busca mostrar cómo los colectivos ambientales analizados se apropian, disputan y resignifican cuestiones de género en sus prácticas militantes, generando nuevas tramas de sentido que enhebran ambas perspectivas en clave generacional. En los siguientes apartados se exploran los cruces y tensiones entre perspectivas feministas y ambientales, y se identifican núcleos problemáticos que complejizan su encuentro a partir de las diferentes dimensiones en las que la trama feminista emerge en el activismo ambiental juvenil.

Metodología

Este trabajo se realizó mediante una estrategia metodológica de carácter cualitativo. Con el propósito de alcanzar los objetivos de esta investigación, se trabajó con un corpus compuesto por 17 entrevistas en profundidad, realizadas entre los años 2024 y 2025 a integrantes y referentes de cuatro organizaciones ambientales juveniles: Jóvenes por el Clima, Fridays for Future Argentina, Econotes y Consciente Colectivo. Las y los entrevistados provienen mayoritariamente de sectores urbanos, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Área Metropolitana, Tucumán, Santiago del Estero, Mendoza y Córdoba. Se trata principalmente de estudiantes universitarios o profesionales recientes en distintas disciplinas, lo que configura un perfil generacional atravesado por trayectorias educativas formales. Si bien el corpus no representa la diversidad territorial del activismo juvenil ambiental en su conjunto, la incorporación de voces de distintas provincias buscó aportar un componente federal y situar los análisis más allá del área metropolitana, reconociendo al mismo tiempo los límites de esta aproximación. Las entrevistas fueron codificadas mediante el software de análisis cualitativo Atlas.ti y posteriormente analizadas a partir de técnicas de análisis de contenido. En particular, este trabajo indaga en diversas dimensiones vinculadas a las trayectorias militantes y el acercamiento a las temáticas ambientales de las personas entrevistadas, su ingreso a las organizaciones, las formas en que estas incorporan las cuestiones de género, los obstáculos presentes en esa articulación, las perspectivas que las movilizan, las demandas que retoman, las acciones colectivas vinculadas a temáticas feministas y la distribución de género al interior de los espacios organizativos.

La elección de estas organizaciones responde, en primer lugar, a estudios previos en los que se identificaron y analizaron las acciones colectivas impulsadas por movimientos juveniles en el ámbito ambiental (Manso, 2023). En segundo lugar, el criterio de selección se fundamenta en dos aspectos clave: por un lado, su carácter de colectivos conformados predominantemente por jóvenes que se autodefinen como tales desde su identidad organizacional; por otro, el papel que desempeñaron en la consolidación del ambientalismo juvenil en Argentina desde 2019, ya sea mediante una presencia activa y sostenida en la escena pública o bien por el protagonismo adquirido en coyunturas específicas. Finalmente, en esta investigación se optó por anonimizar las citas textuales con el propósito de proteger la identidad de las organizaciones participantes. Esta decisión responde a la necesidad de garantizar la confidencialidad de los datos de los colectivos involucrados, evitando posibles interpretaciones que pudieran afectar su posicionamiento público o dinámicas internas.

Ecofeminismos: desarrollos teóricos, praxis políticas

La articulación entre ambientalismo y feminismo se nutre de elaboraciones teóricas y de praxis territoriales específicas. Los ecofeminismos, surgidos en la década de 1970, constituyen un campo simultáneamente teórico, político y práctico, atravesado por debates que dieron lugar a múltiples corrientes (Puleo, 2002; Andreoli, 2022). Estas perspectivas visibilizan los vínculos entre las violencias ejercidas sobre los cuerpos feminizados y el avance sobre los bienes comunes naturales, denunciando los fundamentos ideológicos de esas violencias en el antropocentrismo capitalista, la colonialidad del poder y el androcentrismo. En particular, en América Latina -una región profundamente impactada por dinámicas extractivistas- numerosos estudios señalan que son las mujeres y los colectivos feminizados quienes asumen un rol protagónico en las luchas por la defensa del territorio y el ambiente (Svampa, 2021, 2024; Fernández Bouzo, 2020; Ulloa, 2016). Estos enfoques subrayan que dicho protagonismo no solo responde a una posición de mayor exposición frente a las injusticias socioambientales, sino que también encarna formas de praxis ecofeministas que promueven una ética del cuidado orientada a la sostenibilidad de la vida (Fernández Bouzo, 2022). Como plantea Argento (2021), estas luchas y narrativas se entretejen en los cuestionamientos al núcleo de la configuración neoliberal y sus regímenes de opresión y dominación.

Este marco teórico, entonces, ofrece una genealogía de los diálogos históricos entre feminismo y ambientalismo, así como un lenguaje crítico para analizar las relaciones entre géneros, naturaleza y praxis política. Investigaciones recientes muestran que estas intersecciones se expresan en producciones discursivas de colectivos como Ni Una Menos o los Encuentros Plurinacionales, donde la incorporación de lo ambiental en las luchas feministas se da de modo progresivo, situado y conflictivo (Fernández Bouzo et al., 2024; Yanniello, 2024). De manera inversa, Rivas (2023) documenta la incorporación sostenida de la perspectiva de género en organizaciones socioambientales históricas, evidenciando un diálogo creciente que transforma los marcos de acción, aunque no exento de tensiones. Asimismo, este proceso se inscribe en una coyuntura marcada por la ampliación y diversificación de los feminismos a partir de Ni Una Menos en 2015, hito que transversalizó debates, incorporó nuevas generaciones y amplió el horizonte hacia otras luchas (Sciortino, 2018; Elizalde y Mateo, 2018; Cabral y Acacio, 2016; Friedman y Rodríguez Gustá, 2024).

Finalmente, Barrios, De la Vega y Olmedo (2023) proponen una serie de «conceptos-puente» -sostenibilidad de la vida, cuerpo-territorio, defensa de la vida, ética del cuidado e interdependencia- que permiten pensar los cruces entre feminismo y ambientalismo más allá de la mera coexistencia de luchas. Estos conceptos muestran cómo nociones críticas pueden resignificarse en contextos diversos, iluminando las formas en que cuestiones de género y ambientales se entrelazan en prácticas, lenguajes y repertorios políticos. Las autoras advierten, sin embargo, que este encuentro no implica una fusión automática ni completamente coherente entre ambos campos, sino un espacio de articulaciones parciales, situadas y abiertas a la disputa. La noción de trama, retomada en este trabajo, resulta complementaria: si los conceptos-puente permiten identificar categorías comunes, la trama remite al tejido dinámico en el que estas se activan, se tensionan y se resignifican. Desde esta perspectiva, lo que emerge no es una agenda unificada, sino un espacio vivo de cruces y resignificaciones que configuran nuevas formas de militancia juvenil ambiental. En este sentido, la idea de «articulación» remite a procesos situados que se manifiestan cuando se nombran consignas feministas en discursos ambientales, cuando se reconoce la influencia de las luchas feministas en trayectorias juveniles o cuando se incorporan repertorios y prácticas vinculadas a esas experiencias, entre otras. En los siguientes apartados se analizan las dimensiones presentadas previamente.

Pedagogía feminista: el feminismo como experiencia formativa

Una primera dimensión de análisis refiere al feminismo como experiencia formativa en la militancia ambiental. En este sentido, la organización Jóvenes por el Clima ha abordado la cuestión feminista en diversas publicaciones, donde destaca al feminismo impulsado por las nuevas generaciones como un paradigma alternativo de construcción política, sustentado en lógicas movimentistas (Rodríguez y Weintraub, 2021). Este enfoque propone una forma de hacer política que se distancia de las estructuras tradicionales y jerárquicas, privilegiando la horizontalidad, la autogestión y la acción colectiva. Según los autores, estas lógicas organizativas no solo definen al feminismo, sino que también atraviesan al ambientalismo juvenil. De este modo, la militancia feminista se constituyó en un referente clave para las nuevas generaciones de activistas ambientales. Tal como señalan Rodríguez y Weintraub (2021): «su militancia y la lucha que gestaron en las calles constituyeron el faro para un nuevo tiempo. La juventud organizada para luchar contra la depredación ambiental decidió transitar el mismo camino» (p. 107).

A su vez, lo planteado coincide con lo señalado por Yanniello (2021), quien identifica al feminismo como un primer antecedente de militancia para ciertos sectores juveniles que luego se incorporarían a otras causas, incluida la ambiental. Esta trayectoria se refleja en los relatos de las y los entrevistados, donde la participación previa en luchas feministas aparece como una puerta de entrada al ambientalismo:

Yo entré en ambientalismo porque era muy feminista activamente. (Mujer, organización 1).

A mí antes de ese momento no me interpelaba lo ambiental o el conservacionismo en sí mismo. Sí me movilizaba en la lucha por los derechos humanos, militaba en el movimiento feminista, pero no específicamente lo ambiental. (Mujer, organización 1).

De este modo, la experiencia de militancia feminista y de participación juvenil se presenta de manera recurrente como antecedente clave en los testimonios. No obstante, más que un proceso individual ligado a la trayectoria personal, estos relatos evidencian un cambio más amplio en las formas en que las juventudes se vinculan con la acción política y colectiva. En esa línea, diversas autoras destacan el protagonismo juvenil en los activismos feministas (Larrondo y Ponce, 2019; Elizalde y Mateo, 2018). A su vez, este proceso se inscribe en los renovados ciclos de movilización y participación política de las juventudes en las últimas décadas (Vommaro, 2022; Vázquez et al., 2017; Vázquez y Vommaro, 2012). En esta línea, el impacto del movimiento de la marea verde1 y el proceso iniciado por Ni Una Menos no solo marcaron a una generación de activistas, sino que también abrieron el camino a nuevas formas de movilización juvenil. Tal como lo expresó un integrante de los colectivos entrevistados:

Nosotros tenemos como esta visión feminista en general. La sociedad argentina es producto de un movimiento verde tremendo que generó un antes y un después. Entonces, está totalmente influenciado por el hecho de que seamos jóvenes y que hayamos también transitado eso. Nosotros lo ponemos como una apuesta bastante importante en la organización y es producto de eso. (Hombre, organización 2).

Este testimonio ilustra cómo los colectivos ambientales juveniles reconocen en la marea verde y en las luchas feministas recientes un punto de inflexión generacional que marcó sus trayectorias. La apelación a la juventud como identidad política no solo funciona como un modo de autodefinición, sino también como un puente que conecta experiencias feministas y ambientales. Así, la experiencia de «ser joven» favorecería el puente que une al feminismo con el ambientalismo, habilitando lógicas comunes de movilización y formas compartidas de disputar sentidos en el espacio público:

Me parece que hubo mucho protagonismo de las juventudes a la hora de instalar en la agenda pública y política al feminismo y el ambientalismo. De hecho, coincidieron nuestras movilizaciones. Yo no me acuerdo si fue de la campaña IVE o de Ni una menos que la realizamos en conjunto, hubo cruces. Creo que también se parecen un poco las lógicas. La cosa movimentista, un poco inorgánica, creo que se parecen bastante. Y también esta cuestión de correr un tema desde la periferia al centro. Yo siento que ahí a mí me pasó un poco lo mismo, de empezar a ver cómo se vincula el movimiento feminista con agendas «más duras» para el general y común de la gente, lo económico, lo social, y hacer el mismo camino con lo ambiental, que era bueno, no sé, usar los sorbetes de metal a pensarlo como una cuestión transversal a agendas muy centrales. (Mujer, organización 1).

Este testimonio refleja cómo las juventudes perciben afinidades entre las lógicas feministas y ambientales: formas movimentistas, no jerárquicas, que desplazan debates desde los márgenes hacia el centro de la esfera pública. De esta manera, la experiencia acumulada en las luchas feministas se constituyó en un marco de referencia para la militancia ambiental juvenil. El feminismo operó no solo como horizonte político, sino también como una pedagogía feminista: una práctica militante y experiencia formativa que modeló modos de organización, dejando huellas en los repertorios, lenguajes y estrategias del activismo juvenil. Así se consolidó un entramado que enlaza justicia de género y justicia climática. En esta línea, desde Jóvenes por el Clima se ha afirmado que «no hay justicia ambiental sin justicia de género» (Eggel y Ávila, 2023, p. 33).

En suma, el cruce entre feminismo y ambientalismo juvenil no se limita a un intercambio de consignas, sino que conforma un espacio formativo que marca trayectorias individuales y colectivas de las organizaciones. Esa impronta se proyecta también en la configuración interna de los colectivos, donde la cuestión de género se hace visible también en la composición de quienes sostienen la militancia cotidiana.

Feminización de la militancia juvenil

Una segunda dimensión en la que se expresa la cuestión de género en el activismo ambiental juvenil es la feminización de la militancia. Este aspecto aparece reiteradamente en los relatos de las y los entrevistados, quienes destacan la presencia mayoritaria de mujeres en los espacios organizativos:

Siempre cuando hay rondas de nuevos militantes o de encuentros en general son más mujeres. También se reflejan en nuestras redes que tienen más mujeres. (Mujer, organización 1).

Este fenómeno no se limita a una diferencia cuantitativa, sino que remite a dinámicas específicas de participación. Tal como sostiene Svampa (2015), la feminización de las luchas sociales implica que las mujeres no solo participan de manera distinta, sino que también asumen roles particulares en los movimientos. Lo señalado adquiere especial relevancia en los conflictos ambientales, donde el liderazgo femenino se ha vuelto una característica visible:

Creo que lo que se da movimiento ambiental es que quienes referencian o quienes están a cargo de lugares de referencia son por lo general pibas y mujeres, tanto en el movimiento contra la crisis climática como es el caso de Greta. A nivel global se nota mucho el protagonismo de pibas, como en organizaciones más de base territorial. Por ejemplo, las cartoneras y promotoras ambientales, las madres de Ituzaingó. Siento que hay algo que no es premeditado, pero que pasa. (Mujer, organización 1).

En el marco de la lucha ambiental, la presencia y el liderazgo femenino suelen estar vinculados a experiencias de cuidado y defensa de los territorios. Este involucramiento diferenciado, sin embargo, no siempre se traduce en una identificación explícita con el feminismo o el ecofeminismo, sino que se manifiesta a través de una praxis política concreta (Fernández Bouzo, 2022; Tait y Moreno, 2021; Svampa, 2015). Tal praxis se configura mediante la generación de saberes situados, es decir, conocimientos y estrategias de acción que emergen de experiencias específicas y de la interacción con territorios y comunidades. Así, la participación de mujeres y disidencias en los movimientos ambientales se construye en la práctica cotidiana. No obstante, la mayor presencia femenina en estos espacios no siempre se refleja en una representación equitativa en los espacios de toma de decisiones. Aunque los colectivos reconocen que la mayoría de sus integrantes son mujeres, persisten dinámicas de poder desiguales. Como señalan los testimonios, los espacios de mayor visibilidad y toma de decisiones suelen estar ocupados por varones:

En el mundo ambiental la mayoría son mujeres, incluso en nuestra organización nos pasa, que somos tres o cuatro hombres siempre y como veinte mujeres. Y muchas veces, en las piezas donde se toman decisiones están los hombres. (Hombre, organización 3).

Sin ser crítico, hay ausencia de mujeres en ciertos espacios de exposición y de debate y eso nos hace ver realidades del techo de cristal de la organización. Se está trabajando para revertir eso, pero sin que sea forzado. (Hombre, organización 1).

Esta tensión entre participación y representación pone en evidencia la necesidad de repensar las dinámicas internas de los colectivos juveniles ambientales. La desigualdad también se refleja en la distribución de roles: mientras que las mujeres suelen concentrarse en tareas de gestión y acompañamiento, los varones ocupan con mayor frecuencia los espacios de incidencia política, asociados a la visibilidad pública y al vínculo con instituciones legislativas o partidarias:

Todo lo que es gestión y acompañamiento siempre suelen ser mujeres y en la incidencia política suelen agarrar un poco más de varones, no es 100%, pero hay una cuestión ahí. (Hombre, organización 1).

En síntesis, la feminización de la militancia juvenil revela una paradoja: aunque amplia la base de participación, reproduce al mismo tiempo desigualdades históricas en el acceso al liderazgo y a los espacios incidencia política.

El calendario feminista en el activismo ambiental

Otra dimensión es la incorporación del calendario feminista en los colectivos juveniles ambientales, a través de la participación en fechas emblemáticas como el Paro Internacional de Mujeres (8M) o el 3 de junio (3J), aniversario de la primera movilización de Ni Una Menos. Estas instancias funcionan como «fechas fijas» dentro de su calendario de acciones, es decir, momentos en que expresan de manera sistemática y organizada su compromiso con la justicia de género:

Hoy en día estamos trabajando todos los años como fecha fija el 8M. Este año se habló de participar del encuentro de plurinacional de mujeres pero no fuimos. (Mujer, organización 3).

Generalmente se hace una historia de «si no tenés con quién marchar vení a marchar con nosotros». Suele pasar en todos los focos en el 8M también en la de Ni una menos. Siempre se estuvo con una columna ahí. (Hombre, organización 1).

En la marcha del 8M había una invitación súper abierta por parte de las chicas de la organización a que todas las chicas de la comunidad que quieran ir se puedan acercar. (Hombre, organización 2).

Estos fragmentos muestran que, aunque existe un reconocimiento extendido de estas fechas como hitos de movilización, la participación en otros espacios feministas -como el Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias- genera debates y tensiones. Uno de los puntos de fricción radica en las dinámicas de los propios espacios feministas, percibidas en algunos casos como poco efectivas o alejadas de las preocupaciones «concretas»:

Hay una condición en estos movimientos, esta idea de asamblea, de horizontalidad, que a veces es contraproducente. Y las experiencias en los encuentros nacionales de mujeres en la parte ecofeminismo… yo no quiero faltarle el respeto a nadie, lo que no quiero es viajar hasta allá para que después una mina agarre el micrófono y te diga «un minuto de silencio por las ballenas». A veces siento que hay mucha lejanía de la realidad y te juro que a veces no me quiero ni gastar en meterme a gastar energía en decir «che, vinimos hasta acá para hacer un minuto de silencio por las ballenas». (Mujer, organización 1).

Esto sugiere que la convergencia entre feminismo y ambientalismo, aunque avanza en ciertos aspectos, enfrenta aún límites en términos de integración plena y sostenida. Si bien la incorporación del calendario feminista dentro del repertorio de acción juvenil es un indicador relevante de esta intersección y expresa un compromiso con la justicia de género, esta formalización puede resultar insuficiente. En un escenario de menor movilización, sostener la articulación únicamente en efemérides corre el riesgo de circunscribirla a momentos puntuales, en lugar de consolidarla como procesos continuos de convergencia política.

Ecofeminismo y juventudes: disputas, tensiones y apropiaciones

La incorporación de cuestiones feministas en los colectivos juveniles ambientales no ocurre de manera uniforme. Existen diferencias tanto en la identificación de las causas que vinculan feminismo y ambiente, como en las perspectivas desde las cuales se interpretan esas intersecciones. Mientras en algunos casos el ecofeminismo es cuestionado, en otros aparece como parte explícita de sus valores:

El ecofeminismo es parte de nuestros valores (…). El ecofeminismo es la correlación exacta entre el ambiente y el feminismo. (Hombre, organización 2).

Algunas organizaciones incluso recuperan categorías provenientes de los ecofeminismos territoriales latinoamericanos, como la noción de cuerpo-territorio, que permite visibilizar simultáneamente las violencias sobre los cuerpos feminizados y los bienes comunes de la naturaleza (Cabnal, 2017; Gago, 2019; Barrios, De la Vega y Olmedo, 2023).

Hay una frase que digamos siempre utilizan las chicas que es «ni nuestros cuerpos ni la tierra somos territorios de conquista». Esta frase es muy ilustrativa de cómo nosotros nos tomamos esa temática, como el extractivismo también golpea los cuerpos de las mujeres y cómo las mujeres también están al frente de esto… hay muchas defensoras de ambiente y de derechos humanos en toda América Latina que cuidan ríos, que cuidan ecosistemas que cuidan la naturaleza básicamente y que son justamente muy agredidas, muy golpeadas, incluso muchas veces asesinadas. (Hombre, organización 3).

La apropiación de esta noción refuerza la importancia que esta adquirió en la discursividad ambiental (Fernández Bouzo et al., 2024). En la misma dirección, Barrios, De la Vega y Olmedo (2023) señalan que cuerpo-territorio constituye uno de los conceptos-puente más potentes para pensar la intersección entre la crítica feminista y la ambiental, al visibilizar simultáneamente las violencias sobre los cuerpos feminizados y sobre los bienes comunes de la naturaleza. El siguiente testimonio sustenta esta idea al señalar que en el interior de las provincias son principalmente las mujeres quienes sostienen la defensa del territorio y aspectos que hacen a la sostenibilidad de la vida (Carrasco, 2016):

En mi trabajo íbamos con (la organización) al interior de la provincia y son las mujeres las que sostienen la defensa del territorio. Son las que sostienen las tareas de cuidado comunitario, social y ambiental y, bueno, la economía de las familias. (Hombre, organización 4).

Este anclaje en los ecofeminismos territoriales convive, sin embargo, con posturas de corte esencialista que asocian de manera intrínseca a las mujeres con la naturaleza, lo que ha sido objeto de críticas por su sesgo biologicista y determinista (Puleo, 2002):

Yo creo que es muy importante encontrar esos lazos donde la mujer ya por estar tan conectada con la vida tiene ya una relación distinta, de mucha más conexión, de mucho más equilibrio y armonía con los procesos cíclicos de la naturaleza. (Hombre, organización 2).

Las propias militantes reconocen que estos enfoques pueden resultar reduccionistas y que es necesario problematizarlos. Un testimonio ilustra este proceso de revisión crítica:

En su momento, hoy no estoy de acuerdo pero en su momento sí, (creía) en esta idea de que el capitalismo y más que todo el extractivismo, es la violencia contra la tierra como es la violencia del hombre contra la mujer y esa idea de ecofeminismo que cuando se termina el extractivismo se termina la violencia contra la mujer, que es lo más reduccionista y utópico porque es reducir todo a esas variables. Pero en su momento yo lo creía así y como que entendía esa asociación entre violencia patriarcal y violencia extractivista y como que decía «ah, está todo conectado» y creo que eso me fogoneó más a entrar en el movimiento ambiental. Esa fue la primera conexión a nivel personal que vi. (Mujer, organización 1).

En esta línea, otros relatos destacan la coexistencia de corrientes diversas; algunas que exaltan la asociación entre mujeres, naturaleza y vida, y otras que buscan deconstruir esos roles y perspectivas:

Se nos fue despertando el interés desde que vimos que las mujeres son las que más involucran las climáticas ambientales, desde que vimos que la mayoría de las personas en la organización son mujeres, desde toda esta corriente del ecofeminismo, toda esta corriente de las relaciones entre las tareas de cuidado, el cuidado de la naturaleza y las mujeres, todo lo que es la madre tierra, la madre naturaleza, las mujeres como reproductoras de la vida. Las diferentes corrientes feministas que chocan con eso, ¿no? En algunas corrientes hay como una reivindicación de las mujeres como reproductoras de la vida y la madre tierra y la madre naturaleza y hay corrientes feministas que justamente dicen «che, deconstruyamos esos roles, deconstruyamos esas perspectivas». (Hombre, organización 3).

Por otro lado, otro testimonio introduce otra crítica que apunta a ciertos discursos dentro del ecofeminismo que, a su entender, desvirtúan el debate y restan legitimidad a la articulación entre feminismo y ambientalismo a partir de algunas corrientes ecofeministas.

Lo primero que se me viene a la cabeza cuando me dicen ecofeminismo es una charla que fue de (nombre anonimizado), que es una capa y me parece re divina. Pero la charla se llamaba Bosque Vagina. Y tenía que ver con una analogía entre el uso anticonceptivo y la deforestación y la colonización de nuestros cuerpos análoga a la colonización territorial. Después también hay unas vertientes que dicen que las mujeres tenemos que empatizar con el sufrimiento animal porque hemos sido históricamente socialmente sometidas. No me parece que sean analogables. Esas vertientes del ecofeminismo me parece que desvirtúan el debate, lo desprestigian. Y le sacan lo importante, ¿no? El ambientalismo y el feminismo se vinculan en tanto que el perfil de vulnerabilidad de las mujeres es mayor que el de los hombres porque las mujeres estamos más empobrecidas en nivel mundial. (Mujer, organización 3).

Estas posturas reflejan la heterogeneidad de miradas que conviven en el activismo juvenil respecto al ecofeminismo, así como los límites que ciertas perspectivas encuentran para aportar a la construcción de una trama común entre lo feminista y lo ambiental. Mientras, por un lado, algunas organizaciones incorporan el ecofeminismo como parte de sus programas de acción, otros identifican en él una herramienta inicial de acercamiento a la militancia ambiental, por otro lado, también consideran que ciertas vertientes pueden simplificar o deslegitimar la intersección entre feminismo y ambiente.

Asimismo, la incorporación de las cuestiones de género dentro de los colectivos ambientales no siempre se presenta como un eje temático definido, sino que, en muchos casos, se aborda de manera transversal.

Yo creo que lo trabajamos a nivel más transversal. No es un eje temático, no es que tenemos una comisión interna, pero sí es algo que todo el tiempo lo tenemos en la cabeza. Quizás sí hubo cruces más tangibles en la época en la que estaban el auge los movimientos y que realizamos cosas en conjunto y hasta hicimos un par de campañas que cruzaban las dos cuestiones. (Mujer, organización 1).

Como explica una entrevistada, no existe una comisión interna dedicada, pero sí un tratamiento constante del tema, que en ciertos momentos -particularmente durante el auge de la marea verde y los primeros años de los colectivos- derivó en acciones conjuntas y campañas específicas. Este enfoque sugiere que las problemáticas de género no se abordan como un asunto aislado, sino que atraviesan distintas iniciativas de manera variable, alcanzando mayor visibilidad en coyunturas de intensa movilización feminista y ambiental.

En conjunto, el análisis muestra que la relación entre juventudes, feminismo y ambiente se configura como una trama heterogénea. Por un lado, se observa la adopción y apropiación de categorías ecofeministas -como la noción de cuerpo-territorio- y la inscripción explícita del ecofeminismo como horizonte de acción en algunos colectivos. Al mismo tiempo, emergen tensiones y críticas hacia enfoques considerados esencialistas o reduccionistas, lo que refleja un proceso de revisión y reformulación de sus postulados. Finalmente, la perspectiva de género aparece también de manera transversal, no como un eje aislado, sino integrada a los repertorios, discursos y prácticas cotidianas de las organizaciones.

Impactos diferenciados de la crisis climática desde una perspectiva de género

Otra dimensión en la que se cruzan las cuestiones ambientales y de género es la de los impactos diferenciados de la crisis climática. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) advierte desde 2001 que estos efectos no son neutros, sino que repercuten de manera distinta en varones y mujeres según las desigualdades sociales preexistentes (FARN, 2019). De manera complementaria, se ha señalado que estos impactos están estrechamente vinculados con la pobreza y la desigualdad socioeconómica en contextos de desarrollo insostenible (Cepal, 2021). Desde esta perspectiva, algunos testimonios interpretan el involucramiento diferencial de las mujeres en el ambientalismo como consecuencia de esas desigualdades:

A las mujeres creo que nos preocupa porque no nos impacta igual. Creo que al hablar de los impactos de la crisis climática sabemos, o por lo menos, nosotros nos paramos de una perspectiva de que no nos impacta a todos por igual: al norte le afecta de una manera, a nosotros nos impacta de otra. Pero esas desigualdades se reproducen adentro de la Argentina e incluso adentro del género. (Mujer, organización 1).

Asimismo, la problemática de los cuidados aparece como otra clave para comprender la incorporación de la perspectiva de género en las luchas ambientales. Desde los ecofeminismos se ha planteado que el cuidado no se limita a las interacciones humanas, sino que se extiende a los bienes comunes de la naturaleza:

Yo creo que es como una herencia muy patriarcal lo de las tareas de cuidado. No solo es cuidar a las personas en las tareas de cuidado (…), creo que eso se traslada al ambiente. (Mujer, organización 1).

Tanto la ética del cuidado como la interdependencia constituyen conceptos-puente que permiten pensar la articulación entre feminismo y ambientalismo (Barrios, De la Vega y Olmedo, 2023). Herrero (2013) distingue dos dependencias básicas para la vida. La interdependencia, que refiere a los cuidados mutuos que garantizan la supervivencia humana a lo largo de la vida, y la ecodependencia, que remite a la relación de los seres humanos con el entorno natural del cual obtienen recursos vitales. La noción de cuidados, entonces, trasciende las tareas reproductivas y se amplía hacia el resguardo de los bienes naturales. Lejos de entenderse como una característica esencial de mujeres y feminidades, este enfoque se inscribe en las relaciones históricas que han configurado la división sexual del trabajo (Federici, 2018).

En suma, la mirada de género sobre los impactos de la crisis climática y sobre la centralidad de los cuidados muestra que las desigualdades ambientales se entrelazan con estructuras sociales y económicas que afectan de manera diferenciada a mujeres e identidades feminizadas. Estas perspectivas, sostenidas tanto por los testimonios como por los aportes ecofeministas, evidencian que la justicia climática no puede pensarse sin integrar la justicia de género. Al mismo tiempo, iluminan cómo los colectivos juveniles resignifican estas nociones en sus prácticas, conectando experiencias locales de vulnerabilidad y cuidado con debates más amplios sobre sostenibilidad y reproducción de la vida.

Reflexiones finales

En este trabajo se abordaron distintas dimensiones en las que la trama feminista emerge dentro de las organizaciones ambientales juveniles analizadas -Jóvenes por el Clima, Fridays for Future Argentina, Consciente Colectivo y Econotes. Se analizó cómo el feminismo se configura como práctica militante y experiencia formativa -una pedagogía feminista-, cómo se expresa la feminización de la militancia y la participación diferenciada, la incorporación del calendario feminista en las acciones colectivas, los debates y tensiones en torno al ecofeminismo y la lectura de los impactos diferenciados de la crisis climática desde una perspectiva de género.

Como se señaló, existe una ligazón histórica entre feminismo y ambientalismo sustentada en teorías y praxis ecofeministas desde las décadas de 1960-1970. En el caso de los colectivos juveniles, ese entramado se actualiza de formas diversas, aunque no exentas de límites y tensiones. Entre ellas, se destacan las críticas a ciertas corrientes ecofeministas, los cuestionamientos a las dinámicas y derivas del propio movimiento feminista y las diferencias en la manera de incorporar la perspectiva de género: mientras algunas organizaciones crean espacios específicos, otras optan por un abordaje transversal. Si bien la transversalización favorece su integración, la falta de estructuras formales puede obstaculizar la profundización de debates y la consolidación de un horizonte común que vincule de manera sistemática las luchas feministas y ambientales.

En conjunto, los hallazgos muestran que la confluencia entre feminismo y ambientalismo juvenil constituye un campo en disputa, atravesado por apropiaciones, resignificaciones y tensiones que iluminan nuevas formas de militancia y acción política. Si bien existe una disposición generalizada a incorporar demandas de género en el activismo ambiental, este diálogo no se desarrolla de manera armónica, sino que se configura en medio de debates y posicionamientos diversos al interior de las organizaciones, lo que da cuenta de su carácter abierto y en permanente negociación. Esta articulación, además, se construye de manera situada y contingente, en diálogo con los contextos políticos y sociales que, en distintos momentos, pueden habilitar o limitar el acercamiento entre el feminismo y el ambientalismo. En este sentido, la llegada al poder del gobierno ultraliberal de Javier Milei en Argentina, marcado por un fuerte negacionismo climático, ha puesto en jaque las agendas progresistas, en particular aquellas relacionadas con el feminismo, la diversidad sexual y el ambientalismo. Este escenario pone de manifiesto un desafío persistente para estos movimientos, especialmente en América Latina: la competencia por visibilidad en un contexto en el que las urgencias económicas se convierten en prioridad y se intensifican por los ataques públicos contra ambos movimientos (Gago, Cavallero y Puyaps, 2025). En consecuencia, el repliegue de las agendas progresistas no solo representa un obstáculo para el trabajo cotidiano de las organizaciones y su incidencia en el debate público, sino que también podría debilitar las posibilidades de articulación entre ambos movimientos, afectando tanto sus vínculos como su capacidad de acción colectiva.

Un aspecto que queda abierto para futuras investigaciones es si los vínculos entre feminismo y ambientalismo juvenil alcanzan a configurar visiones compartidas de transformación sistémica capaces de sostener una convergencia más profunda. Aunque en este trabajo el análisis se centró en las prácticas y experiencias individuales y organizativas, los testimonios sugieren la necesidad de indagar con mayor detalle en los horizontes políticos y en las perspectivas de cambio estructural que las juventudes delinean al articular ambas luchas.

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1Se conoce con el nombre de «marea verde» al movimiento surgido en el marco de la lucha por la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo en Argentina durante 2018. El símbolo de esta lucha es el pañuelo verde. Este gesto retoma el pañuelo de las Madres de Plaza de Mayo y es uno de los elementos que inscribe la lucha feminista en el marco de los derechos humanos (Manso, 2021).

Nota: Noelia Manso: Licenciada en Comunicación Social (Universidad de Buenos Aires). Doctoranda en Ciencias Sociales (Universidad de Buenos Aires). Becaria doctoral por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) con lugar de trabajo en el Instituto de Investigaciones Gino Germani, Universidad de Buenos Aires, Argentina.

Contribución de autoría (Taxonomía CRediT) Este trabajo fue realizado en su totalidad por Noelia Manso

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Editor responsable: Joaquín Cardeillac

Recibido: 27 de Junio de 2025; Aprobado: 23 de Septiembre de 2025

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